Ante las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015: ¡Apoyemos las candidaturas democráticas frente a la oligarquía!

Partido del Trabajo Democrático
7 de Diciembre de 2015

En las próximas elecciones generales que se celebrarán el 20 de diciembre, los partidos que tienen posibilidades de obtener diputados y de influir en el futuro gobierno se sitúan en dos campos. Por un lado, están el PP, el PSOE y los nacionalistas de derechas que van a seguir favoreciendo sus propios intereses y los de un selecto grupo de grandes empresarios a costa de empeorar las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad y de colaborar con la opresión imperialista sobre otros países. Y, por otro lado, están los que les hacen frente: las candidaturas de unidad popular, Podemos e Izquierda Unida. En definitiva, podemos elegir entre el campo de la oligarquía y el campo de la democracia.

Falsos demócratas que gobiernan para los ricos

Los partidos del campo oligárquico no ofrecen soluciones a los graves problemas del pueblo, porque no quieren ir a buscar los recursos necesarios para ello allí donde se encuentran: en el patrimonio de los grandes capitalistas. Sólo les queda recurrir al engaño y al marketing político para mostrarse atractivos ante el electorado.

A medida que las elecciones se han ido acercando, el gobierno del Partido Popular ha suavizado un poco sus ataques contra las clases populares y ha intentado desorientarlas con el cuento de la recuperación económica, con el conflicto nacional en Cataluña, con el terrorismo yihadista, con las desavenencias entre sus rivales del campo contrario, etc. Pero los resultados de su gestión le delatan: apenas ha reducido el paro masivo, pero sí ha reducido la tasa de cobertura y la cuantía de las prestaciones por desempleo, la proporción de empleos indefinidos y a tiempo completo, así como los salarios, mientras ha hecho crecer la riqueza de los más ricos.

También el Partido Socialista ha renovado sus caras y se acuerda ahora de las necesidades de la clase obrera para que olvidemos que fue su gobierno quien permitió al capital financiero arrastrarnos a una profunda crisis económica y recomponer sus beneficios empobreciéndonos. En sus filas y entre sus electores, cuenta con sindicalistas y gente que lucha contra las desigualdades sociales, pero no son los que hoy por hoy llevan las riendas del partido.

PP y PSOE se alinean con la lógica del libre mercado para las grandes corporaciones: el primero lo hace con entusiasmo y el segundo sólo la cuestiona “de entrada” para acabar sometiéndose a ella. Corrompe de ese modo la moral de la población trabajadora con la creencia de que sólo podrá mejorar su suerte sacrificándose en beneficio de los grandes capitalistas. Recordamos cómo las contrarreformas laborales, los recortes sociales, las privatizaciones, las congelaciones salariales,... han ido agravándose tras cada alternancia de ambos partidos en el gobierno. Hemos tomado nota de cómo "populares" y "socialistas" se ponen de acuerdo en las instituciones europeas a la hora de elevar la competitividad de las exportaciones en detrimento del empleo, de los salarios y de los servicios públicos, así como a la hora de reformar la Constitución española para primar a los acreedores financieros. Y los vemos confabulados para, una vez pasadas las elecciones, arrastrarnos a una nueva guerra de nefastas consecuencias en Siria.

Precisamente porque las masas trabajadoras tenemos memoria y dignidad, el bipartidismo oligárquico sufrió un severo correctivo en las pasadas elecciones europeas, autonómicas y municipales –al igual que en Grecia y en Portugal-, en provecho de candidaturas que no eran responsables de estas políticas. Entre ellas, está Ciudadanos que se ha presentado como algo nuevo, a pesar de que sus líderes comulgan con el neoliberalismo explotador (por ejemplo, su apuesta por la reivindicación patronal de un “contrato único”, con el que se acabaría de liquidar la estabilidad en el empleo conquistada por décadas de lucha del movimiento obrero) y con el intervencionismo militar de la OTAN. Lógicamente, no se les ha visto luchando contra los recortes. Pero, en cambio, son apoyados por sectores sociales poderosos para arrebatar a los partidos del campo democrático a sus nuevos electores y desbaratar así el proceso de renovación política.

