Información sobre el PTD

“El Partido es una mano de un millón de dedos

apretada con vigor, en recio puño demoledor.”

Vladimir Maiakovski

 

La carestía de la vida, el desempleo crónico, el abandono de los jubilados, la desigualdad de las mujeres y minorías étnicas, el hambre y las guerras, la corrupción y la falta de democracia...

Todos estos problemas cotidianos hunden sus raíces en la organización económica y social de la sociedad actual, el capitalismo, el poner por delante los intereses de una minoría de accionistas de las grandes empresas y de la patronal, en vez de que la economía y la riqueza estén al servicio del bienestar colectivo, de la mayoría social.

Las y los comunistas pensamos que para solucionar estos problemas es necesario construir un modelo de sociedad diferente, el socialismo, que permita al ser humano emanciparse, dejar de ser esclavos y esclavas y liberar totalmente la capacidad de la humanidad para construir un mundo libre de explotación y sufrimiento.

Nos organizamos en un partido para lograr ese objetivo, porque la tarea de derribar el régimen existente y construir una sociedad nueva, tiene poderosos adversarios, enfrentarse al poder de los grandes capitalistas, que dominan la economía y la política y tienen a su servicio todos los recursos del estado y los medios de propaganda y control ideológico, requiere análisis, organización y unir el esfuerzo de muchas personas.

Organización

El PTD no es un partido clásico, es un partido de Nuevo Tipo, las y los militantes del partido nos unimos bajo unas normas comunes que tienen como objetivo que el impulso y el esfuerzo de cada uno se combine con el de los demás, y así poder golpear más fuerte.

Estamos acostumbrados, cuando hablamos de partidos políticos, a unas instituciones que llegan cada cuatro años a pedirnos nuestro voto para las elecciones. Que actúan principalmente en el campo de las instituciones del estado burgués. Que, en definitiva, con mejor o peor voluntad, actúan de mediadoras entre el pueblo y el estado, el cual es un instrumento de la oligarquía capitalista, de una minoría de ricos y poderosos.

El PTD parte del análisis científico de la realidad social y de los problemas reales de la clase obrera y del pueblo, para elaborar sus ideas y propuestas. Los y las militantes del partido, sus colaboradores, toda la organización en su conjunto participa de la luchas populares aportando su experiencia e ideas, siendo parte misma del movimiento obrero y popular, desde dentro, porque no somos un agente externo que baja desde las alturas llevando “el evangelio” a los trabajadores, somos trabajadores y trabajadoras organizados en torno a unas ideas, un programa y una forma de luchar común que queremos compartir con la colectividad a la que pertenecemos.

El partido se rige en su funcionamiento interno, en la toma de decisiones y la elaboración de la política, por el principio de Centralismo Democrático. Esto significa que las decisiones se toman colectivamente de forma democrática y el resultado de los acuerdos se aplican unitariamente, todos y todas a una. El PTD tiene varios niveles en su organización, con varios niveles y competencias de acuerdo a su ámbito de actuación, desde el Comité Central, elegido democráticamente, hasta las organizaciones de base que puedes encontrar en tu barrio o centro de trabajo.

En líneas generales el partido realiza varias tareas:

  • Tareas de propaganda y difusión de su programa y sus ideas en los centros de trabajo, los barrios y los centros de estudio, difundiendo el marxismo-leninismo y una visión crítica del sistema capitalista, planteando alternativas. Es un trabajo de divulgación de las ideas revolucionarias entre el pueblo y la clase obrera. De esta manera tratamos de compartir nuestras ideas con sindicalistas, activistas sociales, líderes barriales, etc…Tareas de agitación, actuando en el conflicto social en concreto, huelgas, movilizaciones, manifestaciones, desde el interior de las organizaciones de base de la clase obrera (sindicatos, asociaciones vecinales, de estudiantes, etc…).
  • Tareas de organización, de cara a reforzar y expandir la organización del PTD, con el objetivo de llegar a más sitios, de ampliar la influencia social del partido e incorporar a más personas a la lucha organizada por la revolución socialista.
  • Todas estas tareas requieren ser planificadas, decididas democráticamente, requieren análisis científico de la situación, debate y deliberación y al final, ser aplicadas unitariamente por todo el partido, de forma disciplinada.

Programa

El Programa del Partido no es lo mismo que un programa electoral para unas elecciones. Se trata de una propuesta general de orientaciones políticas que propone soluciones a los problemas generales de nuestra sociedad y sirve de orientación al trabajo del partido, de sus militantes y de la clase obrera. Es un documento fundamental que marca el camino a seguir en el momento histórico actual. No es un documento cerrado sino que deberá demostrarse en la práctica. No en vano, se llama “La visión del Partido del Trabajo Democrático”.

Puedes leerlo descargándolo de aquí (pdf)

Formar parte del PTD

El partido se sustenta en el trabajo cotidiano y el esfuerzo de sus militantes.

Militar en el partido no es como tener el carnet de un videoclub o similar, sino que es un compromiso serio y duradero con la causa, que implica participación en la toma de decisiones, disciplina en el trabajo político y ser un ejemplo a seguir, en compromiso, seriedad y espíritu de lucha para el conjunto de las personas de nuestro entorno social.

La militancia en el partido, requiere cierto nivel de compromiso personal con la causa y con si mismos, a través de la superación personal como revolucionarios y revolucionarias. Las y los militantes tienen todos los derechos políticos dentro del partido y participan directamente en la toma de decisiones, son la sal de la tierra de la vida del partido.

Si crees que estás en condiciones de formar parte del PTD, coincides con nuestro programa, enfoque y posiciones políticas, entra en contacto con nuestra organización y un miembro del partido de la organización más próxima te avisará para una reunión informativa.

¿Qué tareas tiene un militante del partido?

  • Todo militante del partido debe participar en una organización de base del PTD, la que le corresponda por su ámbito geográfico o sector productivo (centro de trabajo o de estudio).
  • Todo militante debe satisfacer la cuota mensual del partido, para contribuir solidariamente a las finanzas de la organización.
  • Todo militante tienen el deber y el derecho de participar activamente en la vida de su organización de base y/o los órganos de dirección para los que haya sido elegido por el colectivo.
  • Todos los acuerdos de los órganos del partido desde el Comité Central hasta las organizaciones de base son vinculantes y de obligado cumplimiento por todas la organización y sus militantes.
  • Los y las militantes tienen el deber de formarse políticamente en base a los planes de formación política y técnica del partido, y de comprometerse a mejorar continuamente como personas desde el punto de vista ético y con unas prácticas personales sanas y constructivas. Los militantes del PTD deben ser ejemplo a seguir en su ámbito personal y en las organizaciones sociales en las que participen.

Colaborar con el PTD

Desde el PTD entendemos que hay muchas situaciones en que personas que coinciden con nuestras ideas, simpatizan con nosotros y nosotras, no están en condiciones de implicarse a fondo. Sin embargo, eso no significa que no puedan colaborar y ayudar al esfuerzo común.

En el PTD contemplamos la posibilidad de ser simpatizante del partido, con menos responsabilidad en la toma de decisiones y menos tareas y compromiso, actuando en función de sus posibilidades.

Como simpatizante el partido te informará de actividades y movilizaciones, compartirá contigo análisis y propuestas y te pedirá que opines sobre ello, se te convocará a encuentros y asambleas de simpatizantes de tu zona o sector de trabajo y podrás ayudar en tareas puntuales.

Por ejemplo un compañero que sea fotógrafo podrá ayudar en tareas de agitación y propaganda, o colaborando con el periódico del partido. Una compañera que sea socióloga podrá colaborar en los análisis y estudios que realiza la organización, así como dando charlas o formación política sobre materias que conozca.

Desde el partido animamos también a los y las simpatizantes a que participen en los movimientos y organizaciones de base que operen en su entorno social (sindicatos, asociaciones, etc…)

Si crees que puedes ayudar al partido como simpatizante o colaborador, ponte en contacto con nosotros.

Contacto

Puedes ponerte en contacto con el PTD usando este formulario

Conferencia del 29 de octubre de 2016

El 29 de octubre de 2016 el Partido del Trabajo Democrático celebró una conferencia politica que sirvió para discutir en profundidad sobre las tareas prioritarias del momento y la forma de organizarnos para llevarlas a cabo:

  1. La tarea prioritaria en este momento es la propaganda política sistemática y a gran escala, con el objetivo de recuperar la influencia perdida de las ideas del socialismo científico entre la clase obrera y los sectores populares. Para lograr esto el PTD sitúa dos ejes:
    1. El vehículo principal de la propaganda ha de ser un periódico político comunista, que ejerza labores de propagandista, agitador y organizador del partido y de la clase.
    2. El medio más importante en el que se debe distribuir esta prensa, es en los grandes centros de trabajo industrial de nuestro país, es decir, en el corazón de la economía capitalista española.
  2. La difusión de la prensa política deber servir para establecer vínculos estables del partido con la clase obrera industrial, con sus elementos más avanzados y conscientes. Y debe servir de base para establecer círculos obreros y organizaciones del partido en las fábricas. El partido va a las fábricas a hacer política, no sindicalismo. El sindicalismo es tarea de los sindicatos (en los cuales participamos y buscamos la unidad sindical).
  3. A su vez la vinculación de la organización del partido y sus militantes al proletariado industrial, debe ejercer una influencia positiva en la comprensión y desarrollo de las ideas del socialismo científico y el marxismo leninismo por parte de nuestra gente. La formación y capacitación práctica y teórica es una prioridad del partido para sus militantes.
  4. El partido adecuará su organización a estas prioridades.

A continuación se reproducen los contenidos del documento aprobado en la conferencia, para conocimiento del público general:

 

1. La lucha por reconstituir el Partido Comunista

El movimiento comunista en España se encuentra en una situación similar a la del marxismo ruso en la década de 1890. En esa época, con el auge del movimiento espontáneo de la clase obrera, los círculos marxistas rusos comenzaron a lanzarse a la agitación política en el movimiento obrero, siguiendo sobre todo el ejemplo de la Unión de Lucha para la Emancipación de la Clase Obrera, impulsada por Lenin en San Petersburgo. Las y los comunistas actualmente en España no tenemos un partido unificado, sino un movimiento disperso en diversos círculos y organizaciones que se reclaman del marxismo-leninismo. Algunos son círculos de propaganda, otras son organizaciones comprometidas de lleno en las luchas espontáneas de las masas, otras son organizaciones de carácter mixto e incluso hay algunos círculos comunistas organizados como fracciones opositoras dentro de partidos reformistas. La dispersión no solo es práctica, sino también teórica. Cada círculo, cada organización que se reclama del marxismo-leninismo, lo hace bajo su interpretación unilateral, partiendo de su propia experiencia particular. Así, las y los comunistas estamos recluidos en pequeños grupos sin apenas relevancia entre las masas obreras y con una visión excesivamente unilateral del desarrollo de la lucha de clases. Es una tarea inmediata y fundamental la reunificación del movimiento comunista disperso en tan pequeños grupos sobre la base de una línea consecuentemente marxista-leninista. Sin embargo, esto no quiere decir que debamos concebir la reconstitución del Partido Comunista como una mera convergencia de círculos y organizaciones de la que resultaría un partido con un programa y una táctica “de consenso”. Ello iría no solo contra nuestra experiencia reciente en el PCE y en el PCPE, sino también contra la experiencia histórica del movimiento comunista internacional. La reconstitución del Partido Comunista será el resultado del desarrollo de la lucha ideológica entre los círculos y organizaciones que se reclaman del marxismo-leninismo. En esta lucha, ciertamente habrá círculos y organizaciones que converjan en el combate por una línea justa y contra las visiones incorrectas que desvían al movimiento comunista de sus tareas revolucionarias. Pero en esta lucha también habrá sectores que, pese a autodenominarse como marxistas-leninistas, se pondrán en evidencia como obstáculos para la reconstitución partidaria del comunismo. A su vez, la reconstitución del Partido Comunista será resultado del trabajo de los grupos comunistas por fundir el marxismo-leninismo con el movimiento obrero. Sin embargo, la lucha ideológica contra otras corrientes revolucionarias, progresistas o incluso reaccionarias, no es ni un pasatiempo ni un mero ejercicio intelectual, sino un trabajo por dotar al movimiento obrero de una orientación consecuentemente revolucionaria y acorde con los intereses que desde el marxismo-leninismo entendemos que son los verdaderamente correspondientes a los del proletariado: la revolución socialista y la dictadura del proletariado como periodo político de transformación de la sociedad capitalista en sociedad comunista.

Es partiendo de esta valoración de la situación actual del movimiento comunista español que en la conferencia de unidad de abril de 2014 que dio lugar a nuestro PTD formulamos esta tesis para nuestra táctica-plan: “Debemos subordinar los intentos de unidad comunista al objetivo de la reconstitución del Partido Comunista, concretamente, al objetivo de la fusión del marxismo-leninismo con el movimiento obrero. El PCE-IU no sirve para este fin porque carece de la estrategia revolucionaria que exige el marxismo-leninismo. Los partidos comunistas sectarios tampoco sirven para este fin porque carecen de la táctica de fusión con las masas obreras que también exige el marxismo-leninismo. Esto no significa que parte o la totalidad de estas organizaciones no pueda evolucionar positivamente; pero no debemos esperar a que lo hagan, precisamente porque lo harán tanto y más rápidamente cuanto antes nos convirtamos en una demostración viva de esa fusión del marxismo-leninismo con el movimiento obrero.”

1.1 Actual estado de desconexión entre el socialismo científico y el movimiento obrero

A comienzos del siglo XX el auge del movimiento obrero internacional y el triunfo en su seno del marxismo frente a las corrientes reformistas, utópicas, reaccionarias y anarquistas, habían permitido a la clase obrera no solo arrancar importantes conquistas al capital en muchos países, sino también conquistar el poder político por la vía revolucionaria y en alianza con otros sectores populares, primero en Rusia y luego en Europa Oriental y buena parte de Asia, para emprender la construcción del socialismo. Marx y Engels nos enseñan en el Manifiesto Comunista que “los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario”. Y Lenin en Qué hacer nos enseña que “sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia”. Fue precisamente el triunfo del marxismo, luego desarrollado como marxismo-leninismo, frente a las demás tendencias existentes en el movimiento obrero, lo que permitió a la clase obrera, creciente en tamaño y en capacidad de lucha, dotarse de la conciencia necesaria sobre sus tareas revolucionarias y constituirse como partido independiente para acometerlas. El triunfo de la revolución proletaria en algunos países permitió dar a la lucha por el socialismo y contra el imperialismo un impulso colosal en todo el mundo. La dictadura del proletariado en los países socialistas se convirtió en un punto de apoyo tanto para el movimiento obrero en los países capitalistas desarrollados como para el movimiento de liberación nacional en las colonias y países dependientes.

La burguesía imperialista había fracasado en sus dos intentos de asalto directo, primero contra la Rusia soviética en la década de 1920 (con la invasión de 14 ejércitos extranjeros), y luego contra la URSS en la década de 1940 (con la invasión nazi). Tras ello, mantuvo el cerco contra los países socialistas mediante la “guerra fría” y el expolio de los países del “tercer mundo”, sustituyendo el viejo colonialismo por otro “nuevo” solo en las formas. Pero, a fin de evitar convulsiones revolucionarias en los países capitalistas desarrollados, profundizó la política de concesiones a las masas trabajadoras, creando el espejismo del “Estado del bienestar”. Así, se buscaba minar las bases para las aspiraciones revolucionarias de la clase obrera de los países imperialistas, así como su solidaridad con las luchas de sus hermanos proletarios del “tercer mundo” y de los países socialistas. En este contexto complejo y relativamente nuevo, en el movimiento comunista creció la desorientación y se fueron imponiendo concepciones oportunistas de derecha, tendentes a confundir la necesaria flexibilidad táctica con la conciliación con la burguesía imperialista. Pero la respuesta a esta deriva a menudo se hizo desde posiciones dogmáticas y oportunistas de “izquierda” que, en vez de contribuir a corregir el rumbo del movimiento comunista internacional, contribuyeron a dividirlo y debilitarlo. La crisis fue agravándose hasta culminar con la desintegración de la URSS y la desaparición del campo socialista, en un contexto en el que la burguesía imperialista respondía a la crisis del capitalismo con una ofensiva furibunda contra las masas trabajadoras en todo el mundo, retirando las concesiones y atacando las conquistas del movimiento obrero.

