Brasil, acosada por el imperialismo

David Comas
Fecha: 
Martes, 22 Marzo, 2016

Tras cobrarse sus respectivos premios en Argentina, Venezuela y Bolivia el imperialismo norteamericano ha puesto en marcha su más reciente plan: derrocar al gobierno brasileño para someter al conjunto del país a los intereses de las grandes empresas transnacionales.

El gobierno de Dilma Rousseff se encuentra asediado mediante movilizaciones de corte reaccionario y aislado internacionalmente debido al retroceso de sus aliados en la región. Aprovechando los errores del reformismo progresista brasileño, los imperialistas ven una oportunidad excelente para imponer otro gobierno leal a los intereses de Washington y desmantelar todo el entramado de empresas públicas que han permitido al país latinoamericano recuperar algunos espacios de soberanía durante estos últimos años.

La Unión para la Reconstrucción Comunista (URC) calificó la situación como el preludio de un golpe de Estado y el sometimiento definitivo del país a un régimen neocolonial[1]. Aciertan los comunistas brasileños, pues la victoria de los imperialistas en los países vecinos ha venido acompañada de una gestión económica nefasta, que ha ahondado las desigualdades y desmantelado las principales instituciones que posibilitaban algún margen soberano en estos países. La táctica de los reaccionarios ha consistido en un acoso mediante la guerra económica, mediática y la fragmentación social para, bien sea por vía armada o mediante un vuelco electoral en situación de anormalidad, desahuciar a las fuerzas patrióticas de los gobiernos.

Lo cierto es que la ofensiva reaccionaria de los últimos años es una muestra de la debilidad de las clases sociales que han dirigido estos procesos (burguesía nacional y pequeña burguesía) que, aunque han conseguido importantes mejoras económicas y sociales, han sido incapaces de modificar la relación de dependencia de estos países con el imperialismo.

En este sentido los disparos se han concentrado sobre la figura del ex presidente Lula Da Silva, tanto por el carácter simbólico de su figura como por la posibilidad de encabezar una futura candidatura que ampliaría durante otra legislatura el control del PT sobre el gobierno del país.  La corrupción ha sido el arma arrojadiza con la que se ha intentado crucificar al ex presidente, sin contrastar lo verídico de estas acusaciones ni la razón que pudo motivar estos actos. El reactivo movimiento del gobierno intentando aforar al ex presidente nombrándolo ministro sólo ha contribuido a agravar el enfrentamiento entre las fuerzas patriotas y las reaccionarias, que han medido sus apoyos en las calles con diferentes marchas para mostrar sus respectivas influencias.

El retroceso general que se está dando en Latinoamérica sólo parece poder solucionarlo la clase obrera. Es labor de los comunistas, su parte más avanzada, organizar al conjunto de la clase y recoger la bandera de la soberanía nacional, el progreso y la democracia. Levantar esta bandera bien alto, consumando la obra que la burguesía nacional ha sido incapaz de terminar.  El socialismo sigue siendo hoy la esperanza de los pueblos.

 

[1] “Sobre a conjuntura brasileira e a tentativa de golpe em andamento” (http://uniaoreconstrucaocomunista.blogspot.com.es/2016/03/sobre-conjuntura-brasileira-e-tentativa-de-golpe-em-andamento.html )