[Opinión] Los supermercados para los superexplotados

Miki, trabajador despedido del Híper Usera
Lunes, 21 Marzo, 2016

Existe un sector de la clase obrera en el que pocas veces se suele pensar y que en la actualidad es uno de los que más pésimas condiciones de trabajo tiene y en el que más explotados se encuentran sus empleados: el sector de la gran alimentación y consumo. Y dentro de este, en los hipermercados y supermercados.

Este sector suele ser uno de los más “despolitizados”, de los que menos interés tienen en la política, y es algo normal. Sus trabajadores son o gente sin el graduado, o gente que si ha estudiado pero que tiene unas necesidades en el hogar que le hacen trabajar en estos sitios, al igual que sus compañeros “sin estudios” reglados.

Esta situación personal hace que las y los trabajadores de estos centros tengan un total o amplísimo desconocimiento sobre la economía, la política, etc., porque no tienen tiempo ni interés en comprender cómo funciona la Sociedad y por qué esta es así, al tener que pasarse todo el día en el “super” para poder sacar adelante a sus familias o a sus propias vidas.

Y esto les influye a la hora de comprender que la lucha económica de los sindicatos es justa y muy necesaria para sus condiciones laborales, causando en la gran mayoría rechazo y/o pasotismo, ayudando sin saberlo al régimen de empresarios a poder explotarlos con total libertad.

No es casual que en los últimos años las plantillas de estos lugares de trabajo se hayan visto desposeídos cada vez más de derechos, de pagas, de días libres, etc.

Podemos enumerar varias características y casos por los que la clase trabajadora que se dedica al comercio y/o a la alimentación tienen que sufrir:

. El personal que trabaja en estos centros, suele estar condenado al “aislamiento seccionalista”.
La empresa trata siempre de diferenciar bien y marcar límites entre las diferentes plantillas de las diferentes        secciones, ya sean de sala, o de productos frescos como pescadería, frutería, carnicería… para que a la hora de recortar en algún derecho, en salario, o lo que les plazca, no tengan la capacidad de organizarse juntos, porque además, cuando los empresarios rebajan la dignidad de estas plantillas, suelen hacerlo “por fascículos”, afectando primero a determinadas secciones, y más adelante a otras, también para comprobar que reacción tiene el personal ante estos hechos y poder bascular.

.   Relacionado con esto, tenemos también la “burguesización” de encargadas, encargados, jefaturas de tienda, etc, a las y los cuales se les hace pensar que la tienda es suya, inculcándoles la idea de propiedad privada sobre algo que ni siquiera les pertenece, alejando a estas personas del resto de trabajadoras y trabajadores, llegando a ser los fieles sirvientes de los grandes empresarios, denunciando y provocando el despido de sus compañeros, a cambio de unas palmaditas en el hombro y en muchos casos, del mismo sueldo que perciben las y los no encargados.

.   Otro hecho que se da en casi cualquier supermercado, se ve dentro de los sindicatos, apareciendo siempre los sindicatos de la propia empresa( famosos son por ejemplo Fasga y FETICO, que tantos problemas dan sobre todo a las plantillas de los supermercados de El Corte Inglés) o delegados de sindicatos mayoritarios como CCOO y UGT, que allá dónde no son los mismos que representan los intereses de los sindicatos de empresa, tienen complicada la asistencia a las trabajadoras y los trabajadores, porque en la mayoría de los centros, sus representantes sindicales responden, o a todos los centros de la empresa, o a varios centros dentro de determinadas regiones geográficas, imposibilitando de manera cuantiosa el poder atender las necesidades y problemas de las y los trabajadores, y siendo el número de delegados y delegadas muy reducido en comparación a la movilidad que necesitan( aunque también es cierto que podrían hacer mejor las cosas seguramente en muchos casos, pero la realidad es que los empresarios no se lo ponen nada fácil).

.   Otro rasgo a resaltar es el horario comercial, esto también en común con grandes superficies y el comercio en general. Trabajar durante todo el día si tienes horario partido, impidiendo tu conciliación del trabajo con la vida personal, y si tienes suerte, verte obligado a cambiar tu horario de sueño, semana tras semana con los turnos rotativos, sin mencionar el trabajar seis días a la semana, si no son 7, incluyendo los domingos, los cuales desde las últimas reformas, ya ni siquiera se pagan aparte y a mayor precio, sino que entra dentro de tu salario “normal”.

.   Las horas extras, en inventarios, período de Navidad, vacaciones, etc, tampoco se pagan ya, ni más caras que las normales que es lo legal, ni al mismo precio, aunque sea en domingos que no entren en tu contrato, sino que se da en horas o días, y no cuando tu quieras en muchos casos, sino cuando al o a la responsable de turno le parezca oportuno.

.   En comercio, es normal tener clientes de última hora que provocan que tengas que cerrar más tarde, recoger más tarde y salir más tarde. Este tiempo se regala, por si no se regalase mucho ya, y sin esperar nada a cambio. Ya sean 10, 15 0 30 minutos, sumado día a día, son unas cuantas horas que se quedan los empresarios.

Eso si, llega tú tarde o ficha 3 minutos después de tu hora de entrada. Te espera o que te quiten dinero de la nómina, o charla sobre la importancia de la puntualidad(hipocresía) o el despido directamente.

.   Y la peor o de las peores características de ser un trabajador o trabajadora de supermercado: la temporalidad.

Estos trabajos, sobre todo en sala, sufren de este tipo de contratos. Aunque te lo hagan indefinido desde el principio. Debido a que estás seis meses en período de prueba, sin saber lo que te espera al día siguiente o en un par de horas, con miedo cada vez que te llaman la atención con o sin razón, temiendo que en un rato te llegue el despido, porque es lo que supone esos seis meses de prueba, el despido inmediato sin avisar y dejándote sin posibilidad de reaccionar en cualquier momento.

Y cómo les sale barato, seguramente, de hace dos años a esta parte, si entras a trabajar en algún supermercado, espera que sea lo que te ocurra. Quizá trabajes un mes en ese supermercado y veas entrar y salir a 5 personas, hasta el día en que te llegue a ti el momento.

Como se puede apreciar, existen unas pésimas condiciones que provocan una situación de descontento, de desconfianza y de malestar en el trabajo, que quienes no llevan toda su vida y están a punto de jubilarse allí y obvian la realidad y no se molestan en luchar, son jóvenes entre 20-30 años con hijos, casados, o con cargas familiares que a lo único a lo que aspiran es a intentar encontrar otra cosa y subsistir mientras con lo que les caiga encima, dejando de lado la tan necesaria lucha que necesitan realizar para poder tener un mínimo de comodidad y estabilidad y de futuro.

Por lo tanto, todas y todos los que trabajamos o hemos trabajado y sabemos lo que ocurre en estos lugares, y el resto de la clase obrera, que como tal debe ser solidaria con sus compañeros de clase, debemos llamar a nuestras y nuestros iguales a alzar sus voces, a no callar, a sindicarse, a luchar por sus derechos, y explicarles lo que toda trabajadora y todo trabajador debemos hacer para llegar a una nueva sociedad libre de toda explotación.

Para esto, tenemos que organizarnos en nuestro propio Partido, tomar voz y voto, tomar las riendas de nuestras vidas y vencer a los jefes, los empresarios, la oligarquía financiera que trata de hundirnos cada vez más en la miseria.

Acabemos con la superexplotación de los supermercados. Somos quienes reponen los alimentos que necesitas y a por los cuales vas a comprar a ese lugar donde tus compañeros, tus amigas, tus familiares están sufriendo un ataque directo y permanente a sus condiciones de vida, de salud y de trabajo.