Enfrentar el empeoramiento social con claridad y combatividad

Miguel Ángel Villalón
Fecha: 
Lunes, 25 Enero, 2016

Hace escasos días, la Organización Internacional del Trabajo informaba que, en España, la tasa de trabajadores pobres había pasado del 18% al 22,2% en los últimos 15 años. Al día siguiente, Oxfam Intermon denunciaba que el patrimonio de las veinte mayores fortunas había crecido un 15% en el último año, que el 1%  de la población más rico concentraba tanta riqueza como el 80% más pobre y que, desde el inicio de la crisis (2007), la desigualdad había aumentado 2,8 puntos porcentuales.

Ese mismo día, 19 de enero, los sindicatos CCOO y UGT convocaban a la clase obrera en Madrid para un acto en defensa del derecho de huelga, derecho que está siendo conculcado particularmente para los 8 de Airbus y los otros cientos de activistas sindicales encausados o condenados ya a penas de prisión. Los intervinientes explicaron que los empresarios y el gobierno se empeñan en reducir la eficacia del derecho de huelga para millones de trabajadores asalariados. Contra ella, esgrimen el arma económica de la crisis y del aumento del desempleo, potenciada con la reducción de las ayudas a los parados, la precarización de la contratación y el despido cada vez más fácil. Pero, no conformes con ello, disparan también sus armas políticas: la presión antisindical de los grandes medios de comunicación capitalistas y el entramado de policía, leyes, fiscalía, etc.

Los oradores sindicales subrayaron que el derecho de huelga es uno de los pilares más decisivos sobre los que descansan las libertades políticas en una sociedad donde la mayoría es asalariada; que, a la cabeza de la conquista de estas libertades frente al franquismo, estuvo el movimiento obrero con sus huelgas; y que el ataque de estos últimos años al activismo sindical y democrático (ley mordaza, nuevo código penal y aplicación del preconstitucional artículo 315.3 de éste contra los piquetes) va dirigido contra la resistencia que se opone al crecimiento de la miseria y de la desigualdad social.

Bueno, en realidad, los responsables sindicales dijeron estas cosas pero, al mismo tiempo, eludieron señalar la raíz social de esta problemática y se mostraron una ingenua confianza hacia las instituciones políticas responsables, por el mero hecho de que éstas lucen unos adornos democráticos astutamente empleados para despistar y subyugar a la masa obrera: la Constitución, la Unión Europea, el parlamento y sus partidos políticos.

Los dirigentes de los sindicatos no cuestionaron la relación entre capital y trabajo asalariado sobre la que se asienta la actual sociedad, a pesar de ser la causa radical de la crisis, de la pobreza en aumento y de la represión. Considerando esta relación como un hecho natural, giraban sus miradas hacia los políticos, como si la misión real de éstos fuera la de corregir los desequilibrios entre obreros y patronos, como si no hubieran salido a la luz tantos vínculos escandalosos de estos políticos con los banqueros y empresarios. Era particularmente preocupante oírles depositar todas sus esperanzas en Podemos, que desprecia como antiguallas al movimiento obrero y la izquierda, y sobre todo en el PSOE, autor de la reforma laboral que motivó la huelga general de 2010 y responsable de la persecución contra los compañeros de Airbus, entre otros muchos.

"Los hombres -alertaba Lenin- han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase." (Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo)

Así las cosas, es comprensible que los saludables “vivas” del auditorio a la lucha de la clase obrera no fueran aprovechados por los convocantes para anunciar una campaña de movilizaciones. Es la consecuencia de reducir el movimiento obrero al sindicalismo y de atribuir a éste el papel de vanguardia social.

La organización sindical es absolutamente insustituible para que los trabajadores asalariados aprendamos a defendernos. Pero, por sí sola no nos puede asegurar una defensa eficaz, porque piensa y actúa únicamente en relación con las manifestaciones exteriores de la explotación capitalista. Desde el sindicalismo y su presión sobre la política democrático-burguesa, se puede frenar el avance de la miseria, de la represión del derecho de huelga y de las demás lacras del capitalismo, pero no se puede impedir que las mismas acaben imponiéndose.

Invertir la correlación de fuerzas sociales y progresar hacia la supresión de la explotación de unos seres humanos por otros es, efectivamente, un reto que sólo puede realizar el movimiento obrero, pero no encerrándonos en los límites demasiado estrechos del sindicalismo. El movimiento obrero debe reservar parte de sus energías a armarse ideológicamente con la teoría científica del marxismo-leninismo que le descubre la esencia del capitalismo y el camino para vencerlo. El movimiento obrero debe reservar parte de sus energías a organizarse en un partido político guiado por esta teoría para conquistar el poder político y, desde él, revolucionar toda la sociedad actual. Estudiar, propagar y organizar las condiciones necesarias para ello es la razón del ser del Partido del Trabajo Democrático: ¡únete al PTD!