[Opinión] Comparaciones: hooligans en tiempos de lucha

Matilde Moya
Viernes, 11 Diciembre, 2015

 

Actualmente existen cientos de luchas particulares que se ven enmarcadas dentro de luchas más generales. Podríamos hablar de la lucha contra el cambio climático, contra la extinción de especies y contra la contaminación como lucha ecológica;  igual que hablaríamos de la lucha contra la violencia machista, por un salario igualitario y contra la objetualización de la mujer como lucha feminista. Los comunistas entendemos la necesidad de apoyar todas las reclamaciones concretas que tengan un carácter progresista, es decir todas aquellas demandas que permitan a la humanidad  acercarse más al desarrollo pleno tanto colectivo como individual, mejorando sus condiciones de vida y aumentando su felicidad. Pero por desgracia me encuentro constantemente militantes o personas con inquietudes sociales, que son una traba en la unificación de las luchas, al haberse convertido en los hinchas y las hinchadas de ciertos movimientos, corrientes, organizaciones o individualidades, tratándose ésta de una de las enfermedades más grandes que tiene nuestro país.

De normal me cuesta entender este fenómeno en el fútbol y otros deportes, esta especie de patriotismo de colores, donde uno siente como suyo algo que no le pertenece, sobre lo que no tiene decisión y que de un año a otro cambia completamente. Pero no solo eso, sino la constante dicotomía entre mi equipo y el otro. Si eres del Madrid no puedes ser del Barça, si eres del Sevilla no puedes ser del Betis, o si eres de Las Palmas no puedes ser del Tenerife.  Pero bueno, en el fútbol es algo aceptable, el drama , salvo en escasas ocasiones, no va más allá de riña de bar.

El problema es cuando este fanatismo llega a otros campos de la vida. Para muchas personas, esta dicotomía es esencial en su forma de pensar, no estar alineado de forma total y permanente en el bando de ellos, te sitúa en el otro bando de forma automática, te hace ser incluso una persona despreciable, pero si además niegas la pertenencia a ese segundo bando eres un loco o una persona con falta de lealtad.

En política sucede igual, hasta hace poco si alguien criticaba al PP, sus hinchas se lanzaban al cuello criticando al PSOE y viceversa. Lo mismo sucede ahora, si criticas a  alguien de IU, Ciudadanos, el PP o el PSOE alguien siempre menta a Podemos. Pero también ocurre en otros ámbitos más triviales,  si en Madrid dices que no te gusta la Mahou, por alguna extraña razón que nunca llegaré a comprender, se mencionan los defectos de la Cruzcampo, o si dices que te gusta Nintendo alguien siempre tiende a compararlo de forma negativa con otras videoconsolas. Parece que en muchos temas vivimos en el mundo de la dicotomía, que la bidireccionalidad es algo propio de la cultura que nos han inculcado; la flexibilidad, el cambio, la capacidad de criticar y mejorar nuestro punto de vista es algo que queda en un segundo o tercer plano.

El problema es que en las luchas sucede lo mismo, mucha gente no entiende que normalmente la solución a los problemas no se encuentra en ninguno de los puntos de partida, sino en el lugar donde se unen, se enfrentan y se superan. Actualmente uno de los ejemplos más de moda es el caso de aquellos que se dedican a señalar al feminismo como un error porque no lucha por la discriminación y los malestares de los hombres. También es muy habitual el que dice que se ocupará de pensar en proteger el medio ambiente cuando todo el mundo pueda comer en su casa o el que piensa que defender los derechos de los trabajadores industriales va en contra del ecosistema.

Pero la clave se encuentra en un punto diferente,  está en ver que la raíz del problema es la misma, que los dos ramas tienen problemas con el patriarcado o con la forma en que se producen mercancías, en definitiva con la forma en que se organiza la sociedad y se establecen las relaciones sociales. Este hooliganismo inculcado funciona como una visión de túnel preparada para evitar que tengamos una concepción holística del mundo, evitar que nos demos cuenta de la necesidad de unificar luchas, de entender que todos los problemas suelen tener esta raíz común y que golpear unidos y coordinados nos daría más fuerza.

Pero esta unidad tiene que hacerse con ciertas premisas, tener claro cuales son las prioridades y no despreciar ninguna lucha. Por ejemplo, es cierto que hay hombres que son maltratados y violados, pero a la vez es cierto que el porcentaje de mujeres es mucho mayor y que además las mujeres tienen otros problemas de violencia estructural mucho mayores que los hombres desde hace mucho más tiempo, y por tanto, es lógico que las mujeres sean una prioridad en la lucha contra la violencia patriarcal. Pero la exposición de ambas razones nos demuestra que no es una cuestión de reprimir a los hombres, sino que debemos luchar contra el patriarcado, destruir el concepto de pareja amorosa como un símil de posesión mutua fundamentada en gran medida en compartir los bienes materiales, educarnos en el trato de igualdad hacia las personas entendiendo sus capacidades y sus necesidad diferenciadas, y balanceando nuestro apoyo en base a estos principios. Esto resolvería ambos problemas. No existe antagonismo en la lucha contra los asesinatos y el maltrato cometido aprovechando vínculos afectivos. Podemos y debemos acabar con ambos a la vez.

Pero por desgracia esto no es lo predominante, el hooliganismo está ampliamente extendido e intenta rebajar constantemente la magnitud y los avances que se han hecho sobre un problema para señalar otro. No es lo mismo decir: “Existen hombres maltratados que no pueden denunciar su maltrato porque la sociedad lo ridiculizaría.” que decir “Es que hay  hombres maltratados, y mientras las mujeres tienen sitios donde denunciar, el hombre se ve completamente indefenso y  muchísimos casos las feministas lo silencian”. En el primer caso podría considerarse que eres un activista, en el segundo, eres sin duda un machista. Lo mismo se aplicaría a los derechos laborales, decir “es injusto que cobremos 500 euros al mes por cuatro horas” es diferente a decir “mientras que los obreros industriales tienen un montón de privilegios, nosotros solo cobramos 500 euros por cuatro horas.” en el primer caso estás defiendo a los trabajadores en el segundo le estás haciendo el juego al empresario. De igual manera funciona el: “mientras que nosotros nos morimos de hambre los inmigrantes cobran prestaciones sociales” en lugar de exigir prestaciones sociales para todos. Siempre que rebajamos la importancia de una lucha, beneficiamos a aquellos que se aprovechan  de la desigualdad y la injusticia. Este comportamiento es completamente reaccionario y despreciable..

Las hinchadas dicotómicas son parte esencial del capitalismo, unirnos bajo una idea abstracta sin justificación para enfrentarnos un supuesto rival, permite que cada vez estemos más divididos, que apoyemos a clases, entidades o personas  a las que no pertenecemos y a quienes no les importamos, que rehuyamos de la verdad mientras toque el tema de nuestra afiliación. Una hinchada nace de apoyar de forma absoluta a un ente ajeno. Si nos dejamos obnubilar por nuestras afiliaciones, si no somos capaces de cuestionar todo, ver nuestros defectos, ver las cualidades de los otros y aprender de ellos, perderemos la oportunidad de darnos cuenta que en frente puede haber un aliado en vez de un enemigo. Y eso es la derrota, da igual cual sea nuestra lucha, sin aliados estamos perdidos