En España, con el triunfo del oportunismo de derecha y del reformismo bajo la forma del eurocomunismo, el PCE fue abandonando la vía de la revolución y terminó convirtiéndose en un partido socialdemócrata. Como respuesta a ello ha habido sucesivas escisiones de comunistas que pretendían restaurar los principios marxistas-leninistas. Pero a menudo, siguiendo el ejemplo de sus homólogos en otros países, estos grupos terminaron adoptando posiciones sectarias y oportunistas de “izquierda” que les alejaron de las masas obreras y de los principios marxistas-leninistas. Así, en lugar de restaurarse la labor revolucionaria en el movimiento obrero, ambos acabaron escindiéndose aún más. La progresiva escisión entre el marxismo-leninismo y el movimiento obrero no solo la podemos ver en España, sino probablemente en la gran mayoría de países capitalistas que hay en el mundo.

Sin embargo, la bancarrota del capitalismo no deja de agudizarse. Las colosales deudas acumuladas no pueden contener la sobreproducción, y la burguesía imperialista se ve obligada a colocar el peso de estas deudas sobre los hombros de las masas obreras y populares, despertando su resistencia. Además, la emergencia de potencias como China o Rusia sirve de apoyo a la resistencia de países dependientes frente al expolio de los imperialistas. Por último, el capitalismo se ha ido desarrollando también en estos países dependientes, lo que ha tenido como resultado el auge de la gran industria moderna y, con él, el desarrollo de la clase obrera donde antes predominaban los campesinos y las relaciones precapitalistas. De este modo, se van agudizando las contradicciones del capitalismo a escala mundial y se va incrementando la fuerza potencial de la clase obrera, volviéndose cada vez más favorables las condiciones para que el marxismo-leninismo recupere la posición dirigente en el movimiento obrero. Para ello es necesario que las y los comunistas nos esforcemos por estudiar y asimilar el marxismo-leninismo, nos organicemos para difundirlo entre las masas obreras y lo defendamos frente a las corrientes ideológicas burguesas y pequeñoburguesas.

1.2 La importancia de la teoría y su estudio

¿Qué es la teoría? En Los fundamentos del leninismo Stalin define la teoría como “la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general”. Esto es lo que convierte al marxismo-leninismo en teoría de vanguardia, que representa realmente los intereses no solo actuales, sino también futuros de la clase obrera, porque sintetiza las lecciones de la experiencia histórica de la lucha obrera de todos los países. Estas lecciones, al sistematizarse, se elevan a la categoría de principios. Y es en estos principios en los que deben basarse los criterios para trazar las tareas de la revolución y juzgar el desarrollo de la lucha de clases. La teoría nos permite orientarnos entre los acontecimientos que nos rodean al ilustrar cómo se interrelacionan, permitiéndonos comprender no solo en qué sentido y de qué manera se desarrolla la lucha de clases, sino también cómo y en qué dirección debe hacerlo.

Por este motivo la teoría se vuelve imprescindible para guiar nuestra práctica por el camino de la revolución socialista. Es imprescindible que los militantes y los cuadros comunistas se esfuercen por estudiar y asimilar la teoría en sus diferentes aspectos. Engels afirmaba que “sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie”. Pero, aunque Engels pone el acento en los “jefes” (los cuadros y los dirigentes), no basta con que ellos estudien el marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo debe ser estudiado por toda la militancia, porque esta debe tener una mínima capacidad de orientarse en su práctica cotidiana y de llevar a cabo la crítica a su dirección cuando sea necesario, y porque la militancia debe aspirar a constituirse como dirigentes políticos. Por todo ello, la militancia de base también debe tener un conocimiento mínimo de los diferentes aspectos que constituyen la teoría.

Pero la teoría no es una fórmula mágica. La teoría marxista-leninista efectivamente tiene un carácter científico, pero ello no significa que se pueda aplicar mecánicamente, más bien al contrario. El conocimiento de la teoría como síntesis de la experiencia revolucionaria internacional es imprescindible para guiar la práctica revolucionaria. Pero la teoría no es un dogma, sino una guía para la acción; debe aplicarse teniendo en cuenta las condiciones particulares en las que se lucha. Por ello, Lenin explicaba que “no basta conocer simplemente esta experiencia o limitarse a copiar las últimas resoluciones adoptadas; para ello es necesario saber enfocar de modo crítico esta experiencia y comprobarla uno mismo”. Y precisamente para poder enfocar de modo crítico esta experiencia revolucionaria mundial es necesario asimilar la teoría no por su letra, sino por su esencia. Lo importante no son las fórmulas o consignas concretas que podamos encontrarnos en los documentos de otros partidos comunistas o en los textos de los autores clásicos del marxismo-leninismo. Lo importante son los principios y razonamientos generales que permiten llegar a tales fórmulas o consignas. Una fórmula o una consigna determinada puede ser correcta en el contexto en que fue elaborada, pero puede volverse incorrecta en un contexto diferente. Es por ello que el estudio teórico debe ir a las esencias de los razonamientos, por lo que el estudio del marxismo-leninismo debe ser integral. No basta con que conozcamos lo que tal o cual clásico del marxismo-leninismo dijo o hizo en tal o cual momento concreto. Lo importante es comprender por qué dijo o hizo tal cosa en ese momento y, sin embargo, dijo o hizo otra cosa o incluso la contraria en otro momento diferente. En este sentido, Mao decía de la teoría que “no hay que considerarla como un dogma, sino como una guía para la acción. No hay que aprender simplemente términos y frases del marxismo-leninismo, sino estudiarlo como ciencia de la revolución. No solo hay que comprender las leyes generales formuladas por Marx, Engels, Lenin y Stalin como resultado de su vasto estudio de la vida real y de la experiencia revolucionaria, sino también aprender la posición y el método que adoptaban al examinar y resolver los problemas”. Si no estudiamos el marxismo-leninismo desde esta perspectiva de conjunto, corremos el riesgo de vernos arrastrados por interpretaciones unilaterales, que son precisamente en las que se apoyan las tendencias oportunistas. Lenin decía que nuestra teoría “es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa”. De modo que es imprescindible estudiar y asimilar el marxismo-leninismo no “a trocitos”, sino como un todo coherente frente a las teorías burguesas y pequeñoburguesas dominantes en la sociedad actual.

La teoría y la práctica están estrechamente vinculadas. Es la práctica la que plantea problemas a los que la teoría debe dar respuesta. Y es la teoría la que aporta a la práctica conciencia y orientación en su desarrollo y transformación. La práctica sin teoría es ciega. La teoría sin práctica es inútil. Por este motivo, el estudio y la aplicación de la teoría deben ir estrechamente vinculados a la práctica de lucha en el movimiento obrero. La teoría debe servir para dar al movimiento obrero conciencia y orientación sobre sus tareas históricas y revolucionarias. Para ello es necesario no solo el estudio y la difusión del marxismo-leninismo entre la clase obrera, sino también la crítica de las demás teorías que representan los intereses de las otras clases y desvían al movimiento obrero de la lucha por el socialismo.

En este proceso, además, no solo transformamos la conciencia de la clase obrera, sino también la nuestra propia. Aunque seamos militantes comunistas, hemos sido educados en la sociedad capitalista y, por tanto, también en sus ideas dominantes, que son las de la clase dominante. Por ello es necesario que, al estudiar y aplicar el marxismo-leninismo, vayamos también transformando nuestra vieja concepción del mundo y nos vayamos desprendiendo de los resquicios de mentalidad burguesa y pequeñoburguesa con la que inevitablemente se nos ha educado desde la cuna. Al estudiar el marxismo-leninismo y aplicarlo a la lucha de clases, tanto el Partido en colectivo como cada cuadro o militante como individuo deben realizar esfuerzos constantes por desarrollar un modo proletario de observar y enjuiciar la realidad. Además, nadie nace comunista ni es comunista “de una vez por todas”, por lo que la transformación de la concepción del mundo es una labor que para cualquier comunista abarca toda su vida.

1.3 La importancia de la comprobación práctica y su balance

En las Tesis sobre Feuerbach Marx dice que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Si aplicamos la teoría marxista-leninista, es para transformar el movimiento obrero dotándole de conciencia sobre sus tareas revolucionarias. Aquí es donde se requiere elaborar una táctica y un plan de trabajo concretos que permitan abordar en cada momento las tareas prioritarias de la labor revolucionaria. En Qué hacer Lenin critica a la tendencia “economista” por eludir esta cuestión con la excusa de que toda táctica y todo plan sería admisible con tal de que sirva en general a los fines y propósitos del socialismo: “Cuando se quiere hablar de táctica, confundir la admisión en principio de todos los medios de lucha, de todos los planes y procedimientos con tal de que sirvan para lograr el fin propuesto, con la exigencia de guiarse en un momento político concreto por un plan aplicado a rajatabla equivale a confundir que la medicina admite todos los sistemas terapéuticos con la exigencia de que en el tratamiento de una enfermedad concreta se siga siempre un sistema determinado”. De hecho, la obra de Lenin está precisamente orientada hacia este plan práctico que gira en torno al periódico marxista para toda Rusia y que serviría como agitador, propagandista y organizador colectivo. Todas las críticas al eclecticismo en la teoría, al culto a la espontaneidad, al economismo, al trabajo artesanal de los círculos, etc., aparte de valorar la situación del POSDR, despejan el camino para el planteamiento detallado del plan para un periódico marxista como tarea práctica y concreta a desarrollar en ese momento. Precisamente este “plan de un periódico central para toda Rusia” se planteaba como medio para resolver los problemas candentes del movimiento socialdemócrata ruso, o al menos comenzar a resolverlos.

Este es un claro ejemplo de cómo la teoría parte de la práctica y le sirve. Los problemas candentes son analizados no solo basándose en la experiencia directa (propia), sino también en la experiencia indirecta acumulada por el movimiento revolucionario (teoría). Pero para servir a la práctica este análisis debe dar lugar a planes y resoluciones concretos de cara a la transformación revolucionaria de la realidad material. Sin embargo, a menudo nos topamos con que, aunque hemos estudiado los problemas planteados por la práctica a la luz del marxismo-leninismo, los planes o resoluciones formulados no dan los resultados esperados. A veces el plan se cumple en su mayoría, a medias, o no se cumple en absoluto; incluso a menudo nos vemos en la obligación de modificar los planes en el transcurso de su realización. En Sobre la práctica Mao dice que “esto se debe a que la gente que se dedica a la transformación de la realidad está siempre sujeta a numerosas limitaciones; no solo se encuentra limitada por las condiciones científicas y técnicas existentes, sino también por el desarrollo del propio proceso objetivo y el grado en que este se manifiesta”. Estamos limitados tanto por nuestra experiencia directa, como por la experiencia acumulada por el movimiento comunista, como por nuestro conocimiento o desconocimiento de esta última. Es por ello que Mao plantea la necesidad de “practicar, conocer, practicar otra vez y conocer de nuevo”, en un proceso que se repite en ciclos infinitos. La práctica realizada, por mucho que la hayamos reflexionado, siempre tendrá un margen de error, incluso aunque creamos que ha sido exitosa. Es por ello que necesitamos hacer un balance crítico de nuestra experiencia práctica, una vez realizado tal o cual plan, tal o cual proyecto, etc. No es adecuado tampoco demorar este balance, ya que es con la experiencia reciente como mejor se pueden asimilar sus lecciones. Sin embargo, esto tampoco quiere decir que no se pueda volver otra vez a examinar la experiencia pasada, incluso pasado mucho tiempo después, si permite arrojar luz sobre cuestiones que se vuelven candentes. Marx y Engels, una vez pasada la oleada de revoluciones democrático-burguesas en la Europa de 1848, realizaron un balance de esta experiencia, extrayendo las correspondientes lecciones políticas. Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 o Revolución y contrarrevolución en Alemania son claros ejemplos de ello. Sin embargo, como se puede ver en los prólogos a las ediciones posteriores del Manifiesto Comunista, Marx y Engels volvieron de nuevo sobre el análisis de esta experiencia varios años después, enriqueciendo con ello las lecciones políticas de cara a la práctica revolucionaria.

El plan y el balance son herramientas que nos permiten luchar contra el efecto de arrastre que la espontaneidad ejerce sobre nosotros. Si el plan nos permite concentrar las fuerzas y la actividad en lo que en cada momento consideremos prioritario, el balance nos previene frente al optimismo o pesimismo que pueda suscitarnos la experiencia práctica, centrando la atención en las lecciones políticas que esta nos aporta. Por ello toda acción debe ir precedida de un análisis político previo de los problemas y necesidades candentes de la situación, en todos sus aspectos, y las prioridades políticas de cara a acometerlos. Esto debe concretarse en resoluciones y planes que permitan marcar los objetivos políticos de la acción. Si se trata del estudio, es necesario clarificar las cuestiones teóricas a clarificar con ese estudio; si se trata de un reparto de propaganda en una movilización o centro de trabajo concreto, es necesario clarificar qué mensaje concreto se quiere transmitir; si se trata de la intervención en una asamblea, un frente o una manifestación, es necesario clarificar las ideas a propagar o en torno a las que agitar. A partir de aquí, podemos desarrollar la acción, en la que lo importante no es atenernos al cumplimiento formal de los objetivos, sino obrar basándonos en las prioridades políticas planteadas. En la acción podemos encontrarnos elementos imprevistos que nos empujen a modificar el plan. Aquí es necesario evitar el dogmatismo y el formalismo, pero también la claudicación y el abandono. Mantener la disciplina significa mantenernos fieles no tanto a la letra como a la orientación política esencial del plan [1]. Finalmente, tras la acción, sin esperar a mucho después, debe llevarse a cabo el balance crítico. No se trata de analizarlo todo, sino lo esencial de la experiencia política, a fin de extraer lecciones. Tampoco se trata solamente de evaluar si se han logrado los objetivos políticos o no. Se trata de examinar hasta qué punto se han cumplido los objetivos, de qué manera, si se han observado los criterios políticos a la hora de completarlos, si se han vencido y de qué manera los obstáculos encontrados en el desarrollo de la acción, si estos eran esperados o inesperados, etc. De hecho, también es necesario enjuiciar el análisis político sobre el que se han formulado los objetivos. ¿Hasta qué punto el análisis político era correcto y recogía todos los aspectos esenciales que se debían tener en cuenta? ¿Qué limitaciones se han tenido a la hora de realizar el análisis político? Lo importante no es solo si el balance de la actividad es positivo o negativo, sino sobre todo cómo ha contribuido al desarrollo de la línea política de la organización y a la influencia de la misma entre las masas. El esfuerzo teórico debe acompañar a la labor práctica a lo largo de todo el proceso. Por supuesto, debemos alumbrar con la teoría marxista-leninista el análisis de la situación y el balance de la actividad; pero el esfuerzo teórico es importante también para que, de cara al momento de la acción, la esencia política de la orientación sea asimilada por los cuadros y militantes para que no la apliquen mecánicamente, para no se vean perdidos al llevarla a cabo, y para que comprendan su razón de ser.

 

NOTA

[1] Esto no quiere decir que podamos subvertir los acuerdos colectivos o el plan prefijado bajo el débil argumento de que “las condiciones han cambiado”, sino que, bajo fundamentos políticos y colectivos, aplicaciones específicas de un plan pueden llegar a variar para adaptarse a las circunstancias. Toda variación del plan establecido debe ser acompañado de un refrendo colectivo y político (autorización o rendición de cuentas dependiendo de su importancia). Colectivo con base en lo determinado en los órganos que deberán rendir cuentas sobre este viraje. Político porque debe tener una justificación que explique por qué se ha cambiado el plan original y cómo eso no desvirtúa los objetivos políticos prefijados en el plan. Sin estas condiciones, no se puede hablar de estos virajes. Es importante entender este proceso para evitar que, bajo la "política de las  excepciones”, se esté, mediante una trampa formal o argumentativa, virando todo el plan, subordinándolo a la espontaneidad y desviándolo de los objetivos políticos marcados.

