Lucha antiimperialista: patriotismo revolucionario y nacionalchovinismo (Parte II)

Dimitrov y Claudio Forján
Miércoles, 17 Febrero, 2016

Imperialismo y autodeterminación hoy

A la hora de comprender el problema nacional en general y el problema catalán en particular es necesario situarlos en un marco histórico determinado. Teniendo en cuenta que por derecho de las naciones a la autodeterminación se entiende el derecho a decidir incluso acerca de la independencia, conviene determinar cuál es el significado político y de clase de la formación de nuevos Estados nacionales según el contexto histórico del que se trate.

En este sentido, la teoría desarrollada por los bolcheviques es tan rica como su experiencia práctica. En conexión con su comprensión de la fase monopolista del capitalismo Lenin diferencia claramente dos épocas históricas en el capitalismo de cara al desarrollo de los movimientos nacionales. Por un lado, el capitalismo ascensional se caracteriza por el impulso de grandes movimientos nacionales, democráticos y de masas que culminan con la formación de los distintos Estados nacionales democrático-burgueses en el proceso de liquidación del feudalismo. Por otro, en el capitalismo monopolista esta tarea histórica ya está completada y la lucha principal pasa a ser entre la clase obrera y la clase capitalista. De este modo, “lo típico de la primera época es el despertar de los movimientos nacionales y la incorporación a ellos de los campesinos, que son el sector de la población más numeroso y más "difícil de mover" para la lucha por la libertad política en general y por los derechos de la nación en particular”[1]. En cambio, “lo típico de la segunda es la ausencia de movimientos democráticos burgueses de masas, cuando el capitalismo desarrollado, al aproximar y amalgamar cada día más las naciones, ya plenamente incorporadas al intercambio comercial, pone en primer plano el antagonismo entre el capital fundido a escala internacional y el movimiento obrero internacional”[2]. Naturalmente, esta distinción dista mucho de ser mecánica, con lo que “ni la una ni la otra época están separadas entre sí por una muralla, sino ligadas por numerosos eslabones de transición”[3].

Analizar el problema nacional partiendo del momento histórico y de la época del imperialismo es esencial, si queremos abordar el problema desde un punto de vista revolucionario y de clase. Como apunta Stalin, aunque es indiscutible que toda nación tiene derecho a “organizarse como le plazca, naturalmente, siempre y cuando no menoscabe los derechos de otras naciones”, una cosa es esto y otra la solución adecuada al problema nacional “si se toman en cuenta los intereses de la mayoría de la nación y, ante todo, los del proletariado”[4]. La reivindicación del derecho de autodeterminación se hace necesaria para poner fin tanto a la opresión nacional como al azuzamiento entre naciones. Se trata de eliminar los conflictos entre naciones y con ello dar vía libre al desarrollo de la lucha de clases hacia la revolución socialista. Pero la solución concreta problema nacional que deba promover el partido revolucionario de la clase obrera depende del momento histórico en que se desarrolle su lucha. Por ello debemos preguntarnos: ¿qué particularidades presenta el momento histórico actual?

En primer lugar, podemos observar cómo la sucesión de revoluciones de carácter anticolonial y antifeudal que han tenido lugar a lo largo del siglo XX han roto en muchísimos casos los mencionados “eslabones de transición” entre las dos épocas del capitalismo respecto a los movimientos nacionales. Estos procesos de descolonización y liberación nacional han completado en su mayoría la tarea histórica de constituir Estados nacionales independientes que sirvan de base para la liquidación del viejo orden colonial y de las relaciones sociales feudales y precapitalistas[5]. Por ello, en términos generales, con la culminación  de la inmensa mayoría de los procesos de descolonización en África y Asia durante el pasado siglo se ha ido agotando el contenido progresista y revolucionario de la constitución de nuevos Estados nacionales independientes[6]. Más concretamente en Europa Occidental la liquidación de las relaciones feudales y el desarrollo del capitalismo hace tiempo que se han completado en lo esencial. En el caso de España, su desarrollo capitalista le ha permitido integrarse en los organismos imperialistas internacionales como potencia de segundo orden, si bien subordinada a potencias de orden superior como Alemania o EEUU. Ciertamente las nacionalidades de España se encuentran oprimidas por el hecho de que la legalidad burguesa española, en buena parte heredada del franquismo, les niega expresamente el derecho a la independencia. Sin embargo, también son opresoras, dado que sus clases dominantes participan en el imperialismo español, en todas las alianzas imperialistas de las que éste forma parte y, por tanto, en la opresión de la mayoría de los pueblos y naciones del planeta.

