¿Puede haber democracia sin dictadura?

Miguel Ángel Villalón
Fecha: 
Martes, 12 Enero, 2016

Es una pregunta pertinente desde que las masas del pueblo han empezado a verse perjudicadas por los privilegios de los más ricos y han levantado frente a ellos la bandera de la democracia. Pero resulta una pregunta chocante puesto que se ha inculcado en la conciencia social que democracia y dictadura son conceptos mutuamente excluyentes. Sin embargo, la experiencia pone en tela de juicio esta evidencia artificial. En efecto, durante la reciente crisis, hemos padecido políticas antidemocráticas -por cuanto perjudican a la mayoría de la población- aplicadas por gobiernos elegidos democráticamente. En Grecia, se llegó al extremo de imponerlas a los pocos días de celebrarse el referéndum del 5 de julio de 2015 con un resultado abrumadoramente contrario a ellas.

Y recientemente en Venezuela -como hace días en Argentina y décadas en Nicaragua- la política más beneficiosa para la mayoría ha sufrido, no obstante, un serio revés en las urnas. A pesar de que, en 15 años, el gobierno bolivariano haya reducido drásticamente la pobreza y la desigualdad económica, cuadruplicando a la vez el producto interior bruto por habitante[1] (lo que refuta en la práctica el mito neoliberal de que la desigualdad es un acicate necesario para el crecimiento de la riqueza), la derecha ha conseguido acaparar dos terceras partes de los escaños del parlamento nacional. No es que la izquierda haya perdido apoyos, puesto que ha cosechado un 3,7% más de votos que en los anteriores comicios. Pero la derecha se ha beneficiado de un importante aumento de la participación.

¿Y qué es lo que ha llevado a las urnas a un millón y medio más de electores en beneficio de la oposición? Ha sido sobre todo el juego sucio de ésta y de sus promotores. Los grandes propietarios nunca han aceptado ni aceptarán de buen grado perder el poder. Y, entre ellos, destaca la burguesía imperialista de los Estados Unidos y de la Unión Europea, especialmente la española que ya no puede lucrarse tanto como antes con la explotación de Venezuela y su pueblo. La nacionalización del sector petrolero, el impulso a la unidad soberana de Latinoamérica, las "misiones" que han llevado educación y sanidad a las masas pobres son medidas que han sido percibidas por los capitalistas como una declaración de guerra. Éstos fracasaron en todas las elecciones habidas hasta la última y en el intento de golpe de Estado de 2002, pero siguieron desestabilizando al país por todos los medios. Financiaron a la oposición y a los medios de comunicación hostiles al gobierno. Promovieron disturbios callejeros el año pasado que se cobraron la vida de unas cuarenta personas. Organizaron el desabastecimiento de la población en artículos de consumo, la especulación, el mercado negro, el contrabando y demás variantes de la guerra económica. El gobierno de Obama había ordenado la ofensiva al calificar a Venezuela de "amenaza para la seguridad de Estados Unidos". Además, se aprovecharon del quebranto que sufrieron las arcas venezolanas al caer los precios internacionales del crudo en más de la mitad en menos de un año. En definitiva, la victoria de la oposición es, ante todo, la victoria del chantaje y del miedo, o, como dice el presidente Maduro, la victoria de la contrarrevolución.

Las fuerzas revolucionarias y patrióticas de Venezuela están decididas a pasar a la contraofensiva pues acaban de comprobar que, de lo contrario, la democracia parlamentaria puede conducir nuevamente a la dictadura de la oligarquía que sufrió el pueblo hasta 1999. La mera posibilidad de esta restauración por medios más o menos pacíficos pone de manifiesto que esta dictadura no fue totalmente derrocada y que el país vivió desde entonces bajo una dualidad de poderes.

 

Formas democráticas para ocultar una dictadura

Estas paradojas políticas que experimentamos ahora los venezolanos y los europeos nos devuelven a la realidad que los poseedores intentan que no reconozcamos llenando nuestras mentes de ilusiones engañosas sobre la posibilidad de armonizar los intereses entre las clases sociales a través de la democracia. Mucha gente se pregunta ingenuamente por qué el PP y el PSOE siguen siendo los partidos más votados a pesar de que hayan gobernado en beneficio de un puñado de ricos y en perjuicio de la mayoría.

Sólo la teoría científica del marxismo-leninismo explica estas aparentes paradojas y su solución práctica. La sociedad en la que vivimos, organizada sobre la base del modo de producción capitalista, se divide más y más en dos clases antagónicas: la de los capitalistas dueños de los medios de producción y la clase obrera formada por los desposeídos que hemos de vender nuestra fuerza de trabajo a los primeros a cambio de un salario para poder subsistir. En toda sociedad dividida en clases, las ideas dominantes son las de la clase económicamente dominante, aunque sea minoritaria.

