1 de Mayo. La lucha política y la clase trabajadora

Partido del Trabajo Democrático
30 de Abril de 2015

En cada 1º de Mayo, el movimiento obrero recuerda sus conquistas históricas y evalúa su estado actual para mejorar en adelante la eficacia de su lucha por el bienestar y la liberación de las y los trabajadores.

Este Primero de Mayo viene marcado por el período de relajación en la movilización obrera y popular, por los absorbentes procesos electorales y por la tímida recuperación económica. El gobierno del Partido Popular está disimulando su política acrecentadora de desigualdades sociales y está invirtiendo en obras públicas[1]. Pretende evitar nuevas protestas obreras y populares que empañen la apariencia de mejoría que publicita a través de un colosal gasto en propaganda. Es así como aspira a ser revalidado en las próximas elecciones para continuar con las reformas que necesita la burguesía española y europea, a fin de asegurar la rentabilidad de sus capitales frente a la competencia internacional.  

En estos años de crisis, se ha acelerado la tendencia a la transformación del empleo estable y de cierta calidad en un empleo con peores condiciones laborales y temporal. Así, ha aumentado la proporción de trabajadores con contratos temporales, con contratos a tiempo parcial y, en los últimos trimestres, con los nuevos contratos indefinidos cuyas características los acercan mucho a los temporales[2]. Es decir, la flexibilización del mercado laboral, que se une a la bajada salarial[3] -ambas consecuencia de las numerosas reformas- han provocado un aumento de la explotación de los asalariados para acrecentar los beneficios capitalistas.

Tras una intensa respuesta de los trabajadores a estas agresiones durante los años 2011, 2012 y 2013, se ha producido una natural reducción de la movilización[4]. Además del desgaste de fuerzas, se explica sobre todo por la creciente inseguridad laboral, también por el descenso de los despidos, ERE´s[5], etc., así como por la ilusión de que el año electoral que afrontamos en 2015 –municipales, autonómicas y generales- permita llevar al gobierno a los partidos del campo popular (Podemos, IU, etc.), para recuperar los derechos y las condiciones de vida anteriores a la crisis económica.

Sin embargo, no podemos olvidar que el reconocimiento legal de derechos para la clase obrera siempre ha ido precedido de su lucha en las calles y en los centros de trabajo. El ejemplo de Coca-Cola demuestra que, incluso en las condiciones desfavorables de una crisis, es así como podemos ganar: con tesón, combatividad, inteligencia y unidad. Tampoco debemos olvidar que el régimen político vigente ha sido estructurado históricamente para que el poder económico controle el poder político.

Tras las elecciones, habrá que movilizarse, ya sea contra una nueva ola de agresiones por parte de un gobierno de la oligarquía o para apoyar a un gobierno progresista en aquellas medidas favorables a la clase obrera que rechacen los capitalistas. La huelga económica seguirá siendo una herramienta de presión imprescindible y aún tenemos mucho camino que recorrer para prepararla adecuadamente y desplegarla en el momento adecuado. Para ello, es absolutamente necesario perfeccionar la organización sindical y la unidad de acción.

¡¡Hay que ganarles en los centros de trabajo y en las urnas!!

Sí podemos remediar el deterioro económico y social

Estamos en un año electoral en el que la oligarquía financiera se juega mucho, por lo que manipula los datos macroeconómicos para generar una opinión pública favorable a la gestión económica de sus partidos políticos: PP, PSOE y otros, entre los que destaca su nueva marca Ciudadanos.

Los grandes medios de comunicación hablan de mejoría de la economía y de salida de la crisis económica gracias al Partido Popular: anuncian un incremento del PIB del 1,4% que es mucho menos de la mitad del crecimiento en la década anterior a la crisis, lo cual indica que sigue el estancamiento económico. Buscan legitimar sus numerosas contrarreformas y justificar la destrucción de los derechos laborales de la clase obrera. En realidad, nos encontramos ante el segundo ascenso económico coyuntural desde 2008, favorecido por los actuales bajos precios del petróleo. Por tanto, no es nada representativo de la evolución económica que le espera al capitalismo, aquí y en todo el planeta.

Tras años de destrucción de empleos, cierre de fábricas, abandono y supresión de maquinaria, etc., es decir, de destrucción de fuerzas productivas y de la sobrecapacidad productiva alcanzada al final de la burbuja inmobiliaria, aún permanecen enormes cantidades de capital inmovilizadas, por ejemplo en forma de viviendas. La perspectiva de una tercera recesión es muy posible dados los problemas de sobreproducción persistentes, que ya tienen su reflejo en una deuda pública que supera el 100% del PIB.

Crisis económica tras crisis económica, el sistema capitalista va agotando sus posibilidades. Nuevas y más agudas crisis de sobreproducción nos esperan. Hay altibajos, pero la tendencia es a la baja. De cada crisis económica el sistema capitalista sale en peores condiciones. La economía capitalista es cada vez más incapaz de cubrir las necesidades de la clase obrera y de las demás clases trabajadoras. Restringe las posibilidades de acceso a la educación, a la vivienda, a una alimentación adecuada, a productos tecnológicos que en las condiciones actuales se hacen necesarios para desarrollarse en plenitud en el seno de la sociedad, etc.