Por otro lado, es necesario tener en cuenta cómo el capitalismo ha continuado desarrollando su fase imperialista, reduciendo, aunque no por completo, la capacidad de control del proceso de acumulación de capital por parte de los Estados nacionales. Si hace un siglo Lenin anunciaba “la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo”[7], desde entonces esta internacionalización del capital monopolista no ha dejado de desarrollarse de modo acelerado, más aún con la desaparición del campo socialista. Según el economista marxista belga Henri Houben, si “en 1916 los monopolios que intervenían a una escala planetaria eran más bien raros” y existían “sobre todo en el dominio de las materias primas”, hoy en día “son raros los sectores que no son controlados por los gigantes mundiales, que tienen una base productiva un poco por todos lados del globo”[8]. Así, por ejemplo, ya en 2004 tan solo una docena de multinacionales controlaba el 90% de la producción mundial de automóviles[9], concentración que no ha dejado de desarrollarse e incluso acelerarse con la crisis económica desencadenada en 2008. Esta internacionalización de mercados y procesos productivos bajo control de los monopolios capitalistas ha ensanchado aún más la base económica del imperialismo. Éste ya no solo se manifiesta en el poderío económico y militar de grandes potencias como EEUU, sino también a través de la conformación de grandes bloques militares (OTAN) y organismos interestatales (Unión Europea, Fondo Monetario Internacional, etc.). Así, los monopolios capitalistas y sus respectivos Estados imperialistas cuentan no solo con un poder económico y político mayor, sino también con el refuerzo de organismos supranacionales en caso de conflictos con Estados nacionales que pudieran afectar a sus intereses. En este contexto los nuevos (y más pequeños) Estados nacionales independientes se encuentran en una posición de creciente debilidad frente a la jerarquía imperialista bajo la que se desarrolla la lucha de clases internacional a día de hoy. Si ya hace un siglo Lenin señalaba las ventajas de los grandes Estados para el desarrollo de las fuerzas productivas y la creación de las condiciones para el socialismo[10], actualmente son precisamente grandes Estados nacionales (o más bien plurinacionales) como la República Popular China los que representan un reto serio frente al creciente poder de los monopolios capitalistas internacionalizados. Las disoluciones de la URSS y Yugoslavia muestran de manera clara y trágica la ironía por la cual la constitución de nuevos Estados nacionales, lejos de aportar mayor independencia y soberanía, ha traído el sometimiento económico, político y militar de las nuevas repúblicas “independientes” al imperialismo, sus multinacionales, sus Estados y sus organismos interestatales.

La clase obrera y la burguesía ante el problema catalán

La gran burguesía catalana se encuentra dividida en este proceso. Buena parte de ella, con estrechos vínculos económicos y políticos con la española, ya se ha pronunciado contra el proceso independentista. Ciertamente, la protección de su posición de mercado siempre estará presente y de ahí que esta gran burguesía catalana se haya mostrado favorable a la negociación con Madrid, al pacto fiscal e incluso a la celebración del referéndum. Pero el clima de incertidumbre e inseguridad jurídica que comporta el proceso le supone un coste demasiado alto. En conjunto, la gran burguesía catalana ya ha alertado acerca de los riesgos que entraña la actual situación política a través de su patronal Fomento del Trabajo[11]. No obstante, otros sectores de la alta burguesía catalana, con mayores vínculos económicos internacionales que con el resto de España, tienen menos que perder con el “procés”. Es el caso, por ejemplo, de la familia Grifols, dueña del grupo multinacional farmacéutico del mismo nombre y que forma parte del IBEX35. Sus negocios se concentran principalmente en EEUU, lo que explica declaraciones tan curiosas como las expresadas por el presidente del grupo, Víctor Grifols: “si Cataluña pudiera convertirse en California, que es un estado, un estado federal que pertenece a los EE.UU., entonces votaría sí”[12]. Para este sector de la gran burguesía catalana, al que se vinculan estrechamente partidos como CDC, el llamado derecho a decidir no es una cuestión de liberación de una nación oprimida, sino de reajuste de sus posiciones dentro del sistema imperialista, ante la pérdida de posiciones del imperialismo español, en el que han participado hasta ahora.

La pequeña y mediana burguesía catalana es más propensa a apoyar, aunque sea por pasiva, el proceso independentista[13]. Carente de rentas o ganancias monopolistas, esta burguesía pequeña y media tiene mucho que ganar con la denuncia del “expolio fiscal” español. Pero esta propensión aumenta si, en lugar de fijarnos en la pequeña burguesía comercial o productiva, ponemos la lupa sobre la pequeña burguesía más intelectual y vinculada a la producción cultural (nacional o más bien nacionalista). Si la construcción nacional es una profesión y un medio de vida, hay más argumentos aparte de los económicos para comprometerse con el discurso y el programa independentista. Junts pel Sí parece tener un amplio respaldo entre estos grupos sociales y del “proyecto de país” que difunden hacia las masas trabajadoras. Aun así, por supuesto, en la pequeña y mediana burguesía tampoco tenemos un bloque compacto. Aunque en las provincias más rurales, la pequeña burguesía, más cercana a su pasado campesino, se muestra más nacionalista e independentista, en las grandes ciudades como Barcelona las capas medias tienen mayor heterogeneidad en cuanto a nacionalidad y en no pocos casos los vínculos económicos y, ¿por qué no?, afectivos con España tienen su importancia. En este sentido, Ciudadanos ha sido capaz de captar el apoyo de las capas medias más españolistas y contrarias al proceso independentista.

