La clase obrera después del 22M

Dimi
Miércoles, 11 Junio, 2014
Plaza del Sol de Madrid

Nadie puede discutir el éxito de las Marchas por la dignidad del 22M, éxito de más de 1 millón de personas, nutridas de obreros y campesinos, parados, estudiantes, etc. éxito a pesar del silencio total de los medios de comunicación monopolistas, silencio que destaparon el último día para criminalizar el acto, éxito a pesar del espaldarazo de las direcciones de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT y éxito, también total de participación y dirección de la mujer obrera en las diferentes columnas que partieron de cada rincón de España. Pero sobretodo, éxito total de la clase obrera.

La sociedad de clases se ha mostrado como es, la gestión política de la crisis capitalista no ha hecho más que emerger a la superfície, a ojos de la sociedad la contradicción principal en el capitalismo y es que, a la burguesía y sus gestores políticos les resulta ya imposible disimular la lucha de clases entre burguesía y proletariado. Ahora, es necesario que la clase obrera comprenda que la lucha de clases que recorre toda la sociedad, desde la económica hasta la lucha enconada en el terreno del lenguaje y de las ideas no terminará de resolverse hasta que sea el proletariado llegar a la lucha de clases por el poder político.[1]

La clase obrera ha pagado con sangre la crisis capitalista, la pequeña burguesía traumatizada y la oligarquía e imperialismo inquietos porque su apuesta política en forma de bipartidismo ha quedado obsoleta. La crisis ideológica en el movimiento obrero refleja la debilidad organizativa del mismo, la pequeña burguesía, mejor organizada y más homogénea a través de sus sociedades civiles (asociaciones de comerciantes, autónomos, patronales pequeñas y/o regionales, asociaciones gremiales, etc) encuentra ventaja frente a ella y termina por unir y dirigir sus luchas hacia reformas más o menos violentas de un régimen capitalista dirigido por el imperialismo y la oligarquía.

Sin embargo, meses atrás hemos visto como a raíz del movimiento 22M existe en el seno del movimiento obrero un cambio de tendencia que es necesario seguir desarrollando, cierto es que no lo suficientemente cualitativo para cambiar la sociedad de base, ni para desplazar a la oligarquía ni expulsar aquellos poderes imperialistas que buena parte de culpa tienen de la gestión política de la crisis pero sí un cambio radical en la naturaleza de clase, en la separación y discriminación por la propia clase obrera a la hora de la forma que revisten sus luchas, las consignas y los objetivos que son proletarios de aquellos que están fuera y son ajenos a él.

El alejamiento del movimiento obrero del sindicalismo “de clase”.

Desde la ofensiva desatada en 2007 por los gestores del capital en España (Zapatero y Rajoy) a la clase obrera se han ido sucediendo movilizaciones de distinta índole. La acumulación de estos ataques desembocaron, en 2010 en una exitosa huelga general: el 29-S que fue la respuesta del movimiento obrero a la reforma laboral y de las pensiones y en el año 2012 en el 29-M y el 14-N. Un movimiento obrero todavía demasiado dependiente y apadrinado por las grandes cúpulas sindicales (CCOO y UGT) que a pesar de continuar siendo las grandes movilizadoras de la clase obrera han visto como poco a poco éste ha ido ganando mayor autonomía y una parte importante se ha venido distanciando. Ha sido un largo proceso de varios años en los que el movimiento obrero ha sufrido una metamorfosis de la que el resultado es el que corresponde a una clase social que está aprendiendo a organizarse, a madurar en el calor de esas batallas y sobretodo a aprender de sus errores: una clase que inconscientemente se ha ganado un cierto grado de independencia, no solo a escapar del control político sino también se empieza a escapar de una dirección sindical que no ha sabido tener preparada una respuesta adecuada con cada ataque del capital monopolista. En estos momentos, la clase obrera empieza a ser peligrosa para la clase económicamente dominante que la explota y sus gestores políticos que observan como a unos sindicatos dóciles ya no les resulta tan fácil domesticar a sus fieras, marcar la batuta y trasladar el pulso entre el movimiento obrero y el capital a los despachos.

Sin embargo, a pesar de constituir un avance, esta autonomía no ha estado exenta de peligros e incluso errores que al mismo tiempo han sido y son necesarios para que la clase obrera adquiera la madurez necesaria y la conciencia para que, aspirando a alcanzar cuotas más altas de autonomía, formas más elevadas de conciencia y organización, dotándose de una línea y representantes adecuados se convierta en una clase no solo “en sí” sino “para sí”[2]. Este cambio constante, largo y lleno de cambios, de avances y retrocesos no ha hecho más que empezar y no se detendrá ni hacia adelante ni hacia atrás hasta que la clase obrera esté y se vea preparada para abolir el sistema de trabajo asalariado en lugar de reclamar un “salario justo”.[3]

Movimiento 15-M: el ciudadano reemplaza al obrero como sujeto.