Programas y acciones en beneficio de la mayoría

Por otro lado el desarrollo de la movilización social entre los diferentes sectores más afectados y golpeados tanto por la crisis como por las políticas antipopulares ha articulado su respuesta. En una primera etapa, desarrollando variada, amplia y latente manifestación de lucha en defensa de sus intereses donde el campo popular ha organizado huelgas generales, protestas ciudadanas (15-M y las mareas de colores), activismo en defensa de los servicios públicos o amplios movimientos de protesta como las Marchas de la Dignidad. Posteriormente ha volcado gran parte de sus esfuerzos en organizar la lucha parlamentaria. Para ello ha confiado principalmente en dos partidos políticos (Izquierda Unida y Podemos), así como en las candidaturas de unidad popular en muchos municipios y en alguna comunidad autónoma.

Las diferentes candidaturas han incorporado a sus programas diferentes propuestas que, parcial o totalmente, emanan de los diferentes movimientos sociales y de protesta. Así, todos estos proyectos electorales han coincidido en la necesidad de frenar las principales políticas de recortes de los servicios públicos, revertir las principales medidas antidemocráticas y represivas, resolver el problema del desempleo, combatir la precarización del mercado laboral y acabar con las situaciones de pobreza más dramáticas (desahucios, hambre, desabastecimiento energético…). Las mismas tuvieron su primer éxito en las elecciones europeas, mejorando Izquierda Unida sus resultados y logrando Podemos irrumpir por primera vez en el parlamento europeo. Seguidamente las candidaturas de unidad popular cosecharon importantes victorias en ciudades de gran importancia de nuestro país logrando gobernar en varias de ellas (Madrid, Barcelona, Valencia, A Coruña…) y Podemos obtuvo representación en todas las comunidades autónomas donde se celebraron elecciones. De cara a estas elecciones generales, existen dos candidaturas de este campo, Podemos e Izquierda Unida-Unidad Popular. La excepción se da únicamente en Galicia y Catalunya, dónde concurrirán candidaturas unitarias.

Ambas candidaturas coinciden esencialmente en un programa económico fundamentado en recetas keynesianas mediante la intervención económica del Estado y un aumento de la inversión pública tanto en el sector económico como en prestaciones sociales. También ambas candidaturas coinciden en la defensa de los principales derechos democráticos que se han cuestionado en nuestro país en los últimos años, tales como los relativos a la represión, las garantías democráticas y el respeto al derecho de las naciones a la autodeterminación. Ambas candidaturas se han opuesto a sumarse a un gran pacto nacional contra el yihadismo tras los atentados de París y se han desmarcado de la posibilidad de una intervención militar en Siria. Por contrapartida discrepan respecto al papel de la OTAN, manteniendo IU-UP la determinación trabajar para disolver esta alianza, mientras que Podemos ha propuesto una reforma gradual como transición a constituir un sistema de defensa europeo. Ambos han mostrado su rechazo al Tratado de libre comercio entre la Unión Europea y EE.UU (TTIP) y ninguno ellos se opone frontalmente a la Unión Europea.

En esencia, ambas candidaturas critican las peores consecuencias de la gestión neoliberal del capitalismo pero no se oponen a sus fundamentos. Quieren paliar las peores consecuencias del sistema abogando por medidas para una gestión donde haya un mayor reparto en beneficio de las capas populares pero no proponen un modelo alternativo. Quieren ampliar los derechos democráticos, sin embargo no cuestionan a qué clase social sirven las actuales instituciones del Estado.

