1.2 La importancia de la teoría y su estudio

¿Qué es la teoría? En Los fundamentos del leninismo Stalin define la teoría como “la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general”. Esto es lo que convierte al marxismo-leninismo en teoría de vanguardia, que representa realmente los intereses no solo actuales, sino también futuros de la clase obrera, porque sintetiza las lecciones de la experiencia histórica de la lucha obrera de todos los países. Estas lecciones, al sistematizarse, se elevan a la categoría de principios. Y es en estos principios en los que deben basarse los criterios para trazar las tareas de la revolución y juzgar el desarrollo de la lucha de clases. La teoría nos permite orientarnos entre los acontecimientos que nos rodean al ilustrar cómo se interrelacionan, permitiéndonos comprender no solo en qué sentido y de qué manera se desarrolla la lucha de clases, sino también cómo y en qué dirección debe hacerlo.

Por este motivo la teoría se vuelve imprescindible para guiar nuestra práctica por el camino de la revolución socialista. Es imprescindible que los militantes y los cuadros comunistas se esfuercen por estudiar y asimilar la teoría en sus diferentes aspectos. Engels afirmaba que “sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie”. Pero, aunque Engels pone el acento en los “jefes” (los cuadros y los dirigentes), no basta con que ellos estudien el marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo debe ser estudiado por toda la militancia, porque esta debe tener una mínima capacidad de orientarse en su práctica cotidiana y de llevar a cabo la crítica a su dirección cuando sea necesario, y porque la militancia debe aspirar a constituirse como dirigentes políticos. Por todo ello, la militancia de base también debe tener un conocimiento mínimo de los diferentes aspectos que constituyen la teoría.

Pero la teoría no es una fórmula mágica. La teoría marxista-leninista efectivamente tiene un carácter científico, pero ello no significa que se pueda aplicar mecánicamente, más bien al contrario. El conocimiento de la teoría como síntesis de la experiencia revolucionaria internacional es imprescindible para guiar la práctica revolucionaria. Pero la teoría no es un dogma, sino una guía para la acción; debe aplicarse teniendo en cuenta las condiciones particulares en las que se lucha. Por ello, Lenin explicaba que “no basta conocer simplemente esta experiencia o limitarse a copiar las últimas resoluciones adoptadas; para ello es necesario saber enfocar de modo crítico esta experiencia y comprobarla uno mismo”. Y precisamente para poder enfocar de modo crítico esta experiencia revolucionaria mundial es necesario asimilar la teoría no por su letra, sino por su esencia. Lo importante no son las fórmulas o consignas concretas que podamos encontrarnos en los documentos de otros partidos comunistas o en los textos de los autores clásicos del marxismo-leninismo. Lo importante son los principios y razonamientos generales que permiten llegar a tales fórmulas o consignas. Una fórmula o una consigna determinada puede ser correcta en el contexto en que fue elaborada, pero puede volverse incorrecta en un contexto diferente. Es por ello que el estudio teórico debe ir a las esencias de los razonamientos, por lo que el estudio del marxismo-leninismo debe ser integral. No basta con que conozcamos lo que tal o cual clásico del marxismo-leninismo dijo o hizo en tal o cual momento concreto. Lo importante es comprender por qué dijo o hizo tal cosa en ese momento y, sin embargo, dijo o hizo otra cosa o incluso la contraria en otro momento diferente. En este sentido, Mao decía de la teoría que “no hay que considerarla como un dogma, sino como una guía para la acción. No hay que aprender simplemente términos y frases del marxismo-leninismo, sino estudiarlo como ciencia de la revolución. No solo hay que comprender las leyes generales formuladas por Marx, Engels, Lenin y Stalin como resultado de su vasto estudio de la vida real y de la experiencia revolucionaria, sino también aprender la posición y el método que adoptaban al examinar y resolver los problemas”. Si no estudiamos el marxismo-leninismo desde esta perspectiva de conjunto, corremos el riesgo de vernos arrastrados por interpretaciones unilaterales, que son precisamente en las que se apoyan las tendencias oportunistas. Lenin decía que nuestra teoría “es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa”. De modo que es imprescindible estudiar y asimilar el marxismo-leninismo no “a trocitos”, sino como un todo coherente frente a las teorías burguesas y pequeñoburguesas dominantes en la sociedad actual.

La teoría y la práctica están estrechamente vinculadas. Es la práctica la que plantea problemas a los que la teoría debe dar respuesta. Y es la teoría la que aporta a la práctica conciencia y orientación en su desarrollo y transformación. La práctica sin teoría es ciega. La teoría sin práctica es inútil. Por este motivo, el estudio y la aplicación de la teoría deben ir estrechamente vinculados a la práctica de lucha en el movimiento obrero. La teoría debe servir para dar al movimiento obrero conciencia y orientación sobre sus tareas históricas y revolucionarias. Para ello es necesario no solo el estudio y la difusión del marxismo-leninismo entre la clase obrera, sino también la crítica de las demás teorías que representan los intereses de las otras clases y desvían al movimiento obrero de la lucha por el socialismo.

En este proceso, además, no solo transformamos la conciencia de la clase obrera, sino también la nuestra propia. Aunque seamos militantes comunistas, hemos sido educados en la sociedad capitalista y, por tanto, también en sus ideas dominantes, que son las de la clase dominante. Por ello es necesario que, al estudiar y aplicar el marxismo-leninismo, vayamos también transformando nuestra vieja concepción del mundo y nos vayamos desprendiendo de los resquicios de mentalidad burguesa y pequeñoburguesa con la que inevitablemente se nos ha educado desde la cuna. Al estudiar el marxismo-leninismo y aplicarlo a la lucha de clases, tanto el Partido en colectivo como cada cuadro o militante como individuo deben realizar esfuerzos constantes por desarrollar un modo proletario de observar y enjuiciar la realidad. Además, nadie nace comunista ni es comunista “de una vez por todas”, por lo que la transformación de la concepción del mundo es una labor que para cualquier comunista abarca toda su vida.