En esta primera etapa en la que la clase obrera ha ido ganando más autonomía (por mor de cierto desamparo sindical a la hora de plantar cara en lugar de sucumbir a pactos de palacio) se le han ido sumando otros sectores sectores dominantemente pequeñoburgueses que con el devenir de la crisis se han ido proletarizando y han permitido por un lado descubrir nuevas formas de lucha y de organización, ajenas al sindicalismo capaz de imprimir un cierto movimiento y fuerza al margen de sus sindicatos y que han hecho comprender que ella misma, la clase obrera es el motor del sindicalismo y no el sindicato el motor de ella. Pero por otra parte, esas capas ajenas al movimiento obrero (lo que ha llevado a proletarizarlos en lo económico pero todavía no en lo ideológico) ha significado el desplazamiento de la ideología de una clase por otra. En toda la etapa que va desde Mayo 2011 hasta Marzo de 2014 se ha podido ver que la dirección de las protestas las ha llevado un autodenominado movimiento “indignado”, movimiento que ha sido positivo en líneas generales pero que ha inundado a la sociedad de unas reivindicaciones muy generales, tan dispersas y sustituido a la clase obrera por un supuesto sujeto revolucionario llamado “ciudadano” capaz de englobar a diferentes clases sociales, algunas de ellas enfrentadas e incluso con intereses antagónicos pero que encierran en un mismo conjunto desde un minero, campesino o ama de casa hasta cualquier banquero, dirigente político e incluso a la monarquía, todos ellos miembros de la ciudadanía.

Cualquier intento de transferir el papel revolucionario a otras capas sociales que no son capaces de paralizar la producción de golpe, que no juegan un papel clave en el proceso productivo, que no son la fuente principal de beneficio y acumulación de capital y que por tanto no serán consecuentes siempre con las necesidades objetivas de los explotados. Esas concepciones que con las reformas buscan acomodarse, recuperar sus antiguos privilegios y/o prebendas a costa de la apropiación del trabajo ajeno nos hace retroceder al menos 150 años en la acumulación de experiencia, de conocimiento y de síntesis de luchas de clases, retroceder del socialismo científico al socialismo utópico, del socialismo científico al cartismo, al ludismo, al anarquismo e incluso al infantilismo izquierdista a aquella visión inmadura del socialismo que nació del hastío moral de los parias al margen de su lugar en la revolución. Este movimiento, que tuvo su mayor protagonismo con el 15M consiguió borrar de un plumazo las consignas obreras en las protestas, se alzaron portavoces “ciudadanistas” desde delegados sindicales hasta falangistas y demás organizaciones derechistas (DRY/Nolesvotes/Tomalacalle), tan dispersas las reivindicaciones que al final no se ha conseguido conquistar ninguna, sustituyendo éstas a otras reivindicaciones mucho más concretas y asumible, las mínimas indispensables que hubieran permitido a la clase obrera un balón de oxígeno, paliar la situación de agonía que viven muchas familias que les pudiera permitir, encontrarse en mejores condiciones económicas para afrontar nuevas luchas. En definitiva, esta autonomía fuera del sindicalismo oficial y el abandono de éste supuso que durante al menos 4 años el movimiento obrero ganara confianza en sí mismo sabiendo que es capaz de encontrar nuevas formas de protesta, pero por otro lado, olvidó su identidad, quién era, se dejó seducir por otras clases que nada tenían que ver, que de forma oportunista se han sumado sí, pero también han dirigido y secuestrado ideológicamente amplios sectores de la clase obrera hasta día de hoy.

¿Pero no había desaparecido el proletariado?:

Clases y lucha de clases.

Una de las grandes mentiras en las que están enormemente interesadas las élites económicas en difundir con el objetivo de desarmar ideológicamente al proletariado es aquella afirmación de que el proletariado ya no existe. Esta mentira no es nueva, de hecho ha sido presentada bajo formas muy distintas por ideólogos burgueses desde el mismo día en que el movimiento obrero, con el impulso de Marx-Engels elaborasen el marxismo. De estas falacias no solo han hecho partícipes a clases de fuera del movimiento obrero, sino que destacamentos importantes de la clase obrera participan de esta visión. Desgraciadamente, el movimiento obrero es tan heterogéneo como la naturaleza misma y a medida que dejamos de hablar de sus relaciones económicas y empezamos a tratar cuestiones ideológicas, tanta mayor diversidad y mezcolanza de ideología encontraremos en el seno mismo del movimiento obrero.