1.4 Riesgos de desviaciones: teoricismo y empirismo

A la hora de aplicar la teoría marxista-leninista a la lucha de clases debemos precavernos de desviaciones tanto teoricistas como empiristas. Tanto la una como la otra nos desvían del materialismo hacia el idealismo. Si el teoricista subestima el papel de la práctica y exagera el papel de la teoría en el proceso del conocimiento, el empirista exagera el papel de la experiencia directa percibida a través de las sensaciones, subestimando el papel de la teoría para comprender las esencias de las cosas, más allá de las apariencias que percibimos por medio de los sentidos. Ambas desviaciones rompen el vínculo estrecho entre teoría y práctica y entorpecen la fusión del marxismo-leninismo con el movimiento obrero. La importancia de estas desviaciones en el proceso del conocimiento tiene implicaciones de política práctica.

Por un lado, el teoricista invierte la relación práctica-teoría-práctica y la sustituye por una relación teoría-práctica-teoría. Aquí ya no es la teoría la que parte de la práctica y le sirve, sino al revés; ya no es la herramienta por excelencia para descubrir las esencias de las cosas, sino que se vuelve un fin en sí mismo. El teoricismo conduce a la parálisis de la práctica. Todo el esfuerzo se deriva hacia la perfección del análisis y las resoluciones, restando a su aplicación la importancia que merecen. Políticamente el teoricismo puede derivar tanto en sectarismo como en reformismo. Al no concretar en el terreno práctico estos análisis y resoluciones, se cede en los hechos la iniciativa a las tendencias burguesas y pequeñoburguesas de cara a la movilización de las masas. Con ello, el marxismo-leninismo, queda reducido a una labor de crítica teórica del capitalismo y del imperialismo, pero sin materializarse en una práctica revolucionaria concreta contra ellos. En este sentido, es corriente que los teoricistas solo admitan en general la labor teórica de propaganda o solo admitan de palabra, pero no en los hechos, la necesidad de combinar la propaganda con la agitación de masas. Así, se dificulta la difusión del marxismo-leninismo entre las masas obreras y se lo recluye en círculos escasa o nulamente vinculados a las mismas. La tarea de educar políticamente a la clase obrera se va postergando e identificando con la mera extensión cuantitativa de esos pequeños círculos, en lugar de apoyarse en la combinación de la propaganda revolucionaria con la agitación de masas. En este contexto, los teoricistas pueden evolucionar hacia el sectarismo, desarrollando un desprecio hacia los sectores más atrasados de las masas en cuanto a su conciencia. En lugar de afrontarse las dificultares de la educación política de las masas obreras, se renuncia a ella en los hechos. Esto se ve especialmente favorecido en periodos de reflujo o de escaso desarrollo del movimiento obrero y revolucionario, en los que la labor teórica y propagandística se vuelve prioritaria (aunque no exclusiva) frente a la agitación.

El empirista, en cambio, subestima la importancia de la teoría y la independencia relativa del pensamiento abstracto, depositando toda la confianza en sus sensaciones. De este modo, se ignora la importancia que el pensamiento abstracto tiene de cara a la comprensión de las esencias que se encuentran más allá de la superficie de las cosas. El empirista exagera el papel de la experiencia personal frente a la experiencia universal del movimiento comunista. La aparición de fenómenos nuevos o aparentemente nuevos se interpreta automáticamente como refutación de los principios esenciales del marxismo-leninismo elaborados sobre la base de los largos años de experiencia histórica del movimiento obrero y revolucionario. Así, la práctica se vuelve ciega. Ello se traduce en un practicismo estrecho, sin principios, en una labor práctica sin perspectivas y sin guía. En este sentido, se pone el acento en las maniobras y en las consignas, pero sin subordinarlas a los principios y objetivos políticos planteados con base en el marxismo-leninismo. De este modo se absolutizan los éxitos o los fracasos ocasionales, sin valorar en profundidad su significado político. Todo ello empuja a la práctica a desviarse del camino de la revolución.

Aunque ambas desviaciones puedan parecer dos polos opuestos, en realidad se tratan de dos desviaciones de la concepción marxista-leninista del mundo. Se trata del choque entre ideología burguesa e ideología socialista que Lenin señala en el Qué hacer cuando decía que “Puesto que ni hablar se puede de una ideología independiente, elaborada por las propias masas obreras en el curso mismo de su movimiento, el problema se plantea solamente así: ideología burguesa o ideología socialista. No hay término medio (pues la humanidad no ha elaborado ninguna "tercera" ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases). Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea separarse de ella significa fortalecer la ideología burguesa”. Esto significa que teoricistas y empiristas no tienen por qué enfrentarse necesariamente, sino que pueden incluso formar una unidad dónde convivan, aunando fuerzas para desviar a los comunistas y la clase obrera de las concepciones políticas justas. En nuestro partido hemos podido observar cómo, en no pocas ocasiones, la convivencia entre tendencias teoricistas y empiristas-practicistas se daba sin generar grandes tensiones entre ellas. Se expresaba en un pacto tácito, dónde los teoricistas escribían manifiestos y llamamientos generales sin vocación alguna de traslación práctica, mientras que los empiristas aplaudían estos llamamientos, pero luego solo se basaban en su experiencia personal para ejecutar un practicismo estrecho. En esta insana unidad, los teoricistas evitaban criticar políticamente a los empiristas que les apoyaban (llegando incluso a hacer encaje de bolillos argumental para intentar darle al espontaneísmo y el practicismo apariencia de práctica consciente) mientras que los empiristas decían compartir las declaraciones políticas que eran incapaces de comprender de sus teoricistas (y una vez decían esto volvían a practicar un sindicalismo cotidiano y el mismo movimientismo de siempre). Se instalaba así un pretendido sistema de “jerarquía de conocimiento” que, en realidad, era la convivencia orgánica de dos tendencias ligadas por vínculos corporativos, grupales, históricos, de amistad o de interés mutuo. Esta forma de alianza ya tomaba la forma cristalizada de oportunismo, y se instalaba dentro de nuestro partido generando un divorcio total entre los dichos y los hechos, haciendo reinar la confusión teórica y práctica entre nuestras filas.

Merece la pena señalar que no todo error político de estas tendencias corresponde a la consolidación de una línea o grupo oportunista. En un periodo dónde nuestras tareas teóricas y prácticas son tan extensas, es incluso natural que los camaradas puedan caer en tendencias teoricistas y empiristas. Lo grave no se encuentra en que un camarada se equivoque, sino en que el partido no ponga todos sus medios y esfuerzos para educar a los mismos en la rectificación de estos errores.

De cara a evitar tanto una tendencia como la otra, en Los fundamentos del leninismo Stalin plantea la necesidad de fundir la perspectiva revolucionaria con el sentido práctico. Por un lado “el ímpetu revolucionario ruso es el antídoto contra la inercia, contra la rutina, contra el conservadurismo, contra el estancamiento mental, contra la sumisión servil a las tradiciones seculares. El ímpetu revolucionario ruso es la fuerza vivificadora que despierta el pensamiento, que impulsa, que rompe el pasado, que brinda una perspectiva”. Por otro lado, “el sentido práctico norteamericano es, por el contrario, un antídoto contra el manilovismo "revolucionario" y contra las fantasías del arbitrismo. El sentido práctico norteamericano es una fuerza indomable, que no conoce ni admite barreras, que destruye con su tenacidad práctica toda clase de obstáculos y que siempre lleva a término lo empezado, por mínimo que sea; es una fuerza sin la cual no puede concebirse una labor constructiva seria”. La síntesis de ambos es la que nos permite evitar la ruptura entre teoría y práctica, entre las palabras y los hechos.

2. Elementos para un plan para reconstituir el Partido Comunista

2.1 Nuestra tarea más inmediata: estudiar, aplicar y difundir el marxismo-leninismo

¿Podemos considerar a nuestra organización como parte del movimiento obrero? Ideológica, política y organizativamente sí formamos parte del movimiento obrero; sin embargo, si atendemos a la falta de vinculación de nuestro partido con la clase obrera (aún de forma extendida) en los centros de trabajo y otros nos encontramos escindidos de este. Por ello, nos corresponde estudiar el marxismo-leninismo, aplicarlo y llevarlo al movimiento obrero: garantizar que el marxismo-leninismo se difunda en su medio de clase.

Hay camaradas que demuestran con su práctica una concepción errónea del movimiento comunista y del movimiento obrero, separándolos mecánicamente a la hora de abordar la lucha ideológica por una línea marxista-leninista y procediendo a estudiar, aplicar y difundir el socialismo científico desde una perspectiva endogámica que termina convirtiendo a un ente sano, robusto y firme en una suerte de caricatura enfermiza, insostenible y débil que apenas es capaz de sobrevivir a sus propias contradicciones, como para plantearse solucionar las ajenas. Al mismo tiempo hay otros camaradas que difuminan en demasía la frontera entre el movimiento comunista y el movimiento obrero, sin prestar la suficiente atención o menospreciando las contradicciones entre uno y otro, es decir, viendo únicamente los elementos de unión sin recalar en los que se encuentran en lucha.

Un movimiento obrero que carezca del marxismo-leninismo será un movimiento obrero débil, ciego y defensivo, marcado por el espontaneísmo y el sindicalismo, restringido a una realidad inmediata, y por tanto capacitado solo para la lucha por la mínima resistencia. Del mismo modo que estudiar y aplicar el marxismo-leninismo sin contacto con el movimiento obrero, lo condena a la impotencia y la charlatanería, el movimiento obrero sin el marxismo-leninismo está condenado a la miseria y a la vida ardua. El movimiento obrero para ser revolucionario necesita del marxismo-leninismo, tanto como el marxismo-leninismo necesita vincularse al movimiento obrero para materializar una práctica revolucionaria.

Nuestro objetivo con la lucha ideológica en el movimiento obrero es ganarlo para el socialismo científico y, por tanto, la fusión entre ambos. ¿Cómo prepararnos para llevarlo a la práctica? Ello requiere por nuestra parte un profundo conocimiento del marxismo-leninismo, ya que salvo conocimientos políticos poco o nada tenemos que ofrecer a obreras y obreros que ya saben enfrentarse a sus explotadores en el terreno sindical. Asentar, reforzar y asimilar los principios teóricos y políticos del marxismo-leninismo es nuestra primera y más inmediata tarea. A través de planes de estudio, el partido debe ofrecer a todas y todos sus militantes la oportunidad de comprender e interiorizar primero los principios fundamentales y crecientemente cuantos más aspectos sean posibles del marxismo-leninismo, y debe exigir de todos sus militantes el compromiso y la disciplina de hacerlo. Pero no será suficiente con ello, si nos limitamos al estudio a círculos cerrados en los que el movimiento obrero sigue siendo un elemento ajeno; el resultado será tan negativo como lo lleva siendo las últimas décadas, contribuyendo a la degradación y debilitamiento del marxismo-leninismo.

Debemos estudiar el marxismo-leninismo y llevarlo a la práctica difundiéndolo entre las masas obreras. Debemos educar a la clase obrera políticamente en el marxismo-leninismo y acumular experiencia en este terreno. Se trata de que seamos capaces de dotar a las masas obreras de una idea precisa del cuadro de la explotación capitalista y la opresión burguesa. Para ello debemos usar toda manifestación de explotación y opresión por parte de los capitalistas para denunciar la esencia de su régimen político y socioeconómico y hacer comprender a las masas obreras la necesidad de su derrocamiento y la instauración del socialismo.

Pero no es suficiente con replantear y reforzar la formación. En el movimiento comunista existen dos tendencias, ambas erróneas, que contraponen mecánicamente práctica y teoría, como si fueran elementos antagónicos cuando, aunque son contradictorios, también son complementarios. Que en un momento determinado una deba ser la principal, no significa que la otra no tenga ningún papel. Nuestro partido aspira a superar esta separación artificial fruto de concepciones revisionistas y dogmáticas del marxismo. En el período de transición desde el círculo marxista hasta el partido comunista, en el que actualmente se encuentra inmersa nuestra organización, debemos estar preparadas y preparados para luchar contra las tendencias teoricistas y practicistas que en los hechos separan la lucha ideológica de las luchas política y económica, en lugar de concentrar esfuerzos en practicar la primera en el seno de las otras.

Por ello, debemos reorganizar el estudio de forma que fortalezca el centro dirigente. Así, se elaborará un plan de estudio más avanzado para los cuadros dirigentes para convertirlos en profundos conocedores de los distintos aspectos del marxismo-leninismo. Al mismo tiempo, se elaborará un plan de estudio básico para el conjunto de la militancia, basado en textos clásicos que permita asentar la asimilación de los fundamentos de la teoría marxista entre los cuadros intermedios y de base. Debemos asegurar un conocimiento suficiente de los fundamentos del marxismo entre los cuadros y militantes de la organización que permita facilitar el salto cuando se produzca la promoción. Por último, se elaborará un plan de formación introductoria para colaboradores y simpatizantes que se nos acerquen. Un plan que parta prácticamente de lo más elemental, aunando los textos más sencillos y accesibles de los clásicos con materiales divulgativos del partido que permitan una primera aproximación a la teoría marxista-leninista y la línea del partido.

Nuestro estudio no debe ir enfocado a la producción de eruditos del socialismo científico desvinculados de las necesidades que nos presente la lucha de clases, sino a la producción de cuadros capaces de analizar los problemas candentes del movimiento obrero y revolucionario y dar una respuesta marxista-leninista a los mismos. De lo contrario, convertiríamos el marxismo en otra teoría más que solo se dedica a estudiar el mundo, cuando de lo que se trata es de transformarlo. A la par que vamos conociendo el marxismo-leninismo, que lo vamos aplicando, nos corresponde difundirlo. De nada sirve ser los mayores conocedores del marxismo-leninismo, ser capaces de prever el desarrollo de los acontecimientos concernientes a la lucha de clases antes que nadie, si no somos capaces de dotar a la clase obrera de estos conocimientos políticos que le infundan la conciencia política necesaria para comprender sus tareas históricas. Esto nos plantea la necesidad de difundir el marxismo-leninismo en el movimiento obrero a través de la propaganda y la agitación.

2.2 El papel de la propaganda

La propaganda debe ir destinada a aclarar y explicar muchas ideas a un número relativamente pequeño de personas. Ello implica también combatir las interpretaciones erróneas que se tengan sobre distintos aspectos, bien sobre temas candentes relativos al movimiento obrero en que la distorsión sea fruto de la ideología y propaganda burguesa, bien sobre aspectos circunscritos a la teoría del marxismo-leninismo, combatiendo las distintas desviaciones que se presentan bajo la bandera del socialismo científico sin ser consecuentes con él. Lenin en Las tareas de los socialdemócratas rusos describe las tareas de propaganda de las y los marxistas:

“La labor socialista de los socialdemócratas rusos consiste en hacer propaganda de las doctrinas del socialismo científico, difundir entre los obreros un concepto justo sobre el actual régimen económico-social, sobre sus fundamentos y su desarrollo, sobre las diferentes clases de la sociedad rusa, sobre sus relaciones mutuas, sobre la lucha de estas clases entre sí, sobre el papel de la clase obrera en esta lucha, su actitud ante las clases que están en declinación y ante las que están en desarrollo, su actitud ante el pasado y el futuro del capitalismo, sobre la tarea histórica de la socialdemocracia internacional y de la clase obrera rusa.”

La propaganda tratará problemas teóricos o incluso históricos del movimiento comunista. Pero también debe abordar hechos vivos, asuntos de actualidad mediante los cuales facilitar la explicación de las ideas que conducen a la profundización en el conocimiento y a la reflexión del lector. Deben analizarse estos hechos de actualidad y aportar las ideas precisas sobre la esencia que los caracteriza y cómo ello explica la naturaleza histórica y social del régimen capitalista, así como de las distintas clases de la sociedad. Deben explicarse las ideas que necesita la clase obrera en cada momento para hacer progresar y clarificar su conciencia política. También deben abordarse cuestiones relativas a la teoría y la historia de la revolución proletaria, de los países socialistas o del movimiento comunista internacional. Es fundamental recoger y explicar a las y los obreros las lecciones políticas que ha acumulado el movimiento comunista durante más de un siglo de existencia, y cómo esas lecciones son plenamente vigentes en la actualidad ante los problemas que se va encontrando el movimiento obrero en la lucha. El propagandista puede y debe exponer todas estas ideas complejas de manera clara y sencilla, "con razonamientos poco complicados y con ejemplos bien elegidos" [2]. El propagandista transmite estas ideas principalmente por la vía escrita: el periódico, artículos, etc., pero también lo hace por la vía oral: en forma de actos, conferencias, etc., ante un número pequeño de oyentes. Se dirige a todo tipo de lectores y oyentes. Por ello deben adecuarse el vehículo y la estructura o forma de la propaganda en función del nivel de consciencia del público al que se dirige, tal y como veremos posteriormente acerca de los niveles de la propaganda y la agitación. La propaganda igualmente concreta las tareas políticas consecuentes de toda la profunda explicación que realiza del asunto. El papel de la acción, como complemento de la propaganda, es esencial para facilitar el trabajo de organización.