Lenin advierte que "El 'arte' de dirigir el Estado, el ejército y la economía les da una enorme superioridad, y en consecuencia su importancia es muchísimo mayor que su proporción numérica dentro de la cifra global de la población".[2] Así es como consiguen que se asuman unas concepciones políticas aparentemente válidas para la mayoría y que, sin embargo, les permiten conservar su dominación. "Las frases generales sobre la libertad, la igualdad y la democracia no son, en realidad, otra cosa que la ciega repetición de conceptos calcados sobre el molde de las relaciones de producción mercantil".[3] Estas relaciones nos remiten a un pasado supuestamente común en que existía identidad entre el trabajo y la propiedad. Sin embargo, esos tiempos más idílicos que reales pasaron a la historia y, sobre esa base económica mercantil, se desarrolló la actual sociedad capitalista donde aquella identidad se ha convertido en oposición: el que posee, no trabaja, y el que trabaja, no posee.

La democracia presupone la igualdad política, pero "No puede haber igualdad entre los explotadores, a los que durante largas generaciones han distinguido la instrucción, la riqueza y los hábitos adquiridos, y los explotados que, incluso en las repúblicas burguesas mas avanzadas y democráticas, constituyen, en su mayoría, una masa embrutecida, inculta, ignorante, atemorizada y falta de cohesión".[4]

¿Por qué la abstención electoral es tan alta entre los obreros y las masas más oprimidas, incluso en un país como Venezuela donde el gobierno ha hecho mucho por ellos?

"En virtud de las condiciones de la explotación capitalista -explica Lenin-, los esclavos asalariados modernos están tan agobiados por las necesidades y la miseria, que 'no puede preocuparles la democracia', 'no puede preocuparles la política'; en el curso corriente y pacifico de los acontecimientos, a la mayoría de la población se la excluye de la participación en la vida política y social".[5]

"En el más democrático Estado burgués -añade-, las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagrante entre la igualdad formal, proclamada por la 'democracia' de los capitalistas, y las mil limitaciones y tretas reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados".[6] "Si observamos más de cerca el aparato de la democracia capitalista, vemos en todas partes, en los detalles 'pequeños' del sufragio (requisito de residencia, exclusión de la mujer, etc.) en la técnica de las instituciones representativas, en los obstáculos reales al derecho de reunión (¡los edificios públicos no son para 'indigentes'!), en la organización puramente capitalista de los diarios, etc., etc., vemos restricciones y más restricciones de la democracia. Estas restricciones, excepciones, exclusiones y trabas a los pobres parecen insignificantes, sobre todo a quien jamás ha pasado necesidad, ni ha estado jamás en estrecho contacto con las clases oprimidas en su vida de masas (que es lo que ocurre con las nueve décimas partes, si no con el noventa y nueve por ciento de los publicistas y políticos burgueses) pero, en conjunto, estas restricciones excluyen, eliminan a los pobres de la política, de la participación activa en la democracia".[7] Algunas de estas restricciones han sido suprimidas desde los tiempos de Lenin gracias a la lucha obrera y democrática, pero el sistema de restricciones de clase sigue en pie bajo unas formas aun más eficaces.

Por consiguiente, los Estados burgueses pueden tener las más variadas formas, incluso las formas más democráticas que se puedan imaginar, pero su esencia es la misma: "todos esos Estados, cualquiera que sea su forma, en última instancia, son inevitablemente la dictadura de la burguesía".[8]

Ahí radica la explicación de que la democracia electoral y parlamentaria en Europa e incluso el gobierno popular en Venezuela sean compatibles con el hecho de que, a fin de cuentas, se impone la dictadura del capital sobre el trabajo asalariado.

 

Dictadura para hacer posible la democracia

Esta verdad no obliga a los explotados a resignarse a la dominación cada vez más asfixiante de los capitalistas, pero sí les obliga a superar su todavía ingenua constatación expresada en el lema de las manifestaciones de los últimos años: "lo llaman democracia y no lo es; es una dictadura, eso es". No se puede resolver el conflicto así, porque supone mantenerse en las posiciones teóricas, de principio, de la burguesía. "Desde el punto de vista del proletariado -sostiene Lenin- el problema se formula así y sólo así: ¿libertad con respecto a la opresión de qué clase? ¿Igualdad entre qué clases? ¿Democracia en base a la propiedad privada, o en base a la lucha por la abolición de la propiedad privada?, etc."[9]

Así pues: "partiendo de esa democracia capitalista -que es inevitablemente estrecha y que aparta bajo cuerda a los pobres y que es, por lo tanto, enteramente hipócrita y mentirosa- el desarrollo progresivo no transcurre de modo sencillo, directo y tranquilo (hacia una democracia cada vez mayor) como quieren hacernos creer los profesores liberales y los oportunistas pequeñoburgueses; el desarrollo progresivo, es decir, el desarrollo hacia el comunismo, pasa a través de la dictadura del proletariado y no puede ser de otro modo, porque nadie más, y de ningún otro modo, puede romper la resistencia de los explotadores capitalistas".[10]

