Contra la guerra imperialista en Siria

Partido del Trabajo Democrático Usera
27 de Octubre de 2015

En marzo de 2011 comenzaron las revueltas de la llamada Primavera Árabe en Siria. Los choques entre las fuerzas policiales y los manifestantes se fueron agravando y estalló una guerra que no ha cesado desde entonces. Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), durante estos cuatro años de guerra más de 4 millones de sirios han huido de este país y la inmensa mayoría de estos refugiados, concretamente el 86%, ya han sido acogidos por Turquía, Líbano, Iraq, Jordania y Egipto. En cambio las fronteras de la UE siguen cerradas para la mayor parte de los que quieren venir aquí. Es decir que nuestros gobernantes, al mismo tiempo que se jactan de que Europa es la cuna mundial de los Derechos Humanos, le están negando el derecho de asilo humanitario a esta pequeña parte (14%) de todos los refugiados sirios, que no hacen otra cosa que huir de la guerra y de la miseria que esta genera. Sin embargo esto no son más que las terribles consecuencias del conflicto y lo que aquí queremos hacer es analizar cuáles son los actores implicados y cuáles han sido las principales causas de esta guerra.

Si bien en un principio las protestas espontáneas de la población civil siria iban dirigidas contra la corrupción del gobierno de este país y la falta de libertad democrática, a medida que la tensión fue creciendo, entraron en el escenario actores con unas intenciones muy distintas de las que perseguían los primeros manifestantes. En julio de 2011, surgió el llamado Ejército Libre de Siria (ejército rebelde), compuesto por una parte de las fuerzas armadas sirias así como por mercenarios de diversas procedencias que se le han ido sumando desde entonces, con vistas a derrocar al gobierno de Al-Asad -de ideología laica y antimperialista- y sustituirlo por otro -de no se sabe bien qué ideología-. Aprovechando la desestabilización del gobierno sirio, las distintas facciones políticas opositoras al régimen de Al-Asad se fueron unificando en el exilio y formaron la Coalición Nacional Siria (CNFORS), que tiene su sede en El Cairo (Egipto), que se autoproclama representante de la población siria y que tiene como brazo armado al ejército rebelde.

Ahora bien, esta no es una guerra civil corriente en la que se enfrentan dos o más bandos nacionales, sino que para entender realmente lo que está ocurriendo debemos analizar también los actores extranjeros que están implicados en el conflicto. Por un lado tenemos a Rusia, Irán y en menor medida China, que apoyan al gobierno sirio de Al-Asad. Por otro lado tenemos a los países de la OTAN, las monarquías del Golfo Pérsico (Emiratos Árabes, Qatar, Omán, Baréin, Kuwait, Arabia Saudita) y más países de la Liga Árabe que reconocen y apoyan al CNFORS y al ejército rebelde. Es decir que aquellos que por ejemplo aquí en España se posicionaron firmemente en contra del movimiento 15M, se han posicionado sospechosamente a favor de la llamada “oposición libre” de Siria cuando ésta ha adquirido un carácter violento y además está siendo reforzada por grupos yihadistas tales como el Estado Islámico (ISIS), que han ido ocupando los alrededores del río Éufrates (un recurso fundamental para controlar a la población sobre todo dentro de un país desértico como es Siria).

Sabemos que la zona de Oriente Medio es estratégica porque tiene importantes yacimientos de petróleo y de gas que son las dos principales fuentes de energía que necesita la industria para poder seguir produciendo y transportando mercancías, pero también la población civil para el transporte, la cocina y la calefacción. Siria, al igual que Iraq, son países que están situados en el epicentro del tráfico de estos dos importantes recursos en Oriente Medio y las compañías que controlen estos mercados (que en el caso de Siria ha estado hasta ahora en manos del gobierno de Al-Asad y en el caso de Iraq en manos de Sadam Hussein hasta el 2006) tienen mucho que ganar si consiguen quitarse de en medio a un gobierno como el de Al-Asad que les pone numerosas trabas a la hora de explotar estos yacimientos. No es de extrañar, por tanto, que los estados que representan los intereses de estas compañías intervengan para apoyar al ejército rebelde ya sea suministrando armas, ya sea comprando el petróleo extraído de las zonas que están bajo su control.

En paralelo, las fuerzas mediáticas financiadas por la oligarquía financiera que controla estas compañías, van preparando el terreno para justificar ante la opinión pública occidental una posible intervención armada de la OTAN en el futuro. Por un lado, caricaturizan a los gobiernos sirio, ruso e iraní como si fueran auténticos monstruos que están asesinando a la población civil que lucha por una mayor libertad en el país, cuando los motivos reales de una intervención de ese estilo serían otros que no tienen nada que ver con salvaguardar los Derechos Humanos de la población siria, como bien hemos aprendido de los casos de Afganistán, Iraq, Libia, Ucrania... Por otro lado, se esfuerzan en fomentar prejuicios infundados contra los musulmanes en general (islamofobia) y contra los refugiados, dividiendo así a la clase obrera que es una sola a nivel internacional y que necesita, de forma cada vez más urgente, tejer lazos de solidaridad para hacerle frente a quienes aquí y allá nos explotan y se enriquecen a costa de nuestro trabajo.

Por todo esto, hay que tener en cuenta que si bien es positivo recibir con los brazos abiertos a los refugiados, no es suficiente, sino que también debemos tomar conciencia de la necesidad de organizarnos políticamente como clase social para eliminar la causa de estas guerras, que no es otra que el ansia de la oligarquía por controlar nuevos mercados. Los trabajadores no debemos dejar que ellos nos contaminen con sus ideas racistas y sus mentiras acerca de los derechos humanos, cuando sabemos que el único derecho que en realidad les preocupa es el de la propiedad privada. Aquel que les permite seguir apropiándose de los recursos e instalaciones que sirven para generar riqueza y seguir explotando a la clase social que con su esfuerzo diario pone en marcha dichas instalaciones y con sus propias manos genera toda la riqueza que luego esa minoría nos arrebata con su derecho a la propiedad privada. En contra de esto, debemos pelear por nuestro derecho a la propiedad conjunta de estos recursos e instalaciones y a la justa distribución de toda esa riqueza que nosotros mismos generamos.