Tanto la burguesía como la pequeña burguesía españolistas están estrechamente vinculadas a proyectos reaccionarios y funcionales al gran capital español que se resiste a perder su posición en el sistema imperialista. Sus expresiones políticas más claras son el PP, Ciudadanos y el aparato del PSOE. Su oposición/represión al derecho de autodeterminación nada tiene que ver con la defensa ni de la “unidad de España” ni de la “soberanía de los españoles”, sino con la defensa de los intereses de la burguesía española. Y es que ni la burguesía española ni sus representantes políticos dudan en hipotecar la soberanía nacional ante las exigencias de sus homólogos europeos y de la competencia capitalista en el mercado mundial. Esta hipoteca de la soberanía nacional queda clara tanto en la reforma del artículo 135 de la constitución pactada entre el PP y el PSOE en 2011 como en el apoyo de estos dos partidos y Ciudadanos al TTIP, pese a los matices que puedan tener de cara a la negociación del mismo. Si la reforma del artículo 135 de la constitución ata la política fiscal al pago de la deuda con el capital financiero español e internacional, el apoyo al TTIP reforzará el poder legal de los monopolios capitalistas internacionalizados frente a los Estados europeos. Además, el chovinismo españolista, al negar no solo la autodeterminación, sino también la realidad plurinacional de España, no hace sino ahondar (cuando no provocar) el azuzamiento de unas nacionalidades contra otras y contribuir a la fascistización de la vida política situando el problema catalán como un simple problema de orden público. Todo ello convierte a este nacionalismo en el más reaccionario, pues, siendo también de carácter capitalista e imperialista, ni siquiera admite la reivindicación democrática del referéndum para resolver el problema catalán.

La clase obrera catalana, la más heterogénea por su identificación nacional, es la que más se encuentra fragmentada ante el “procés” y a causa del mismo. Tanto Ciudadanos como Junts pel Sí cosecharon resultados importantes en zonas obreras en las pasadas elecciones autonómicas[14], reflejando cómo la polarización de la sociedad catalana en torno al problema nacional tiene a la clase obrera y las masas trabajadoras como sus principales víctimas. La clase obrera en Catalunya, al igual que en el resto de España, llega a esta crisis política carente de partido político propio e independiente de las demás clases. Así, tanto la ilusión de que el fin del “expolio fiscal” español es el fin de los recortes como el miedo de que la independencia es el salto al vacío funcionan con las distintas capas de la clase obrera, según se las quiera atraer a tal o cual política de tal o cual capa burguesa o pequeñoburguesa. En este contexto, condicionar la lucha contra la política de austeridad a la lucha nacional o incluso a una alianza estratégica con la burguesía catalana (o una fracción de la misma) contribuye a reforzar esta fragmentación de la clase obrera por conciencias nacionales. Además, esta estrategia correrá un riesgo cada vez mayor de dejar a las fuerzas progresistas dentro del independentismo como elementos más de legitimación que de cuestionamiento del proyecto pro-imperialista de los sectores burgueses que lideran el movimiento nacional catalán. El éxito de candidaturas como “Barcelona en Comú” y “En Comú Podem” en municipales y generales respectivamente muestra cómo esta fragmentación puede ser superada. Aun defendiendo el derecho de autodeterminación, estas fuerzas no condicionan la lucha por mejoras para las masas trabajadoras a la lucha por la independencia. No obstante, aun suponiendo que esta opción se posicionara como alternativa tanto al independentismo como al españolismo reaccionario, las capas sociales que la lideran siguen siendo también ajenas a la clase obrera y constituidas fundamentalmente por la intelectualidad progresista, sí, pero de clase media. Aun siendo capaces de impulsar un proyecto de unidad popular más allá de la identidad nacional, aquel no va más allá de la reforma del Estado español actual, lo que también terminará subordinando la lucha de las masas trabajadoras a la política burguesa.