En este momento en que nuestro partido aún está afianzando sus principios programáticos y tácticos es en la propaganda donde debemos centrar nuestros esfuerzos. El estudio de los problemas candentes del movimiento obrero y comunista para la producción regular de una propaganda capaz de explicar en sus diversas formas el contenido antes mencionado debe ser nuestra máxima prioridad. Esto no significa que desatendamos la agitación. La agitación es imprescindible para mantener el contacto con masas obreras amplias. Pero en el momento actual es el refuerzo de la capacidad propagandística de nuestra organización la que ocupa el aspecto principal en nuestro trabajo de difusión del marxismo-leninismo en el movimiento obrero.

 

NOTA

[2] V.I. Lenin. A propósito de la revista Svoboda.

2.3 El papel de la agitación

Mediante la agitación se llama la atención en torno a una o pocas ideas a través de denuncias, consignas y/o llamados a la acción que sirven para poner en guardia a amplias masas obreras e impulsar su movilización. La precisión teórica y de la propaganda es clave para guiar a la agitación por el camino correcto. Es precisamente la propaganda la que marca la orientación a la agitación. No solo los marxistas-leninistas hacen agitación. Las fuerzas reformistas, burguesas y reaccionarias también hacen agitación. En el caso del Partido Comunista, la agitación está supeditada a la promoción del discurso de clase y de las aspiraciones revolucionarias socialistas. Con la agitación se busca precisamente materializar estas ideas entre las masas obreras. Dice Lenin en Las tareas de los socialdemócratas rusos que:

“La agitación entre los obreros consiste en que los socialdemócratas participan en todas las manifestaciones espontáneas de la lucha de la clase obrera, en todos los conflictos entre los obreros y los capitalistas motivados por la jornada de trabajo, el salario, las condiciones de trabajo, etc., etc. Nuestra tarea consiste en fusionar nuestra actividad con los problemasnprácticos, cotidianos de la vida obrera, en ayudar a los obreros a orientarse en estos problemas, en dirigir su atención hacia los abusos más importantes de que son objeto, en ayudarlos a formular más exacta, y prácticamente sus reivindicaciones, en desarrollar en ellos la conciencia de su solidaridad, la conciencia de la comunidad de intereses y de causa de todos los obreros rusos como clase obrera única, que constituye una parte del ejército mundial del proletariado.”

La agitación aborda las principales preocupaciones de las masas obreras y les aporta soluciones elaboradas desde un punto de vista marxista-leninista. En este sentido es fundamental que la agitación se adapte al “público” al que va dirigida. Por ello el agitador debe expresarse en un lenguaje que su “público” pueda comprender con facilidad. Debe seleccionar los ejemplos concretos y vivos que sean conocidos por el “público”. Pero en modo alguno la agitación comunista consiste en contarte a las masas “lo que quieren oír”. Efectivamente se parte de lo que las masas conocen o les preocupa, pero se trata de partir de ahí para aportarles lo que no conocen o vagamente intuyen. Es por ello que la agitación no se adapta al nivel más atrasado de la masa, sino que va un “pasito” por delante del desarrollo de la conciencia de las masas, a fin de elevarlas hacia niveles de conciencia superiores.

Además, la agitación puede ser tanto económica (sindical) como política. Si en el caso de la agitación económica se trata de poner “al desnudo” la explotación capitalista, en el caso de la agitación política se trata de hacer lo mismo con la dominación política de la clase capitalista. Para ello es necesario hacerse eco y denunciar cada manifestación concreta de explotación y opresión, llegado el caso aportando reivindicaciones concretas, con el fin de ligar la lucha espontánea de masas a los objetivos de la revolución socialista. Esto no significa que la necesidad de la lucha por el socialismo deba aparecer necesariamente en el contenido de la agitación, pero sí que dicho contenido debe elaborarse basándose en las necesidades de la revolución socialista. Ambos tipos de agitación están estrechamente vinculados, pues, aunque es en las relaciones de producción de donde parte la división de la sociedad en clases, la lucha de clases solo puede encontrar solución a través de la lucha política. Y es precisamente esto último en lo que se debe hacer hincapié a la hora de elevar la conciencia de las masas obreras.

2.4 Los diferentes niveles de propaganda y agitación

Debemos tener en cuenta que la clase obrera es heterogénea. Presenta diferentes niveles de conciencia que implican el empleo de diferentes medios y formas de propaganda y agitación que permitan transmitirle ideas acerca de la fisonomía socioeconómica y política del capitalismo, sus contradicciones y las relaciones entre todas las clases sociales, determinándole la necesidad de la revolución socialista para resolver dichas contradicciones.

Las y los obreros se distinguen en las siguientes capas:

  1. En primer lugar, están las y los obreros avanzados. Son aquellos capaces de comprender la necesidad de estudio de la teoría marxista-leninista y trabajar en su aplicación y desarrollo. Es una capa que realiza o aspira a realizar una práctica enmarcada en la lucha general del proletariado, es decir, la lucha por el socialismo. Esta capa de obreros está llamada a convertirse en dirigentes políticos revolucionarios de la clase obrera. La propaganda correspondiente trata los problemas teóricos, tácticos y políticos del movimiento comunista nacional e internacional.
  2. Las y los obreros medios son aquellos que aún embebidos en las luchas particulares, estrechas, de sus centros de trabajo, localidades, barrios, etc., desarrollan un interés por adquirir conocimientos políticos. Necesitan comprender que la dinámica de la estrecha lucha particular les limita de cara a la materialización del socialismo. No apuntan ni disparan hacia la revolución socialista, sino hacia acontecimientos locales o muy particulares. Por eso, es necesario emplear una propaganda y una agitación que conecten las particularidades de la lucha obrera local o sectorial con las cuestiones teóricas y políticas de la revolución socialista. Del seno de los obreros medios descubriremos a las y los obreros potencialmente avanzados, que se encuentran dispersos y ocultos entre esta capa de obreros medios. De entre las y los obreros medios seleccionaremos a los que se muestren capaces de elevarse hacia esa capa avanzada.
  3. Y, por último, las y los obreros atrasados son aquellos que muestran cierto descontento con la realidad social y sus condiciones de vida y trabajo pero se encuentran poco politizados, cuando no politizados en sentido reaccionario. Se trata de una capa en la que la agitación tendrá un papel principal para despertar la conciencia. Y aparte de la agitación con denuncias y reivindicaciones concretas, se requiere una propaganda en forma más popular y divulgativa, a menudo en forma oral, que permita introducir nociones básicas de marxismo-leninismo.

La flexibilidad en los medios y formas que dirijamos a las diferentes capas de la clase obrera, en relación con su nivel de conciencia, es complementaria con la firmeza en el contenido, es decir, en los principios. Debemos tener en cuenta que el contenido es elaborado desde el análisis marxista-leninista de la realidad concreta. El contenido es inflexible, sea cual sea la forma que adquiera la propaganda. Toda “flexibilización” de las conclusiones de este análisis, de los principios, supone en los hechos la falsificación de esta realidad. Supone introducir la confusión en el seno de la clase obrera. Y esta confusión solo beneficia al poder asentado y afianzado, el poder burgués cuya influencia ideológica es enormemente superior a la de la ideología socialista.

La propaganda no escapa a las necesidades que en cada momento requiere la construcción del partido. Estas necesidades determinan unas prioridades, con relación a qué obreros debemos dirigirnos. Es decir, a qué capa de la clase obrera, en cuanto a su nivel de conciencia, nos debemos dirigir principalmente. Esto no supone impedimento en dirigirnos a otras capas. Pero sí determina que a estas otras capas no principales, por las prioridades del partido, tengan una menor atención en cantidad del trabajo desarrollado por la militancia.

Nuestro partido, en un estado de construcción incipiente, que aún está tratando de salir de conformarse como un círculo de estudio y propaganda débilmente vinculado al movimiento obrero, debe centrar sus esfuerzos en estudiar el marxismo-leninismo y aplicarlo elaborando propaganda y agitación con el fin de consolidar nuestros principios programáticos y tácticos, así como destacar a los obreros avanzados de entre los obreros medios y atrasados.

2.5 Los círculos obreros de estudio y propaganda en las fábricas

A lo largo de documentos y artículos, hemos definido la necesidad de recuperar la intervención de los comunistas entre las masas obreras como la vía para avanzar en la reconstitución del Partido Comunista. Pero no es suficiente con realizar un diagnóstico, sino que es necesario concretar la línea teórica en acción política. Nuestros planteamientos en lo tocante a la acción política se han concretado, a lo largo del último año, en la propuesta de los círculos obreros de estudio y propaganda, ante la necesidad del rearme ideológico en el marxismo-leninismo.

La labor de los círculos obreros no es, por tanto, la de una extensión “académica” del Partido en la fábrica, la de un departamento de filosofía materialista en el centro de trabajo, sino que debe ir más allá; tampoco es la de un frente de masas sin masas al estilo de las experiencias de intervención en el movimiento obrero que se han realizado en los últimos años.

El círculo obrero de estudio debe ser un espacio de referencia para los elementos obreros de vanguardia, en el que se sientan útiles para la lucha revolucionaria a través de la comprensión adquirida gracias al estudio del marxismo-leninismo de los fenómenos que experimentan en su rutina diaria, y también de aquellos fenómenos que, precisamente por esta rutina, están limitados para comprender. Al mismo tiempo es necesario enfocar la tarea formativa no desde la perspectiva apostólica, sino desde la perspectiva dialéctica: educar a la clase obrera, pero también aprender de ella para revivir el marxismo-leninismo como comprensión proletaria del mundo.

Los círculos obreros de estudio deben orbitar entorno al partido, a mayor o menor distancia según las particularidades del propio círculo y las necesidades de la organización en los distintos momentos. Deben ser nuestra pata en el movimiento obrero, nuestra vía de contacto con la clase obrera en las fábricas, en los centros de trabajo, que permita establecer un canal estable entre la organización y las masas obreras para la distribución de propaganda y la difusión del marxismo-leninismo y nuestra línea política. Deben constituir el germen de las células del partido en los centros de trabajo: no podemos por tanto contentarnos con estudiar el marxismo en círculos cerrados, por mucho que esos círculos incluyan a obreros y eso sea un avance, sino que debemos construir destacamentos activos de marxistas, asociados directa (como militantes) o indirectamente (como simpatizantes) al partido. Círculos en los que estudiar el marxismo en su medio de clase, sí, pero que sean también un avanzada para el trabajo político, a través de los cuales se distribuya nuestra propaganda en todo el centro.

Debemos evitar, en cualquier caso, que los círculos de estudio se conviertan en espacios estancos: deben ser espacios vivos en los que el partido vuelque su propaganda y obtenga un feedback que permita incorporar nuevas perspectivas obreras a la línea política cuando sea necesario. El objetivo al que debemos aspirar es que de entre los obreros destaquen agitadores y propagandistas marxistas, extrayendo así cuadros de cara a la reconstitución del Partido Comunista.

2.6 Un periódico obrero marxista para toda España

El elemento cristalizador de todos estos aspectos debe ser el periódico. Debemos concebir que nuestro periódico ha de tener un triple papel, este es el de propagandista colectivo, agitador colectivo y organizador colectivo. Esto lo expresa genialmente Lenin en su artículo Por dónde empezar cuando redacta que:

“La misión del periódico no se limita, sin embargo, a difundir las ideas, educar políticamente y a atraer aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En este último sentido se le puede comparar con los andamios se levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan sus contornos, facilitan las relaciones entre los distintos sectores, les ayudan a distribuir el trabajo y observar los resultados generales alcanzados por el trabajo organizado. Mediante periódico y en relación con éste, se irá formando por sí misma una organización permanente, que se ocupen no sólo del trabajo local, sino también de la labor general regular, que habitué a sus miembros para seguir atentamente los acontecimientos políticos, a apreciar su significado y su influencia sobre las distintas capas de la población, a elaborar los medios más adecuados para qué el partido revolucionario influya en estos acontecimientos. La sola tarea técnica de asegurar un suministro normal de materiales al periódico y la normalidad de su difusión obliga ya a crear una red de agentes locales del partido único, de agentes que mantengan animadas relaciones entre sí, que conozcan el estado general de las cosas, que se acostumbren a cumplir sistemáticamente las funciones parciales de un trabajo realizado en toda Rusia y que prueben sus fuerzas en la organización de distintas acciones revolucionarios. Esta red de agentes servirá de armazón precisamente para la organización que necesitamos: lo suficientemente grande para abarcar todo el país; lo suficientemente vasta y variada para establecer una rigurosa y detallada división del trabajo; lo suficientemente firme para saber proseguir sin desmayo su labor en todas las circunstancias y en todos los "virajes" y situaciones inesperadas; lo suficientemente flexible para saber, de un lado, rehuir las batallas en campo abierto contra un enemigo que tiene superioridad aplastante de fuerzas, cuando éste concentra toda su fuerza en un punto, pero sabiendo, de otro lado, aprovecharse de la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser atacado”.

El periódico debe ser un propagandista colectivo. Es necesario desarrollar un periódico obrero marxista que aporte al movimiento obrero conocimientos políticos y orientación, capaz no solo de conectar problemas locales o particulares del movimiento obrero con los problemas generales de la lucha por el socialismo, sino también de dar respuesta a problemas teóricos y tácticos del movimiento comunista; un periódico que sea referencia para los elementos de vanguardia, respondiendo de forma amplia a sus necesidades de conocimientos políticos. Lenin dice en Una tendencia retrógrada en la socialdemocracia rusa que “el periódico que quiera convertirse en el órgano representativo de todos los socialdemócratas rusos debe colocarse al nivel de los obreros avanzados, no sólo no debe rebajar su nivel artificialmente, sino que, por el contrario, debe elevarlo en forma constante y estar al día en todos los problemas tácticos, políticos y teóricos de la socialdemocracia mundial. Sólo así serán satisfechos los intereses de la intelectualidad obrera, y ella tomará en sus manos la causa de los obreros rusos y, por consiguiente, la causa de la revolución rusa”. Pero el periódico es, además, la herramienta que nos permite destacar a los obreros avanzados de entre los obreros medios. Aunque el “público lector” del periódico marxista es la masa de obreros medios, su contenido es principalmente el que corresponde al de los obreros avanzados. No se trata de adaptarnos al nivel más atrasado de la masa obrera o a su nivel medio, sino de trabajar por elevar constantemente el nivel de las masas obreras a las que nos dirigimos. Es por ello que “en el diario que pretendiera ser órgano del partido, el obrero medio no comprenderá algunos artículos, no tendrá idea clara sobre algún complicado problema teórico o práctico. Pero de ahí no debe deducirse, de ninguna manera, que el diario debería descender al nivel de la masa de sus lectores. Por el contrario, es precisamente un deber del diario elevar el nivel de sus lectores y ayudar a seleccionar, de entre la capa de obreros medios, a los obreros de vanguardia”.

El periódico debe ser un agitador colectivo. Esto supone que el entramado de medios de agitación del Partido debe ser capaz de seleccionar las ideas fundamentales de cara a despertar interés por nuestra línea marxista-leninista, y dejar al desnudo las contradicciones de la opresión burguesa y las contradicciones de la sociedad capitalista. Debemos esforzarnos por elegir las ideas más importantes y aquellas ideas fundamentales para hacer avanzar en conciencia, organización y lucha al movimiento obrero. Debemos ser capaces de transmitir estas ideas en forma de consignas, imágenes, discurso recitados a viva voz, o cualquier otro medio que traslade claramente la exposición de estas ideas para que puedan cumplir su cometido. Es importante en este plano comprender cómo desarrollar el carácter de la agitación en medios audiovisuales o en las redes sociales, medios que permiten la transmisión de estas ideas clave de manera agitativa.

