[Opinión] Lucha antiimperialista: patriotismo revolucionario y nacionalchovinismo (Parte I)

Dimitrov
Lunes, 14 Diciembre, 2015

Estado y pueblo

Los Estados no han sido nunca el resultado de la organización de los pueblos en su conjunto, no nacen de la voluntad popular. Los Estados son producto del interés y necesidades por parte de las clases dominantes de dotarse de los instrumentos necesarios de opresión, control y dominio de sociedades enteras para someter a las clases populares a un determinado régimen histórico de explotación.

Como tampoco son impulso de los pueblos las guerras entre ellos, éstas  no son más que lucha encarnizada por el control de los recursos más preciados de cada periodo histórico entre las diferentes oligarquías en pugna; en el esclavismo por el control de esclavos y tierras; bajo el régimen de servidumbre, la conquista de otros pueblos para incorporar a sus dominios otras tierras. Bajo el capitalismo para apoderarse de recursos naturales y energéticos, debilitar otras potencias competidoras y asegurarse el control político de sociedades enteras diseñando un marco de explotación propio al servicio de la metrópoli.

Ya Marx empezó a desarrollar la relación entre el proletariado y el sentimiento nacional y lo sintetizó de forma que se oponía diametralmente al sentido y orientación burgués: “A los comunistas se nos reprocha también que queramos abolir la patria, la nacionalidad. Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del Poder político, su exaltación a clase nacional, a nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía”.[1]

 

Intervencionismo

Desde la época de los grandes imperios se desarrollaron las más diversas tácticas para someter pueblos y estados a los que conquistar o al menos situar en órbita. Desde el principio “divide et impera” (divide y domina) romano de Julio César practicado por el colonialismo español y británico  en América como en la India hasta llegar a los autoataques o ataques de falsa bandera (recordemos el autohundimiento del acorazado  “Maine” en 1898[2] ; pasando por la divulgación de “ La Leyenda negra”[3] como el caso del colonialismo inglés hacia el Imperio español han sido muchos y variados los diferentes planes de intervención de los grandes centros de poder mundial los que han puesto en marcha los más macabros y oscuros proyectos de dominación: ocurrió con Panamá, donde EEUU financió campañas para dividir Colombia y así hacerse con el control del Canal. Una vez la India conquista su independencia, la exacerbación de sentimientos religiosos, enfrentando a hindúes y musulmanes y a la India con Pakistan son argucias de las que históricamente se han servido los grandes centros de poder mundial coloniales o imperialistas para liquidar Estados, dividirlos  y someterlos sirviéndose de contradicciones internas existentes. Aquí en España, sobretodo la historia de nuestros últimos 200 años es la historia del intervencionismo a manos de las grandes potencias: de la mano de  Inglaterra y Francia sobre todo; tanto en el proceso de independencia de las colonias, financiando agentes como Simón Bolívar como en el interior, apoyando al carlismo más reaccionario durante el s.XIX.[4]

En el largo proceso de desarrollo de las distintas formaciones sociales, elementos tales como la lengua, religión, raza, etc  son muy anteriores a la formación sus estructuras juridico-políticas. Así por ejemplo, mientras que el ADN de muchos de los pueblos europeos datan de milenios, los estados a los que fueron incorporados apenas fueron creados hace unos siglos o décadas. El conjunto del acervo cultural de los pueblos constituye el fluido vital que recorre las arterias de un cuerpo social organizado y que se va transformando y enriqueciendo en el seno de estados que aglutinan en ocasiones diferentes lenguas, religiones, razas y/o sentimientos a veces contrapuestos; que si bien durante largos periodos históricos han convivido en armonía, a menudo son azuzados por los intereses del imperialismo y las clases dominantes y constituyen el  principal instrumento de muchas campañas intervencionistas con el objetivo de debilitar y enfrentar sentimientos diferentes que hasta entonces convivían dentro del mismo marco político de un Estado. Si la defensa de la lengua y cultura propias son tan legítimas como justas, nunca han sido factores espontáneos de enfrentamiento entre los pueblos sin haber sido sacudidas estas  por la burguesía y el imperialismo de turno.

 

El patriotismo revolucionario: un arma que empuñar frente a los enemigos del pueblo.

 En ciertos sectores de la izquierda española se produce un fenómeno curioso: mientras que admiran el patriotismo revolucionario de otros países como Cuba o Corea del Norte frente a las amenazas del imperialismo yanki, al mismo tiempo desprecian, incluso atacan todo aquello que tenga alguna semblanza o relación a España. No responden e incluso llegan a participar en los ataques que desde fuerzas tan reaccionarias como el nacional-racismo del PNV o de la burguesía de las “300 familias” catalanas en boca de voceros como Artur Mas lanzan a la unidad del pueblo español y de sus nacionalidades.

Es indiscutible que la unidad de las clases populares es un mecanismo que fortalece cualquier proyecto progresista y revolucionario, unidad de un proyecto común como el socialismo que objetivamente interesa a los obreros y demás clases populares de España (catalanas, vascas, castellanas o andaluzas) frente al enemigo en común que nos explota: la oligarquía y el imperialismo. Al mismo tiempo, son ellos quienes no dudarán en azuzar de nuevo nuestros “demonios internos” cuando llegado el caso, en este país se empiece a gestar una alternativa económica, política e ideológica que enfrente a sus planes de saqueo y explotación. Tanto la oligarquía como el imperialismo saben que, a pesar de existir un gran sentimiento de unidad y solidaridad entre los pueblos de España, existen también fuerzas locales nacionalistas que centrifugan ese sentimiento que objetivamente nos hace más fuerte frente a ellos y no dudarán, llegado el caso, en apoyar tales fuerzas reaccionarias como ya hicieron puntualmente el imperialismo inglés apoyando el nacional-etnicismo de S. Arana o Francia financiando las guerras carlistas.