Acuerdo CUP-Junts pel Sí

¿Cómo es posible que una formación anticapitalista pacte un gobierno con la burguesía catalana? Sin duda, esta pregunta se ha repetido hasta la saciedad, sobre todo en el seno del movimiento obrero y popular, desde que la CUP y Junts pel Sí sellaran finalmente su acuerdo parlamentario y de investidura. Pero, ¿realmente es tan extraño este escenario? ¿Realmente es asombroso este compromiso, cuando ya habíamos visto a Artur Mas abrazándose al en su día portavoz de la CUP David Fernández? Y es que, pese a todo, la CUP es coherente con sus planteamientos. Con Artur Mas o sin él en la presidencia de la Generalitat, el proyecto de la CUP condiciona todo avance social al independentismo. Es cierto que los ejes del programa y el discurso de la CUP para las últimas elecciones eran más modestos que en las anteriores, pues se centraban en que Mas no fuera presidente, impulsar el proceso independentista y un programa “de choque social”. Pero ya antes su consigna de independència i socialisme (independencia y socialismo) condicionaba lo social a lo nacional. El acuerdo alcanzado "in extremis" entre la CUP y JxSí, con una clara orientación rupturista con el Estado español, ha creado las condiciones objetivas y subjetivas necesarias para que las expresiones políticas de la oligarquía y el imperialismo (PP-PSOE-C's) estén obligadas a entenderse, en pos de un gran pacto nacional de Estado. ¿A quién beneficia este pacto anticlase, de una fuerza como la CUP, que hasta ahora parecía poner por delante los intereses populares a los nacionales? Que hayamos pasado de hablar, de un pacto progresista antirecortes y de recuperación de derechos laborales (con unanimidad en cuanto a la derogación, de al menos, la última reforma laboral) a través de un pacto PSOE-Podemos-UP a un escenario en el que cada vez más, sectores de peso dentro del PSOE empujen a un posible un pacto PP-PSOE-Ciudadanos ¿Es bueno para los trabajadores de Catalunya? ¿Es bueno para el resto de los pueblos de España y sus clases populares? ¿A quién le sirve? Que en la etapa de mayor crisis política del bipartidismo y al auge de una gran marea popular que se enfrenta a los principales planes económicos del imperialismo y la oligarquía lleguen a tal acuerdo las principales fuerzas antisociales es una derrota para todos los trabajadores de Catalunya y del resto de España. Si la balcanización de España no es, incluso hoy, una apuesta clara del imperialismo ni es posible sin el apoyo de grandes centros de poder extranjeros, lo que sí está claro es que sigue siendo un ariete con el que presionar y orientar la política nacional del Estado. Un sector del PSOE encabezado por Pedro Sánchez empuja hacia un pacto con fuerzas progresistas y nacionalistas que formaría un gobierno que podría entorpecer la aplicación de planes económicos del imperialismo. En este sentido, las fuerzas nacionalistas estarían siendo útiles para los intereses del imperialismo, al obstaculizar la formación de este gobierno. Al cierre de este artículo volvíamos a tener noticias de otros frentes abierto contra el pacto progresista; por un lado ERC, a través de Joan Tardà manifestaba su completa oposición a apoyar cualquier gobierno del PSOE[15] y por otra, en el último congreso del PNV se apostaba por impulsar un nuevo plan Ibarretxe que tiene como ejes la creación de una caja de la Seguridad Social propia y por otra la reforma de la Constitución y el Estatuto para reconocer el derecho de autodeterminación[16]. La explicación a estos fenómenos en apariencia paradójicos no reside en analizar tales movimientos políticos dentro de sus propios márgenes. Si Cervantes hubiera nacido en la época del imperialismo en lugar de la conocida cita: “que no se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad de Dios”[17], sin duda la hubiera modificado de este modo “que no se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad del imperialismo”, al menos en lo que concierne a las potencias de segundo orden como España. Efectivamente, abortado cualquier apoyo por parte de ERC, quedaba confiar la formación de un gobierno progresista apoyándose en los diputados del PNV, ahora este apoyo parece cada vez más difícil. ¿A quién puede beneficiar? Nos preguntamos nuevamente. La respuesta la podemos encontrar no en Madrid, ni Barcelona ni siquiera en Euskadi. Ya desde noviembre Bruselas advertía a España que la formación del nuevo gobierno tiene como reto principal para el año 2016 una nueva reducción del déficit[18] remarcando incluso que el recorte de gastos tendrá que ser más profundo el próximo año que en 2015. En enero y febrero nos lo han vuelto a recordar a través de Dijsselbloem[19] y poniendo como cifra 8 mil millones de € más[20].

De nuevo, que el centro de atención sean los debates nacionalchovinistas y no las condiciones de vida de los trabajadores, suponen una nueva derrota en el campo ideológico. Estas corrientes subterráneas  en la esfera política se enfrentan a la voluntad de la mayoría popular expresada en las las elecciones generales del 20-D en las que la gran mayoría del pueblo catalán votó por un gobierno progresista y no por un proceso independentista, votando mayoritariamente a la candidatura unitaria “En Comú Podem” con casi 1 millón de votos (24,74%)[21], casi el doble que una ERC (15,98%) quien ha virado en los últimos años hacia posiciones independentistas y nacionalchovinistas. Apostar por la separación catalana de España es, a día de hoy, el peor destino para los trabajadores catalanes. En concreto por la falta de acumulación de fuerzas de las expresiones progresistas. En Catalunya, la correlación de estas fuerzas frente a las que apuestan por continuar con los “recortes a la catalana”, del continuismo de Mas, es mucho más desfavorable que en el conjunto de España. En las elecciones catalanas el voto progresista sumó algo más de 1,2 millones y un 29% de votos (PSC+CSQP+CUP) frente a los casi 3 millones y 65% de votos para partidos favorables a políticas de austeridad (JXS+C's+PP+Unió)[22]. En el conjunto de España suponen 11 millones y un 45% de votos (PSOE+Podemos+confluencias+IU-UP) frente a 10,7 millones de y algo más del 42% de votos (PP+C’s)[23]. Puede parecer extraño que incluyamos los votos del PSOE-PSC dentro del voto progresista y no los de ERC. Sin embargo, la actitud de Pedro Sánchez tendente a buscar un acuerdo “a su izquierda” con Podemos (pese a la oposición dentro de su partido)[24] y el apoyo sistemático de ERC a los recortes de Mas[25] nos hacen mantener este diagnóstico por el momento. Pese a su esencia funcional al gran capital, el PSOE no puede sostenerse ni cumplir su función en el régimen político español sin la apariencia progresista que le ha permitido conservar apoyos todavía entre sectores de la clase obrera y de la democracia pequeñoburguesa. Las tensiones entre Pedro Sánchez y los “barones sureños” son, en cierto modo, una manifestación de esta contradicción entre la esencia y la apariencia del PSOE.

