Después de Grecia, Portugal se une a la resistencia

Miguel Ángel Villalón
Fecha: 
Miércoles, 25 Noviembre, 2015

Cuando la derrota que se arrastra es grande, cuesta apreciar las pequeñas victorias. Y, sin embargo, sólo a través de ellas, se puede alcanzar la gran victoria que anhelamos y que sólo depende de nuestra determinación.

A principios del presente año, Syriza ganaba las elecciones en Grecia y, por primera vez en la historia, un gobierno de la Unión Europea se rebelaba contra este engendro de las patronales del continente destinado a arrebatar a la clase obrera lo que ésta había conquistado durante el siglo XX. Claro que Syriza no se opone a la propia UE, sino solamente a sus políticas. Pero las instituciones europeas le han mostrado con toda crudeza que existen y han sido creadas para estas políticas y no para otras. El ejecutivo de Tsipras ha agachado la cabeza en julio, a la espera de tiempos mejores y pasando a una resistencia de baja intensidad, no sin revalidar el respaldo mayoritario del electorado griego en septiembre.

Pareciera que la oligarquía del viejo mundo ha ganado la partida, pero, si examinamos su popularidad en los últimos 30 años, desde que España se integró en la CEE, lo tiene cada vez más oscuro. De la euroforia del inicio, se ha pasado a la oposición en la calle y en varios referendos y, ahora, a la existencia de un gobierno socio no demasiado fiable. Uno o más bien dos, si contamos Portugal y quizás tres, si el pueblo español no se deja despistar el próximo 20 de diciembre.

En el país vecino, parece que va a formar gobierno una sección nacional de la misma socialdemocracia que co-dirige la derechización política de la Unión Europa. Dicho así, no parece una noticia positiva. Sin embargo, resulta que sólo puede gobernar con el apoyo del Partido Comunista Portugués, de los ecologistas y del Bloco de Esquerda, y éstos sólo apoyarán su investidura si aplica, entre otras, medidas de alivio de la pobreza que entran en contradicción con las políticas comunitarias.

El Partido Socialista luso se encuentra así en manos del pueblo, gracias a la táctica genuinamente marxista-leninista del PCP. Ya no le bastarán las promesas engañosas con las que enfrió la Revolución de los Claveles y a que nos tienen acostumbrados el PSOE y la socialdemocracia internacional. Tiene que elegir campo: o con los trabajadores, la democracia y la soberanía nacional, o con la oligarquía transnacional.

Para colocarlo en esta posición -al PS, pero también a la democracia pequeñoburguesa del Bloco-, los comunistas no han puesto como condición sus propias reivindicaciones de un referéndum para salir del euro y de una renegociación de la deuda soberana. Sólo han condicionado su apoyo a que aplique las demandas más inmediatas que aúnan al movimiento obrero y popular, a las masas activas de Portugal, y que pueden mejorar la correlación de fuerzas de clase. Al mismo tiempo, han reafirmado su independencia ideológica y política, advirtiendo a los "socialistas" que se opondrán a cualquier medida que perjudique a los trabajadores[1]. Si el PS traiciona su compromiso con los comunistas y con las masas laboriosas, tendrá que buscar el respaldo de la derecha, lo que servirá para retratarlo como una derecha disfrazada de izquierda. Cualquiera que sea el camino que elijan los socialistas, el PCP habrá confirmado su fidelidad a los intereses del pueblo trabajador, por encima de estrechos intereses partidistas y de opiniones justas, pero todavía incomprensibles para las masas.

Los comunistas portugueses han evitado el error de los dirigentes comunistas griegos. Han ofrecido un apoyo condicionado a la vieja socialdemocracia lusa, mientras que el KKE ha negado todo apoyo a Syriza por el hecho de representar este partido una "variante nueva de la socialdemocracia". Es cierto que el capitalismo se está convirtiendo en una olla a presión a punto de estallar y que no hay otra alternativa real que el socialismo o el desastre, que cualquier medida transitoria es insostenible y puede confundir a la gente. Pero, ¿qué ha de temer un marxista en ello cuando el propio Manifiesto del Partido Comunista reivindica "medidas que, aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor y de las que no prescindirse como medio para transformar todo el régimen de producción vigente"[2]?

Y Lenin sostenía que, del carácter reaccionario y traicionero de los socialdemócratas "no se deduce, ni mucho menos, que apoyarles equivalga a traicionar la revolución, sino que, en interés de ésta, los revolucionarios de la clase obrera deben conceder a estos señores un cierto apoyo parlamentario. (...) Proceder de otro modo significa obstaculizar la obra de la revolución, pues si no se produce un cambio en las opiniones de la mayoría de la clase obrera, la revolución es imposible, y ese cambio se consigue a través de la experiencia política de las masas, nunca de la propaganda sola"[3]. Por supuesto que no vale cualquier apoyo a los socialdemócratas, pero tampoco sirve negarles todo apoyo, como si fueran un partido reaccionario cualquiera, como si no gozaran del respaldo de una parte considerable del movimiento obrero que necesitamos poner de nuestra parte para poder hacer la revolución socialista.

Si la táctica de los comunistas portugueses no fuera acertada, los medios de comunicación burgueses no se habrían esforzado tanto como se han esforzado por minorar electoralmente la fuerza social de aquéllos, en beneficio del Bloco de Esquerda. Si fuera simplemente cambiar un partido "popular" por otro "socialista", no se mostrarían tan preocupados como se muestran.

