La oligarquía sale debilitada, pero el camino aún es largo

Partido del Trabajo Democrático
22 de Diciembre de 2015

Las elecciones generales celebradas este 20 de diciembre han arrojado un resultado que modifica sustancialmente el sistema de partidos existente hasta el momento en nuestro país. Se pasa de la disputa entre dos fuerzas al reparto del voto entre tres por encima del 20% (PP, PSOE y Podemos) y una ente el 10 y el 15% (Ciudadanos). Además continúa la tradicional representación dispersa de grupos con menos peso electoral de carácter estatal (IU-UP) y otros grupos de carácter regionalista, nacionalista o independentista.

La fragmentación parlamentaria es el reflejo de la actual dificultad política de las clases dominantes para poder articular un consenso duradero alrededor de las formas más adecuadas para mantener el actual régimen de explotación y opresión. La ruptura de este consenso ha dado alas a la pequeña burguesía y las capas intermedias que ganan un peso en el parlamento inédito en nuestra reciente historia constitucional (24,33% del voto sumando a Podemos e Izquierda Unida- Unidad Popular). Para explicar este éxito no basta con entender la intención de estos sectores de levantar un referente político, sino también tener en cuenta la capacidad que han tenido para ponerse al frente de gran parte de la clase obrera que, debido a la actual orfandad de referente político, ha encontrado entre los demócratas y reformistas un buen mediador para algunos de sus intereses más inmediatos. Así es revelador ver el éxito de estas fuerzas en el “Cinturón rojo de Barcelona”[1], la pugna por la segunda posición en los enclaves del histórico cinturón rojo madrileño, los resultados en algunos de los barrios históricamente obreros de Madrid dónde disputa la primera y la segunda posición o su victoria en grandes urbes como Las Palmas de Gran Canaria o provincias con cierto desarrollo industrial como Guipúzcoa y Álava[2][3].

Este resultado coloca en el centro del debate político la contradicción entre oligarquía y democracia, haciendo pasar apuros a las clases dominantes que pierden casi un cuarto del electorado y coloca entre la espada y la pared a su “sección izquierda” (PSOE), situándole en una complicada posición dónde debe elegir si ahondar la fractura entre las fuerzas oligárquicas o arriesgarse a perder a su representante ante una importante parte del movimiento obrero sacrificando su capital político con una “gran coalición”.

Este periodo de inestabilidad puede resolverse de diversas maneras. Las clases y capas sociales que pugnan por diferentes cotas de representatividad y poder pueden hacer variar las circunstancias desde el cierre de filas oligárquico, pasando por un poco probable gobierno progresista apoyado por la izquierda nacionalista, hasta la ingobernabilidad y repetición de elecciones en unos meses. No obstante, un cierre de filas oligárquico mediante la articulación de un gran pacto de Estado que apacigüe los ánimos más combativos de los sectores intermedios de la sociedad, reincorporándolos temporalmente a un proyecto de paz social, está condenado a caducar en no demasiado tiempo, debido a la tendencia del capitalismo hacia la crisis y la miseria. 

Aún sin saber cómo se resolverá este escenario sí podemos explotar las ventajas del mismo. Actualmente la prioridad para los comunistas se centra en reconstituir el partido político de la clase obrera. Para ello, el Partido del Trabajo Democrático ha centrado todos sus esfuerzos en desarrollar la labor teórica-política de difusión y explicación del socialismo así como de arraigar el mismo en los centros de trabajo. Nuestra posición ante las elecciones generales, siendo conscientes de las limitaciones de la lucha parlamentaria por reformas, buscaba debilitar a la oligarquía para frenar los grandes ataques contra la clase obrera y ganar tiempo para seguir profundizando en esta labor.  La dispersión parlamentaria originada por la irrupción de las fuerzas democráticas puede permitirnos amortiguar las grandes agresiones contra la clase obrera o al menos retrasarlas. En este escenario estimamos que será más sencillo desarrollar la labor política tan necesaria entre la clase obrera, pues favorece el desarrollo de la lucha social, de clases, aunque todavía sea sindical o por reformas inmediatas. En este clima, la agitación y la propaganda comunista nos permitirá infundir más favorablemente la conciencia revolucionaria a la lucha de la clase obrera en sus tres dimensiones (política, económica y teórica).

Desde el Partido del Trabajo Democrático saludamos los resultados de las fuerzas democráticas y progresistas en estas elecciones y apoyaremos toda acción parlamentaria que contribuya a frenar las políticas de recorte y austeridad y a recuperar todo lo que nos han quitado. En la larga lucha por levantar una alternativa revolucionaria que construya una nueva economía, una nueva sociedad y un nuevo Estado al servicio de la mayoría obrera y popular el tiempo es oro, y agradeceremos todo margen que nos posibilite avanzar en esta titánica pero tan necesaria labor para emancipar a la clase obrera y al conjunto de la humanidad de la dictadura de los empresarios y banqueros.

[1] “El cinturón rojo de Barcelona se vuelve morado”, El Diario.es;http://www.eldiario.es/catalunya/cinturon-Barcelona-victoria-Comu-Podem_0_464754341.html

[2] Ambas provincias tienen un porcentaje de ocupados en el sector industrial por encima de la media nacional, 24,7% y 32,3% respectivamente frente 14% de media (INE; EPA 3er trimestre de 2015)

[3] Ministerio del Interior:  Resultados de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015. Puede consultarse en este enlace:http://resultadosgenerales2015.interior.es/congreso/#/ES201512-CON-ES/ES