Europa: ¿Norte contra Sur o trabajadores contra oligarquías?

Mastropiero
Viernes, 25 Julio, 2014

Desde el inicio de esta colosal crisis que destruye derechos y conquistas de la clase trabajadora como un rodillo imparable, a pesar de que el visionario Ministro Montoro haya tenido los bemoles de afirmar “la crisis ha terminado” se han alzado todo tipo de voces teorizando sobre ésta en distintas direcciones, con diversos enfoques y culpables. Dentro de la izquierda, del campo popular, se han vertido explicaciones que van desde las hipotecas subprime a la conversión de la Deuda privada en Deuda Pública, pasando por la crisis-estafa. Desde la visión marxista hemos expuesto de forma clara que la crisis proviene de la sobreproducción capitalista, del agotamiento del propio sistema que pone frenos al progreso de la humanidad con el fin de mantener el orden de cosas existente.

Sin embargo, hemos de reconocer que la consigna de “unir a los países del Sur de Europa frente a los del Norte” (a pesar de no haberse desarrollado en demasía su argumentario) ha ido consolidándose como una de las posiciones más repetidas por la democracia pequeñoburguesa y varios de sus representantes, como son Pablo Iglesias, J. Carlos Monedero y algunos intelectuales de formaciones como Izquierda Anticapitalista (que desde hace algunos años viene entonando este lema). La irrupción de PODEMOS en el Europarlamento ha multiplicado enormemente el eco de esta consigna. Iglesias en rueda de prensa en Bruselas declaró: “Los países del sur de Europa no queremos ser colonias de poderes financieros que no ha elegido nadie. Pensamos que otra Europa es posible”; del mismo modo, en su primer discurso en el Parlamento Europeo pidió a las formaciones afines de los llamados PIGS “no votar como izquierda o derecha, sino como españoles, italianos, portugueses y griegos”.

La división Norte (rico)- Sur (pobre) no es una novedad, sino que responde a una ya vieja tradición de difuminar las diferencias existentes entre las clases sociales aludiendo a un argumentario no totalmente erróneo, pero ínfimamente científico. Puede ser cierto, por citar un ejemplo, que en el Norte del globo se concentre una mayor cantidad de potencias capitalistas y que los niveles de subdesarrollo del hemisferio Sur sean superiores, pero es un absurdo obviar que dentro de cada uno de estos países existen todo tipo de desigualdades sociales, políticas y económicas generadas por el dominio de la propiedad privada que, en la fase imperialista del Capitalismo, se traduce en el monopolio de la riqueza y los medios para producirla en manos de un pequeño número de oligarcas.

Un país no determina su “posición mundial” por su situación geográfica sino por su lugar en la cadena del sistema internacional existente, del mismo modo que una persona no es rica o pobre por nacer en USA o en Congo, pues dependerá del estrato social al que pertenezca.

Es necesario partir de un análisis científico para determinar si un país es “dominante” o “dependiente”, y, a su vez, ahondar para clarificar su posición dentro del campo al que pertenece. Errar en este análisis nos conduce a una conclusión fallida y a decantarnos por una opción inválida para actuar sobre la realidad que intentamos transformar, pues las tareas de lucha a desempeñar por la clase obrera y el resto de capas del pueblo en una colonia no son las mismas que en un país imperialista como es el Estado Español. Deben cuidarse nuestros “pro-sureuropeos” de extrapolar la realidad venezolana, brasileña, etc, a la de los países de la latitud sur europea.

La “versión europea” entonada por este sector de la izquierda viene a sintetizarse en que ante el mando de hierro de las potencias ricas del Norte, principalmente Alemania aunque lo haremos extensible a los gobiernos de “la Troika”, los azotados países del Sur debemos aunar nuestras fuerzas para pelear por la democracia y el “sueño europeo”, poniendo la Unión Europea al servicio de la mayoría social. Es decir, que interpretan el hecho de que las potencias periféricas que forman parte de la UE no sean la cúspide del Imperialismo europeo como una muestra evidente de que estos países son dependientes, colonias o “protectorados” de unos viles gendarmes. Cabe preguntarse, ¿acaso los capitalistas españoles, o de cualquiera de estos otros países del Sur, no encuentran en la UE la representación y salvaguarda de sus intereses como clase dominante? ¿Pueden los Berlusconi o Botín considerarse como opositores a sus homónimos alemanes, por ejemplo? ¿Hemos de apostar por una confluencia nacional de los PIGS contra la Troika lo que implicaría que los intereses nacionales de estos países son conciliables con los de las distintas clases sociales?

Sin lugar a dudas a los empresarios y banqueros españoles les agradaría de forma desmedida ser los primeros de su liga, pero es innegable que lo primordial para ellos es seguir formando parte de esa liga aunque sea en una posición de segundo orden que supedite parcialmente sus intereses a los del grupo de cabeza.

Los capitalistas españoles tienen intereses transnacionales a través de sus monopolios, se benefician enormemente de la pertenencia a la UE (como organismo supranacional que permite una explotación sistemática de los trabajadores de los países miembros y de los de otros lugares del mundo dependientes), y han participado en guerras de claro rasgo imperialista como Irak o Afganistán. El capitalismo español destruye puestos de trabajo y potencia industrial para trasladarla a lugares del mundo donde los costes son menores y sus beneficios puedan verse engordados y a través de sus políticos aplaude y respalda genocidios (como el sufrido por Palestina a manos del sionismo), atentados contra la soberanía nacional (Ucrania o Libia), etc.

Considerar España una colonia alemana o un protectorado del Imperialismo de USA y la Troika supone afirmar que no nos encontramos en un país imperialista y que, en consecuencia, el capitalismo vigente en España se encuentra en antagónica contradicción con el orden europeo e internacional, supone afirmar que el Estado Español es explotado por potencias ajenas y que la clase dominante española no forma parte de la oligarquía que maneja los hilos a escala internacional. Abogar por la unidad (casi patriótica) de los países del Sur y no de los trabajadores de toda Europa, supone velar las diferencias de clase (y su lucha) que acontecen en cada uno de estos estados y romper los vínculos con la clase obrera de los países de esas potencias de la cúspide imperialista (a las que, no olvidemos, parte de la población del Sur de Europa está marchándose a buscar una vida en general miserable) y del este europeo, a pesar de algún pequeño guiño hacia éstas que los citados intelectuales han realizado a colación de Ucrania.

Europa no se divide entre un Sur donde están todos los pobres y un Norte donde están todos los ricos. En Alemania hay 7,5 millones de personas que viven con “minijobs” que les proporcionan menos de 450 euros al mes y que tienen que completar con subsidios sociales. Una persona que pase toda su vida en estos miniempleos se podrá jubilar a los 67 años con una pensión de 140 euros pues estos empleos garantizan ¡3 euros al mes de pensión por año trabajado![1]

Según las estadísticas, en Alemania una de cada tres personas no puede hacer frente a gastos inesperados, una de cada cinco no puede permitirse irse de vacaciones y un 16 por ciento se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social.[2] Tampoco son muy diferentes las cosas en el ámbito de la desigualdad: en Alemania hay 135 personas con un patrimonio superior a los 1.000 millones de euros y el 10% de la población más rica posee dos terceras partes de la riqueza nacional.

Desde el Partido del Trabajo Democrático reconocemos la necesidad de establecer una fuerte alianza entre las masas trabajadoras de los países de la Unión Europea (incluso reconociendo grandes similitudes con países como Grecia y Portugal), pero también con el resto, en especial, con aquellos que son víctimas de las agresiones del imperialismo occidental -que no ha dudado de lanzar fuerzas de choque fascistas contra la soberanía del pueblo de Ucrania- pero partiendo de los intereses de las clases populares de estos países, que sea impulsada por las/os obreras/os conscientes que reclaman pan, trabajo y dignidad, que van convenciéndose de que pelear por la democracia es hacerlo por ser los “gobernantes de sus propias vidas” y que un monstruo construido para su explotación, como es la UE, no tiene posibilidad de ser embellecido para convertirse en un proyecto común.