De entre muchas tesis caducas que la burguesía intenta difundir para que recorran todos los estratos de la sociedad destaca la del ataque a una de las piedras angulares del marxismo: el papel del proletariado como clase explotada en el modo de producción capitalista y, por tanto su destino a ser la única clase consecuentemente revolucionaria capaz de luchar hasta hacer desaparecer las clases aboliendo la explotación.[4]

Lo más peligroso de esta cuestión, además de en qué dice es quién lo dice: antes de pasar a explicar lo que dicen estas supuestas tesis económicas es resaltable destacar que partidos obreros tan importantes como PCE, sindicatos del prestigio de C.C.O.O han caído sin darse cuenta en estas redes ideológicas tendidas por los ideólogos burgueses. Es peligroso quién lo dice porque facilita mucho la “pandemia” ideológica, el “contagio” de ideas burguesas[5] en el seno del movimiento obrero, desarmándolo ideológicamente, perdiendo su identidad como clase “para sí” y diluyendo su espíritu en un mar de corrientes reformistas, conciliando intereses y posiciones cada vez más con la pequeña burguesía que aspira a cambios, a reformas pero sigue estando interesada en mantener el régimen de explotación asalariado del hombre por el hombre.

Como decíamos antes, la tesis de la desaparición del proletariado gira en torno a los cambios científico-técnicos acometidos por la era tecnológica inaugurada allá por los años 70. Según esta teoría (liberal), la explotación capitalista, basada en en la plusvalía que el obrero produce y que el capitalista/grupo de capitalistas se apropia, esta relación ya no constituiría según esta tesis la base material del capitalismo y de su reproducción. Según esta tesis, se impondría cada vez más una tecnificación mayor a los obreros para que adquieran funciones técnicas y destrezas nuevas que los fuera alejando progresivamente de la participación directa en la producción de mercancías pues serían progresivamente desplazados por robots.

Además de esto, la explotación capitalista se suaviza y la opresión se extiende, se deja de concentrar en el proletariado sino que se extiende a la mujer, juventud, ecologistas, pacifistas, etc y otros sectores. -De ahí la coherencia del reformismo por ejemplo de IU de dirigirse a tan amplios sectores y frentes de lucha, dejando cada vez más de lado al proletariado-. Otra vertiente, aparentemente contraria a esta tesis es el eurocomunismo que afirma que las diferentes capas sociales se proletarizan cada vez más (sectores de la burguesía se ven obligados a trabajar para el Estado o para monopolios privados) lo que constituye una mayoría social tan grande que asegura la transición pacífica al socialismo – la otra cara de la misma moneda la constituyen los antiguos partidos breznevianos que a pesar de defender de un modo marxista la necesidad de luchar contra la explotación capitalista, niegan la existencia de explotación y de clases y lucha de clases en el socialismo-.

Todas estas facetas, vertientes y corrientes se encuentran en un mismo punto común: la desaparición del sujeto revolucionario, el proletariado como única clase capaz de dirigir las luchas en la sociedad hacia la abolición de las clases sociales y la explotación.

Desmontar estas tesis travestidas de rigurosidad no es demasiado complicado, no es necesario tener la mente de Marx o Lenin para darse cuenta de que tales afirmaciones en realidad confunden los deseos de una clase (la burguesía) con un análisis objetivo de las leyes propias del capitalismo. Como ocurre en la mayoría de las cuestiones relativas al conocimiento humano, la realidad reside oculta por la experiencia cotidiana de las percepciones subjetivas de la misma: Marx descubrió las leyes del modo de producción capitalista y al hacerlo, desveló todos los tapujos que camuflaban estas relaciones desiguales entre una clase explotadora y la clase explotada.

Lo que realmente sucede es que bajo el capitalismo, como en cualquier otro modo de producción anterior solamente puede existir y reproducirse a costa de que una parte de la sociedad vive y disfruta a costa de explotar a otra parte[6]. Esto es común tanto al esclavismo como al feudalismo y por ello no es un rasgo característico del capitalismo, lo que sí es específico en el modo de producción capitalista es la forma en que se da esta explotación, las clases que participan en ella, el desarrollo industrial alcanzado que asegura la super-abundancia y que por primera vez en la historia la clase oprimida y explotada no es portadora de un modo de producción nuevo que divida otra vez a la sociedad en clases explotadas y se convierta ella misma en explotadora.