El Estatut no era el problema

Es falso también que el problema del Estatut haya sido la fuerza motriz del pueblo catalán a embarcarse en tan arriesgada a la vez que estéril aventura. Lo que sí es cierto, es que desde sectores de la burguesía  catalana, en torno a los que se articulan CDC y ERC, se ha venido utilizado la reforma de l'Estatut como “casus belli” contra el resto de España, dividiendo y enfrentando con ello a las capas populares, no en torno a cuestiones de clase sino a sentimientos nacionales. Además, entroncando el Estatut con el déficit fiscal, este ha sido como un “leitmotiv”, repetido hasta la saciedad y alrededor de la cual han conseguido construir una falacia e inocularla en el imaginario social. Así la burguesía catalana señaló al pueblo a su “chivo expiatorio”, quien les ha servido para explicar como un “dogma de fe” la miseria creada por la burguesía catalana al conjunto de su pueblo trabajador para esconder y refugiar al verdadero culpable: la burguesía y el imperialismo que explota y oprime al pueblo trabajador catalán.

Con toda seguridad decimos que el problema no fue el rechazo a l'Estatut. Las mismas encuestas que manejaba la Generalitat, ya en el año 2010 (casi 5 años después de los tensos debates en torno a esta cuestión, procesos judiciales, grandes circos mediáticos de ambos bandos, etc.) situaban la relación de Catalunya con España y el nuevo Estatut como el sexto problema para los ciudadanos de Catalunya. Aproximadamente el 14% de las respuestas -en una pregunta con multirrespuesta- apuntaron en esa dirección. Incluso la ‘insatisfacción con la política’ se encontraban en un orden de prioridades mucho mayor (21,3% de las respuestas), y muy por debajo del ‘paro y la precariedad laboral’, la ‘economía’, la ‘inmigración’ o la ‘inseguridad ciudadana’[26]. ¿Quién estaba entonces impulsando un nuevo Estatut al margen de los intereses y prioridades del pueblo catalán? Nada más y nada menos que sectores de la alta burguesía catalana - por cierto, muchos de ellos anteriormente ligados al franquismo más rancio, reaccionario y nacional-católico - la familia Lara, Godó... quienes el 31 de Agosto de 2005 hacen pública, mediante una carta publicada en los principales medios catalanes a forzar un acuerdo entre Maragall y Mas para sacar adelante el nuevo Estatut[27]. Así, mientras el Govern se dedicaba a perfilar el proyecto de crear un marco fiscal propio para la burguesía catalana, un régimen de relaciones territoriales especialmente insolidario con las regiones menos desarrolladas de España, e incluso, aprobándose una política de inmigración propia[28], las clases populares catalanas sufrían el derrumbe del Carmel, deslocalizaciones en la zona franca, las pésimas condiciones del Raval y, en silencio, todavía sin saberlo, el verdadero expolio fiscal del 3%.

¿Una Catalunya independiente o subordinada al imperialismo?

Cabe recordar que el modelo de soberanía que reclamaba para Catalunya, en su día ERC con Carod-Rovira a la cabeza era una soberanía como la de Luxemburgo. Soberanía que como mucha gente sabe, termina en alguno de los despachos de Berlín. Como ha ocurrido a lo largo de la Historia, no es la primera vez que las élites catalanas han querido separar Catalunya del resto de España, hay que recordar también que todas ellas con resultados desastrosos para el pueblo catalán e incluso con pérdidas territoriales. Así por ejemplo, en 1640, como recuerda el gran historiador marxista Pierre Vilar:

“España no tuvo a tiempo su Richelieu ni su Luis XIV. A las primeras intromisiones de Felipe II, Aragón le recordó con dureza sus viejas prerrogativas. La primera tentativa enérgica de centralización fue la de Olivares, en el siglo XVII, cuando ya se agotaba la fuerza económica y militar del centro español. Era ya demasiado tarde para ser brutal. Portugal se sublevó. Y Cataluña se ofreció a Francia.

