Manifiesto para preparar el centenario de la Revolución de Octubre. La liberación socialista: una necesidad cada día más urgente

Partido del Trabajo Democrático (PTD) y Gazte Komunisten Batasuna (GKB)
6 de Noviembre de 2015

La liberación socialista: una necesidad cada día más urgente

El 7 de noviembre de hace 98 años, se produjo un acontecimiento controvertido, pero de incuestionable actualidad: los obreros y campesinos de Rusia inauguraron el proceso histórico de sustitución del régimen capitalista por un régimen socialista.

Según la versión de los partidarios del capitalismo –convertida en oficial desde que cayó la Unión Soviética- fue una revolución ilegítima que instauró un sistema totalitario equiparable al nazi-fascismo y que resultó un fracaso en todos sus aspectos. Sostienen esta opinión los mismos que asumen una crisis económica enriqueciéndose más y más mientras destruyen 3 millones de puestos de trabajo, reducen la cobertura del paro, rebajan los salarios, precarizan los empleos, alargan las jornadas de trabajo, retrasan la edad de jubilación, multiplican los desahucios, recortan y privatizan los servicios públicos, disparan las cifras de pobreza y perpetran crímenes en el tercer mundo, inmensamente peores que los que denuncian hipócritamente en su propaganda. Según ellos, que están a salvo de estos males, se trata de defectos menores que los del socialismo.

Exculpan a su sistema de la explotación y la violencia que padecen a los trabajadores y trabajadoras y que acaban convirtiéndolos en revolucionarios. Nunca hablan del acoso permanente al que han sometido los intentos de construir pacíficamente el socialismo: la URSS tuvo que sufrir la invasión de las catorce mayores potencias en los primeros años de su existencia, la posterior invasión hitleriana que le costó más de 20 millones de vidas y, finalmente, la amenaza nuclear y el cerco hostil de la “guerra fría” hasta su desaparición.

Niegan los logros sin precedentes que ha alcanzado el socialismo, no vaya a ser que cunda el ejemplo. Esta nueva forma de organización social –pese a partir de una herencia de atraso y dependencia exterior- ha asegurado una prosperidad creciente para toda la población, acabando con el hambre, las crisis, el desempleo, el analfabetismo y la explotación de unos seres humanos por otros. La Unión Soviética se convirtió así en la segunda potencia económica mundial, apoyándose en sus propias fuerzas, y no –como los Estados Unidos y Europa Occidental- en el saqueo colonial y la esclavitud.

Los defensores del capitalismo tampoco reconocen que fue este sistema el que amamantó a la bestia fascista, precisamente para tratar de aplastar al socialismo. Pero la victoria de éste y sus mejoras continuas de la condición obrera elevaron tanto su prestigio entre los trabajadores de Occidente que los capitalistas se vieron obligados a hacerles concesiones para contener el desarrollo de su determinación revolucionaria. Ahora que la URSS ha desaparecido, desmantelan poco a poco ese "Estado del bienestar" capitalista.

La profunda crisis que vive el capitalismo monopolista no deja a la humanidad otra alternativa que degradarse hacia la miseria y la guerra, o bien alzarse en lucha por el socialismo. El desarrollo que el capitalismo ha aportado a la sociedad en este último siglo proporciona a las futuras revoluciones socialistas una base mucho más firme que les permitirá realizar plenamente su potencial de progreso. La mayor parte de las fuerzas productivas ha adquirido un carácter social y los restos de pequeña propiedad se hallan totalmente sometidos a aquéllas. El grueso de la población se convierte en asalariada, se proletariza. Asimismo, la crítica científica de la ya abundante práctica socialista que ha vivido un tercio de la humanidad nos permitirá superar los defectos que debilitaron las primeras tentativas. Por fin, podremos liberarnos del capitalismo y de siglos de antagonismo sociales, para seguir progresando, esta vez, en armonía entre los seres humanos y con la naturaleza.

Para transitar por este camino, las organizaciones comunistas que suscribimos el presente manifiesto nos comprometemos, en los dos años que faltan para el centenario de la revolución rusa, a estudiar y dar a conocer la rica experiencia del socialismo en el crisol de las luchas de la clase obrera, a fin de que ésta se convierta en el gran partido revolucionario que salve al pueblo de los horrores a que nos conduce el capitalismo.