En el capitalismo, las relaciones económicas en primer lugar dividen a la sociedad en dos grandes bloques, de acuerdo a la propiedad de los medios de producción una clase constituye la propietaria de todas la fábricas, talleres, minas, empresas de construcción, restaurantes, etc dejando al resto de la sociedad sin medio económinco alguno, en la obligación a depender de la primera para poder vivir, esto es vender su fuerza de trabajo o capacidad de trabajar a un propietario (capitalista) a cambio de un sustento o salario (el mínimo compatible con la simple humanité[7]), -el resto de la sociedad se sitúan a caballo entre una y otra pero la tendencia de aquellos “afortunados” que poseen pequeños medios a la proletarización constante-.

¿Qué ocurre cuando un capitalista compra fuerza de trabajo? Que como cualquier otro comprador, adquiere el derecho a usarla, poniéndola a trabajar las horas de duración de la jornada laboral. Al igual que con el resto de mercancías una cosa es su valor y otra es el valor de uso que hace el capitalista[8]. El valor de la fuerza de trabajo no impone ningún límite a su uso, a las horas que debe dedicar a la producción para el capitalista. Los límites de ese uso por parte del capitalista vendrán determinados de una parte por los propios límites fisiológicos del obrero y de otro de las condiciones sociales medias en un período histórico determinado (luchas obreras, nivel cultural y de ocio mínimo aceptado, etc) en resumidas cuentas el valor de la fuerza de trabajo es igual a la suma de todos los valores que son necesarios para su conservación y reproducción de acuerdo a las particularidades sociales que le ha tocado vivir.

Sin embargo, a lo largo de la jornada, el obrero produce por unidad de tiempo un valor mucho mayor que la misma unidad de tiempo que el capitalista le hará entrega en forma de salario, es decir, en una hora el obrero producirá mucho más valor que una hora de su sueldo, en una jornada muchísimo más que una jornada de sueldo y así exponencialmente hasta encontrarse con que mucho antes de finalizar el mes, el obrero ya ha creado suficiente valor (trabajo) como para igualar el precio de su fuerza de trabajo (el salario) lo que significa que bajo la apariencia que el salario refleja el valor del trabajo del obrero en realidad no refleja más que el valor de la fuerza de trabajo que es radicalmente diferente al demostrar que la explotación capitalista a pesar de ser más disimulada que en anteriores sistemas económicos es mucho mayor y profunda[9]

La sociedad capitalista no se puede entender sin la división de clases y la lucha de éstas por la apropiación de una cuota mayor de la superproducción social, así el proceso de producción capitalista, enfocado en conjunto, o como proceso de reproducción, no produce solamente mercancías, no produce solamente plusvalía, sino que produce y reproduce el mismo régimen que el capital determina: de una parte al capitalista, de la otra al obrero asalariado.

Para la clase obrera es vital entender la importancia que el origen de la enorme riqueza que atesoran ciertos sectores de la sociedad, comprender cuál es el mecanismo por el cueal los grandes capitales acumulan y reproducen en escalas mayores hasta conmseguir internacionalizar la extracción de plusvalía, es decir el momento en el cual la explotación no conoce fronteras, un proceso que alcanza su punto más álgido con la época de los monopolios y los trusts, para que al final 2/3 de la humanidad acaben siendo explotados y sus vidas dirigidas por un puñado de unos cientos de familias poseedoras de la mayoría de la producción capitalista de los países desarrollados. Esta es la época del imperialismo y exige a la clase obrera armarse ideológicamente mucho mejor, organizarse para elevar sus luchas económicas hacia la lucha política y conquistar el estado inaugurando así una nueva etapa en la historia moderna: el estado obrero, que no es más que la forma concreta de la idea del socialismo.

Es preciso recalcar la importancia de la explotación capitalista para separar en el marxismo el contenido económico del político, sería absurdo empezar a desarrollar una teoría, con una táctica que plantea cambiar la realidad social sin previamente conocer al objeto ni el papel que juegan las relaciones económicas entre las clases con las estructuras políticas, jurídicas y de poder que al final van a ser el medio político sobre el que van a discurrir muchas de las luchas.

El concepto de plusvalía ni el marxismo en general trata de un conocimiento aproximado, subjetivo o superficial sino de una serie de acumulaciones de conocimientos científicos que describen como funcionan los mecanismos internos del capitalismo, es decir sus leyes. Ni siquiera la burguesía cuestiona que sus beneficios provienen de la apropiación legal de la fuerza de trabajo que ha comprado, lo que estudia es en qué condiciones puede obtener mayores tasas de esa explotación. Como tampoco nadie duda que la competencia entre los capitalistas conduce al monopolio a pesar de las leyes anti-monopólicas.