Efectivamente, las élites de la sociedad catalana prefieren entregar Catalunya a Francia, se nombra incluso a Luís XIII rey de Francia como conde de Barcelona. Esto no dejaría de ser anecdótico si no fuera por las implicaciones que tuvo para el pueblo de Catalunya de la época: los abusos de las fuerzas militares francesas a la población se sucedían a diario y la presión fiscal a los pequeños comerciantes y campesinos pasó a ser insostenible para el pueblo catalán. No es de extrañar que, cuando en 1659 las tropas de Carlos II expulsaron a los franceses de Girona, fueran recibidas por la población, harta de la ocupación real francesa al grito de “Visca Espanya!”.  Como es bien sabido, en 1659, con la firma del tratado de los Pirineos Catalunya pierde el Rosselló (Catalunya Nord) que desde su incorporación a la corona francesa sigue viendo reprimida y anulada casi toda expresión cultural, lingüística y autonomía política, mientras que en España, mantendrían sus fueros hasta la llegada de los borbones en 1714 con los Decretos de Nueva Planta. Ya en el s.XX, en plena Guerra Civil española, ERC a la cabeza con Pi i Sunyer llegó a negociar una rendición con el bando fascista a través diferentes potencias (sobretodo Inglaterra y Francia). Además, se ofreció junto a Euskadi a pasar a ser un protectorado de alguna de esas dos potencias.

Podemos ver así que, a lo largo de todo el recorrido histórico del nacionalismo, si bien los intentos de separar al pueblo catalán del resto de España han sido obra exclusiva de las élites de cada época, no han encontrado en las bases populares un apoyo ampliamente mayoritario para proyectos que saben que no van con ellas.

La burguesía catalana amiga del fascismo

Francesc Cambó, fundador de la Lliga Regionalista y abogado, era uno de los hombres más ricos de España en 1936. Ya en 1923 apoyó junto a la burguesía catalana el pronunciamiento de Miguel Primo de Rivera. En el 36, poco después de dar inicio la Guerra Civil, puso parte de su fortuna al servicio de los alzados: organizó una red de espionaje, pagó un boletín informativo que se enviaba a los periódicos franceses y hasta llegó a recaudar fondos para comprar armamento. En una carta dirigida a Ferran Valls Taberner, historiador y diputado de la Lliga Regionalista, le encarga que busque dinero entre sus amistades catalanas "para ayudar el triunfo del ejército". Incluso se refiere a la familia Larrañaga, que vive en Montecarlo, con casi toda su fortuna fuera de España; le pregunta a Valls si la conoce y le pide que haga una gestión cerca de ellas "para que hicieran un donativo en relación con su fortuna"[29].

Con estos antecedentes no es de extrañar si nos preguntamos ¿Debe fiarse la CUP de una expresión política como la CDC (miembro de la temporalmente escindida CiU) directamente emparentada con ese sector de la burguesía? Es más, incluso desde el puro interés nacionalista ¿No cabe preguntarse si entregar el destino de la construcción de Catalunya como Estado-nación a un Govern presidido por un representante como Carles Puigdemont, de esa burguesía históricamente vendepatrias, es una posición consecuente además de antipopular? ¿Por qué no recuperar la mejor tradición del movimiento obrero catalanista? ¿Fascistas nosotros? ¿El PCE y el PSUC? Precisamente es bueno recordar en estos momentos a la CUP de quién son herederos aquellos con quienes acaba de pactar.  De nuevo la Historia lucha contra ese nacionalismo vendepatrias e imperialista. En este sentido, son interesantes las declaraciones de un exdiputado del PSUC sobre los actos en conmemoración a Francesc Cambó con motivo de cincuenta aniversario de su muerte:

“Fue Cambó quien organizó en Francia el más completo y eficaz sistema de apoyo político y cultural a la causa de Franco, a la que dedicó todas sus energías y una buena parte de sus grandes recursos económicos. Fue él quien organizó a los intelectuales de derecha y de extrema derecha de toda Europa para legitimar a Franco y los suyos a los ojos de la opinión mundial. Y fue él quien instó a los miembros de la Lliga Catalana a hacer causa común -con el franquismo.”[30]

La connivencia entre el nacionalismo burgués catalán y el franquismo se entiende por la naturaleza de clase de ambos. Ésta adquiere dimensiones de estrecha colaboración que no cesa con la liquidación de la II República sino que se extiende durante todo el franquismo, participando activamente en la represión de toda expresión organizada de la clase obrera. Así lo demuestra Daniel Díaz Esculies en su libro “Entre filferrades” (entre alambradas), a través de una carta escrita en 1939 que el embajador español en Francia remite al ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco. En ella afirma haber mantenido reuniones con F. Cambó en las que el líder de la Lliga Regionalista manifiesta una especial preocupación por las habilidades del histórico dirigente del PSUC Joan Comorera, sugiere además, someterlo a estrecha vigilancia[31]. En el año 1954 Comorera será capturado y encarcelado en el penal de Burgos donde fallecerá tres años después.

