El 7 de Noviembre de 1917 cambió la historia universal

Antonio Ribas
Lunes, 2 Noviembre, 2015

Todo tiene un principio. Y los resultados obtenidos vertebran experiencias de futuro. Pueden ocultarlas los medios de comunicación, silenciar los logros en la escuela, machacar la rebeldía de los explotados, pero a pesar de todo el Socialismo es posible y se abre paso.

En breves días conmemoramos el 98º Aniversario de la Revolución de Octubre.

Cuando los bolcheviques pasaron de las palabras a los hechos guiados por los principios revolucionarios socialistas, se ejecutaron las ideas, comenzando la gran epopeya proletaria por cambiar la senda de la historia.

Recordemos las condiciones de vida de aquel año 1917, eran horribles. Quince millones de soldados en las trincheras. Hambre, falta de alimentos y materias primas. Obreros obligados a aceptar condiciones esclavas, jornadas de doce a catorce horas con un mísero salario.

Furiosos paros y revueltas para luchar contra la inanición se dieron contra el gobierno zarista. Junto a los obreros, también las mujeres obreras empujaban con su lucha la gran revolución. Pero las obreras y obreros se unieron en todas las ciudades, en la industria, energía, empresas, comercios, las redes de transporte. Todo quedó paralizado. Ya no eran posibles los compromisos. La burguesía desde Febrero trataba de comprar las cabezas pensantes.

Pero en el seno de la clase obrera, los bolcheviques ganaron la mayoría en las asambleas populares (su propia democracia participativa fuera del parlamento) llamados “soviets”. Se abrió una nueva “época para la Humanidad” gracias a la fusión del espíritu revolucionario de la clase obrera con la lucha de los campesinos por la tierra, de los mejores pensadores bolcheviques, de mujeres y hombres combatiendo hombro con hombro, soldados, estudiantes y trabajadores.

1917 enseñó a los parias de la tierra, que ellos eran los conductores de un Mundo Nuevo y Feliz. Una nueva era, donde los predecesores bolcheviques constituyeron un hito de valor ejemplar, para que todos los pueblos de la tierra conquistasen su libertad.

Para hoy, 1917 es un grito de esperanza, pues durante décadas el pueblo de la Unión Soviética demostró que unido por alcanzar el Comunismo, pudo contra todos los intentos de destrucción de su sistema socialista. Superaron el atraso cultural y económico del capitalismo y los vestigios feudales, lograron avances colosales en todas las esferas del saber humano, avances prodigiosos tanto culturales como colectivos. De un país semifeudal, pasó a ser el faro de luz del proletariado mundial.

En los años cuarenta del siglo pasado, quedó plasmado sus principios en la letra del himno soviético “Después de tiempos duros, los rayos del sol nos trajeron la libertad, siguiendo los pasos que el gran Lenin indicó, por una causa justa, él organizó al pueblo, inspirándole al trabajo, y a tareas valerosas. Canto a la Madretierra, lugar de los libres, poder del pueblo, en hogar común”.

Un mundo caótico como el actual del Imperialismo, del capitalismo monopolista, no tiene futuro. Toda su fuerza va dirigida contra los trabajadores, contra los pueblos, contra el planeta. La guerra, la neocolonización, el desempleo generalizado. Por todo ello, de nuevo la voz del Marx y Engels resuena llamando al Socialismo:

¡Proletarios de todos los países, Uníos!

Contra esta degradación de la vida en la tierra no hay otra solución que el Socialismo. Ya no es posible una sociedad donde toda la riqueza vaya a los bolsillos de rentistas especuladores ociosos. La propiedad privada de los medios de comunicaciones, distribución y producción es un obstáculo para el desarrollo social de la Humanidad.

Quieren mantener su agresiva lucha de clases pariendo nuevas crisis económicas para enriquecerse aún más exprimiendo todo lo posible a los asalariados, destruyendo las coberturas de desempleo, alargando las jornadas y reduciendo los salarios. Están disparando los índices de precariedad, falta de viviendas, pobreza y criminalidad.

A pesar de que sean los capitalistas los propietarios de los medios de producción, somos los asalariados quienes mediante nuestro trabajo y esfuerzo colectivo hacemos que se mueva toda la maquinaria económica.

Somos la mayoría. Los dueños, los consejeros de las sociedades, utilizan a las corporaciones, los estados, los gobiernos, la ONU, las leyes y los ejércitos para contener la avalancha de demandas sociales. Un sistema de dominación que se está pudriendo desde dentro, y que solamente esa población asalariada proletarizada puede botarles, arrojarles de los sillones, como hicieron las y los obreras/os rusas/os bajo dirección bolchevique.

Continuar los logros que realizaron las democracias socialistas, superando los errores y avanzando en la solución de los antagonismos sociales. La clase obrera es el corazón del Pueblo y la vanguardia de la clase obrera es su Partido Comunista. Un Partido Comunista que continúe con el legado y las enseñanzas teóricas y prácticas del Partido Bolchevique. No hay vuelta atrás, la célebre consigna UHP, ¡Uníos Hermanos Proletarios!, es más actual que nunca. Necesarios son nuevos Frentes Unidos dirigidos por la clase obrera contra el capitalismo monopolista.

Por todo ello, el 7 de Noviembre, es nuestra más importante fiesta. Un día de reivindicaciones políticas y sociales. Por la construcción de una sociedad donde el trabajo sea creativo,  y la población logre que de todos los derechos sociales, políticos, económicos sean, en la práctica, una realidad cotidiana. Donde cada día los trabajadores y trabajadoras vayan confiando en sus compañeros de lucha; vayan asumiendo la dirección de la economía y las decisiones políticas de los estados, para acabar con la explotación, las penurias, el hambre y la guerra, secuelas de la actual sociedad imperialista y avancen en la construcción del Socialismo y el Comunismo.

¡Viva La Revolución Socialista de Octubre!