Conclusiones: Los retos del Movimiento Obrero

1 – La clase obrera además de tomar conciencia de clase “en si” debe ser clase pensada “para si” es decir que no solo basta con serlo objetivamente por el lugar que ocupa económicamente sino que debe ser consciente de su misión histórica, identificándose como tal con sus semejantes y en lucha constante con la clase que la explota y la clase reinante que gestiona los intereses de la anterior.

2 – Además de tomar conciencia de clase, la clase obrera debe sacudirse de encima aquellos elementos dirigentes oportunistas que practican e infunden el liberalismo en el seno del movimiento obrero, que en lugar de avanzar en las luchas obreras en momentos de agudización de la ofensiva del capital contienen éstas y las desmovilizan sustituyendo la lucha sindical proletaria por lucha “de “moqueta” en los despachos. Esto no es más que crear las condiciones para que avancen las posiciones proletarias y se liquiden las posiciones burguesas.

3 – En contra de las consignas izquierdistas de crear “un nuevo sindicato”, “otro sindicalismo es posible”, etc la clase obrera debe llevar a cabo esa lucha contra el oportunismo de derecha sindical en el seno mismo de dichos sindicatos por la simple razón que guste o no, la realidad no es como gustaría a nuestros “amigos” izquierdistas sino que la realidad es, a menudo contraria a nuestros intereses y somos los comunistas quienes hemos de transformarla. Por eso, transformar esa realidad significa trabajar ahí donde se encuentra el proletariado mínimamente avanzado, esa “vanguardia obrera” aunque no nos guste, está organizada en los sindicatos amarillos, burgueses y oprtunistas CCOO y UGT[10].

4 – Los elementos más avanzados de la clase obrera deben difundir no solo ideas, conceptos y la ideología proletaria, transformar las concepciones burguesas que consideran el sindicalismo y las demás organizaciones obreras como aparatos burocráticos, todos aquellos elementos que consideran que los dirigentes lo son todo se olvidan que no son nada sin el apoyo de las masas, no son más que “predicadores en un desierto”. No es el sindicato el motor de los sindicalistas, es la fuerza de los sindicalistas el motor del movimiento obrero que recibe el nombre de sindicalismo.

5 – El movimiento obrero se encuentra entre dos aguas: de un lado debe combatir desde dentro contra aquellos elementos oportunistas que imprimen unas directrices nefastas para los intereses del proletariado, hemos visto como el sindicalismo debe arrebatarles la dirección. De otro lado, el movimiento obrero, como vimos varios puntos más arriba, abandonados de una dirección obrera, se transforma en sujeto vulnerable al contacto con elementos burgueses quienes empiezan a sustituir la ideología proletaria por el reformismo, transmitiendo sus ilusiones de alcanzar un supuesto paraíso capitalista dentro de los márgenes que el capital establece al conjunto de la sociedad.

6- Los sectores más dogmáticos del marxismo-leninismo (a quienes estimamos mucho el tesón y la fortaleza de haber resistido a la crisis ideológica que supuso el desmantelamiento de la URSS) deben entender que no solo sin teoría revolucionaria no puede existir práctica revolucionaria, pero cuando dada una realidad concreta la teoría clama por una práctica, hay que entregar a la teoría más práctica para que ésta sea capaz de extraer de aquella la crítica que pueda elevar y acercar una práctica reformista a una práctica revolucionaria.

6 – El movimiento obrero debe comprender que la lucha sindical, lucha por mejorar las condiciones en que es explotado no elimina el problema de la explotación y la opresión de una élite a la mayoría. Solamente la organización de un número suficiente de la clase obrera con el objeto de arrebatarle a la burguesía el poder político sentará las bases para construir una sociedad libre de explotación y por tanto libre de opresión.

7 – El problema fundamental al que se enfrenta el sistema burgués de explotación es fabricar ilusiones al conjunto de la sociedad que no es capaz de satisfacer pues la acumulación de capital (único interés de la clase capitalista) se basa en la apropiación cada vez mayor, del producto del trabajo vivo para posicionarse con ventaja y ganar posiciones al resto de sus competidores en el mercado. La clase capitalista necesita todavía extraer una mayor tasa plusvalía revolucionando la técnica, alargando jornadas laborales, deslocalizando la producción, etc. Los problemas de este mundo no acabarán hasta que los obreros sean políticos o los políticos obreros para como clase disponer de la capacidad real de cambiar las relaciones desiguales en la producción y distribución de la riqueza dinamitando la propiedad privada de la economía.