Capitalismo en crisis, democracia y socialismo

La ligera recuperación de la economía occidental y española de los dos últimos años no significa que la crisis haya quedado atrás. Todas las instituciones prevén un descenso de los ritmos de crecimiento a partir de 2016 y, de hecho, nuestro país ha empezado a experimentarlo desde mediados del año actual. Las inversiones en la zona euro se mantienen un 20% por debajo del nivel anterior a la crisis (un 30% para España) y los créditos a las empresas siguen bajando. La economía estadounidense amplía su ventaja en unos mercados mundiales cuya saturación se agrava con las menores tasas de crecimiento de los países emergentes.

El capitalismo de grandes corporaciones monopolistas está sumido en una profunda crisis de sobreproducción desde los años 70 y los artificios financieros con los que fue sorteándola han producido una deuda gigantesca que están endosando a los Estados para que la paguemos los contribuyentes, los trabajadores. Además, para el año próximo, el rigor financiero impuesto por la Unión Europea exigirá al Estado español una disminución del gasto público de, al menos, 13.000 millones de euros, por lo que sufriremos una nueva oleada de recortes sociales.

En estas condiciones, la clase social económicamente dominante sólo puede ofrecer una perspectiva de estancamiento económico, desempleo masivo, deterioro social y medioambiental, violencia social, represión y guerra. Podemos contrarrestar esta tendencia mediante la lucha de resistencia de las masas populares (acción sindical, etc.) y eligiendo para las instituciones políticas a los representantes más democráticos, frente a la oligarquía. Es con este fin que, desde el Partido del Trabajo Democrático, llamamos a votar por las candidaturas de unidad popular o, en su defecto, por Podemos e Izquierda Unida-Unidad Popular.

Al mismo tiempo, advertimos contra las ilusiones de que esto sea suficiente. Por una parte, ninguna de estas formaciones electorales pretende sustituir el capitalismo por el socialismo y ni siquiera sacar a España de la disciplina de la OTAN, la Unión Europea y el euro. Aunque gracias a aquéllas, conseguiremos paliar y aplazar un poco los sufrimientos que nos depara la oligarquía. Por otra parte, tampoco existe todavía una fuerza social de masas consciente de esta situación y organizada para hacerle frente. Éste es el factor más importante. Su surgimiento es inevitable, pero se ve retrasado por la dominación ideológica y política de la burguesía sobre la sociedad. De ahí, la necesidad de ganar tiempo para acumular fuerzas.

La clase obrera, formada por quienes no poseemos medios de producción y que somos hoy el 80% de la población, es la que reúne las mejores condiciones para comprender la absoluta necesidad de sustituir la economía capitalista basada en la ganancia privada por una economía socialista basada en la satisfacción de las necesidades generales. Y es también la que mejor puede dirigir esta nueva economía. Para eso, las trabajadoras y los trabajadores debemos tomar la determinación de unirnos y organizarnos en un partido político propio que se gane la confianza del resto del pueblo para vencer a esta burguesía cada vez más parasitaria y poder así resolver las graves lacras sociales que ha causado.

Por consiguiente, en cada fábrica, centro de trabajo y de estudio, barrio, localidad, etc., urge que constituyamos círculos obreros de estudio de la teoría marxista-leninista, de propaganda del socialismo (contra el anticomunismo que oprime las conciencias) y de preparación práctica del cambio revolucionario necesario.

La clase obrera sólo podrá fortalecerse en la lucha por la democracia y, por esta razón, los comunistas del PTD instamos a apoyar a las clases sociales intermedias y a los partidos que las representan (Podemos, IU, etc.) en sus conflictos con la oligarquía. Pero, la historia reciente también vuelve a demostrar que, cuanta más independencia e iniciativa tenga el movimiento obrero con respecto a otras clases, más fuerte será la democracia para satisfacer los legítimos intereses del pueblo.

¡Por la república democrática y el socialismo!

¡Construyamos el partido revolucionario de la clase obrera!

 

Comité Central del Partido del Trabajo Democrático, 4 de diciembre de 2015