1.3 La importancia de la comprobación práctica y su balance

En las Tesis sobre Feuerbach Marx dice que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Si aplicamos la teoría marxista-leninista, es para transformar el movimiento obrero dotándole de conciencia sobre sus tareas revolucionarias. Aquí es donde se requiere elaborar una táctica y un plan de trabajo concretos que permitan abordar en cada momento las tareas prioritarias de la labor revolucionaria. En Qué hacer Lenin critica a la tendencia “economista” por eludir esta cuestión con la excusa de que toda táctica y todo plan sería admisible con tal de que sirva en general a los fines y propósitos del socialismo: “Cuando se quiere hablar de táctica, confundir la admisión en principio de todos los medios de lucha, de todos los planes y procedimientos con tal de que sirvan para lograr el fin propuesto, con la exigencia de guiarse en un momento político concreto por un plan aplicado a rajatabla equivale a confundir que la medicina admite todos los sistemas terapéuticos con la exigencia de que en el tratamiento de una enfermedad concreta se siga siempre un sistema determinado”. De hecho, la obra de Lenin está precisamente orientada hacia este plan práctico que gira en torno al periódico marxista para toda Rusia y que serviría como agitador, propagandista y organizador colectivo. Todas las críticas al eclecticismo en la teoría, al culto a la espontaneidad, al economismo, al trabajo artesanal de los círculos, etc., aparte de valorar la situación del POSDR, despejan el camino para el planteamiento detallado del plan para un periódico marxista como tarea práctica y concreta a desarrollar en ese momento. Precisamente este “plan de un periódico central para toda Rusia” se planteaba como medio para resolver los problemas candentes del movimiento socialdemócrata ruso, o al menos comenzar a resolverlos.

Este es un claro ejemplo de cómo la teoría parte de la práctica y le sirve. Los problemas candentes son analizados no solo basándose en la experiencia directa (propia), sino también en la experiencia indirecta acumulada por el movimiento revolucionario (teoría). Pero para servir a la práctica este análisis debe dar lugar a planes y resoluciones concretos de cara a la transformación revolucionaria de la realidad material. Sin embargo, a menudo nos topamos con que, aunque hemos estudiado los problemas planteados por la práctica a la luz del marxismo-leninismo, los planes o resoluciones formulados no dan los resultados esperados. A veces el plan se cumple en su mayoría, a medias, o no se cumple en absoluto; incluso a menudo nos vemos en la obligación de modificar los planes en el transcurso de su realización. En Sobre la práctica Mao dice que “esto se debe a que la gente que se dedica a la transformación de la realidad está siempre sujeta a numerosas limitaciones; no solo se encuentra limitada por las condiciones científicas y técnicas existentes, sino también por el desarrollo del propio proceso objetivo y el grado en que este se manifiesta”. Estamos limitados tanto por nuestra experiencia directa, como por la experiencia acumulada por el movimiento comunista, como por nuestro conocimiento o desconocimiento de esta última. Es por ello que Mao plantea la necesidad de “practicar, conocer, practicar otra vez y conocer de nuevo”, en un proceso que se repite en ciclos infinitos. La práctica realizada, por mucho que la hayamos reflexionado, siempre tendrá un margen de error, incluso aunque creamos que ha sido exitosa. Es por ello que necesitamos hacer un balance crítico de nuestra experiencia práctica, una vez realizado tal o cual plan, tal o cual proyecto, etc. No es adecuado tampoco demorar este balance, ya que es con la experiencia reciente como mejor se pueden asimilar sus lecciones. Sin embargo, esto tampoco quiere decir que no se pueda volver otra vez a examinar la experiencia pasada, incluso pasado mucho tiempo después, si permite arrojar luz sobre cuestiones que se vuelven candentes. Marx y Engels, una vez pasada la oleada de revoluciones democrático-burguesas en la Europa de 1848, realizaron un balance de esta experiencia, extrayendo las correspondientes lecciones políticas. Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 o Revolución y contrarrevolución en Alemania son claros ejemplos de ello. Sin embargo, como se puede ver en los prólogos a las ediciones posteriores del Manifiesto Comunista, Marx y Engels volvieron de nuevo sobre el análisis de esta experiencia varios años después, enriqueciendo con ello las lecciones políticas de cara a la práctica revolucionaria.

El plan y el balance son herramientas que nos permiten luchar contra el efecto de arrastre que la espontaneidad ejerce sobre nosotros. Si el plan nos permite concentrar las fuerzas y la actividad en lo que en cada momento consideremos prioritario, el balance nos previene frente al optimismo o pesimismo que pueda suscitarnos la experiencia práctica, centrando la atención en las lecciones políticas que esta nos aporta. Por ello toda acción debe ir precedida de un análisis político previo de los problemas y necesidades candentes de la situación, en todos sus aspectos, y las prioridades políticas de cara a acometerlos. Esto debe concretarse en resoluciones y planes que permitan marcar los objetivos políticos de la acción. Si se trata del estudio, es necesario clarificar las cuestiones teóricas a clarificar con ese estudio; si se trata de un reparto de propaganda en una movilización o centro de trabajo concreto, es necesario clarificar qué mensaje concreto se quiere transmitir; si se trata de la intervención en una asamblea, un frente o una manifestación, es necesario clarificar las ideas a propagar o en torno a las que agitar. A partir de aquí, podemos desarrollar la acción, en la que lo importante no es atenernos al cumplimiento formal de los objetivos, sino obrar basándonos en las prioridades políticas planteadas. En la acción podemos encontrarnos elementos imprevistos que nos empujen a modificar el plan. Aquí es necesario evitar el dogmatismo y el formalismo, pero también la claudicación y el abandono. Mantener la disciplina significa mantenernos fieles no tanto a la letra como a la orientación política esencial del plan [1]. Finalmente, tras la acción, sin esperar a mucho después, debe llevarse a cabo el balance crítico. No se trata de analizarlo todo, sino lo esencial de la experiencia política, a fin de extraer lecciones. Tampoco se trata solamente de evaluar si se han logrado los objetivos políticos o no. Se trata de examinar hasta qué punto se han cumplido los objetivos, de qué manera, si se han observado los criterios políticos a la hora de completarlos, si se han vencido y de qué manera los obstáculos encontrados en el desarrollo de la acción, si estos eran esperados o inesperados, etc. De hecho, también es necesario enjuiciar el análisis político sobre el que se han formulado los objetivos. ¿Hasta qué punto el análisis político era correcto y recogía todos los aspectos esenciales que se debían tener en cuenta? ¿Qué limitaciones se han tenido a la hora de realizar el análisis político? Lo importante no es solo si el balance de la actividad es positivo o negativo, sino sobre todo cómo ha contribuido al desarrollo de la línea política de la organización y a la influencia de la misma entre las masas. El esfuerzo teórico debe acompañar a la labor práctica a lo largo de todo el proceso. Por supuesto, debemos alumbrar con la teoría marxista-leninista el análisis de la situación y el balance de la actividad; pero el esfuerzo teórico es importante también para que, de cara al momento de la acción, la esencia política de la orientación sea asimilada por los cuadros y militantes para que no la apliquen mecánicamente, para no se vean perdidos al llevarla a cabo, y para que comprendan su razón de ser.

 

NOTA

[1] Esto no quiere decir que podamos subvertir los acuerdos colectivos o el plan prefijado bajo el débil argumento de que “las condiciones han cambiado”, sino que, bajo fundamentos políticos y colectivos, aplicaciones específicas de un plan pueden llegar a variar para adaptarse a las circunstancias. Toda variación del plan establecido debe ser acompañado de un refrendo colectivo y político (autorización o rendición de cuentas dependiendo de su importancia). Colectivo con base en lo determinado en los órganos que deberán rendir cuentas sobre este viraje. Político porque debe tener una justificación que explique por qué se ha cambiado el plan original y cómo eso no desvirtúa los objetivos políticos prefijados en el plan. Sin estas condiciones, no se puede hablar de estos virajes. Es importante entender este proceso para evitar que, bajo la "política de las  excepciones”, se esté, mediante una trampa formal o argumentativa, virando todo el plan, subordinándolo a la espontaneidad y desviándolo de los objetivos políticos marcados.