8 – Debemos retener la memoria histórica de nuestro pasado más reciente: hace 35 años en plena crisis de Estado franquista y en plena configuración del polo hegemonista europeo, un jovencísimo Felipe González, quien prometió socialismo, prometió en los 70 República, prometió OTAN de entrada NO, etc fue el elegido (después de la pérdida de plena confianza en Adolfo Suárez) para liderar un saqueo de España por los monopolios extranjeros y un saqueo del Estado por parte de la oligarquía (privatizaciones) y por supuesto haciendo lo contrario a lo que prometió. De ahí que la historia se repita de nuevo ante otra “crisis” de Estado, no sabemos con certeza si el partido “Podemos” se encuentra dentro o fuera de la baraja de cartas con que la oligarquía y el imperialismo juegan pero antecendentes tenemos un tiempo largo.

Se acercan los tiempos de grandes batallas, entre titanes y dioses: el asalto de los cielos. La humillación a la que el movimiento obrero ha sido sometida y el desamparo de sus sindicatos han provocado que “Prometeo quiera romper sus grilletes”.

 

NOTAS

[1]“En la historia moderna, al menos, queda demostrado, por lo tanto, que todas la luchas políticas son luchas de clases y que todas las luchas de emancipación de clases, pese a su inevitable forma política, pues toda lucha de clases es una lucha política, giran, en último término, en torno a la emancipación económica. Por consiguiente, aquí por lo menos, el Estado, el régimen político, es el elemento subalterno, y la sociedad civil, el reino de las relaciones económicas, lo principal. La idea tradicional, a la que también Hegel rindió culto, veía en el Estado el elemento determinante, y en la sociedad civil el elemento condicionado por aquél. Y las apariencias hacen creerlo así. Del mismo modo que todos los impulsos que rigen la conducta del hombre individual tienen que pasar por su cabeza, convertirse en móviles de su voluntad, para hacerle obrar, todas las necesidades de la sociedad civil —cualquiera que sea la clase que la gobierne en aquel momento— tienen que pasar por la voluntad del Estado, para cobrar vigencia general en forma de leyes. Pero éste es el aspecto formal del problema, que de suyo se comprende; lo que interesa conocer es el contenido de esta voluntad puramente formal —sea la del individuo o la del Estado— y saber de dónde proviene este contenido y por qué es eso precisamente lo que se quiere, y no otra cosa. Si nos detenemos a indagar esto, veremos que en la historia moderna la voluntad del Estado obedece, en general, a las necesidades variables de la sociedad civil, a la supremacía de tal o cual clase, y, en última instancia, al desarrollo de las fuerzas productivas y de las condiciones de intercambio.” Engels“L.Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana

[2]“En principio, las condiciones económicas habían transformado la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado en esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa viene a ser ya una clase frente al capital, pero todavía no para sí misma. En la lucha, de la cual hemos señalado algunas fases, esta masa se reúne, constituyéndose en clase para sí misma. Los intereses que defienden llegan a ser intereses de clase”. Marx, Karl; (Miseria de la Filosofía)

[3] el propio desarrollo de la industria moderna contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero, y que, como consecuencia de esto, la tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el nivel medio de los salarios, sino, por el contrario, a hacerlo bajar, o sea, a empujar más o menos el valor del trabajo a su límite mínimo. Pero si la tendencia de las cosas, dentro de este sistema, es tal, ¿quiere esto decir que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra las usurpaciones del capital y cejar en sus esfuerzos por aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar temporalmente su situación? Si lo hiciese, veríase degradada en una masa uniforme de hombres desgraciados y quebrantados, sin salvación posible. Creo haber demostrado que las luchas de la clase obrera por el nivel de los salarios son episodios inseparables de todo el sistema de salarios, que en el 99 por 100 de los casos sus esfuerzos por elevar los salarios no son más que esfuerzos dirigidos a mantener en pie el valor dado del trabajo, y que la necesidad de forcejear con el capitalista acerca de su precio va unida a la situación del obrero, que le obliga a venderse a sí mismo como una mercancía. Si en sus conflictos diarios con el capital los obreros cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura.