El propio presidente de la República, el conservador Aníbal Cavaco Silva, no habría intentado un euro-golpe de Estado contra la Constitución de Abril, empeñándose en formar un gobierno minoritario de derecha[4]. Abusando de su mandato y despreciando la soberanía popular, rechaza nombrar a primer ministro que dependa -según su declaración institucional- de "fuerzas políticas antieuropeístas, de fuerzas políticas que en los programas electorales defienden la revocación del Tratado de Lisboa, del Tratado Presupuestario de la Unión Bancaria y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, así como el desmantelamiento de la Unión Monetaria y la salida de Portugal del euro, además de la disolución de la OTAN, de la que Portugal es miembro fundador”. Por encima de las obligaciones de su cargo, impone al pueblo su criterio de que “Fuera de la Unión Europea y del Euro el futuro de Portugal sería catastrófico”. Y, cuestionando la libertad de acción de los partidos políticos, justifica su prepotencia quejándose de que “Aún es más incomprensible que las fuerzas europeístas (PSD-CDS, PS) no hayan llegado a un entendimiento cuando, en pasado reciente aprobaron en la Asamblea el Mecanismo Europeo de Estabilidad, mientras que los otros partidos votaron siempre en contra”[5].

Está claro que este alto representante de la oligarquía portuguesa y europea no se opone al PS, sino a que el PCP le obligue a contener la voracidad de los capitalistas y a aliviar la situación de los trabajadores. El Secretario General del Partido Comunista, Jerónimo de Sousa, considera "inaceptable que Cavaco Silva no se comporte como garante de la soberanía y de la independencia nacional, sino como defensor de los mercados financieros, de los especuladores y de los intereses de los capitalistas transnacionales. (...) El PCP reafirma que se compromete a luchar por una política a favor de los derechos de los trabajadores y del pueblo, que mejore sus condiciones de vida y combata las injusticias sociales"[6].

La opción presidencial de encargar la formación de gobierno al derechista Passos Coelho fue tumbada en la Asamblea de la República el 10 de noviembre. Hasta la fecha de publicación del presente artículo, Portugal sigue con un gobierno en funciones de signo contrario al veredicto de las urnas y con elecciones presidenciales a celebrar en enero. El líder de los comunistas y obrero metalúrgico, Jerónimo de Sousa, ha advertido que si el presidente “subvirtiera la Constitución, tendrá la repuesta democrática de los trabajadores y del pueblo”[7]. Temiendo esta respuesta, Cavaco Silva acepta ahora nombrar al socialista Costa, no sin haber arrancado de éste algunos compromisos favorables a la OTAN, a la UE y a la patronal lusa. El pulso continúa y Jerónimo de Sousa ha advertido al PS que su apoyo “no es una carta blanca”[8]

En la declaración del Comité Central del PCP del 8 de noviembre, los comunistas portugueses subrayan la importancia de desarrollar, no sólo la batalla parlamentaria, sino la lucha de los trabajadores y del pueblo por sus condiciones laborales y de vida, por la paz, contra el imperialismo y la OTAN, y la importancia de reforzar el movimiento comunista internacional. "La situación actual demuestra el papel y la iniciativa del Partido Comunista Portugués, su compromiso inquebrantable con los trabajadores y el pueblo inseparable de su identidad comunista, la necesidad de su reforzamiento, la articulación de su intervención inmediata con la lucha por una alternativa patriótica y de izquierda, por una democracia avanzada, por el socialismo y el comunismo"[9].

El comunismo en Portugal goza de un vigor creciente, con una militancia más numerosa y joven, y con un 72% de sus votos procedentes de la clase obrera[10]. El país vecino puede convertirse en el bastión más sólido de la resistencia a las políticas explotadoras de la Unión Europea, precisamente gracias a su Partido Comunista que reúne la firmeza y la flexibilidad del junco. Evitando las desgraciadas aventuras eurocomunistas y posmodernas de otros, fiel a los principios del marxismo-leninismo, su fortalecimiento es lento pero seguro. La clase obrera de Portugal tiene un partido en el que confiar y los trabajadores de los demás países, un ejemplo positivo del que más nos vale aprender.

 

[1] http://www.pcp.pt/comunicado-do-comite-central-do-pcp-de-8-de-novembro-de-2015

[2] Obra citada, Marx y Engels, capítulo II.

[3] La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo, Lenin.

[4] El historial de atentados antidemocráticos de la UE no deja de crecer: nombramiento por Bruselas de un gobierno de tecnócratas en Italia; reforma de la Constitución española en pleno verano y a espaldas de la ciudadanía; dictado ostentoso y humillante de la Troika contra la voluntad del pueblo griego expresada en referéndum. Y, ahora, un presidente de la República portuguesa que vulnera el artículo 187.1 de la Constitución al actuar contra los resultados electorales, primero, nombrando un primer ministro del partido derrotado en las urnas y, después, nombrando al candidato socialista a condición de que se aparte de lo expresado por la mayoría del electorado en ciertas cuestiones clave. La democracia parlamentaria apenas disimula ya su esencia de dictadura de la gran burguesía.

[5] http://internacional.elpais.com/internacional/2015/10/22/actualidad/1445522090_973935.html

[6] http://www.pcp.pt/sobre-decisao-comunicacao-do-presidente-da-republica-relativa-indigitacao-do-primeiro-ministro

[7] http://www.pcp.pt/cumpra-se-vontade-da-maioria-dos-deputados-da-assembleia-da-republica

[8] http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/24/actualidad/1448367703_982117.html

[9] http://www.pcp.pt/comunicado-do-comite-central-do-pcp-de-8-de-novembro-de-2015

[10] http://www.publico.es/internacional/comunismo-portugues-rejuvenece-sombra-sexagenario.html