Frente a la fragmentación nacionalista, defendamos la unidad popular y luchemos por la reconstitución del Partido Comunista

No por mil veces repetir una mentira se acaba convirtiendo en verdad, aunque mucha gente la pueda acabar asimilando. Tampoco es honesto mezclar y confundir la singularidad y el orgullo del pueblo castellano, catalán o gallego con el “hecho diferencial” camboniano tan bien acogido por sectores de la burguesía catalana. El sentimiento de unidad entre los pueblos de las diferentes nacionalidades de España ha sido el que en momentos cruciales ha movilizado a las masas populares en solitario, embarcandolas en multitud de luchas revolucionarias. La Historia nuevamente es tozuda e implacable, y de nuevo los clasicos del marxismo como Marx están de nuestra parte. ¿Qué hay de la ejemplar resistencia frente al invasor francés en 1808 a través de la unidad popular? ¿Qué hay de la sumisión y entrega de nuestra patria por parte de las capas más altas de la sociedad y sus élites afrancesadas? ¿No elogió C. Marx al pueblo español en su texto La España revolucionaria? La Historia de España nos demuestra que, únicamente las clases populares de España han sido la vanguardia de la patria cuando han sabido golpear unidas como un puño al enemigo común. Así ha ocurrido tanto en el episodio antes mencionado de la Guerra de Independencia, durante la Guerra Civil, la resistencia antifranquista, las luchas antiimperialistas contra la OTAN o todas las huelgas generales incluso las más recientes. Es cierto que la unidad no es garantía de éxito pero no cabe duda que constituye una de las bases materiales de este. Así, frente a la unidad popular que debe empujarnos a conquistar un futuro mejor, los enemigos nos quieren divididos y desorganizados, débiles para así poder explotarnos y oprimirnos mejor. Y no es una proclama comunista sino una verdad universal que es bien asimilada tanto por los enemigos del pueblo (impedir que lleguemos a golpear como un puño) como por los comunistas, anarquistas, socialistas y hasta nacionalistas (honestos y consecuentes con la defensa de su patria) y sectores progresistas del nacionalismo como la CUP cuando han sabido situar en primer lugar los intereses populares o del ejemplar Lluis Companys[32] coordinando el “Comitè de Solidaritat amb la República”.

Solamente sobre la base de articular un movimiento popular a todos los niveles: vecinal, local, municipal, provincial, autonómico hasta llegar a coordinarlo a nivel nacional, solamente a través de practicar la unidad, más unidad y mejor unidad popular podremos proponernos alcanzar cualquier objetivo transformador que necesita la mayoría. Se equivocan quienes piensan que una Catalunya independiente, bajo la dirección política de la burguesía catalana, puede crear mejores condiciones para las transformaciones sociales que las clases populares necesitan. Una Catalunya independiente, como cualquier sociedad, si no existe una vanguardia política que aglutine alrededor de la clase obrera al resto de sectores populares, nunca, sin esa dirección y sin tener como objetivo expulsar del poder a los representantes de la vieja clase explotadora y sin estar dispuestos a romper lazos con el imperialismo podrá aspirar a nada más que acumular derrotas y padecer las más humillantes ignominias solo comparables a la de 1640. También se equivocan quienes responden a los planes reaccionarios del nacionalismo burgués catalán asumiendo la política (también reaccionaria) del nacionalismo burgués español consistente en negar el derecho de autodeterminación a las nacionalidades de España. Sólo la unidad voluntaria de las nacionalidades puede servir de base para una verdadera unidad popular, más allá de las identidades nacionales y que sitúe en primer término la lucha de la clase obrera y otras capas trabajadoras. Y una unidad voluntaria sin derecho de autodeterminación no es más que una frase hueca y carente de contenido.

Pero la inexistencia de un partido obrero independiente lleva a los sectores proletarios que participan en movimientos de carácter interclasistas a intervenir en ellos como elementos subordinados a su dirección burguesa o pequeñoburguesa, pero no como clase, con sus propios intereses y su propio programa. Además, como hemos visto anteriormente, en la época actual de desarrollo del capitalismo internacional en general y español en particular el contenido progresista de los movimientos independentistas es bastante limitado, más allá de la reivindicación democrática del referéndum de autodeterminación. Es por todo esto que las tareas inmediatas de las y los comunistas tanto en Cataluña como en el resto de España giran en torno a la reconstitución del Partido Comunista que organice y unifique a la vanguardia obrera sobre la base no de la nacionalidad, sino de la lucha por el socialismo. Solo así podrá irse desarrollando la organización de la clase obrera como partido político independiente. Solo así estará la clase obrera en condiciones de actuar como fuerza política decisiva respecto a los movimientos políticos de masas, ya sean nacionales o de unidad popular, en el sentido de apoyar lo que tengan de progresivo y combatir lo que tengan de reaccionario o de claudicación frente al capitalismo imperialista.

 

[1] Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Stalin, El marxismo y la cuestión nacional.

[5] Para ello, los movimientos de liberación nacional contaron con la inestimable ayuda de la Unión Soviética y otros países socialistas, además de la solidaridad y la participación activa del movimiento comunista internacional.

[6] Ciertamente existen casos como el palestino o el saharaui en los que los movimientos independentistas juegan un papel progresista y de oposición al imperialismo. Son casos en los que todavía existen fuertes eslabones entre las dos épocas del capitalismo en cuanto a los movimientos nacionales. Aunque inconclusos, los procesos independentistas palestino y saharaui proceden de esa ola de revoluciones anticoloniales desarrollada entre los años 40 y 70 del siglo pasado que tenían pendientes tareas históricas de tipo anticolonial y antifeudal. También tenemos el caso de las Repúblicas Populares en las regiones ucranianas orientales de Donetsk y Lugansk. En este caso se mezclan la resistencia popular a una agresión imperialista indirecta (apoyo a fuerzas golpistas reaccionarias), las consecuencias de la contrarrevolución que disolvió la Unión Soviética (apoyada por el imperialismo occidental) y la creciente influencia de Rusia como potencia capitalista emergente (frente al bloqueo del imperialismo occidental). Pero, en cualquier caso, estos movimientos nacionales representan más la excepción que la norma en la época histórica actual y lo que ésta implica de cara a la formación de nuevos Estados nacionales independientes.

