3.3 El centro y la periferia del Partido

Si queremos construir un gran aparato de propaganda y agitación, debemos clarificar la relación existente entre el centro y la periferia del partido. Esto no es un problema menor sino principal. Pues si entendemos que queremos levantar un referente teórico-político marxista-leninista en nuestro país, no podemos permitirnos el lujo de que los cimientos de nuestra organización sean algo así como una confederación amorfa o un régimen de autonomías, donde el centro es un simple gestor de las cuestiones comunes a los diferentes círculos y corporaciones que componen el partido.

Hoy nuestro partido no ha logrado establecer una relación centro-periferia donde sean los elementos centrales los que ocupan un papel dominante. Existe un pretendido centro del que emanan directrices generales y la periferia decide acogerse a ellas en base a su interpretación. La consecuencia de este modelo es la pervivencia de diferentes círculos y corporaciones que coexisten en el partido con vida, autonomía y línea política propia. Se acogen bajo el paraguas de unas directrices centrales que buscan ser lo “más genéricas posibles” para evitar que de las mismas se pueda exigir un proceso de rendición de cuentas en condiciones. Este modelo choca frontalmente con la concepción de un partido centralista democrático, con la unificación de fuerzas para reconstituir el partido comunista y con la posibilidad de fraguar una unidad interna de carácter ideológico que sea perdurable en el tiempo. Nuestro actual modelo se desliza peligrosamente al enquistamiento de las tendencias corporativistas y federalistas; tendencias que tanto daño han hecho al movimiento comunista y que han imposibilitado que las diferentes organizaciones cumplieran el proclamado papel de vanguardia para con la clase obrera en la dura tarea por su educación política.

Sin embargo, no nos basta con apelar “al centro”. Podríamos introducir detrás de esta concepción abstracta cualquier elemento, lo cual podría desvirtuar igualmente el carácter de nuestro partido. El centro no puede ser una camarilla personal, un grupo de amigos, un gurú que cree iluminar al resto de camaradas ni siquiera un grupo de personas con nivel teórico o práctico más destacado que los demás. El centro se compone, como veremos, por el periódico del partido (ideológico) y el órgano colegiado que reúna a las mejores fuerzas revolucionarias de los comunistas españoles. Lo explicaba Lenin, aplicado a su realidad:

“El Centro dirigente del Partido (y no sólo de un comité o de un distrito) es el periódico Iskra, que cuenta con corresponsables permanentes entre los obreros y mantiene estrecho contacto con el trabajo interno de la organización” Yo desearía señalar tan sólo que el periódico puede y debe ser el dirigente ideológico del partido, desarrollar las verdades teóricas, las tesis tácticas, las ideas generales de organización y las tareas generales de todo el Partido en uno u otro momento. Pero el dirigente práctico inmediato del movimiento sólo puede serlo un grupo central especial (llamémoslo, por ejemplo, Comité Central) que se enlace personalmente con todos los comités, que reúna en su seno las mejores fuerzas revolucionarias de todos los socialdemócratas rusos y rija todos los asuntos del Partido en general, tales como difusión de publicaciones, edición de octavillas, distribución de fuerzas, designación de personas y grupos para encabezar determinadas actividades, preparación de manifestaciones y de la insurrección en toda Rusia, etc.” [14].

Entonces el centro es “bicéfalo”. Se compone en realidad de dos elementos. Por un lado, el periódico del partido (que desarrolla todo lo referente a la línea política) [15] y por otro lado el Comité Central (que desarrolla el carácter práctico de la centralización, estando enlazado con el conjunto de los comités del partido). Si bien es cierto que el desarrollo del partido bolchevique se dio en un contexto muy diferente al nuestro, de la lectura de su proceso hay leyes generales que sí podemos extraer para la reconstitución del partido comunista en nuestro país. La existencia de un órgano que centralice políticamente a nuestra organización primero y al proletariado después es condición indispensable para poder desarrollar un centro sólido que vertebre la dirección general de nuestro destacamento.

Es muy importante remarcar la existencia del periódico como elemento central. Nuestro conglomerado de medios de propaganda y agitación son los que dan vida política al partido. Realmente la función de estos medios no es simplemente tener algo que “llevar” a la clase obrera para educarla, sino que es también una herramienta de cohesión y educación internas. El elemento clave por el que se vertebra la unidad del partido es lo político, son sus resoluciones políticas y los fundamentos teóricos que la sustentan. Por eso mismo, el centro de nuestra organización debe construirse durante este periodo alrededor del conjunto de medios de propaganda y agitación, cristalizado en el periódico como su producto más acabado. Esto garantiza que sea lo político lo que esté al mando, lo que nos previene de modelos organizativos que no sitúen la cuestión política como la que vertebra toda nuestra actividad y la razón de ser de nuestro partido.

Nuestro contexto difiere en algunos aspectos al de los bolcheviques. Debemos ser capaces de leer estas condiciones particulares para poder aprovechar al máximo las mismas en nuestro beneficio. Por ejemplo, el clima represivo y violento de la Rusia zarista no se ha manifestado tan abiertamente en España, debido a la actual debilidad nacional y mundial del comunismo, así como la aparente fortaleza de la dictadura burguesa. Esta coyuntura nos permite un mayor margen para el control democrático interno de las políticas emanadas de la organización, mientras que para el partido bolchevique esto era algo política y técnicamente inviable debido a las estrictas condiciones de clandestinidad que sufrían. Debemos entender, de todas maneras, que estas coyunturas son únicamente temporales. Así pues, debemos vertebrar una relación entre el centro y la periferia que sea capaz de transitar, sin grandes traumas, de un carácter más relajado hacia las condiciones plenas de clandestinidad. Nuestro partido nunca puede dejar de ser clandestino y hay determinados elementos del mismo que deben actuar desde el principio basándose en estos criterios, además de que no debe cuestionarse el elemento centralizador para que sea sustituido por las fórmulas del consenso o de la asamblea permanente. Aún en condiciones de aparente paz en el desarrollo de la lucha de clases, estas fórmulas son campo abierto para que liquidadores secuestren el partido, lo maten o abran (consciente o inconscientemente) las puertas de par en par a elementos provocadores de la policía que busquen boicotear nuestra labor. Además, debemos recordar que la centralidad del trabajo de propaganda y agitación es algo que corresponde a nuestra actual fase de reconstitución partidaria. Pero a medida que avancemos en nuestra tarea, tendremos que abordar la preparación de otras formas de intervención política que no serán tan “amables” para los organismos ideológicos y coercitivos del Estado.

Por eso mismo, es muy importante liquidar la autonomía en la dirección política de cada órgano de la periferia, de cada órgano local o regional. Estos solo deberían tener autonomía en funciones, tareas o cuestiones especialmente delegadas por el centro para el desempeño de sus tareas. La interpretación de este aspecto es muy importante, pues no se puede desprender del mismo que la función de la periferia sea seguir acríticamente al centro, sino trabajar por crearlo, apoyarlo y consolidarlos. Lo definía bien Lenin cuando afirmaba:

“Por eso convendría que el punto primero de los estatutos (con arreglo a su proyecto) no sólo señalara qué órgano del Partido se reconoce como dirigente (lo que, evidentemente, debe señalarse), sino también que cada organización local se asigna como tarea trabajar activamente en la creación, apoyo y consolidación de los organismos centrales sin los cuales nuestro Partido no puede existir como tal” [16].

Es más, en un principio los órganos de la periferia o de la base no deberían tener más función que transmitir la línea política emanada del centro. Sería la construcción de una confianza política, de un desarrollo organizativo más amplio y de un mayor carácter de masas del partido, lo que permitiría delegar en estos órganos más competencias. Lenin diferencia entre dos dimensiones: El Comité y el grupo de distrito. Y como vemos, a estos últimos solo les permite funciones de transmisión de la propaganda ya elaborada:

"A mi juicio, no sería conveniente extender la competencia del grupo de distrito a otras funciones que las de simple intermediario y transmisor; o, más exactamente, convendría extenderla con extraordinaria cautela, porque esto sólo puede causar perjuicio a la clandestinidad y la integridad del trabajo. Naturalmente, también en los círculos de distrito se celebrarán conferencias sobre todos los problemas del Partido, pero será el comité, y sólo él, el que deberá resolver todos los problemas generales del movimiento local. La autonomía de los grupos de distrito debería admitirse únicamente en cuestiones relacionadas con la técnica de transmisión y difusión" [17].

La periferia debe, pues, fortalecer al centro. Las organizaciones locales son muy importantes para el partido, pero su función debe consistir no en echar un pulso al centro o aprovechar su importancia para chantajearle, sino fortalecer al mismo y emplear todos sus esfuerzos para remar en la misma dirección. Evidentemente, para regular esta relación entre las partes deben existir mecanismos democráticos que den un sentido a la subordinación de las organizaciones locales a las centrales. Como expresamos anteriormente, esta subordinación no puede ser acríticamente, sino que debe desprenderse del debate colectivo y de unos procedimientos que permitan que todas las organizaciones locales expresen sus posiciones y se manifiesten todo lo que lo permitan las condiciones. Un buen ejemplo de cómo se vertebraba la democracia interna en un clima tan complicado como el clandestino nos lo narraba Lenin, cuando reconocía a la vez que matizaba la interlocución con el periódico y el desarrollo del debate interno:

“Usted, pide con toda razón que se conceda “a cuantos lo deseen” la posibilidad de mantener correspondencia directamente con Iskra. Pero “directamente” no debe entenderse en el sentido de que se les facilite el contacto con la redacción y sus señas “a cuantos lo deseen”, sino en el sentido de que deberán ser transmitidas (o enviadas) a la Redacción las cartas de cuantos lo deseen. Por lo que se refiere a las señas, es necesario darlas con bastante amplitud, pero no a cuantos lo deseen, sino solamente a los revolucionarios seguros y destacados por su habilidad en la labor clandestina: quizá, no a uno solo por distrito, como usted quiere, sino a varios; es necesario asimismo que cuantos participen en el trabajo, todos y cada uno de los círculos tengan derecho a poner en conocimiento, tanto del comité como del OC y del CC, sus acuerdos, deseos y peticiones. Si aseguramos eso, lograremos la plenitud de deliberación de todos los militantes del Partido sin necesidad de crear organismos tan farragosos y tan poco apropiados para la labor clandestina como las 'discusiones'” [18].

Pero, como veremos, el carácter principal lo tienen los organismos centrales. Tanto es así que el propio Lenin planteaba que, una vez conformados estos, toda la articulación de la organización dependía directamente de ellos:

“Cuando tengamos un OC y un CC, los nuevos comités sólo habrán de formarse con su participación y su consentimiento. El número de miembros del comité deberá ser, en lo posible, no muy grande (para que sea más alto el nivel de esos miembros y más completa su especialización en la profesión revolucionaria), pero, al mismo tiempo, suficiente para dirigir todos los aspectos de la labor y garantizar la representatividad de las reuniones y la firmeza de los acuerdos” [19].

Así se daría fin a la dinámica liberal de círculos que se conforman autónomamente y se auto declaran parte del partido. De esto no se desprende que no conformemos organizaciones nuevas de gente que no conozcamos, sino que la legalización de estas y su carácter “oficial” depende del juicio de las organizaciones centrales, que deben estar preparadas para obtener todo tipo de información sobre los miembros que la conforman, su actividad y la concordancia con la línea política de nuestra organización. Para este periodo puede ser incluso positivo mantener en un margen de relación temporal de simpatizante a grupos de comunistas que decidan ingresar en nuestro partido, por no tener aún las garantías plenas de que haya un acuerdo suficiente en los principios políticos e ideológicos. Tanto es así que el propio Lenin exige unas responsabilidades a estos grupos periféricos:

“Pero hay un aspecto en que debe exigirse incondicionalmente la máxima reglamentación de la labor en todos estos grupos filiales, a saber: todo miembro del Partido que participe en ellos tiene el deber de responder formalmente por el estado de cosas en dicho grupo; tiene también el deber de adoptar todas las medidas necesarias para que el CC y el OC conozcan al máximo tanto la composición de cada grupo como todo el mecanismo de su labor y todo el contenido de esa labor. Esto es imprescindible para que el centro tenga ante sí el cuadro completo de todo el movimiento, para poder seleccionar entre el mayor número de personas a quienes deben desempeñar distintos cargos del Partido, y para que puedan aprender de un grupo (por mediación del centro) todos los grupos del mismo tipo que existan en toda Rusia; y para prevenir la aparición de provocadores y personas sospechosas; en una palabra se trata de algo absoluta e imperiosamente necesario en todos los casos” [20].

Así pues, en este periodo de relación, no puede entenderse una acción local desconectada de la acción general del partido. Toda acción local o sectorial debe ser informada y puesta al corriente a los organismos centrales del partido. La manera de garantizarla debe ser la transmisión periódica de informes:

“¿Cómo lograrlo? Por medio de informes regulares al comité, comunicando al OC la mayor parte posible del contenido del mayor número posible de estos informes, organizando visitas de miembros del CC y del comité local a todos los círculos y, por último, mediante la consignación obligatoria en lugar seguro (y al Buró del Partido adjunto al OC y al CC) de los contactos con este círculo, es decir, de los nombres y las direcciones de algunos de sus miembros. Sólo cuando se comuniquen los informes y se transmitan los contactos, se podrá considerar que el miembro del Partido que forme parte de un círculo u otro ha cumplido con su deber; sólo entonces, todo el Partido en su conjunto podrá aprender de cada círculo que realice una labor práctica; sólo entonces no resultarán desastrosas las detenciones, pues, disponiendo de contactos con los diversos círculos, al delegado de nuestro CC le será siempre fácil encontrar en seguida sustitutos y reanudar la labor. La caída de un comité no destrozará entonces toda la máquina, sólo nos privará de unos dirigentes, y sus suplentes estarán preparados para sustituirlos y no se diga que la comunicación de informes y direcciones de contacto es imposible debido a las condiciones de la clandestinidad: basta con querer, y la posibilidad de transmitir (o enviar) comunicaciones y establecer contactos existe siempre y existirá siempre mientras tengamos comités, mientras tengamos un CC o un OC” [21].

Así, la política de informes no solo conecta a la periferia con el centro, a las organizaciones locales del partido y sus grupos de distritos con el periódico, el O.C. y el C.C. También
permite que el centro se fortalezca aprendiendo de la experiencia local, extrayendo lecciones particulares y generales de la puesta en práctica de los acuerdos del partido y teniendo un estado actualizado sobre cómo se ponen en sintonía los dichos con los hechos.

En resumen, consideramos que:

1. El centro del partido está conformado por el periódico y los órganos que concentren a los revolucionarios más capaces para ejercer la dirección teórica y práctica de la organización.

2. La periferia del partido está conformada por los grupos locales o de zona, así como por las células de los centros de trabajo.

3. En la contradicción entre el centro y la periferia, entre lo central y lo local, lo central es el elemento principal. Esto significa que toda la acción periférica o local tiene que ir destinada a fortalecer el centro e impulsarlo.

4. La clave de la construcción del centro durante este periódico es la articulación del referente teórico-político mediante la propaganda y la agitación. El elemento principal de construcción del centro durante este periodo es el periódico.

5. Los órganos de la periferia limitan, en un principio, sus tareas a las de la transmisión de la propaganda y agitación que parten del centro. La extensión de las competencias de estos órganos debe encararse con cuidado, en todo momento, mediante la delegación de los organismos centrales. Y debe ser consecuencia del desarrollo teórico, político, organizativo y del carácter de masas del partido.

6. Cualquier militante tiene derecho a comunicarse con el periódico o los organismos centrales, pero debe regularse la manera de hacerlo en función de las condiciones de desarrollo del propio partido y las condiciones de desarrollo político del momento.

7. Para asegurar el fortalecimiento del centro, la periferia debe facilitar regularmente informes detallando sus debates, conclusiones, resultados y la actividad desarrollada. El centro debe estar constantemente informado de lo que ocurre en la periferia para poder aprender políticamente y dictar una línea política justa en relación del estado de la organización.

 

NOTAS

[14] V. I. Lenin, Carta a un camarada.

[15] El periódico es la tarea política central en esta fase de construcción del partido. Pero tras este se encuentran las personas que lo materializan con su acción práctica. Para ejercer la dirección del periódico nos relacionamos de una determinada forma. Por tanto, entrando en el aspecto orgánico de la bicefalia dirigente corresponde al OC la dirección ideológica, que emplea el periódico como medio para ejercerla, tanto hacia lo interno del partido como hacia el movimiento revolucionario y el movimiento obrero.

[16] V. I. Lenin, Carta a un camarada.

[17] Ibíd.

[18] Ibíd.

[19] Ibíd.

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.