Al mismo tiempo, y aun prescindiendo por completo del esclavizamiento general que entraña el sistema de trabajo asalariado, la clase obrera no debe exagerar ante sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable guerra de guerrillas, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de: «¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!», deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: «¡Abolición del sistema de trabajo asalariado!» K. Marx: “Salario, precio y ganancia”

[4]“Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases sociales en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1] que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas del desarrollo de la producción; 2] que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3]que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases”(C. Marx “Carta a J. Weydemeyer, 1853”)

[5] En la sociedad de clases, cada persona existe como miembro de determinada clase, y todas las ideas, sin excepción, llevan su sello de clase. “Mao Tse Tung (Sobre la práctica)”

[6]Pero, antes de hacerlo, cabe preguntar: ¿de dónde proviene ese fenómeno extraño de que en el mercado nos encontramos con un grupo de compradores que poseen tierras, maquinaria, materias primas y medios de vida. cosas todas que, fuera de la tierra virgen, son otros tantosproductos del trabajo, y de otro lado, un grupo de vendedores que no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo, sus brazos laboriosos y sus cerebros? ¿Cómo se explica que uno de los grupos compre constantemente para obtener una ganancia y enriquecerse, mientras que el otro grupo vende constantemente para ganar el sustento de su vida? La investigación de este problema sería la investigación de aquello que los economistas denominan “acumulación previa u originaria “, pero que debería llamarse, expropiación originaria. Y veríamos entonces que esta llamada acumulación originaria no es sino una serie de procesos históricos que acabaron destruyendo la unidad originaria que existía entre el hombre trabajador y sus medios de trabajo. Sin embargo, esta investigación cae fuera de la órbita de nuestro tema actual. Una vez consumada la separación entre el trabajador y los medios de trabajo, este estado de cosas se mantendrá y se reproducirá sobre una escala cada vez más alta, hasta que una nueva y radical revolución del modo de producción lo eche por tierra y restaure la primitiva unidad bajo una forma histórica nueva. K. Marx (“Salario, precio y ganancia”)

[7] Adam Smith.

[8] El valor de la fuerza de trabajo se determina por la cantidad de trabajo necesario para su conservación o reproducción, pero el uso de esta fuerza de trabajo no encuentra más límite que la energía activa y la fuerza física del obrero. El valor diario o semanal de la fuerza de trabajo y el ejercicio diario o semanal de esta misma fuerza de trabajo son dos cosas completamente distintas, tan distintas como el pienso que consume un caballo y el tiempo que puede llevar sobre sus lomos al jinete. La cantidad de trabajo que sirve de límite al valor de la fuerza de trabajo del obrero no limita, ni mucho menos, la cantidad de trabajo que su fuerza de trabajo puede ejecutar. C. Marx (“Salario, precio y ganancia”)

[9] Primera. El valor o precio de la fuerza de trabajo reviste la apariencia del precio o valor del trabajo mismo, aunque en rigor las expresiones de valor y precio del trabajo carecen de sentido.

Segunda. Aunque sólo se paga una parte del trabajo diario del obrero, mientras que la otra parte queda sin retribuir, y aunque este trabajo no retribuido o plustrabajo es precisamente el fondo del que sale la plusvalía o ganancia, parece como si todo el trabajo fuese trabajo retribuido.

Esta apariencia engañosa distingue al trabajo asalariado de las otras formas históricas del trabajo. Dentro del sis tema de trabajo asalariado, hasta el trabajo no retribuido parece trabajo pagado. Por el contrario, en el trabajo de los esclavos parece trabajo no retribuido hasta la parte del trabajo que se paga. Naturalmente, para poder trabajar, el esclavo tiene que vivir, y una parte de su jornada de trabajo sirve para reponer el valor de su propio sustento. Pero, como entre él y su amo no ha mediado trato alguno ni se celebra entre ellos ningún acto de compra y venta, parece como si el esclavo entregase todo su trabajo gratis.

Fijémonos por otra parte en el campesino siervo, tal como existía, casi podríamos decir hasta ayer mismo, en todo el oriente de Europa. Este campesino trabajaba, por ejemplo, tres días para él mismo en la tierra de su propiedad o en la que le había sido asignada, y los tres días siguientes los destinaba a trabajar obligatoriamente’y gratis en la finca de su señor. Como vemos, aquí las dos partes del trabajo, la pagada y la no retribuida, aparecían separadas visiblemente, en el tiempo y en el espacio, y nuestros liberales rebosaban indignación moral ante la idea absurda de que se obligase a un hombre a trabajar de balde.