El periódico, además, debe ser un organizador colectivo, pues, como señala magistralmente Lenin, supondría algo así como el andamio alrededor del que se levanta el edificio. Esto supone que debemos emplear la guía de articulación y desarrollo del periódico como elemento central de nuestra actividad partidaria y subordinar el modo de organizarnos al objetivo político de producir un periódico que sirva de propagandista y agitador.

No debemos caer en una concepción estrecha del periódico dónde este empieza y acaba en su propio formato físico o digital. En realidad, al ser el periódico el andamiaje sobre el que levantamos el partido, se esgrime como el elemento central en torno al que orbita toda nuestra propaganda y nuestra agitación. Esto significa que toda forma para transmitir las ideas de nuestra propaganda y nuestra agitación girará alrededor del periódico, pudiendo concebir que el mismo se extiende más allá de sus dos formatos clásicos, siendo todo el material del partido que utilicemos una extensión del mismo. Así, nuestro proyecto de periódico incluye también la existencia de hojas volantes o panfletos clásicos para repartir en manifestaciones o fábricas, pero también los mensajes inoculados en forma de tweets o cadenas digitales. También es menester de nuestro periódico poner en funcionamiento su pata audiovisual, dotándonos del uso de videos de propaganda y agitación, formatos de audio o cartelería. El complejo de medios de propaganda y agitación tiene como centro el periódico, pero no debe olvidar la edición de textos marxistas-leninistas, especialmente los clásicos, que debemos editar y distribuir para mejorar nuestro esfuerzo por fusionar el socialismo científico con el movimiento obrero.

Posiblemente durante una primera fase, el desarrollo digital ocupe un papel central en la elaboración de nuestro periódico. Esto posiblemente se dé porque internet y los medios digitales son la fuerza productiva más avanzada de nuestra época. A principios del Siglo XX, el movimiento socialdemócrata (luego comunista) internacional supo magistralmente aprovechar la imprenta como elemento tecnológico más avanzado a su alcance para articular un propagandista, agitador y organizador colectivo. Esto no sustituyó las herramientas de difusión pre-imprenta, sino que las incorporó a un modelo que se desarrollaba principalmente por el medio impreso. En esta época, los medios de distribución a papel de nuestra propaganda no desaparecerán, pero posiblemente surjan como consecuencia de un previo desarrollo digital. Esto es obvio en la propia elaboración (ya se redacta primero digitalmente una octavilla y luego se imprime), pero también será lógico en el desarrollo general. En una primera fase levantaremos un compendio de medios de agitación y propaganda por la vía online y articularemos cauces de distribución por esta vía (redes sociales, grupos de distribución de aplicaciones como Telegram o Whatssap, boletines por correo electrónico…), sin embargo, a medida que estos medios funcionen bien, nos será más sencillo trasladar este esfuerzo al formato papel y presencial, que da réditos diferentes al de la producción y distribución digital. El periódico, como máxima expresión cristalizada del compendio de medios de propaganda y agitación, tomará un formato físico más regular a medida que se normalice la producción de contenido digital de manera también regular.

Lo importante es concebir qué colocamos en el centro de nuestro plan, durante este periodo: levantar un compendio de medios de propaganda y agitación alrededor de los que desarrollar el proceso de lucha por la reconstitución del Partido Comunista. El periódico se manifiesta como la forma más avanzada de esta concepción, como propagandista, agitador y organizador colectivo.

2.7 Una fase debe preparar el salto a la siguiente

Durante los apartados anteriores hemos centrado la tarea de levantar un compendio de medios de agitación y propaganda, cristalizados estos en la existencia de un periódico que haga de propagandista, agitar y organizador colectivo. El objetivo es que estos medios arraiguen en el movimiento obrero (principalmente en los grandes centros de trabajo), logrando destacar del mismo a los obreros potencialmente más avanzados, pudiendo así proveerles de la ciencia marxista-leninista y convertirlos en cuadros políticos para la lucha revolucionaria por el socialismo. El objetivo de esta fase se podría sintetizar diciendo que queremos que “El PTD sea el partido transmisor teórico-político del marxismo-leninismo en los grandes centros de trabajo”. Este es un objetivo ambicioso, pero no deja de ser una primera fase de la reconstitución partidaria que aún dista mucho de acercarnos a la ambiciosa tarea revolucionaria de derrocar el poder político de la burguesía e instaurar la dictadura del proletariado.

Como veremos en futuros apartados, los éxitos en esta dirección se irán plasmando orgánicamente en formas organizativas del Partido en los diferentes centros de trabajo (la Célula, por ejemplo). A medida que nuestro partido pueda ir logrando este objetivo, se irán abriendo nuevos horizontes políticos de desarrollo. Actualmente nos vemos obligados a limitar el horizonte para evitar que nuestro partido se vea arrastrado por la espontaneidad y se distraiga de las principales tareas pendientes para avanzar en la reconstitución del partido comunista en nuestro país. Es inevitable que, al constituir células, por ejemplo, se plantee el debate sobre si la actividad del partido cambia de fase. Sería aventurado y parcial entender que un éxito en una región, empresa o zona determinada supone que un cambio de fase, a su vez tampoco sería del todo acertado entender que esta experiencia se encuentra ubicada en el mismo nivel de desarrollo que todas las demás. El paso a la siguiente fase de reconstitución partidaria requerirá un debate de calado en el conjunto del partido y devendrá de avances notables en el conjunto del partido en relación con la clase obrera del conjunto del país (al menos en sus eslabones más importantes). Sin embargo, no existe una barrera infranqueable entre una etapa y otra. La propia existencia de círculos obreros y células ya irá arrojando luz sobre los siguientes pasos que debemos dar en el camino de la reconstitución partidaria.

Sabemos poco sobre la siguiente fase de reconstitución. La misma debe ser abordada evaluando la práctica del partido y sus avances y a la luz del desarrollo teórico de los clásicos del marxismo-leninismo y otras experiencias de levantamiento de Partidos Comunistas a lo largo y ancho del mundo. En esta apertura de “horizontes”, las partes más avanzadas del Partido no deben olvidar que su función principal consiste en reforzar el centro para que el partido avance de una manera unificada. Así que, en un primer momento, las experiencias más avanzadas del partido posiblemente tengan que frenar su avance y derivar gran parte de sus energías en ayudar al centro a impulsar a otras partes del Partido para que se acerquen al nivel de las más avanzadas. Para ello, estas experiencias deben proveer sus energías a los grupos centrales y hacer extensos e intensos trabajos para narrar sus experiencias mediante informes, artículos y tratados, buscando así ayudar al resto de camaradas del país para que fortalezcan y aceleren el proceso de reconstitución partidaria bajo la dirección política unificada del partido.

Aun así, esto no significa que simplemente las experiencias más avanzadas del Partido deban echar el freno y esperar a las demás. Esto podría suponer convertir la consolidación de los objetivos de esta etapa como un fin en sí mismo, y no como un medio para avanzar hacia una fase superior de la reconstitución partidaria en nuestro país. Cuando una experiencia del partido, digamos, se ha asentado en una fábrica, este debe esforzarse por especializar y perfeccionar todo lo propuesto para esta etapa. La existencia de una célula puede establecer un canal de distribución de nuestra propaganda y agitación tan regular como casi diario. La especificidad del trabajo puede permitir ampliar los círculos de influencia del Partido en las fábricas, ampliando el número de círculos obreros de estudio y las formas de desarrollarlo. La producción de la propaganda puede incluso especializarse en problemáticas diarias que se den en el centro o en materia de lucha sindical, arrojando posiciones marxistas-leninistas sobre las orientaciones más acertadas para que el movimiento obrero defienda los intereses para su clase. Pero también es posible que este asentamiento permita, por la vía sindical o de otro tipo de contactos, ampliar el radio de difusión y educación de nuestra propaganda y agitación mediante las secciones o sectores, llegando a otros centros de trabajo.

Sin duda, el avance cuantitativo mediante éxitos de nuestra propuesta permitirá darnos más elementos de análisis para poder plantear un salto cualitativo futuro en nuestra tarea de reconstitución partidaria. Nuestro partido debe asumir que se ve limitado por las prioridades de esta etapa de desarrollo, pero a medida que logre avances en la misma, debe ir sometiendo el debate de cuál será la táctica-plan que corresponderá al siguiente periodo de desarrollo.

3. Una organización adaptada a nuestro actual periodo en el plan de reconstitución

Tenemos por delante un periodo cuya duración se determinará solo por los aciertos y errores del movimiento comunista en la tarea de reconstitución partidaria. Nos hemos marcado como objetivo acelerar el proceso de reconstitución partidario y desatascarlo resolviendo la principal tarea de estudiar, aplicar y difundir el marxismo-leninismo en el movimiento obrero. ¿Cómo nos organizaremos para poder cumplir esa tarea? Nuestro modelo organizativo debe responder a la satisfacción de estos objetivos.

 

3.1 ¿Para qué tenemos que organizarnos?

Tenemos claro que debemos organizarnos para estudiar, aplicar y difundir el marxismo-leninismo en el movimiento obrero. Nuestro modelo organizativo debe responder a estas declaraciones políticas. Si no pusiéramos en concordancia nuestros dichos con nuestros hechos, nuestras declaraciones políticas con nuestro modelo organizativo, estaríamos siendo partícipes de un enorme fraude para con el movimiento obrero y para con nosotras y nosotros mismos. Nuestras declaraciones políticas deben traducirse en compromisos prácticos. En lo referente al modelo organizativo, esto debe posibilitar que estudiemos, apliquemos y difundamos el marxismoleninismo entre el movimiento obrero.

Nuestro actual modelo organizativo no puede responder al cumplimiento efectivo de estas tareas. La existencia de un centro que predica lineamientos políticos escasamente concretos y una periferia que tenía plena libertad para interpretarlos a su manera se traduce en un enorme divorcio entre lo que se dice y lo que se hace. No solo eso, sino que además las interpretaciones sobre cómo es la manera adecuada de hacer lo que se dice se convierten en un centro de disputa que paraliza el partido y lo lastra. La inexistencia de un centro que cumpla propiamente sus funciones institucionaliza un modelo federal de círculos, dónde cada uno de ellos (sea grupal, corporativo o local) se adscribe al partido “a su manera”. Esta gangrena federalista atraviesa hoy la manera de enfrentar el choque ideológico, pero también la manera práctica de asumir nuestro trabajo para con el movimiento obrero, la producción de la propaganda, la instauración de un modelo de estudio y desarrollo teórico liberal e, incluso, la cuestión financiera. Con este modelo no podemos remar de manera efectiva hacia el objetivo planteado en apartados anteriores.

No debemos hacer una evaluación completamente negativa del modelo aplicado hasta ahora. Realmente esta rendición de cuentas corresponderá a un proceso colectivo. Lo que debemos remarcar es que el mismo es incompatible con las tareas de reconstitución partidaria que hoy debemos enfrentar.

A nuestro juicio, nuestro actual modelo organizativo debe garantizar: 1) la educación teórica y política de nuestra militancia y del movimiento obrero en el marxismo-leninismo; 2) la
consolidación de un centro con capacidad efectiva de decisión y de dictamen de línea política, así como un consecuente mecanismo de rendición de cuentas en tiempo y forma que no paralice la actividad partidaria a raíz de la aparición de cualquier discrepancia; 3) la preparación de un vínculo teórico-político con el movimiento obrero, donde podamos transmitirle el marxismo-leninismo mediante nuestra propaganda más elaborada y diversa, así como la agitación mejor enfocada y orientada.

Lenin comentó, en su momento, los defectos de las organizaciones locales del Partido en un sentido parecido:

“Está en lo cierto: 1) la falta de una preparación seria y de educación revolucionaria (no sólo de los obreros, sino también de los intelectuales); 2) la aplicación inadecuada y abusiva del principio electivo, y 3) la no participación de los obreros en la intensa actividad revolucionaria son, efectivamente, los principales defectos de la organización de San Petersburgo y de muchas otras organizaciones locales de nuestro partido” [3]. 

Es importante que nuestra organización asuma una dirección teórico-política única, emanada de sus organismos centrales. No pueden existir varios centros. La diferencia de opiniones o la existencia de varias tendencias dentro del partido tampoco pueden suponer la inexistencia de una única dirección en este sentido. Sin la unidad teórico-política no podemos hablar de organización. Debemos constituirnos en un modelo en el que prime como norma de vida interna y de nuestro desarrollo "ya no la lucha de fracciones, sino la colaboración orgánica de todas las tendencias a través de la participación en los órganos dirigentes" [4]. 

Por eso mismo debemos asegurar un centro político donde haya un enriquecedor debate político donde se puedan plasmar todas y cada una de las posiciones políticas existentes. En estos debates nadie debería tener miedo a expresar su parecer, y debería imperar el dicho popular de que es mejor pedir perdón que pedir permiso. Esto es fundamental porque de este proceso de debate político interno debe acordarse una línea política determinada, que debe ser asumida en sus compromisos prácticos por el conjunto de la organización. Es fundamental este clima de debate abierto y sincero, de manifestación de las posiciones. Sobre este clima de debate abierto ya hizo referencia Ludo Martens:

“Sin una atmósfera democrática en donde cada uno pueda expresar su verdadero pensamiento, no es posible aplicar el centralismo democrático. Es nefasto que los militantes no se atrevan a dar su propia opinión 'porque no saben si corresponde con la línea del partido. En primer lugar, un camarada que mantenga posiciones reformistas o izquierdistas tiene que poder exponerlas. Y el deber de los otros camaradas es hacerle cambiar de posición y educarlo. No obstante, no hay que olvidar que este cambio puede ser cuestión de tiempo. Y no podrá realizarse si el camarada no se atreve a expresar sus propias concepciones. En esta situación, reina una unidad aparente, como construida en arenas movedizas. Y cuando estalla una crisis, todas las concepciones erróneas, reprimidas y no corregidas, salen a la superficie, pero llevan a la ruptura del Partido. Por otra parte, existen a veces interpretaciones erróneas de la línea del Partido. Ciertas posiciones son entonces consideradas como falsas, a pesar de que no es la verdad. Los camaradas deben expresar sus ideas, aunque estén seguros de que no corresponden a nuestra línea. Y finalmente, un camarada puede expresar una tesis contraria a la posición del Partido. Y aunque ésta puede ser errónea, debe ser rectificada, sobre todo por las ideas justas surgidas de la base” [5].

Este clima debe venir acompañado de un espíritu autocrítico, pues todo acuerdo político debe rendir cuentas una vez ha sido trasladado a la práctica. Y de este proceso deben extraerse lecciones para el aprendizaje de toda la organización. La democracia debe ser lo más viva para que la centralización sea lo más consciente posible. Como dijo Ludo Martens:

“La línea del partido concentra la sabiduría colectiva de sus cuadros y de sus miembros; está basada sobre nuestra comprensión del marxismo-leninismo y sobre nuestros análisis de las realidades actuales. Estudiar esta línea significa asimilarla con espíritu crítico y sobre todo autocrítico. La sabiduría colectiva permite a cada miembro autocorregir algunos de sus conceptos erróneos. Se asimila la línea con el fin de ponerla en práctica y defenderla. Lo erróneo es leerla superficialmente para conocer (más o menos) su contenido”. Así como que "la crítica y la autocrítica intentan llevar a cabo, de la forma más correcta, el trabajo revolucionario. Nos servimos de la crítica y de la autocrítica para elaborar una línea y unas posiciones políticas correctas, para reforzar la organización del partido y para mejorar nuestra práctica en el seno de las masas. Lo que se pone en juego en la crítica y la autocrítica es una línea cada vez más correcta, una organización más fuerte, una mejor práctica. La crítica y la autocrítica, desligadas del análisis concreto de los errores políticos y tácticos, es puro ideologismo y esto sólo puede servir para aniquilar la vida del partido” [6].

Es importante que el centro sea sólido, porque de él se desprende toda la descentralización subsiguiente y la división de tareas. Si nos quedáramos en lo expuesto en anteriores párrafos tendríamos un círculo de debate más o menos sólido que daría a luz alguna publicación de cierto nivel cada cierto tiempo. De facto tenderíamos a convertirnos en un círculo hermético, aislado del movimiento obrero e incapaz de articular una práctica ambiciosa que nos permitiese fortalecernos. Aún en las mejores condiciones de democracia interna y disciplina, si este trabajo de clarificación política no se trasladara en una descentralización con base en la división del trabajo, no se plasmaría en compromisos prácticos permanentes, y posiblemente el espíritu sano del círculo de debate y propaganda terminaría languideciendo, convirtiéndose en un auditorio donde los “líderes” jalearían a sus seguidores mientras nos iríamos descomponiendo poco a poco. Este proceso nos transformaría, con mayor o menor velocidad, en una secta moribunda.

Nuestro modelo debe optar por la relación que Lenin definía entre “el comité” y el “movimiento local”:

“Así pues, el tipo general de organización deberá ser, a mi juicio, el siguiente: a la cabeza de todo el movimiento local, de toda la actividad socialdemócrata local se hallará el comité. Del comité partirán los organismos subordinados a él y sus filiales, configurando, en primer lugar, una red de agentes ejecutivos, que abarcará a toda (si fuera posible) la masa obrera y estará organizada en forma de grupos de distrito y subcomités de fábrica. En tiempos de paz, esta red se dedicará a distribuir publicaciones, octavillas, proclamas e informaciones clandestinas del comité; en tiempos de guerra, organizará manifestaciones y otras acciones colectivas. En segundo lugar, partirá también del comité una serie de círculos y grupos de todo género puestos al servicio del movimiento en conjunto (propaganda, transporte, medidas clandestinas de diverso tipo, etc.). Todos los grupos, círculos, subcomités, etc., deberán ser considerados organismos del comité o secciones suyas. Unos manifestarán francamente su deseo de ingresar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y pasarán a formar parte de él, siempre y cuando que su ingreso sea ratificado por el comité asumirán (por encargo del comité o de acuerdos con él), funciones determinadas, contraerán la obligación de acatar cuanto dispongan los organismos del Partido, se les concederán los derechos propios de todos los miembros del Partido, serán considerados suplentes inmediatos de los miembros del comité, etc. Otros no ingresarán en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y serán considerados círculos organizados por miembros del Partido o contiguos a uno u otro grupo del Partido, etc” [7].

Durante este periodo consideramos que el partido no debe cerrarse en sí mismo, aunque sí debe restringir al centro la toma de decisiones ideológicas y prácticas. El partido debe ser dirigido por grupos de camaradas no demasiado grandes, pero para poder trasladar a la práctica estas orientaciones el partido debe buscar la mayor descentralización posible. Es así necesario que entendamos esta relación entre la centralización y la descentralización, entendiendo que debemos asegurar la línea y el rumbo común (homogeneidad), a la vez que la plasmación práctica de esos elementos comunes, posibilitando su desarrollo en el marco del movimiento obrero. La máxima centralización deriva en la posibilidad de obtener la mayor de las descentralizaciones posibles. Ambos elementos conforman unidad y contradicción, y son los que dan vida al modelo bolchevique de Partido. Lenin lo explicaba con bastante acierto:

“Llegamos ahora a un principio muy importante de toda la organización y actividad del Partido: si en lo que concierne a la dirección ideológica y práctica del movimiento y de la lucha revolucionaria del proletariado es necesaria la mayor centralización posible, en lo que se refiere a la información del centro del Partido (y, por consiguiente, de todo el Partido en general) acerca del movimiento, en lo que se refiere a la responsabilidad ante el Partido se impone la mayor descentralización posible. El movimiento debe ser dirigido por el menor número posible de los grupos más homogéneos de revolucionarios profesionales templados por la experiencia. Pero en el movimiento debe participar el mayor número posible de los grupos más variados y heterogéneos, pertenecientes las capas más diversas del proletariado (y de otras clases del pueblo). Con respecto a cada uno de estos grupos, el centro del Partido deberá tener siempre a la vista no sólo datos exactos acerca de sus actividades, sino también los datos más completos que sea posible acerca de su composición. Debe centralizar la dirección del movimiento. Pero también (y precisamente para ello, pues sin información no es posible la centralización) descentralizar cuando sea posible la responsabilidad ante el Partido de cada uno de sus miembros por separado, de cada uno de los que participan en el trabajo, de cada uno de los círculos integrados en el Partido o ligados a él. Esta descentralización es condición indispensable para la centralización revolucionaria y un correctivo imprescindible de la misma. Cuando la centralización se haya llevado hasta el final y dispongamos de un OC y de un CC, precisamente entonces la posibilidad de comunicación con ellos de todos los grupos, hasta los más minúsculos – y no sólo la posibilidad de comunicación, sino las comunicaciones regulares con el OC y el CC, convertidas en hábito a lo largo de una práctica de muchos años-, evitará que la presencia fortuita de elementos negativos en la composición de tal o cual comité local se traduzca en resultados deplorables” [8].

Debemos asegurar que nuestra organización sea capaz de dividir tareas, pero que de dicha división no se desprenda una escisión de criterios o un divorcio en el rumbo político, sino que toda división de tareas se desprenda de la máxima centralización política-organizativa. Esto significa que debemos tener una única dirección, un único rumbo marcado, para el cual dividimos el trabajo y asignamos tareas especializadas a los diferentes militantes para poderlo sacar adelante. Es lo que Lenin definió como:

“[…] saber sacar partido de todo y cada uno, en “dar trabajo a todos y a cada uno”, manteniendo al mismo tiempo la dirección de todo el movimiento y manteniéndola, por supuesto, no por la fuerza del poder, sino por la fuerza del prestigio, por la de la energía, de la mayor experiencia, de la mayor diversidad de conocimientos y del mayor talento” [9].

Y en la lógica de “dar trabajo a todos y a cada uno” debemos intentar explotar las mejores capacidades de todas y cada una de las militantes de nuestro partido. No podemos tratar con desprecio a camaradas que sean peores propagandistas cuando, posiblemente, podamos tener delante a un excelente agitador. No podemos dejar de contar con la opinión de un camarada que no sea un excelente teórico, pues tal vez sus dotes como organizador sean fundamentales para que el más acertado posicionamiento del partido sobre la esencia de los últimos sucesos políticos pueda repartirse en menos de una semana en la puerta de cada fábrica. No debemos marginar a los propagandistas porque aún no hayan tenido un estrecho y regular contacto práctico con el movimiento obrero. Debemos intentar salvar las carencias de cada una de nosotras basándonos en el principio de camaradería y de educación política, a la vez que especializamos a cada una en el campo donde pueda dar lo mejor de sí mismo. Nuestras carencias no deben ser cubiertas individualmente, sino de manera colectiva. El método de que un militante “todo lo hace” es un método artesanal. En el campo organizativo, si el individuo tiene que asumir todo un compendio de tareas diferentes él solo (por ejemplo: estudio, elaboración de propaganda, gestión financiera, organización de los recursos, búsqueda de las consignas para agitar en la prensa…) esto es síntoma de que la organización está poco desarrollada. Por el contrario, la división de tareas es una condición a la vez que un síntoma del desarrollo de la organización. La claridad de la propaganda no puede ser responsabilidad de un individuo dispuesto a hacerlo, sino de la claridad del partido como propagandista colectivo. El acierto a la hora de distribuir los materiales no puede ser responsabilidad de la agudeza o el despiste de una camarada, sino de la capacidad del partido como organizador colectivo. La elección de las ideas fundamentales para trabajar nuestra agitación no puede depender de lo espabilado que sea un individuo, sino del acierto del partido a la hora de escoger las ideas fundamentales como agitador colectivo.

Además, de esta división no puede derivarse la libertad para que cada uno haga lo que quiera en su campo de especialización. La división se desprende de la unidad. De la unidad de criterios políticos (desarrollados mediante los acuerdos de los órganos) parte la división del trabajo y su especialización. Marchamos hacia el mismo rumbo, aunque por necesidad tengamos que separarnos en grupo para cubrir más terreno.

Lenin lo explicaba perfectamente cuando afirmaba que:

“El comité debe esforzarse por dividir al máximo el trabajo, teniendo presente que los diferentes aspectos de la labor revolucionario requieren facultades distintas, que, a veces, un
hombre completamente inútil como organizador puede resultar un agitador insustituible, o que un hombre incapaz de resistir los rigores de la actividad clandestina será un excelente propagandista, etc.”.

En resumen, hoy necesitamos organizarnos para:

  1. Estudiar, aplicar y difundir el marxismo-leninismo en el movimiento obrero.
  2. Disponer de un centro homogéneo que sea capaz de marcar línea, orientaciones y directrices políticas.
  3. Disponer de un aparato capaz de ejecutar de manera efectiva los acuerdos del centro mediante la descentralización fundamentada en la división del trabajo.
  4. Disponer un flujo constante de información entre la periferia y el centro, que posibilite a este último saber cómo se están aplicando los acuerdos emanados de los órganos.
  5. Posibilitar que el flujo constante de información genere un constante clima de debate político que se traslade a los órganos decisorios, los cuales deben rendir cuentas de toda su actividad en un tiempo y una forma determinada, de manera que no obstaculice el desarrollo partidario sino que lo fortalezca.

Lenin resumía gran parte de estas ideas cuando afirmaba que:

“Ahora que nos encontramos ya en vísperas de la unificación práctica del Partido y de la creación de un verdadero centro dirigente, debemos tener siempre presente que este centro resultará impotente si no implantamos al mismo tiempo, la máxima descentralización, tanto en lo concerniente a la responsabilidad ante él como en lo que se refiere a su información acerca de todas las redas y engranajes del mecanismo del Partido. Esta descentralización no es sino el reverso de esa división del trabajo que, según el consenso general, constituye una de las más apremiantes necesidades prácticas de nuestro movimiento. Ni el reconocimiento oficial del papel dirigente de determinada organización, ni la constitución de CC.CC. formales aportarán de por sí la unidad efectiva de nuestro movimiento ni crearán un partido sólido y combativo, si el centro dirigente del partido queda, como antes, separado del trabajo práctico directo por los comités locales de viejo tipo; es decir, comités en los que, por una parte entra un montón de personas, cada una de las cuales maneja todos y cada uno de los asuntos sin dedicarse a funciones específicas del trabajo revolucionario, sin asumir la responsabilidad por alguna tarea concreta, sin llevar a término la tarea asumida, bien pensada y preparada , malgastando enorme cantidad de tiempo y de energías en ajetreos de radicales” [10].

 

NOTAS

[3] V. I. Lenin, Carta a un camarada.

[4] A. Gramsci, La situación italiana y las tareas del PCI.

[5] Ludo Martens, El partido de la revolución.

[6] Ibíd.

[7] V. I. Lenin, Carta a un camarada.

[8] Ibíd.

[9] Ibíd.

[10] Ibíd.

3.2 Productores y distribuidores de propaganda

Debemos preparar la organización para producir y distribuir propaganda. Esto no puede ser una función auxiliar que ocupa algún espacio subsidiario de una estructura más compleja, sino que debe ser la columna vertebral alrededor de la que se construya nuestra organización.

¿Por qué alrededor de la propaganda? Porque la misma condensa la línea política del partido, es decir, los posicionamientos sobre la política revolucionaria para construir el socialismo en España. Es la propaganda la que explica los principios revolucionarios y la concreción de las políticas para que el proletariado encuentre la vía para la toma del poder y su emancipación. Si lo fundamental en la constitución del partido comunista es el elemento consciente, en un periodo donde estamos sentando los cimientos de la construcción de una organización revolucionaria del proletariado español todo debe emanar de ella.

La agitación también emana de la propaganda. No puede concebirse una agitación – por muy básica que esta sea – desconectada de los posicionamientos del partido. Para que la agitación cumpla efectivamente su función debe guardar una coherencia con el conjunto de la línea política, y esta se transmite mediante la propaganda. Por otro lado, la organización también debe ser un resultado de producir y distribuir la propaganda. Si la organización actuara independientemente de esta nos encontraríamos ante una práctica que no sería acorde con los principios que predicamos. Estaríamos haciendo convivir varias organizaciones en una misma estructura orgánica, donde el aparato de propaganda dice una cosa y la estructura organizativa (más unificada o más dispersa) hace otra completamente diferente.

El triángulo propaganda-agitación-organización debe guardar una armonía y un desarrollo coherente entre las partes. El elemento principal de este triángulo es la propaganda, porque es la que nos permite estudiar el marxismo-leninismo, aplicarlo a la realidad española y explicarlo a las masas obreras. Durante este periodo, la propaganda ocupa un papel principal, lo cual no quiere decir que no sea necesaria la agitación y la organización pues sin estas dos partes la propaganda sería estéril, no aprovecharía la posibilidad de abrirse paso en el debate público de las masas ni tomaría una forma concreta que le permitiera ser educadora de la clase obrera, inoculándole la tan necesaria conciencia revolucionaria.
Para poder centrar esta tarea definiremos a qué nos referimos con los conceptos “producir” y “distribuir”.

3.2.1 Producir materiales de propaganda

Cuando hablamos de producir propaganda hablamos, necesariamente, de cumplir todo el proceso para que la propaganda pueda tomar una forma que permita educar en el marxismoleninismo a los sectores obreros que hemos definido en apartados anteriores. La producción puede resumirse en tres fases: 1) estudio, 2) acuerdo de la línea, 3) elaboración de materiales y 4) revisión. Cada fase es fundamental para que la siguiente pueda tener cabida.

En primer lugar, estudiamos el marxismo-leninismo, especializándonos en aquellas temáticas sobre las que queremos desarrollar propaganda. Para ello acudimos a los clásicos de nuestra ciencia, leyendo sus textos más importantes y profundizando cada vez más en la cuestión para tener una visión más completa sobre las diferentes leyes que atraviesan las cuestiones que queramos tratar. Esta fase es la de la comprensión más profunda del mayor número de ideas que, interconectadas, dan una explicación esencial y profunda sobre el desarrollo la cuestión (por ejemplo: la cuestión nacional, la cuestión femenina, la teoría del Estado, la economía política capitalista, la cuestión del partido revolucionario…). Además, el propio estudio conecta estas ideas entre sí, demostrándonos que el marxismo es un todo unificado, no existiendo elementos de realidades que se compartimenten aislados los unos de los otros. Garantizado este elemento fundamental también procede estudiar el estado actual del problema que queremos enfrentan, diseccionando los diferentes fenómenos más relevantes que manifiestan este problema sobre nuestra realidad y buscando los elementos de enlace que hacen actual el problema. Por ejemplo: Si queremos estudiar la cuestión nacional debemos, en primer lugar, estudiar cómo la aborda el marxismo-leninismo, debemos estudiar las grandes obras de Lenin y Stalin – entre otros – sobre este tema. Seguidamente debemos estudiar el estado actual del problema, esto es, la contradicción nacional latente en España entre el nacionalismo español y el resto de nacionalismos (Catalunya, Euskal Herria, Galicia, Canarias…). Una vez terminado este proceso tendremos una visión de conjunto sobre la esencia, lo fenomenológico y el tipo de relación existente entre ambas partes.

En segundo lugar, debemos acordar la línea. Esto es algo que corresponde en lo formal a los órganos superiores, pero que corresponde en lo real a un debate vivo a todo el partido. El debate comienza incluso antes de plantearse la cuestión, pero abre su apogeo en el desarrollo del estudio colectivo. Aquí ya se plantean dudas, cuestiones y opiniones, se intercambian puntos de vista, se aborda el carácter práctico de lo estudiado. Esta fase embrionaria da un nivel más amplio cuando el debate se abre a todo el partido. La forma en que se abre es reglamentada por el CC – en ocasiones el OC en casos de máxima urgencia – y suele consistir, a parte del estudio de textos clásicos, en algún borrador de ideas o incluso de documento más acabado que se somete a discusión para ser posteriormente aprobado en un órgano. Cuando lo que se debate es de una importancia especial – bien porque lo mandató el congreso o bien porque el C.C así lo decide – puede ampliarse la toma de decisiones a una conferencia sobre la cuestión. Lo fundamental lo expresión Lenin en Carta a un camarada cuando dijo: “Se conferenciará tanto en el comité como en cada distrito y en cada círculo de fábrica, propagandístico, profesional (tejedores, mecánicos, curtidores y demás), estudiantil, literario, etc. ¿Qué falta hace un organismo especial para conferenciar?" [11]. El debate es algo vivo, que atraviesa a la organización pues, como veremos ahora, todos los camaradas deben estar dedicados a cumplir diferentes funciones de vital importancia para la existencia de nuestro aparato de medios. Cuando se convoca una conferencia no se limita el debate a esta conferencia, más bien se cede en ella la capacidad para resolver el debate, pero el mismo se desarrolla a todos los niveles previa y posteriormente. Una vez acordada la línea, aunque esta es asumida, el debate no cesa. Ya no se debate normalmente sobre la conveniencia o no de la

línea (aunque los discrepantes puedan, basándose en su derecho, guardar su opinión y su voluntad de expresarla una vez se decida colectivamente reabrirlo) sino las mejores formas para su aplicación. Ningún debate está acabado de una vez por todas, aunque los debates tienen sus tiempos y su sentido para con la práctica del partido.

En tercer lugar, debemos elaborar los materiales respecto a los acuerdos de los que nos hemos dotado. Para ello debemos dividirnos el trabajo y asignar tareas. La división comentada en anteriores apartados debe asegurar el reparto de tareas, debe asegurar que los propagandistas, los organizadores y los agitadores puedan, basándose en una unidad de criterios, desarrollar su trabajo. Más adelante concretaremos nuestra propuesta organizativa, pero en este momento vale decir que debe asegurarse que los propagandistas más capaces deben estar organizados para poder cumplir esta tarea. Ya lo comentó Lenin cuando remarcó que “los “mejores revolucionarios” deben estar todos en el comité o cumpliendo funciones especiales (imprenta, transporte, agitación volante, organización, pongamos por caso, de una oficina de pasaportes, de un destacamento de lucha contra los espías y provocadores o de grupos en el ejército, etc.)” [12].

La conformación de grupos de propaganda es una condición fundamental para que estos materiales sean elaborados, bajo estricto control del OC, con rigurosidad. La elaboración del material supone no un trabajo técnico sino político. Tras haber estudiado la ciencia marxista-leninista y conocer la realidad concreta en España, es necesario que el OC despliegue un plan para que todas esas conclusiones e ideas fundamentales puedan ser explicadas por la propaganda. Estas serán transmitidas por un material o un conjunto de materiales de propaganda. A su vez, si se elabora agitación, esta debe guardar relación con las ideas o idea fundamental señalada en este material.

Los propagandistas deben producir materiales exhaustivos, profundos, rigurosos y populares. La cuestión sobre qué carácter impera más en cada momento se subordina al plan de
desarrollo de la propaganda en cada momento determinado. Queda claro que la producción de propaganda para el propio partido y los círculos de obreros más avanzados será más
exhaustiva, más profunda y tratará un mayor número de ideas interconectadas entre sí. En la propaganda producida para ambientes más populares, de donde esperamos reclutar a los potenciales obreros avanzados para el partido, es posible que seleccionemos un menor número de ideas –deben ser las más importantes– y nos esforcemos por explicarlas con toda la claridad y pedagogía que sea posible (con el objetivo de que preparen a los obreros que la estudien y la comprendan para un material algo más avanzado). Esto también se aplica a la agitación, donde señalaremos bien la idea más importante o la idea fundamental que abra pie a movilizar nuestros esfuerzos para explicar nuestra propaganda (por ejemplo, en títulos, consignas, tweets, etc.). En este apartado los propagandistas deben elaborar cada vez un mayor número de materiales, de calidad y de las más diversas formas posibles. La calidad de esta propaganda es fundamental porque será la que guíe toda la acción política del partido.

En cuarto lugar, está la revisión. Todo material debe contar con el visto bueno del O.C. para poder ser considerado material del partido e, incluso, una vez aprobado por el O.C. puede ser impugnado posteriormente por el C.C si en este se presenta una cuestión que ponga en duda que el mismo esté en sintonía con las posiciones del partido. El O.C., mediante la revisión, asegura la unidad de todo el aparato de medios del partido. En muchas ocasiones, el O.C. podrá delegar en el miembro que tenga en el grupo de propaganda para que apruebe determinados materiales y, en estos casos, será el O.C. al conjunto, y no el camarada individual, el responsable de tal hecho. Este paso es muy importante porque asegura que todo el material, propagandista y agitativo, se ha desarrollado conforme a la línea política del partido, emanada de sus acuerdos congresuales, y del C.C o del O.C en algunas circunstancias.

3.2.2 Distribuir materiales de propaganda

Por otro lado, cuando hablamos de distribuir propaganda nos estamos refiriendo a todo el proceso en el que este material elaborado toma forma, llega a las fábricas y es utilizado para educar a la clase obrera en los principios revolucionarios. Este paso es fundamental porque es el que hace que nuestros materiales tengan un carácter práctico y sean útiles para que la lucha del movimiento obrero tome un carácter revolucionario. En este apartado de la distribución juegan un papel fundamental tanto los camaradas del grupo central de organización como los grupos de zona.

El grupo central de organización debe encargarse de que lo producido tome una forma que le permita ser distribuido. Así, desde el centro se garantiza que el material pueda ser utilizado siendo maquetado, impreso y distribuido por los diferentes canales que le permitan llegar a toda la militancia. El grupo central de organización igualmente se encarga de gestionar la disposición efectiva, sopesada y eficaz de la militancia, ejecutando el orden de prioridades dado en relación a los espacios de distribución y los recursos personales existentes en cada momento para llegar a la clase obrera. Además, el grupo central de organización debe gestionar los recursos materiales y financieros del partido para asegurar que la distribución de materiales sea económicamente sostenible, elemento fundamental para que la misma pueda ampliarse y sostenerse en el tiempo.

Los grupos de zona, una vez han recibido los materiales, no pueden limitarse a su distribución testimonial. Su función principal es buscar todas las vías para educar a la clase
obrera con estos materiales. Así, los grupos de zona deben buscar las principales empresas sobre las que puedan actuar, deben buscar cada colectivo sindical u obrero existente que pudiera estar interesado en las posiciones del partido, debe desarrollar las más ingeniosas y efectivas tácticas para que el material entre en los centros de trabajo. Y aquí no acaba la tarea. El grupo de zona debe encarar el debate y la educación política de la clase obrera, invitándole a debatir, discutir y leer conjuntamente los materiales del partido (que recordemos que serán tanto clásicos maquetados y editados como materiales propios). Los grupos de zona deben estudiar los materiales con gran esfuerzo y aprender a defenderlo y argumentarlos como si los hubieran escrito ellos. Para que toda esta tarea no sea una labor a la que se enfrenten solos, estarán aconsejados por el O.C mediante el grupo de organización central, que irá guiándoles en su tarea, de la que informarán mediante informes periódicos al centro. El O.C. respaldará a estos grupos, pudiendo enviar refuerzos de los grupos centrales del partido para ayudarles a desarrollar sesiones formativas o conferencias políticas con la clase obrera con la que estén trabajando.

3.2.3 ¿Propagandistas, agitadores u organizadores?

Del desarrollo de todo este apartado se desprende que debemos asegurar la calidad de la propaganda, principalmente para que todo lo demás pueda desarrollarse en una línea acertada. Esto no quiere decir que el resto de los apartados no sean importantes para el partido y no requieran una preparación y especialización, sino más bien que si esta parte fundamental no funciona correctamente, el resto no podrán efectuar bien su tarea. En este sentido debemos ser selectivos en el grupo o grupos de propaganda que especialicemos en el partido, seleccionando tanto a los camaradas más capaces como aquellos que, en una trayectoria de tiempo no muy larga, podrían incorporarse a un correcto nivel de producción de esta tarea.

El resto de camaradas que no cumplan estas funciones deben ser asignados como agitadores, organizadores o militantes de zona/fábrica, explotando al máximo sus cualidades y
capacidades para desarrollar esta tarea. Esto no quita para que el partido haga una continua evaluación de la evolución de los camaradas, pudiendo modificar la pertenencia de un
camarada de uno a otro grupo a medida que desarrolla las cualidades óptimas para formar parte de este. Lenin lo expresó de la siguiente manera:

“A propósito de los propagandistas, quisiera decir unas palabras más en contra del habitual abarrotamiento de esta profesión con personas poco capaces, a causa de lo cual se rebaja el nivel de la propaganda. A veces, entre nosotros se considera indiscriminadamente propagandista a cualquier estudiante, y todos los jóvenes reclaman que “se les confíe un círculo”, etc. Habría que luchar contra semejante práctica que suele acarrear mucho perjuicio. Son muy pocos los propagandistas con verdadera firmeza de principios y capacidad (y para llegar a serlo hace falta estudiar mucho y adquirir experiencia), y es preciso especializar a esos hombres, ocuparlos todo lo que puedan y cuidarlos al máximo. Hay que organizar varias conferencias a la semana para que intervengan en ellas, saber llamarlos a tiempo a otras ciudades y, en general, organizar giras de propagandistas capaces por diferentes ciudades. En cuanto a la masa de jóvenes principiantes, hay que orientarla más bien a actividades de orden práctico, que entre nosotros suelen quedar en segundo plano en comparación con la peregrinación estudiantil por los círculos, a la que, de manera optimista, se ha dado en llamar “propaganda”. Está claro que para desempeñar serias tareas prácticas también se necesita una sólida preparación, pero, a pesar de todo, en este terreno es más fácil encontrar trabajo para los “principiantes” [13].

De estas palabras debemos extraer que los propagandistas son fundamentales para la construcción del partido y que debemos aprovechar sus capacidades, siendo rigurosos a la
hora de analizar el contenido y no rebajándolo en pro de que, de manera liberal, se permita a cualquiera publicar cualquier cosa. De todas maneras, no debe desprender, ni mucho menos, que los propagandistas tengan una posición privilegiada dentro del partido, que no se les pueda discutir y que el resto del partido deba seguirles ciegamente. Se trata de cuidar un activo valioso del partido, pulirlo y potenciarlo, no construir alrededor de él un peligroso esquema sectario de “jerarquía del conocimiento”.

En resumidas cuentas, en lo referente a la producción y distribución de propaganda remarcamos:

1.Que la propagada es el elemento principal del triángulo propaganda-agitación organización durante este periodo; que da coherencia, consistencia y armonía a las tres
partes.

2.Que la producción de propaganda se divide en las fases de: estudio, acuerdo de la línea, elaboración de materiales y revisión.

3.Que la distribución de propaganda es desarrollada por el grupo central de organización y los grupos de zona. Y que consiste tanto en dar forma a los materiales, como hacer que estos sean económicamente sostenibles, como utilizarlos de herramienta para la educación política de la clase obrera.

4.Que debemos dividir las tareas de la organización y especializar a cada camarada en la tarea en la que pueda dar lo mejor de sí mismo. Debemos prestar especial atención a los propagandistas en este periodo, que deben ser preparados y cuidadosamente seleccionados para asegurar la calidad de nuestros materiales. 

 

NOTAS

[11] V. I. Lenin, Carta a un camarada.

[12] Ibíd.

[13] Ibíd.

3.3 El centro y la periferia del Partido

Si queremos construir un gran aparato de propaganda y agitación, debemos clarificar la relación existente entre el centro y la periferia del partido. Esto no es un problema menor sino principal. Pues si entendemos que queremos levantar un referente teórico-político marxista-leninista en nuestro país, no podemos permitirnos el lujo de que los cimientos de nuestra organización sean algo así como una confederación amorfa o un régimen de autonomías, donde el centro es un simple gestor de las cuestiones comunes a los diferentes círculos y corporaciones que componen el partido.

Hoy nuestro partido no ha logrado establecer una relación centro-periferia donde sean los elementos centrales los que ocupan un papel dominante. Existe un pretendido centro del que emanan directrices generales y la periferia decide acogerse a ellas en base a su interpretación. La consecuencia de este modelo es la pervivencia de diferentes círculos y corporaciones que coexisten en el partido con vida, autonomía y línea política propia. Se acogen bajo el paraguas de unas directrices centrales que buscan ser lo “más genéricas posibles” para evitar que de las mismas se pueda exigir un proceso de rendición de cuentas en condiciones. Este modelo choca frontalmente con la concepción de un partido centralista democrático, con la unificación de fuerzas para reconstituir el partido comunista y con la posibilidad de fraguar una unidad interna de carácter ideológico que sea perdurable en el tiempo. Nuestro actual modelo se desliza peligrosamente al enquistamiento de las tendencias corporativistas y federalistas; tendencias que tanto daño han hecho al movimiento comunista y que han imposibilitado que las diferentes organizaciones cumplieran el proclamado papel de vanguardia para con la clase obrera en la dura tarea por su educación política.

Sin embargo, no nos basta con apelar “al centro”. Podríamos introducir detrás de esta concepción abstracta cualquier elemento, lo cual podría desvirtuar igualmente el carácter de nuestro partido. El centro no puede ser una camarilla personal, un grupo de amigos, un gurú que cree iluminar al resto de camaradas ni siquiera un grupo de personas con nivel teórico o práctico más destacado que los demás. El centro se compone, como veremos, por el periódico del partido (ideológico) y el órgano colegiado que reúna a las mejores fuerzas revolucionarias de los comunistas españoles. Lo explicaba Lenin, aplicado a su realidad:

“El Centro dirigente del Partido (y no sólo de un comité o de un distrito) es el periódico Iskra, que cuenta con corresponsables permanentes entre los obreros y mantiene estrecho contacto con el trabajo interno de la organización” Yo desearía señalar tan sólo que el periódico puede y debe ser el dirigente ideológico del partido, desarrollar las verdades teóricas, las tesis tácticas, las ideas generales de organización y las tareas generales de todo el Partido en uno u otro momento. Pero el dirigente práctico inmediato del movimiento sólo puede serlo un grupo central especial (llamémoslo, por ejemplo, Comité Central) que se enlace personalmente con todos los comités, que reúna en su seno las mejores fuerzas revolucionarias de todos los socialdemócratas rusos y rija todos los asuntos del Partido en general, tales como difusión de publicaciones, edición de octavillas, distribución de fuerzas, designación de personas y grupos para encabezar determinadas actividades, preparación de manifestaciones y de la insurrección en toda Rusia, etc.” [14].

Entonces el centro es “bicéfalo”. Se compone en realidad de dos elementos. Por un lado, el periódico del partido (que desarrolla todo lo referente a la línea política) [15] y por otro lado el Comité Central (que desarrolla el carácter práctico de la centralización, estando enlazado con el conjunto de los comités del partido). Si bien es cierto que el desarrollo del partido bolchevique se dio en un contexto muy diferente al nuestro, de la lectura de su proceso hay leyes generales que sí podemos extraer para la reconstitución del partido comunista en nuestro país. La existencia de un órgano que centralice políticamente a nuestra organización primero y al proletariado después es condición indispensable para poder desarrollar un centro sólido que vertebre la dirección general de nuestro destacamento.

Es muy importante remarcar la existencia del periódico como elemento central. Nuestro conglomerado de medios de propaganda y agitación son los que dan vida política al partido. Realmente la función de estos medios no es simplemente tener algo que “llevar” a la clase obrera para educarla, sino que es también una herramienta de cohesión y educación internas. El elemento clave por el que se vertebra la unidad del partido es lo político, son sus resoluciones políticas y los fundamentos teóricos que la sustentan. Por eso mismo, el centro de nuestra organización debe construirse durante este periodo alrededor del conjunto de medios de propaganda y agitación, cristalizado en el periódico como su producto más acabado. Esto garantiza que sea lo político lo que esté al mando, lo que nos previene de modelos organizativos que no sitúen la cuestión política como la que vertebra toda nuestra actividad y la razón de ser de nuestro partido.

Nuestro contexto difiere en algunos aspectos al de los bolcheviques. Debemos ser capaces de leer estas condiciones particulares para poder aprovechar al máximo las mismas en nuestro beneficio. Por ejemplo, el clima represivo y violento de la Rusia zarista no se ha manifestado tan abiertamente en España, debido a la actual debilidad nacional y mundial del comunismo, así como la aparente fortaleza de la dictadura burguesa. Esta coyuntura nos permite un mayor margen para el control democrático interno de las políticas emanadas de la organización, mientras que para el partido bolchevique esto era algo política y técnicamente inviable debido a las estrictas condiciones de clandestinidad que sufrían. Debemos entender, de todas maneras, que estas coyunturas son únicamente temporales. Así pues, debemos vertebrar una relación entre el centro y la periferia que sea capaz de transitar, sin grandes traumas, de un carácter más relajado hacia las condiciones plenas de clandestinidad. Nuestro partido nunca puede dejar de ser clandestino y hay determinados elementos del mismo que deben actuar desde el principio basándose en estos criterios, además de que no debe cuestionarse el elemento centralizador para que sea sustituido por las fórmulas del consenso o de la asamblea permanente. Aún en condiciones de aparente paz en el desarrollo de la lucha de clases, estas fórmulas son campo abierto para que liquidadores secuestren el partido, lo maten o abran (consciente o inconscientemente) las puertas de par en par a elementos provocadores de la policía que busquen boicotear nuestra labor. Además, debemos recordar que la centralidad del trabajo de propaganda y agitación es algo que corresponde a nuestra actual fase de reconstitución partidaria. Pero a medida que avancemos en nuestra tarea, tendremos que abordar la preparación de otras formas de intervención política que no serán tan “amables” para los organismos ideológicos y coercitivos del Estado.

Por eso mismo, es muy importante liquidar la autonomía en la dirección política de cada órgano de la periferia, de cada órgano local o regional. Estos solo deberían tener autonomía en funciones, tareas o cuestiones especialmente delegadas por el centro para el desempeño de sus tareas. La interpretación de este aspecto es muy importante, pues no se puede desprender del mismo que la función de la periferia sea seguir acríticamente al centro, sino trabajar por crearlo, apoyarlo y consolidarlos. Lo definía bien Lenin cuando afirmaba:

“Por eso convendría que el punto primero de los estatutos (con arreglo a su proyecto) no sólo señalara qué órgano del Partido se reconoce como dirigente (lo que, evidentemente, debe señalarse), sino también que cada organización local se asigna como tarea trabajar activamente en la creación, apoyo y consolidación de los organismos centrales sin los cuales nuestro Partido no puede existir como tal” [16].

Es más, en un principio los órganos de la periferia o de la base no deberían tener más función que transmitir la línea política emanada del centro. Sería la construcción de una confianza política, de un desarrollo organizativo más amplio y de un mayor carácter de masas del partido, lo que permitiría delegar en estos órganos más competencias. Lenin diferencia entre dos dimensiones: El Comité y el grupo de distrito. Y como vemos, a estos últimos solo les permite funciones de transmisión de la propaganda ya elaborada:

"A mi juicio, no sería conveniente extender la competencia del grupo de distrito a otras funciones que las de simple intermediario y transmisor; o, más exactamente, convendría extenderla con extraordinaria cautela, porque esto sólo puede causar perjuicio a la clandestinidad y la integridad del trabajo. Naturalmente, también en los círculos de distrito se celebrarán conferencias sobre todos los problemas del Partido, pero será el comité, y sólo él, el que deberá resolver todos los problemas generales del movimiento local. La autonomía de los grupos de distrito debería admitirse únicamente en cuestiones relacionadas con la técnica de transmisión y difusión" [17].

La periferia debe, pues, fortalecer al centro. Las organizaciones locales son muy importantes para el partido, pero su función debe consistir no en echar un pulso al centro o aprovechar su importancia para chantajearle, sino fortalecer al mismo y emplear todos sus esfuerzos para remar en la misma dirección. Evidentemente, para regular esta relación entre las partes deben existir mecanismos democráticos que den un sentido a la subordinación de las organizaciones locales a las centrales. Como expresamos anteriormente, esta subordinación no puede ser acríticamente, sino que debe desprenderse del debate colectivo y de unos procedimientos que permitan que todas las organizaciones locales expresen sus posiciones y se manifiesten todo lo que lo permitan las condiciones. Un buen ejemplo de cómo se vertebraba la democracia interna en un clima tan complicado como el clandestino nos lo narraba Lenin, cuando reconocía a la vez que matizaba la interlocución con el periódico y el desarrollo del debate interno:

“Usted, pide con toda razón que se conceda “a cuantos lo deseen” la posibilidad de mantener correspondencia directamente con Iskra. Pero “directamente” no debe entenderse en el sentido de que se les facilite el contacto con la redacción y sus señas “a cuantos lo deseen”, sino en el sentido de que deberán ser transmitidas (o enviadas) a la Redacción las cartas de cuantos lo deseen. Por lo que se refiere a las señas, es necesario darlas con bastante amplitud, pero no a cuantos lo deseen, sino solamente a los revolucionarios seguros y destacados por su habilidad en la labor clandestina: quizá, no a uno solo por distrito, como usted quiere, sino a varios; es necesario asimismo que cuantos participen en el trabajo, todos y cada uno de los círculos tengan derecho a poner en conocimiento, tanto del comité como del OC y del CC, sus acuerdos, deseos y peticiones. Si aseguramos eso, lograremos la plenitud de deliberación de todos los militantes del Partido sin necesidad de crear organismos tan farragosos y tan poco apropiados para la labor clandestina como las 'discusiones'” [18].

Pero, como veremos, el carácter principal lo tienen los organismos centrales. Tanto es así que el propio Lenin planteaba que, una vez conformados estos, toda la articulación de la organización dependía directamente de ellos:

“Cuando tengamos un OC y un CC, los nuevos comités sólo habrán de formarse con su participación y su consentimiento. El número de miembros del comité deberá ser, en lo posible, no muy grande (para que sea más alto el nivel de esos miembros y más completa su especialización en la profesión revolucionaria), pero, al mismo tiempo, suficiente para dirigir todos los aspectos de la labor y garantizar la representatividad de las reuniones y la firmeza de los acuerdos” [19].

Así se daría fin a la dinámica liberal de círculos que se conforman autónomamente y se auto declaran parte del partido. De esto no se desprende que no conformemos organizaciones nuevas de gente que no conozcamos, sino que la legalización de estas y su carácter “oficial” depende del juicio de las organizaciones centrales, que deben estar preparadas para obtener todo tipo de información sobre los miembros que la conforman, su actividad y la concordancia con la línea política de nuestra organización. Para este periodo puede ser incluso positivo mantener en un margen de relación temporal de simpatizante a grupos de comunistas que decidan ingresar en nuestro partido, por no tener aún las garantías plenas de que haya un acuerdo suficiente en los principios políticos e ideológicos. Tanto es así que el propio Lenin exige unas responsabilidades a estos grupos periféricos:

“Pero hay un aspecto en que debe exigirse incondicionalmente la máxima reglamentación de la labor en todos estos grupos filiales, a saber: todo miembro del Partido que participe en ellos tiene el deber de responder formalmente por el estado de cosas en dicho grupo; tiene también el deber de adoptar todas las medidas necesarias para que el CC y el OC conozcan al máximo tanto la composición de cada grupo como todo el mecanismo de su labor y todo el contenido de esa labor. Esto es imprescindible para que el centro tenga ante sí el cuadro completo de todo el movimiento, para poder seleccionar entre el mayor número de personas a quienes deben desempeñar distintos cargos del Partido, y para que puedan aprender de un grupo (por mediación del centro) todos los grupos del mismo tipo que existan en toda Rusia; y para prevenir la aparición de provocadores y personas sospechosas; en una palabra se trata de algo absoluta e imperiosamente necesario en todos los casos” [20].

Así pues, en este periodo de relación, no puede entenderse una acción local desconectada de la acción general del partido. Toda acción local o sectorial debe ser informada y puesta al corriente a los organismos centrales del partido. La manera de garantizarla debe ser la transmisión periódica de informes:

“¿Cómo lograrlo? Por medio de informes regulares al comité, comunicando al OC la mayor parte posible del contenido del mayor número posible de estos informes, organizando visitas de miembros del CC y del comité local a todos los círculos y, por último, mediante la consignación obligatoria en lugar seguro (y al Buró del Partido adjunto al OC y al CC) de los contactos con este círculo, es decir, de los nombres y las direcciones de algunos de sus miembros. Sólo cuando se comuniquen los informes y se transmitan los contactos, se podrá considerar que el miembro del Partido que forme parte de un círculo u otro ha cumplido con su deber; sólo entonces, todo el Partido en su conjunto podrá aprender de cada círculo que realice una labor práctica; sólo entonces no resultarán desastrosas las detenciones, pues, disponiendo de contactos con los diversos círculos, al delegado de nuestro CC le será siempre fácil encontrar en seguida sustitutos y reanudar la labor. La caída de un comité no destrozará entonces toda la máquina, sólo nos privará de unos dirigentes, y sus suplentes estarán preparados para sustituirlos y no se diga que la comunicación de informes y direcciones de contacto es imposible debido a las condiciones de la clandestinidad: basta con querer, y la posibilidad de transmitir (o enviar) comunicaciones y establecer contactos existe siempre y existirá siempre mientras tengamos comités, mientras tengamos un CC o un OC” [21].

Así, la política de informes no solo conecta a la periferia con el centro, a las organizaciones locales del partido y sus grupos de distritos con el periódico, el O.C. y el C.C. También
permite que el centro se fortalezca aprendiendo de la experiencia local, extrayendo lecciones particulares y generales de la puesta en práctica de los acuerdos del partido y teniendo un estado actualizado sobre cómo se ponen en sintonía los dichos con los hechos.

En resumen, consideramos que:

1. El centro del partido está conformado por el periódico y los órganos que concentren a los revolucionarios más capaces para ejercer la dirección teórica y práctica de la organización.

2. La periferia del partido está conformada por los grupos locales o de zona, así como por las células de los centros de trabajo.

3. En la contradicción entre el centro y la periferia, entre lo central y lo local, lo central es el elemento principal. Esto significa que toda la acción periférica o local tiene que ir destinada a fortalecer el centro e impulsarlo.

4. La clave de la construcción del centro durante este periódico es la articulación del referente teórico-político mediante la propaganda y la agitación. El elemento principal de construcción del centro durante este periodo es el periódico.

5. Los órganos de la periferia limitan, en un principio, sus tareas a las de la transmisión de la propaganda y agitación que parten del centro. La extensión de las competencias de estos órganos debe encararse con cuidado, en todo momento, mediante la delegación de los organismos centrales. Y debe ser consecuencia del desarrollo teórico, político, organizativo y del carácter de masas del partido.

6. Cualquier militante tiene derecho a comunicarse con el periódico o los organismos centrales, pero debe regularse la manera de hacerlo en función de las condiciones de desarrollo del propio partido y las condiciones de desarrollo político del momento.

7. Para asegurar el fortalecimiento del centro, la periferia debe facilitar regularmente informes detallando sus debates, conclusiones, resultados y la actividad desarrollada. El centro debe estar constantemente informado de lo que ocurre en la periferia para poder aprender políticamente y dictar una línea política justa en relación del estado de la organización.

 

NOTAS

[14] V. I. Lenin, Carta a un camarada.

[15] El periódico es la tarea política central en esta fase de construcción del partido. Pero tras este se encuentran las personas que lo materializan con su acción práctica. Para ejercer la dirección del periódico nos relacionamos de una determinada forma. Por tanto, entrando en el aspecto orgánico de la bicefalia dirigente corresponde al OC la dirección ideológica, que emplea el periódico como medio para ejercerla, tanto hacia lo interno del partido como hacia el movimiento revolucionario y el movimiento obrero.

[16] V. I. Lenin, Carta a un camarada.

[17] Ibíd.

[18] Ibíd.

[19] Ibíd.

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.

3.4 Una sola línea editorial con múltiples voces

Todo lo expuesto en apartados anteriores se puede resumir en la consigna de “una sola línea editorial con cientos de voces”. Lo que debe tratar nuestra apuesta político-organizativa de este periodo es unificar el conjunto de nuestras capacidades militantes, para que podamos llevar la tarea de educación teórico-política a las masas obreras más susceptibles de asimilar el marxismo-leninismo. Para poder educar a las masas obreras debemos acordar en qué y cómo les educamos, y orientar el conjunto de nuestros recursos materiales y humanos en acometer esa tarea. Necesitamos cristalizar las líneas políticas aprobadas en una línea editorial única que se traslade mediante la multiplicidad de voces de nuestra militancia, de los círculos cercanos al partido, de nuestros simpatizantes y del movimiento obrero que, consciente o inconscientemente, transmita nuestra línea política a sus círculos más cercanos.

Para poder afrontar acertadamente esta tarea de educación política necesitamos de un vivo debate político interno donde puedan exponerse todas las líneas políticas existentes, donde puedan verterse todas las opiniones y donde puedan hacer todo tipo de críticas en un marco saludable y de normalidad. Pero de este debate, las líneas acordadas deben cristalizar en una línea editorial única que atraviese el conjunto de la propaganda y agitación que empleemos para educar a las masas obreras. El debate debe ser múltiple, pero, una vez acordada por los órganos una decisión, su puesta práctica debe ser unitaria. En la palabra y en los hechos.

Imaginemos, por ejemplo, que acordamos educar a nuestros militantes y a nuestros círculos cercanos en los fundamentos básicos de la economía política. Un acuerdo general de este tipo podría ser interpretado de múltiples formas, cada círculo disperso podría intentar educar en esta materia “a su manera”, fortaleciendo los puntos generales que le parecieran más importante, utilizando el material que le pareciera más útil y utilizando libremente los métodos que considerara los más adecuados. Rápidamente, bajo el acuerdo genérico de “estudiar los fundamentos de la economía política”, en muchos lugares podrían estudiarse textos que incluso fueran ajenos al marxismo (economistas keynesianos o posmodernos, por ejemplo) o incluso omitir textos clásicos fundamentales para esta tarea. Por otro lado, esto daría pie a que se pudiera estar transmitiendo una visión equivocada (ni siquiera intencionalmente) del contenido que se quiere impartir, tergiversando conceptos clave como el de Mercancía o la Ley del Valor. Pues bien, para evitar esto el acuerdo político debe ser lo más concreto posible, y la línea editorial, que traslade este acuerdo político a un conjunto de materiales de elaboración ajena y propia, debe ser unitaria para el conjunto de la organización. Si los órganos acuerdan una bibliografía para estudiar este fenómeno de obras fundamentales y complementarias, este debe estar a disposición de todos los miembros del partido para que puedan acometer su tarea educativa. Si aprueban un itinerario de estudio, todos los militantes deben ser formados en el mismo y deben tener a su disposición las herramientas y materiales necesarios para ponerlos en práctica. Si se elaboran materiales de propaganda que liguen lo estudiado con denuncias políticas de actualidad, estas deben estar a disposición de toda la militancia, etc.

La existencia de iniciativa propia de los grupos locales o células no está descartada, pero debe estar bajo supervisión y aprobación de los órganos encargados de elaborar y aprobar la línea editorial. A no ser que un círculo concreto tuviera alguna transferencia especial de competencias, la unidad de la línea editorial pasaría durante este periodo por un único órgano común a todo el partido.

Lo principal durante este periodo es asegurar que el conjunto de nuestros materiales tengan coherencia ideológica y política. Si queremos aprovechar nuestra fuerza y subvertir la clara desventaja que supone nuestra capacidad de minoría residual, debemos actuar con la fuerza de un solo puño. La unidad se cimienta sobre el principio de la democracia y los órganos colectivos que deciden la línea (congresos, comités centrales, debates a todos los niveles…). Todos expresamos nuestras posiciones con libertad y sin miedo, a la vez de este proceso se acuerda una línea que obtiene el respaldo de la mayoría de los militantes que deciden (o de los órganos colegiados que han sido delegados a su vez por estos militantes). Y esta línea es aplicada de manera unitaria en el conjunto del partido, formalizada como línea editorial en su puesta en práctica y llevada al unísono a todos los lugares donde intervengamos.

Nuestro modelo organizativo debe asentarse sobre un centro sólido y con claridad política, capaz de establecer miles de ramificaciones en las organizaciones de base que hagan llegar la mejor propaganda y la más audaz agitación a los centros de trabajo, con el objetivo de sumar a nuestras filas a los obreros con más predisposición a aprender la ciencia del socialismo y a convertirse en destacados dirigentes de la clase obrera en nuestro país.