Para la clase obrera se hace necesario que la economía se ponga al servicio de toda la población trabajadora. En un inicio, podrían satisfacerse las necesidades de ésta mediante la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía. Pero no cabe duda que mientras el régimen del máximo beneficio privado siga rigiendo y el Estado se encuentre en manos de la burguesía no será posible superar las crisis ni el empobrecimiento creciente de la clase obrera. Es necesaria la planificación de la economía y, para ello, la socialización de los medios de producción de manera que ésta no atienda a las necesidades de un individuo o una minoría sino a las necesidades de la mayoría social. Por tanto, será justo cambiar este gobierno oligárquico por otro democrático, pero no bastará: habrá que continuar nuestra lucha hasta que la clase obrera conquiste el poder para construir una sociedad socialista. Y solo puede hacerlo si se organiza en partido político.

En la lucha política, la clase obrera puede vencer

En los últimos tiempos hemos sufrido numerosas detenciones de sindicalistas y trabajadores que han conducido a procesos judiciales con elevadas penas de cárcel. Así, nos encontramos con más de 56 procesos judiciales abiertos afectando a más de 200 trabajadores y sindicalistas y con penas de prisión de hasta 8 años. La oligarquía quiere condenas ejemplarizantes y una clase obrera sumisa. Profundizando en esta dirección, ha promovido la nueva ley mordaza, la reforma del código penal y amenaza con una ley anti-huelga cuando arrecia la resistencia de los trabajadores.

Estos hechos ponen de manifiesto la irreconciliable lucha de clases existente, por la que la parte minoritaria de la sociedad, la burguesía, no puede dejar de explotar más y más a la parte mayoritaria, la clase obrera, obligada por ello a defenderse. Y la burguesía establece su dominación política para reproducir y conservar esta organización social de explotación.

Los trabajadores asalariados necesitamos defender y profundizar los derechos democráticos, necesitamos una mayor libertad para defender y mejorar nuestras condiciones laborales y de vida, necesitamos la libertad sindical, el derecho a huelga, etc. En esta lucha por la democracia, la clase obrera consciente está con el resto del pueblo, con esas capas sociales intermedias que han despertado y combatido a la oligarquía reaccionaria en el movimiento de los indignados del 15M, en las mareas ciudadanas y ahora en las alternativas electorales que representan Podemos, Izquierda Unida y otras fuerzas políticas.

Una abigarrada variedad de movimientos democráticos se enfrentan a los privilegios de los corruptos, de los plutócratas financieros, de la monarquía y de los jerarcas del nacional-catolicismo, por los derechos de los pueblos, de las mujeres, de los inmigrantes, etc. También se solidarizan con las naciones del mundo expoliadas, oprimidas, masacradas por los imperialistas, es decir, por esos mismos capitalistas que aquí nos condenan al paro, a los bajos salarios, a la precariedad y a la miseria. Es su sed de petróleo barato, de ganancias y de dominación la que está detrás de las guerras en Oriente Medio, del terrorismo religioso, del golpe de Estado en Ucrania y en Honduras, de las reiteradas intentonas contra Venezuela y de los acuerdos internacionales como la OTAN, la UE o el TTIP, sistemáticamente urdidos en perjuicio de los trabajadores, de la soberanía de los Estados e incluso del medio ambiente.

La clase obrera tiene que participar en todo este movimiento democrático, hasta ponerse al frente del mismo ya que es la clase social más interesada en realizar consecuentemente la democracia. Pero, al mismo tiempo, estamos comprobando ahora que toda conquista será precaria mientras se mantenga el poder económico y político de la burguesía. Por eso, debemos desarrollar la lucha sindical y la lucha democrática, no como un fin en sí mismo, sino para estar en mejores condiciones de afrontar la lucha decisiva por el poder político y el socialismo.

El movimiento obrero puede y debe hacer mucho más que sindicalismo y apoyo a los partidos democráticos, porque es el único que reúne las condiciones materiales para sacar a la humanidad del atolladero en el que la encierra el capitalismo. Para esto, tiene que organizarse en un partido político basado en la concepción del mundo y de la práctica social que proporciona el marxismo-leninismo. Ya existen diversas expresiones inmaduras de este partido. El Partido del Trabajo Democrático es una de ellas y llama a sumarse a sus filas a todas y todos los partidarios del socialismo para la tarea de educar políticamente y de organizar sistemáticamente con este objetivo a las masas obreras y populares.

 

[1] Un 43% en el año 2014 con respecto a 2013 igualando la inversión total durante el Plan E de Zapatero: http://www.publico.es/economia/licitacion-obra-publica-crecio-43.html

[2] De 2008 a 2015, el porcentaje de los contratos a tiempo parcial sobre los contratos a tiempo completo ha pasado del 14% al 19%. El número absoluto se ha incrementado en más de 300.000 trabajadores a tiempo parcial.

[3] El descenso del coste laboral por trabajador en 2014 es del 0,5% (salario directo, indirecto y diferido). Según la Comisión Europea, desde el inicio de la crisis, los salarios han caído un promedio de 4, 5%.

[4] Durante 2014 el número de huelgas descendió un 24% y el número de horas de trabajo perdidas por éstas, un 40%. Asimismo, las manifestaciones se redujeron un 38%  en Madrid.

[5] En 2014, el número de trabajadores afectados por un ERE ha bajado un 70%.