[7] Lenin, El imperialismo, fase superior del imperialismo.

[8] Houben, Un análisis marxista de la globalización actual.

[9] Ibíd.

[10] “Cuanto más próximo el régimen democrático de un Estado a la plena libertad de separación, tanto más infrecuentes y débiles serán en la práctica las tendencias a la separación, pues las ventajas de los Estados grandes son indudables, tanto desde el punto de vista del progreso económico como de los intereses de las masas, y además estas ventajas aumentan continuamente con el crecimiento del capitalismo.” Lenin, La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación.

[11]  http://www.abc.es/espana/20150901/abci-independencia-catalana-empresa-201508312124.html

[12][12] http://www.abc.es/espana/20140407/abci-artur-victor-201404061945.html

[13] Pese a las dudas por la incertidumbre política, parece clara la posición de la patronal catalana de PYMEs Pimec en apoyo del “procès”: http://cat.elpais.com/cat/2015/11/26/catalunya/1448558114_767129.html

[14] Véase la información relativa a los resultados en los barrios obreros de Barcelona, así como en varias de sus ciudades dormitorio: http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20150927/54437681718/resultados-elecciones-barcelona.html

[15]   http://www.europapress.es/nacional/noticia-tarda-dice-erc-no-apoyara-gobierno-sanchez-porque-psoe-niega-derecho-decidir-catalanes-20160111120058.html

[16]   http://politica.elpais.com/politica/2016/02/13/actualidad/1455357198_950025.html

[17]   http://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap03/cap03_02.htm

[18]   http://www.20minutos.es/noticia/2597678/0/tecnicos-hacienda/recortes-mas-profundos-2016/previsiones-bruselas/

[19]   http://economia.elpais.com/economia/2016/01/10/actualidad/1452457341_944402.html

[20]   http://www.elconfidencial.com/economia/2016-02-04/bruselas-espera-un-mayor-crecimiento-de-la-economia-espanola-pero-con-mas-deficit_1146308/

[21] http://resultados.elpais.com/elecciones/2015/generales/congreso/09/index.html

[22] http://resultats.parlament2015.cat/09AU/DAU09999CM_L2.htm

[23] http://resultados.elpais.com/elecciones/2015/generales/congreso/

[24] http://www.publico.es/politica/sanchez-presenta-programa-gobierno-claro.html

[25] Ello se manifiesta tanto en los presupuestos aprobados con el “rodillo parlamentario” de CiU+ERC como en la actual prórroga de los presupuestos: http://www.20minutos.es/noticia/2036756/0/presupuestos-2014/cataluna-caracter/antisocial/; http://www.eleconomista.es/catalunya/noticias/7324749/02/16/El-Parlamento-catalan-aprueba-la-prorroga-tecnica-de-los-Presupuestos-de-la-Generalitat-con-apoyo-parcial-de-la-CUP.html

[26] Barómetro de opinión política realizado en el año 2010: http://ceo.gencat.cat/ceop/AppJava/pages/home/fitxaEstudi.html?colId=2668&lastTitle=Bar%F2metre+d%27Opini%F3+Pol%EDtica+%28BOP%29.+2a+onada+2010

[27] http://www.libertaddigital.com/nacional/volem-un-nou-estatut-quien-es-quien-1276260778/#

[28] Fundación subvencionada por CDC y ERC con posiciones llegando a rozar la xenofobia y el apartheid de la cultura árabe: http://www.gencat.es:8000/generalitat/cas/estatut/titol_4.htm#a138http://www.nouscatalans.cat/index.php/opinio/2964-2926.html

[29] La carta se publicó en la biografía Ferran Valls i Taberner: Un politic per a la cultura catalana (Ariel, Barcelona, 1970), escrita por Juan Antonio Parpal y José Manuel Lladó. https://picasaweb.google.com/111174684174070606169/PaginaDeInternetWwwFnffEs?noredirect=1#5890396971673167890

[30] Pese a ser un renegado, Solé Tura acierta en su caracterización de Cambó: http://elpais.com/diario/1997/05/16/opinion/863733603_850215.html

[31] http://elpais.com/diario/1993/06/17/cultura/740268001_850215.html

[32] Entre el 1 y el 7 de marzo de 1937 tuvo lugar en Barcelona la Setmana de la Solidaritat de Catalunya amb Madrid, que se cerró con un multitudinario mitin en la plaza de toros de La Monumental, en el que el presidente Lluís Companys pronunció aquel contundente «¡Madrileños! Catalunya os ama», convertido en consigna en el cartel editado por el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya.