El gran momento de Oriol Junqueras

David Comas
Fecha: 
Miércoles, 6 Enero, 2016

ERC no se ha visto una igual desde los tiempos de la segunda república. La formación independentista se encuentra en una encrucijada histórica, y el viento no podía soplarle más favorablemente. Hoy el candidato de Esquerra vive en su particular nube y se relame, consciente de que, si juega bien sus cartas, 2016 podría ser un año histórico en la historia de su partido político.

Más ha decidido avanzar en el “Procés” sacrificando frente al altar de la nación catalana su alianza histórica con Unió, lo que ha dejado a esta formación sin ningún tipo de representación parlamentaria (Ni autonómica ni estatal), además ha decidido enfrentarse a toda la maquinaria estatal centralista, desgastando su imagen y capital político para que esta tarea saliera adelante con casi todo en contra. La pose de mesías arropado por la voluntad de las masas (o mejor, “d`un poble”), de líder indiscutible que encarna los valores de la nación catalana ha sido frustrada por la coalición de los tribunales españoles, la fiscalía anticorrupción, los medios de comunicación y los principales partidos políticos de la oligarquía estatal. Artur Más perdía credibilidad en un momento donde su liderazgo era fundamental. La huida hacia delante de Convergencia Democrática de Catalunya para capear el temporal de la crisis y evitar su asociación con la “vieja política” pareció dejar un cabo suelto: La corrupción y los Pujol. Y es que parecía que pese a todos estos ataques el plan de Más saldría adelante, pero entonces… ¡entonces llegaron las CUP!

Si Oriol Junqueras y ERC hubieran dejado llevarse por la impulsividad la pinza con la izquierda independentista hubiera sido tentadora. Pero Oriol es un político magistral, de esos que saben esperar su momento. Comprende que el gobierno sin poder quema, más bien calcina… y sabía que el éxtasis nacionalista de Más y los aires de grandeza de una minoría parlamentaria vital de las CUP eran algo pasajero. Oriol se sentó y esperó. Y junto a nosotros se convirtió en espectador.

Las CUP querían una victoria y la querían ya. Se encontraron con una contradicción que atravesaba sus filas desde el comienzo y que algunos marxistas ya habíamos advertido. Nacionalismo y Socialismo son dos premisas irreconciliables en última instancia. Pueden convivir por cierto tiempo pero cuando una puede superponerse a la otra (o más bien, hay que elegir una en detrimento de la otra), la adscripción al nacionalismo suele jugar mala pasada. Y las CUP se había metido a jugar en un “Procés” fundado por la burguesía nacionalista catalana (Sí, la de Más, ¡pero también la de Junqueras!). Tal vez con una concepción menos estrecha sobre el nacionalismo el trago habría sido más llevadero, pero lo cierto es que durante meses las CUP intentaban coexistir como parte de un “procés” eminentemente burgués a la vez que luchaban contra los males de una burguesía que había optado por el compadreo con la oligarquía española (mientras en el resto del país, todo sea dicho, crecían alternativas como Podemos y sus alianzas regionales que amenazaban con deshacer en menos de un año la privilegiada coyuntura que, con esfuerzo y trabajo, las CUP habían conquistado). La indecisión transmitió duda e incertidumbre. El tiempo pasaba, Más se impacientaba, Baños reculaba, Anna Gabriel no perdonaba y la asamblea de las CUP se dividía… ¿y qué hacía Junqueras? Junqueras, simplemente, esperaba.

Cuando las CUP les dijeron que no a Más era ya demasiado tarde. Un guiño a ERC buscaba una respuesta para desbloquear la situación, pero los republicanos no se movieron. Sólo hablaron para recordar que Más era su candidato, que debía haber un acuerdo por el bien del “procés”, que si este se fracturaba no sería por su culpa y que debía evitarse la repetición de elecciones para perder la mayoría independentista. En política saber qué decir en cada momento es un arte, y Oriol nos demuestra que es un artista de la política (¡Eso sí, de la política burguesa!). Es obvio que quieren repetir las elecciones porque les beneficia.

Las elecciones generales ya han demostrado que la salud electoral de ERC es superior a la de CDC y que con una buena campaña podrían colocarse a la cabeza del nacionalismo catalán en el Parlament e incluso, si Podemos, ICV y sus alianzas no lo evitan, como primera fuerza política en Catalunya. Sin embargo para llegar a esta fecha con fuerza ERC debe transmitir esa imagen de transversalidad e interclasismo que tanto caracteriza a la retórica nacionalista, combinado con la sobriedad y paciencia de su candidato articulan un perfil político excelente para convertirse en los nuevos salvadores del “Procés”. Del pulso entre CDC y las CUP los derrotados podrían ser ambos. No hace falta si quiera que ERC acuse a las dos formaciones de dinamitar el “Procés”, sino simplemente es necesario que Oriol de un paso al frente para que, con una candidatura nuevamente independiente, llame a todos los que aún creen que una Catalunya independiente es posible a que den su apoyo al único partido con representación que, ni está manchado por la lacra de la corrupción, ni abrumado por la inestabilidad que da la etiqueta de “antisistema”

Oriol Junqueras puede convertir a ERC en ese gran partido nacional que siempre han deseado ser. Y no debería sorprendernos si finalmente lo consigue. Cuando se juega al nacionalismo, suelen ganar los nacionalistas (sean en este caso catalanes o españoles). Y ya el marxismo nos enseñó que el nacionalismo, en lo fundamental, es un fenómeno esencialmente burgués.