Para el presente artículo, será suficiente exponer las dos siguientes concreciones de esta idea. "Toda idea acerca del sometimiento pacífico de los capitalistas a la voluntad de la mayoría de los explotados, toda idea acerca de la transición pacífica, reformista, al socialismo, no sólo constituye una extrema estupidez pequeño-burguesa, sino que también significa engañar de manera directa a los obreros, pintar de color de rosa la esclavitud asalariada capitalista y encubrir la verdad".[11] Y "La dictadura revolucionaria del proletariado es un poder conquistado y conservado mediante la violencia ejercida por el proletariado contra la burguesía, poder que no está limitado por ninguna ley".[12]

Ésta es una lección para la que los pueblos de Europa no están todavía preparados, como atestigua la claudicación de Syriza y luego de la mayoría del electorado griego que prefirió el mal menor a los sacrificios que exige la lucha por la libertad. Es una lección que comprenden mucho mejor las clases explotadas de Venezuela que asumen el reto de la lucha tras la derrota electoral. Y ello, a pesar de la debilidad de la industria venezolana y, por lo mismo, de su clase obrera, además en un contexto internacional todavía muy adverso que reclama la solidaridad activa de los trabajadores conscientes de todos los países.

Es una lección imprescindible pero que a las masas les cuesta asimilar por la montaña de prejuicios democrático-burgueses que les ha inculcado la cultura dominante. Y precisamente por esto, los obreros con plena conciencia de clase, los comunistas, tenemos la obligación de disipar esos fantasmas ideológicos que nublan las mentes, mostrar la realidad del capitalismo en toda su crudeza y alumbrar el camino hacia la lucha victoriosa de la clase obrera contra la burguesía.

Por ahora, disponemos de ciertas libertades políticas que debemos utilizar, pero para realizar esta labor, no para esclavizarnos con ellas creyendo "que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder".[13] Eso sería olvidar que la mayoría de la población, como hemos explicado, se deja embaucar por los partidos de la burguesía y de la pequeña burguesía.

¿Cuál puede ser entonces el camino que ha de permitir reunir una fuerza suficiente para derrocar la dominación de los capitalistas?

Lenin llama la atención sobre el hecho de que "La fuerza del proletariado en cualquier país capitalista es muchísimo mayor que la proporción de la población local que representa. Ello se debe a que el proletariado domina económicamente en el centro y el nervio de todo el sistema económico del capitalismo y, además, a que el proletariado expresa económica y políticamente los verdaderos intereses de la inmensa mayoría de las trabajadores en el capitalismo.

Por consiguiente, el proletariado, aun constituyendo una minoría de la población -o cuando la vanguardia consciente y realmente revolucionaria del proletariado constituye la minoría de la población-, puede derrocar a la burguesía y, luego, conquistar muchos aliados entre la masa de semiproletarios y de la pequeña burguesía, que nunca se declara de antemano en favor de la dominación del proletariado, que no comprende las condiciones y los objetivos de esa dominación y que sólo con su experiencia posterior se convence de que la dictadura del proletariado es inevitable, justa y legítima".[14]

Ésta es una enseñanza que se ha vuelto urgente difundir, ahora que las masas han dado un paso positivo hacia adelante, hacia el progreso social y la democracia; y ahora que van a verse defraudadas por la incapacidad de los partidos "ciudadanistas" -es decir, pequeñoburgueses- frente a lo fundamental de las políticas capitalistas.

 

[1] Où en est le Venezuela après dix-sept ans de "socialisme du 21e siècle"?, André Crespin, Etudes Marxistes nº 112. Los datos que recoge este artículo proceden del instituto nacional de estadística de Venezuela, excepto los relativos al crecimiento del PIB que son ofrecidos por el Banco Mundial, una institución nada sospechosa de exagerarlos en beneficio del gobierno de Nicolás Maduro.

[2] Economía y política en la época de la dictadura del proletariado, Obras completas, T. 39, p. 290, Editorial Progreso.

[3] Idem, p. 291.

[4] La revolución proletaria y el renegado Kautsky, LENIN, T. 37, p. 271

[5] El Estado y la revolución, T. 33, p. 89

[6] La revolución proletaria y el renegado Kautsky, p. 263 y 264

[7] El Estado y la revolución, p. 90

[8] Idem, p. 36

[9] Economía y política en la época de la dictadura del proletariado, p. 291

[10] El Estado y la revolución, p. 90

[11] Tesis sobre las tareas fundamentales del II Congreso de la Internacional Comunista, LENIN, T. 41, p. 192

[12] La revolución proletaria y el renegado Kautsky, p. 253

[13] Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes, LENIN, T. 39, p. 228 y 229

[14] Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado, LENIN, T. 40, p. 23 y 24