¡Contra toda injerencia, control obrero de la empresa!

Partido del Trabajo Democrático Madrid
2 de Diciembre de 2015

Con la congelación del presupuesto de la EMT, sumamos un nuevo ataque contra el transporte público a una lista ya de por si larga, que incluye aumentos restrictivos del precio del viaje, reducción de la flota, cierre de líneas… Todas estas agresiones vienen de lejos, y se vienen repitiendo con un efecto negativo acumulativo: quien pone las siglas y el rostro es el Partido Popular, pero no podemos olvidar que hay una motivación estructural para esta situación.

En un país dirigido por quienes anteponen los beneficios y la riqueza a la vivienda, la educación o la misma vida de los trabajadores, un concepto como el del transporte público, un servicio popular que debe ser accesible para grandes cantidades de personas, que debe estar al alcance de todos y todas, siempre estará en entredicho. Cuando se desahucia a gente de sus casas, cuando se condena a la pobreza energética a miles de personas, cuando los salarios caen y la precariedad aumenta, no debe extrañarnos que el transporte público sufra una campaña de acoso constante, destinada a reducirlo a su mínima expresión, cuando no a eliminarlo. Para ellos, que tengamos un servicio de transporte de calidad y accesible es “vivir por encima de nuestras posibilidades”.

Frente a sus externalizaciones, frente a sus recortes, frente a sus congelaciones, frente a sus constantes declaraciones insidiosas e insultantes menospreciando a la EMT y a sus trabajadores, la clase trabajadora debe oponer la gestión democrática de la empresa y el control obrero de la misma. Solo los trabajadores de una empresa conocen su realidad, sus necesidades, sus dificultades… Por ello, la elaboración de unos presupuestos, como cualquier otra decisión, debe ser consultada a sus trabajadores, y deben ser los trabajadores quienes, en última instancia, la aprueben o rechacen.

Mientras las decisiones en las empresas las tomen otros, y no sean los trabajadores quienes las dirijan, estaremos siempre expuestos a todo tipo de injerencias y agresiones que dañarán, directa o indirectamente, a esos mismos trabajadores. Esas injerencias y agresiones, decisiones tomadas en despachos por personas completamente ajenas a la realidad del trabajo, siempre serán negativas, directa o indirectamente para los intereses de la mayoría social, de la clase trabajadora: nunca, en ningún conflicto, en ninguna empresa, se ha firmado algo en los despachos que fuera beneficioso para los trabajadores, si no han sido estos quienes han impuesto su criterio y su conocimiento material de la realidad del trabajo.

El caso de la EMT no es distinto. Detener esta agresión es necesario, y sólo puede conseguirse a través de la unidad y la lucha obrera, pero no es suficiente: después vendrá otra, y después otra, y luego otra… Las agresiones contra el transporte público, que en la EMT son, por desgracia, tan frecuentes, son expresiones del conflicto entre los intereses del pueblo, de la clase trabajadora, y los de la oligarquía, de una minoría social parasitaria que se enriquece a nuestra costa. Mientras sigamos permitiendo que sean ellos quienes tomen las decisiones, el transporte público seguirá sufriendo: sólo el control obrero de la empresa puede garantizar un servicio de calidad, popular, para todos y todas.

¡Defendamos la Empresa Municipal de Transportes!

¡Derrotemos a los parásitos que quieren destruir el transporte público!

Por un servicio popular, de calidad y accesible, ¡control obrero de la empresa!

¡Viva la lucha de los trabajadores de la EMT! ¡Viva la lucha de la clase obrera!