La represión es muestra de la lucha de clases

Partido del Trabajo Democrático
17 de Enero de 2016

El clamor a favor de la absolución de “los ocho de Airbus” se intensifica a medida que se acerca el juicio a estos compañeros de CC.OO. Se les imputa por la participación en la huelga general del 29 de Septiembre de 2010 y se pide la escalofriante cifra de 66 años de prisión sumando sendas penas. El arma legislativa del que se sirve el sistema para golpear con virulencia a quienes luchan por cambiar las cosas es el famoso artículo 315.3 del Código Penal que dice lo siguiente: “Quienes actuando en grupo o individualmente, pero de acuerdo con otros, coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga, serán castigados con la pena de prisión de un año y nueve meses hasta tres años o con la pena de multa de dieciocho meses a veinticuatro meses.” Pretenden no sólo cercenar nuestros derechos como trabajadoras/es sino también las herramientas que hemos logrado forjar para su defensa (derecho de huelga en este caso).

Mucho se ha dicho ya sobre esta perversa condena y la injusticia social que encarna, numerosas han sido (y siguen siendo) las muestras de apoyo del movimiento obrero y popular de todo el estado. Sin embargo, las y los comunistas del PTD queremos poner el acento en la esencia de este suceso que no es otra que la utilización del aparato del estado por parte de la clase dominante para castigar a todo aquel que ose cuestionar el orden establecido a pesar de que una gran parte lo haga precisamente por la crisis del mismo reaccionando ante la degradación de sus condiciones de vida. Subyace pues la incesante lucha de dos clases sociales cuyos intereses fundamentales se encuentran en total confrontación. De un lado la clase de los propietarios que monopolizan el poder económico y político, que cuentan con todo tipo de herramientas ideológicas y coercitivas para sostener el orden de las cosas y evitar que este se modifique en contra de sus intereses a pesar de representar una minoría cada vez más reducida de la sociedad; y de otro, la clase obrera, nacida desprovista de medios con los que sustentarse viéndose abocada a la venta de su fuerza de trabajo a los capitalistas como única opción de subsistencia (o a recurrir a actividades al margen de la legalidad).

Es precisamente en las contradicciones que surgen entre ambas clases donde debemos situar el eje de la represión, pues tal acción restrictiva por parte de la clase propietaria a través del gobierno y la legislación se lleva a cabo en última instancia para impedir que la clase obrera, la única revolucionaria dentro del sistema de explotación capitalista, logre retomar el pulso a su lucha por conseguir la emancipación de toda su clase y del conjunto de las/os oprimidas/os. Quienes llevan la batuta social pretenden que a pesar de las penalidades y atropellos que sufrimos con cada vez más intensidad nos mantengamos inactivos, cabizbajos y sobre todo que no nos reconozcamos como seres transformadores, capaces de incidir en la realidad social para conducirla hacia una democracia ejercida y practicada por una mayoría popular y encabezada por la clase obrera.

Ante esta situación podemos realizar todo tipo de reivindicaciones y reclamas justas, democráticas, tales como: la derogación del artículo del Código Penal citado más arriba[1] así como de la popularmente denominada “Ley Mordaza” e incluso el compromiso de exigir la amnistía para todas/os luchadoras/es sociales por parte de los partidos políticos del campo democrático. No obstante, y para guardar coherencia con el argumentario esgrimido hasta ahora no es posible considerar que el movimiento democrático actual está en condiciones de resolver este conflicto (y tantos otros) que son muestras de las contradicciones fundamentales que atraviesan el sistema social vigente. Sin duda, es justo exigir y pelear por un aumento de la democracia dentro del marco actual (que ha sido parido y moldeado por sus dueños, es decir, por los burgueses), pero principalmente es justo apoyar tal lucha porque es en ésta donde la clase obrera se educa y prepara para la batalla primordial que le corresponde como clase: conquistar el Socialismo.

La clase dominante se vale de todas las herramientas que tiene a su disposición para sostener la dictadura de sus intereses privados y de todas ellas, el Estado juega un papel de gran relieve. Por eso se empeña en disfrazarlo de “ente neutral”, dentro del cual todas las clases pueden ver sus intereses satisfechos. Si confiásemos la resolución de este conflicto a los partidos democráticos reformistas y postmodernos, que no buscan transformar de manera revolucionaria la sociedad sino conseguir que el sistema vigente realice una “evolución” que reequilibre y concilie los intereses de unos y otros, estaríamos condenando la lucha, llevándola a un callejón sin salida pues los estrechos márgenes burgueses no pueden contener una democracia acorde a las necesidades de la mayoría[2].

Hace unos meses decíamos que: “La correlación de fuerzas hace que no debamos rechazar ninguna herramienta de lucha si, en verdad, queremos contener al gran capital y sus representantes políticos. Sin embargo, hemos de recordar que sólo el movimiento obrero, desde los centros de trabajo, los sindicatos y los barrios puede constituir una fuerza capaz de doblegarlo, a condición de no implorar la misericordia de los capitalistas, sino de luchar por su derrocamiento, por la democracia para la mayoría y el socialismo.[3] El Partido del Trabajo Democrático apoya y apoyará todas las manifestaciones que el pueblo y especialmente la clase obrera lleven a cabo contra este sistema explotador, injusto y belicista, contra toda muestra de la opresión a la que una minoría cada vez más rica y reaccionaria imponga sobre las espaldas de las masas trabajadoras, pero sostenemos que la única manera de garantizar el bienestar social es asumir que la tarea que nos corresponde como clase es la de poner de rodillas a los explotadores y construir con nuestras manos y energías una nueva sociedad basada en la propiedad colectiva de los medios de producción a través del poder obrero.

 

[1]   http://redpress.es/2016/01/11/clamor-por-la-absolucion-de-los-8-de-airbus/
 

[2]   Es lógico que un liberal hable de "democracia" en términos generales. Un marxista no se olvidará nunca de preguntar: ¿Para qué clase?" (La revolución proletaria y el renegado Kautsky, V. Lenin)
 

[3]    http://trabajodemocratico.es/content/%C2%A122-de-octubre-la-clase-obrera...