¿Hacia dónde camina el movimiento estudiantil?

Diego, activista estudiantil y militante del PTD
Domingo, 18 Enero, 2015

En estos últimos 6 meses hemos visto cómo el movimiento estudiantil y el movimiento por la educación pública en general no se encuentra en su mejor momento. Es innegable que tras varios años de lucha con grandes movilizaciones a su espalda, decenas de huelgas y de manifestaciones, pero no puede hacer calor eternamente y al igual que ocurre todos los años el 21 de Septiembre parece que el verano de la lucha por la educación pública está llegando a su fin y estamos entrando en un momento menos acalorado.

Ahora, ¿qué razones han llevado a este enfriamiento social? ¿qué puede hacer el movimiento estudiantil y de la educación pública en general ante estas circunstancias?

Las razones que han llevado a esta situación son muy diversas y son consecuencia de cuestiones positivas, pero también negativas. Por un lado es necesario comprender que dentro de la realidad de una crisis económica como la que parece que nunca vamos a pasar página, los ataques a la educación han sido muy descarados y esto ha supuesto una agitación general en la sociedad que ha llevado a miles y millones de personas a dar la cara a las medidas que los gobiernos, en defensa de sus amigos oligarcas, han tomado. Esto ha supuesto una elevación enorme en la capacidad de respuesta del movimiento por la educación y ha permitido nexos de trabajo entre muchos colectivos y organizaciones. Esta ha sido tal que la aprobación de la LOMCE, como una de las principales medidas que traía el ejecutivo del Partido Popular fue pospuesta para su aprobación después de las movilizaciones sociales contra su aprobación.

Por otro lado, nos encontramos con un movimiento que precisamente por haber sido sostenido durante mucho tiempo, ha perdido fuelle. Está claro que los y las estudiantes que en su día luchamos contra Bolonia y vimos su implantación sin mayor problema, y que ahora luchamos contra la LOMCE hayamos visto entre nuestras compañeras y compañeros cómo decaían las fuerzas. Han sido innumerables huelgas y manifestaciones y, como es normal, es difícil mantener a una gran masa vinculada a la lucha cuando las victorias o el avance no se perfila con facilidad. Esto crece aún más cuando debido a que este movimiento se compone principalmente de juventud, la experiencia de lucha es inevitablemente baja.

Al mismo tiempo, la oligarquía española tampoco ha cesado en su lucha por el control de la educación para sus fines económicos y así es cómo hemos visto en esta temporada múltiples ataques que han tenido unas consecuencias muy graves para la movilización estudiantil. Desde el plan Bolonia hemos visto cómo se han organizado y analizado diversas formas para seguir interviniendo en la actual educación pública a todos los niveles con leyes y medidas como la LOMCE, el tasazo universitario o la Estrategia Universitaria 2015. De todas estas leyes emana un objetivo común: “que la educación esté al servicio de la economía”, perdón, me corrijo, “que la educación esté al servicio de la economía de unos pocos”, lo siento, me vuelvo a corregir, “que la educación esté al servicio de los intereses económicos de las grandes empresas, por encima de los intereses sociales y culturales de la sociedad”. (Es necesario apuntar concretamente a la oligarquía para comprender el trasfondo de los intereses que estas medidas defienden).

Precisamente estas medidas han ahondado en las dificultades no solo para organizar una respuesta política desde las y los estudiantes y trabajadores, sino para expulsar de la educación pública al sector de la sociedad con menor poder adquisitivo, que mira tú por dónde viene siendo la clase trabajadora junto a otras clases populares. Cuando el acceso a la educación (principalmente a nivel universitario), se ve limitado por un factor económico, el acceso a la cultura e incluso al desarrollo colectivo de la sociedad se ve limitado por la clase social a la que cada individuo pertenece. Y claro, si a la educación empiezan a tener acceso acceso los hijos e hijas de la oligarquía principalmente, y aquellos que provienen de otras capas de la sociedad se ven en situaciones extremas para poder costearse sus estudios o su vida en general ¿cómo va a crecer el movimiento popular y democrático que defienda una educación para todas y para todos?

A todo esto también afecta la descoordinación relativa que nos encontramos en este momento. Si bien es verdad que los estudiantes que se “levantaron” a raíz del 15 de Mayo de 2011, fueron capaces de enarbolar una coordinación entre diversas universidades con miles de estudiantes que ha tomado varios nombres en pocos años, esto solo ha sido un hecho efímero y actualmente el movimiento se describe mejor por la descoordinación de los focos de organización en los centros de lucha que por la unidad de los mismos. Por supuesto siguen existiendo muchos foros donde se busca esa unidad pero parece que aún no hemos sido capaces de encontrar esa fórmula para construir lo que debería ser un epicentro del movimiento que vaya más allá de la militancia de una u otra organización concentrada bajo unas siglas que les hagan parecer masas. Y esto no solo afecta a la coordinación entre estudiantes, también lo hace a la coordinación con los trabajadores dejando la tan cacareada consigna “trabajadores y estudiantes unidos y adelante” en palabras vacías.

No obstante, no debemos entender esta realidad como un “apaga-y-vámonos”, aún existe un gran margen de trabajo muy grande y todavía recae una gran responsabilidad sobre todas aquellas personas que componen el movimiento por la educación pública. A pesar de que las movilizaciones ahora son menos numerosas, estas no han cesado, a pesar de que haya una relativa descoordinación entre los actores que participan en esta batalla, siguen existiendo asambleas que facilitan el trabajo unitario, a pesar de que parece que se ha terminado la partida, esta solo acaba de empezar. Es por ello que este momento concreto nos abre múltiples caminos que pueden resultar en una repetición de las experiencias anteriores con todos sus errores, o peor aún en la muerte del movimiento por la educación pública. Y como esto no es el cine y el final no lo escribe la oligarquía, está en nuestras manos construir un movimiento estudiantil, un movimiento por la educación pública al servicio de una sociedad más justa.

Aprendamos de los errores y aciertos que hemos vivido en este último periodo. Analicémoslos y comprendámoslos. Busquemos la fórmula para la unidad estudiantil, más allá de las siglas y que permita que el movimiento se hace uno con los y las estudiantes dotándolo de la fuerza necesaria. ¡No olvidemos que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo!