La actualidad de Dialéctica de la Naturaleza

Pepe Sánchez
Sábado, 1 Agosto, 2015

Cuando suena el despertador estamos otra vez en el ‘Día de la Marmota’. Todos los días iguales pero, a la vez, como sabemos lo que pasó el día anterior, aprendemos de la experiencia y reformamos lo hecho. Una oportunidad tras otra, pero no salimos del ‘Día de la Marmota’. Han tensado tanto la cuerda, nos están golpeando tan fuerte que un movimiento tras otro nos agota y repetimos y volvemos a repetir. Suena el despertador y una reivindicación concreta y unas elecciones, de nuevo suena el despertador y otra reivindicación concreta y nuevas elecciones... Somos comunistas pero estamos a la zaga de lo espontáneo, sin pararnos a pensar en las necesidades de futuro, en el mejor camino para que cada acto espontáneo se convierta en movimiento general hacia la revolución.

Ante nuestras batallas perdidas en la guerra por la Historia, salen los nuevos profetas clamando por lo ‘moderno’, por lo ‘nuevo’, que con su eclecticismo posmoderno se afanan por descuartizar en lo teórico la cultura proletaria. Y así nos cuentan: ‘El marxismo está superado’ y muchos nos dejamos llevar por las novedades de los siglos XVI, XVII y XVIII, por Maquiavelo, Spinoza, Rousseau o Robespierre; ‘el fordismo se acabó y la clase obrera es sólo residual o asimilada al capital’ y aceptamos un ‘nuevo’ sujeto político (ni siquiera revolucionario) llamado ‘precariado’ y su aspecto intelectual, el 'cognitariado', abocándonos a priorizar el frenético juego democrático y electoral; ‘el imperialismo ha sido superado’, y nos embaucan con el final de la historia que representa el ‘imperio’ que lo único que necesita es la gestión democrática a través de la ‘multitud’ y de 'lo común' (el foro del individualismo ciudadano); ‘el materialismo dialéctico es stalinismo’ y agachando la cabeza nos arrugamos y callamos o gritamos e insultamos.

El movimiento enseña permanentemente, pero no podemos sumirnos en la espontaneidad, en el día a día, en el ‘sentido común’, ni en el posibilismo. La revolución es más que movimiento y es más que teoría revolucionaria, la revolución es la fusión de ambos. Por eso, es imprescindible estar en el movimiento de la clase obrera y también es imprescindible analizar la experiencia con la teoría revolucionaria destinada a la práctica política. Necesitamos volver a estudiar y recuperar nuestra concepción del mundo, pensar como clase obrera y como comunistas para no vivir permanentemente en el ‘Día de la Marmota’.

“DIALÉCTICA DE LA NATURALEZA” Y LA LUCHA TEÓRICA.

Es necesario ‘fundir’ la teoría y la práctica para poder desarrollar la lucha de la clase obrera hacia la revolución. Engels comprendía perfectamente, al igual que Marx, y posteriormente Lenin, que la intervención de los comunistas en la lucha de clases no podía limitarse a la acción concreta en el terreno de la lucha económica o de las reivindicaciones políticas más inmediatas. El objetivo de la lucha política general por el poder, exigía y exige, la intervención coordinada y organizada en los tres aspectos de la lucha de clases de los obreros, en los terrenos económico, político y teórico. En este sentido, el aspecto teórico es fundamental pues permite atajar la influencia de la ideología dominante en el proletariado y también independizar a éste del dominio que ejercen en el movimiento obrero la costumbre y la ideología pequeño-burguesa y sus expresiones políticas oportunistas. Evidentemente, la lucha ideológico-teórica contra las ideología burguesa y las expresiones pequeño-burguesas, y la lucha de líneas dentro del partido (todavía por construir) y del movimiento del proletariado contra el revisionismo de derecha y el de ‘izquierda’, hay que llevarla al mismo movimiento obrero para que los propios obreros comprendan la necesidad de la ruptura. Es por estas razones por las que tenemos la necesidad de estudiar, asumir y ‘popularizar’ la concepción del mundo revolucionaria como lucha para una práctica política de masas independiente.

Visto esto, hoy me atrevo a poner como ejemplo y a recomendar a todos los marxistas el estudio de la obra “Dialéctica de la Naturaleza”. El manuscrito se publicó por primera vez en la URSS, en 1925. Engels no pudo acabarlo porque tuvo que priorizar otros asuntos más urgentes dentro de la lucha teórica y práctica. Con esta obra, Engels pretendía sintetizar los conocimientos de las ciencias naturales, pero no por un afán de erudición, sino para explicar el movimiento y desarrollo de la materia, siempre en movimiento, su unidad y lucha de contrarios, sus concatenaciones,… frente al clericalismo y la seudociencia, al idealismo y la metafísica y frente al materialismo vulgar y su burdo empirismo. Demuestra así que el materialismo dialéctico es la concepción del mundo revolucionaria que explica el desarrollo de la naturaleza y de las sociedades. La verdad es concreta y no abstracta y se demuestra en la práctica, nuestra práctica política debe basarse también en el análisis concreto sobre la base del materialismo dialéctico.

Ciertamente, la lectura completa del libro de Engels es siempre aconsejable para poder reconocer su valor en toda su dimensión, incluso sabiendo que muchas de las cuestiones científicas planteadas han sido superadas por nuevos descubrimientos y avances científicos de los siglos XX y XXI. Pero nada de esto menoscaba la esencia materialista dialéctica que Engels nos lega. Todo lo contrario, la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica, la deriva de los continentes, los más modernos descubrimientos sobre las teorías del origen de la vida y de la evolución, etc., aunque muchas de ellas se formulan sobre los parámetros de la ideología burguesa, profundizan en la demostración materialista dialéctica del texto de Engels.

Como decía, es recomendable la lectura completa, pero dadas las necesidades de la realidad concreta, podemos centrarnos en cuatro de los textos que la obra incluye, quizás los que mejor puedan servirnos para su utilización directa o indirecta en la práctica política de masas. Pero, ¿cuál puede ser su contenido práctico de actualidad?, ¿qué tienen que ver con la lucha de masas? Lo mejor será que estas preguntas sean respondidas por cada uno al estudiar los textos para poder llevar a la práctica los conocimientos adquiridos. De todas formas, voy a intentar marcar algunas pautas para el conocimiento de su utilidad práctica.

NADA ES INMUTABLE

De los cuatro, los dos primeros textos son la “Introducción” y el denominado “Eliminado del ‘Feuerbach’”. Ambos resultan complementarios y es recomendable su estudio unificado. Son un brillante análisis del desarrollo de las ciencias naturales, del desarrollo y movimiento de la materia. Son una demostración de que la dialéctica materialista se abre paso en lucha permanente contra la metafísica y en relación directa con la práctica y la producción, que, a la vez, determinan el desarrollo de la ciencia. Vemos como Engels no pierde nunca de vista el objetivo político, sin el cual la teoría revolucionaria pierde todo sentidos.

Tal vez la “Introducción” y el “Eliminado…” no sean fáciles para comprender su aplicación práctica, pero para la práctica transformadora es fundamental contemplar a fondo argumentaciones científicas para llegar a realizar una verdadera política revolucionaria. ¿Qué sería de nosotros sin la comprensión, entendimiento, análisis e intervención en los procesos políticos y sociales? Nos quedaríamos en la superficie de los procesos,en los fenómenos, en el simplismo de la contradicción metafísica, en lo inmediato, básicamente, en el plano político, nos moveríamos permanentemente en los parámetros del oportunismo reformista (que asimila los valores absolutos burgueses y su ética humanista o del ‘sentido común’) o ‘izquierdista’ (que asume la dialéctica sólo como antagonismo absoluto, en una especie de metafísica maniquea). El entendimiento de la dialéctica materialista y la comprensión del proceso general de la materia, los estudios de Engels sobre el desarrollo de las ciencias, nos enseñan sobre bases objetivas la tendencia a la superación de lo caduco y la necesaria práctica social para la transformación revolucionaria. Observemos algunas cuestiones.

La inmutabilidad no existe. Los capitalistas y su ideología pueden reconocer que ha existido una evolución constante, pero en un momento determinado, coincidente el mismo con ‘su mercado’, ‘su libertad’ y ‘su democracia’, los procesos históricos llegaron a su parada definitiva, su sistema ‘perfecto’ se convirtió en inmutable. Con todos sus poderes en acción, así lo proclaman los capitalistas para eternizarse. A estos poderes se unieron voces intelectuales del campo de la ‘izquierda’, los cuales escribieron la esquela del imperialismo y bautizaron los nuevos tiempos como ‘superimperialismo’ o ‘imperio’, en cuyo seno la lucha de clases había desaparecido y sólo bastaba la humanización, un cambio de gobierno o la democracia de la multitud para llegar al paraíso terrenal. Las ciencias demuestran que el desarrollo del ser humano y, con él, el de las sociedades, es parte del desarrollo de la materia en permanente movimiento. Lo que nos quieren hacer ver como eterno e inmutable, la sociedad de explotación actual, es perecedera y sólo “la organización consciente de la producción social, en la que se produzca y distribuya con arreglo a un plan, podrá elevar a los hombres, en el campo de las relaciones sociales, sobre el resto del mundo animal”, librándose de la libre concurrencia, siendo este tipo de organización social “cada día más inexcusable y, al mismo tiempo, más posible”. Engels nos regala argumentos para demostrar que no hay nada inmutable, que la evolución, el cambio, la transformación son constantes con saltos cualitativos condicionados por la necesidad objetivaY como no hay nada eterno (las sociedades tienen un desarrollo histórico: devienen, se desarrollan y perecen por superación), tampoco lo es el sistema capitalista de explotación, ni existen los valores universales ni la conciencia inmutable.

Es importante la insistencia en analizar la contradicción entre ciencia y teología y la lucha entre el materialismo y el idealismo. Las masas trabajadoras necesitan deshacerse de los grilletes que representa lo ‘eterno inmaterial’ para explicar su situación, necesitan encontrar las respuestas en el mundo de los vivos, en la realidad, en las relaciones sociales para poder transformarlas.

¿La ciencia es la gran panacea? Tenemos que tener cuidado con esto y analizarlo de manera dialéctica. Las teorías científicas y sus interpretaciones no se separan de la ideología dominante, no pueden apartarse de forma radical del desarrollo social, ni tampoco del terreno de la lucha de ideas. La ciencia no es independiente sino que desarrolla teórica y prácticamente las necesidades de la clase dominante, aunque, a la vez, pone los cauces para la superación de la sociedad de clases y de la estrechez ideológica burguesa. Es así porque responde al estudio sobre la verdad objetiva de la materia. La ciencia y los científicos en general, en nuestra sociedad, no pueden quedarse fuera del predominio de la ideología dominante para la interpretación de los datos objetivos de cualquier investigación, pues deben dar respuesta a los intereses de la burguesía en el poder. Pero la misma burguesía no puede contener que los avances científicos y tecnológicos necesarios para la producción se vuelvan en su contra y posibiliten más y más su propia extinción como clase. Por ello, la ciencia, como parte del entramado de la superestructura, busca el mantenimiento y la reproducción social; pero, como elemento de la estructura social, da pasos fundamentales y argumentos necesarios para la revolución social.

Un ejemplo. A lo largo del siglo XIX, el médico Cesare Lombroso, tras una larga investigación empírica, llegó a la conclusión que la criminalidad se debía a tendencias de orden genético que se podían observar en ciertos rasgos fisionómicos. Esta era la causa de los delitos (además del clima, la alimentación, el alcoholismo,…), la sociedad de clases no tenía nada que ver en ellos. Pues bien, esta línea creó toda una escuela. Parecen cosas del pasado, pero no es así. Hace solamente unos pocos años se pudo conocer por la prensa que unos científicos neurólogos habían llegado a la conclusión de la posibilidad de que la ideología se heredase, llegando a manifestar que eran capaces de reconocer a un terrorista a través del estudio de su cerebro. Evidentemente no podemos menospreciar los grandes avances en cuanto al estudio del cerebro, pero interpretar los datos objetivos, amparados en un presunto materialismo, para tumbar las teorías revolucionarias que explican que la conciencia es generada por el ser social, significa plegarse totalmente a los intereses capitalistas y renunciar a la verdad. También hace unos años, otros sesudos científicos ‘demostraban’ que la homosexualidad se debía a un defecto genético en el cerebro. Aquello no era políticamente correcto, pero en una parte de las masas cuajó como cierto y todavía hoy podemos ver en muchos ambientes como se trata la homosexualidad como una enfermedad. Todavía se acercan más a Lombroso aquellas gentes de las ciencias que plantean como un hecho científico que la sociedad de clases no influye en la conciencia y en la adquisición de ideología, sino que esta tiene que ver con cuestiones físicas y así, con los ‘antisociales’, con los que no profesan los valores universales o los que no se pliegan a su impuesta ‘ciudadanía’, los capitalistas y sus amigos científicos se podrán decidir por la solución médico-química. Pero tal vez no tengan tanta suerte y en una o dos generaciones el virus de la ideología comunista pueda provocar una generalizada mutación genética y la inmensa mayoría adquiera el defecto mental del comunismo y esta enfermedad se convierta en lo ‘normal’.