Pero, en realidad, tanto da que una persona trabaje tres días de la semana para sí, en su propia tierra, y otros tres días gratis en la finca de su señor, como que trabaje todos los días, en la fábrica o en el taller, seis horas para sí y seis para su patrono; aunque en este caso la parte del trabajo pagado y la del trabajo no retribuido aparezcan inseparablemente confundidas, y el carácter de toda la transacción se disfrace completamente con la interposición de un contrato y el pago abonado al final de la semana En el primer caso el trabajo no retribuido parece entregado voluntariamente y, en el otro, arrancado por la fuerza. Tal es toda la diferencia. K. Marx (“Salario, precio y ganancia”)

[10] “La lucha contra la ‘aristocracia obrera’ la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería necio olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Y tal es, precisamente, la necedad que cometen los comunistas alemanes ‘de izquierda’, los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas de los sindicatos la conclusión de que es preciso… ¡¡salir de los sindicatos!!, ¡¡renunciar al trabajo en ellos!!, ¡¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas!! Una estupidez tan imperdonable, que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. (…) No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u ‘obreros aburguesados’.

Precisamente la absurda ‘teoría’ de la no participación de los comunistas en los sindicatos reaccionarios demuestra del modo más evidente con qué ligereza consideran estos comunistas ‘de izquierda’ la cuestión de la influencia sobre las ‘masas’ y de qué modo abusan de su griterío acerca de las ‘masas’. Para saber ayudar a la ‘masa’ y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las quisquillas, las zancadillas, los insultos y la persecución de los jefes (…) Se debe trabajar sin falta allí donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para llevar a cabo una propaganda y una agitación sistemáticas, tenaces, perseverantes, y pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y sindicatos, por reaccionarios que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los sindicatos y las cooperativas obreras son precisamente las organizaciones donde están las masas.Lenin, La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo

 

ANEXO:

Al cierre de este documento se producía el aviso de abdicación del monarca de España Juan Carlos I, todavía es pronto para relacionarlo con la crisis abierta del proyecto político de la oligarquía apostando por el bipartidismo que durante décadas ha proporcionado tanto al imperialismo como a la oligarquía una fuerte estabilidad en las cuestiones fundamentales del Estado, la economía y los límites democráticos a la hora de definir la política nacional e internacional de España. Crisis política que ha quedado manifiesta tras la irrupción de Podemos. Todavía es pronto para extraer conclusiones firmes pero todo ello se ha visto envuelto de cierta “fenomenología” extraña o atípica al menos: un líder partido supuestamente alternativo que ha sido una apuesta firme por un sector importante de los medios de comunicación no precisamente poco relevantes (La Sexta-Grupo Planeta, Público y existen rumores que en Cuatro cuente con un nuevo espacio), un aviso de abdicación precipitado (sin contar todavía con una ley que la desarrolle) que ha supuesto suspender varios actos institucionales programados. Se cierne sobre la cabeza de muchos la duda de si todo ello con el afán de tener todo asegurado en vistas de la debacle final del modelo bipartidista en las próximas elecciones.

La reacción espontánea de un sector importante de la izquierda organizada ha sido la de salir a la calle en defensa de la III República. Los comunistas sin embargo, no debemos desviar el centro de atención: ni queremos una III República como la francesa, americana o portuguesa ni estamos en condiciones de organizar un golpe a la monarquía para sustituirla por una República Popular de los Trabajadores. Debido al reflujo en el que nos encontramos el movimiento comunista nacional es una lucha estéril que además divide a la clase obrera en fracciones según su alineamiento con la República. Los comunistas debemos reforzar la corriente obrera impulsada por el 22M que ahora mismo supone el sector más adelantado en todo el conjunto del movimiento obrero por su carácter clasista que rompe con el transversal ciudadanismo, con reivindicaciones concretas: una renta universal, anulación de las órdenes de deshaucio, blindaje a las pensiones, etc a medidas que el conjunto de las masas necesita hacer suyas y las defienda, los comunistas debemos elevar el nivel de conciencia, señalar al imperialismo detrás de cada ofensiva del capital y a éste como consecuencia lógica de siglos de acumulación capitalista. Como decimos se ha señalado más arriba, desarrollar el 22M hasta que la clase obrera comprenda que la lucha de clases que recorre toda la sociedad, desde la lucha económica hasta la lucha enconada en el terreno del lenguaje y de las ideas no terminará de resolverse hasta que sea el proletariado llegar a la lucha de clases por el poder político.

Nunca hubo cambio real alguno en ninguna sociedad fruto del desarrollo de consignas, metas o formas abstractas: toda revolución a lo largo de la Historia se construyó del desarrollo a partir de alternativas concretas  a problemas concretos y de ahí a un desarrollo ulterior en una forma más general y universal pero nunca en sentido contrario