¿CIENCIA SOBRENATURAL?

El tercer texto que os propongo es el capítulo titulado “Los naturalistas en el mundo de los espíritus”. El mismo título dice mucho de su contenido. Un nutrido grupo de científicos podría identificarse rápidamente. Estos, impregnados de concepciones de la ideología dominante, despreciando recoger su ciencia practicada en una concepción nueva del mundo, despreciando, tal cual manda la clase dominante, la dialéctica y el poder de transformación, se enredan en el empirismo y se precipitan en el pozo del más burdo idealismo, en el pensamiento falso regido por la superstición.

La superstición es uno de los legados implantados en la costumbre de las clases populares, principalmente, a través de la religión, que hace un gran servicio a la clase dominante para adormecer, embrutecer y hacer pasivos y conformistas a los trabajadores. Actúa como un muro de contención frente a la adquisición de conciencia de los intereses de clase. Los ‘salvajes’ daban explicación a los sueños y a lo incomprendido mediante espíritus errantes y dioses. Con las religiones oficiales se formaliza una doctrina basada en el miedo a lo eterno, en el miedo al pecado, en la sumisión y en la recompensa futura. Indudablemente a la burguesía le interesa el mantenimiento y la propagación de lo sobrenatural para conservar y reproducir constantemente las relaciones sociales de explotación. No es de extrañar que insistentemente nos metan en el cerebro, a través del poderoso medio de la televisión, series de multimillonaria producción, como “Perdidos”, “La Cúpula” o “Resurrección”, en las cuales nos muestran soluciones sobrenaturales a nuestra vida cotidiana.

Esta es una cuestión que está al orden del día y que los comunistas tendríamos que trabajar desde la base. Engels se refiere a ello cuando plantea que algunos científicos quieren dar una razón empírica al mundo de los espíritus, dando publicidad al mantenimiento de la ignorancia, del mismo modo que se hace desde la religión o el espiritismo. ‘Mi reino no es de este mundo’, decía, al parecer, Jesucristo. Rápidamente se propagó por todo el planeta “el reflejo fantástico de las cosas humanas en la cabeza del hombre”. Desde entonces, a las clases dominantes que se sucedieron en el poder les intereso mantener el engaño del mundo inmaterial, cifrado en el bienestar y la recompensa en aquel otro mundo. Por la sed que tenemos de una vida mejor, los explotados esperamos lo extraordinario. Pero sabemos que las necesidades vitales son de este mundo, los intereses de clase son de este mundo, al igual que la necesidad de la transformación revolucionaria de la sociedad, que únicamente los proletarios por nosotros mismos podremos lograrla. La solución a la explotación es de este mundo y ni dioses ni espíritus tienen cabida en el. Con la unidad de la clase obrera podremos acabar con la explotación y la sumisión ideológica y no con iglesias salvadoras, en el siglo XXI lo haremos y no en el ‘Cuarto milenio’. Decía Lenin que cambiar las costumbres es mucho más difícil que hacer revoluciones, pero el deber de los comunistas es trabajar desde lo cotidiano en todos los aspectos de la lucha de clases para que estas costumbres sean modificadas o sean el menor freno posible para avanzar hacia el objetivo político revolucionario.

EL TRABAJO COMO TRANSFORMACIÓN

El cuarto texto propuesto es “El papel del trabajo en el proceso de transformación del mono en hombre”. Es una verdadera joya del marxismo que hace una plasmación dialéctica del proceso de evolución del ser humano como hacedor de trabajo, como “la primera condición fundamental de toda la vida humana” y, también, como producto del mismo. Todo ello supeditado a la conclusión final de la necesidad actual del cambio social. De este texto podemos sacar muchos elementos de actualidad para la práctica, señalo algunos.

Un ejemplo. La ideología burguesa concibe el trabajo como generador de riqueza pero, además del trabajo productivo y el reproductivo, considera como el trabajo más elevado el que realizan los capitalistas, como parásitos, moviendo el capital en busca del rápido beneficio. Para los capitalistas la riqueza que nace del trabajo no es un elemento de transformación, sino que lo transmuta en beneficio económico individual y en dinero, para ello precisa de la explotación de los trabajadores. Por otro lado, exigen el trabajo al máximo de los obreros, incluso lo constitucionalizan llenándolo de dignidad y responsabilidad, pero como exclusiva obligación para quien y cuando les convenga, y no como un derecho, que se convierte en una aspiración sin contenido real. Los capitalistas persiguen solamente la ganancia inmediata a través de su parasitismo y a costa del trabajo de los proletarios.

Otro ejemplo. “El papel del trabajo…” nos da elementos para la divulgación de la relación inseparable del trabajo con la transformación, como elemento histórico y como necesidad de actualidad. El trabajo genera las bases para la transformación de la sociedad: extiende al proletariado y desarrolla las fuerzas productivas, así posibilita la generación de la necesidad del cambio de las relaciones sociales. Engels se adentra en el tema dando claves importantes de cómo la transformación social en beneficio colectivo precisa de una planificación consciente y la eliminación de los límites que impone el libre mercado y el parasitismo. La conjunción de trabajo y conciencia es la fuerza de la transformación social.

Un tercer ejemplo. Como nos abre los ojos para la lucha contra el oportunismo y la ideología pequeño-burguesa. Está muy de moda entre los círculos de la izquierda y en movimientos democráticos la petición de una renta básica ciudadana. Ya hace años, Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Cataluña presentaron en el Parlamento una moción para crear una renta básica universal e incondicionada, o sea, todos los ciudadanos cobrarían una renta a costa del Estado, independientemente de su condición social (no estamos hablando en ningún momento de ‘salario social’ ni de prestación por desempleo indefinida). Alegaban la eliminación de la pobreza, la independencia de los trabajadores frente a los empresarios y la libertad y el derecho a no trabajar. Los partidos burgueses ponen el grito en el cielo ante esta propuesta, manifestando que es ‘insolidaria’ y que representa el ‘derecho a vivir a costa de quienes sí trabajan’. Realmente los burgueses tienen razón, pero algo esconden. Esta propuesta se corresponde con un sentimiento individualista pequeño-burgués (ideología que también influencia, de manera considerable en la actualidad, a otras capas de trabajadores) que razona su interés de universalizar el parasitismo. Pero lo que no dicen los representantes de los capitalistas es que la pequeña-burguesía quiere imitarles, quiere conseguir pasar la pasarela que les separa de la burguesía capitalista. De esta han aprendido y a ellos quieren parecerse, pues el derecho a ser un parásito en esta sociedad es exclusivo de los capitalistas. Tengamos en cuenta otra cosa que deberíamos pensar y analizar, ¿sería posible acometer esta propuesta sin la sobrexplotación de los trabajadores de los países dependientes, o sea, sin que España fuese un país imperialista? Ahí lo dejo.

Para finalizar con los ejemplos, el texto de Engels da una maravillosa lección sobre los principios fundamentales de una ecología comunista, sobre el trabajo transformador, su relación e influencia sobre la naturaleza, observando de forma perspicaz los intereses en este sentido de los capitalistas y de una futura sociedad socialista. Así manifiesta que el capitalismo es depredador en todos los sentidos cueste lo que cueste. Se preocupa exclusivamente de la ganancia inmediata sin hacerlo en absoluto sobre las consecuencias sociales y las consecuencias naturales de sus actos. Por el contrario, una nueva sociedad tendrá que cuidarse de mantener el equilibrio entre el trabajo transformador y la naturaleza. Los fundamentos aquí expresados no podremos olvidarlos cuando debamos estudiar y acometer, como práctica política, la conservación de la naturaleza.

Estos capítulos de “Dialéctica de la Naturaleza” pueden ser una importante e instructiva lectura para este verano. Siempre con un ánimo de encontrar el valor práctico para la lucha política revolucionaria que, según mi punto de vista, no podremos desarrollar en toda su expresión sin interiorizar la concepción del mundo marxista-leninista, sin practicar sobre esa base los análisis concretos cotidianos, el movimiento, las contradicciones, la estrategia y la táctica. ¡Cuánto nos hace falta a los comunistas el materialismo dialéctico!