Son ellos, los falsos patriotas como Franco, González y Aznar (y todas las grandes familias de España a quienes representaban) los que vendieron nuestro país a los norteamericanos. También falsos patriotas quienes como el sr. Mas (quien hasta hace solo 2 años negaba el derecho de autodeterminación al pueblo de Catalunya) no dudarán en entregar Catalunya al imperialismo de turno como a diseñar un marco de explotación propio.

¿Por qué aquello que es válido, por ejemplo para Cuba no lo es para España?  De no ser por la unidad popular, España sería, al menos desde 1808 una provincia más de la vecina Francia. El patriotismo revolucionario que permitió a Cuba, Vietnam, China o Corea liberarse del dominio imperialista será la misma esencia que nos permitirá algún día a los españoles liberarnos y romper con las estructuras imperialistas tales como la UE y la OTAN y que nos permitan desarrollar nuestro propio sendero socialista. A los únicos a quienes puede interesar dividir, fragmentar y minar la unidad de nuestro pueblo es a quienes pretenden dividirnos para debilitarnos y dominarnos mejor.

Ya Lenin estipulaba que “la primera tarea que debe hacer todo internacionalista es organizar la revolución en su propio país”. A lo que añadió que “luchamos sobre el terreno de un Estado determinado, unificamos a todos los obreros de todas las naciones de este Estado[5].

 

El legado de la izquierda revolucionaria de nuestro país

Si alguna vez ha existido en este país una fuerza verdaderamente revolucionaria a la vanguardia del pueblo, capaz de unir todas las sensibilidades de cada rincón del país, concentrarlas y organizarlas como un  puño cerrado listo para golpear al enemigo común; esa fuerza, sin duda alguna ha sido el PCE de José Díaz y Dolores “La Pasionaria”. Los comunistas defendemos siempre la libre unidad popular como un mecanismo que fortalece la acumulación de fuerzas para el desarrollo de cualquier proyecto progresista que enfrente a los enemigos de clase como al enemigo principal de nuestro pueblo. Así lo entendieron aquellos héroes del PCE en 1938:

Una gran España, republicana, democrática; todos los pueblos unidos; todas las nacionalidades movidas por el mismo impulso, se lanzarán en una cordial emulación, sobre la base de la confianza mutua, conjugando fraternalmente todos los esfuerzos en una dirección: ayudar al máximo desarrollo y florecimiento de cada nacionalidad; ayudar en grado superlativo al ascenso general y al progreso de todo el país; fortalecer, por encima de todo, la Patria española”[6].

 El PCE de J. Díaz tenía muy claro que la guerra nacional-revolucionaria del '36 revistiendo las formas de guerra civil, en realidad era lo contrario, era una agresión imperialista orquestada por las potencias fascistas del momento, por tanto era al mismo tiempo una guerra de liberación nacional:

“España se halla hoy en esta situación: dos países donde el fascismo está en el poder, le hacen la guerra, sin haberla declarado, pero abierta, descarada y bárbaramente, violando todas las leyes del derecho internacional, todo sentido de humanidad y civilización. ¿Por qué esta agresión? ¿Qué quieren estos países que nos hacen la guerra?

En primer lugar, quieren transformar España en una colonia italo-alemana, en el primer país colonial de Europa. Los generales facciosos no son otra cosa que el instrumento que ellos emplean para lograr este fin. ¿Qué significaría para nosotros si los agresores pudieran lograr su objetivo? Significaría el fin de nuestra existencia como Estado independiente, como nación unida y libre, dueña de su propia suerte.

No hay en España un solo hombre, una sola mujer, que sea indiferente ante estas perspectivas. Se rebela contra tal perspectiva toda nuestra conciencia de españoles, hijos de un pueblo que nunca toleró la agresión extranjera; toda nuestra conciencia de hombres libres y también nuestra conciencia de proletarios. Sí; nuestros obreros tienen bastante madurez ideológica y política para comprender lo que es una verdad fundamental del marxismo: que la independencia nacional es la premisa de cualquier forma de progreso social. No queremos ser, no seremos nunca el primer pueblo de esclavos de una Europa subyugada por el fascismo”. En este mismo sentido se expresaba un referente sindical de nuestra época, Marcelino Camacho: “Hay que defender siempre la unidad del pueblo, porque son los intereses de explotación de las distintas burguesías los que promueven la división”.

 

El nacionalismo burgués y el patriotismo revolucionario

En no pocas ocasiones hemos visto abrazar posiciones nacionalistas a una izquierda indefinida que de forma completamente oportunista, abandonando toda línea de principios, en ciertos momentos ha confraternizado con cualquier cosa que en un  momento dado parece aglutinar fuerzas, llegando incluso a enfrentar sensibilidades aún a costa de ir socavando esa unidad popular tan necesaria como imprescindible como hemos visto antes si se desea construir cualquier proyecto progresista, máxime cuando es un proyecto revolucionario que enfrenta a los principales planes del imperialismo y la oligarquía.

No es cierto que la bandera de la patria ni lo que ella representa sea patrimonio de las clases más reaccionarias de nuestra sociedad, es más, el privilegio de izar la bandera de la patria sí es exclusivo de los sectores más progresistas y más revolucionarios del pueblo, de quienes se colocan a la vanguadia para enfrentar a los enemigos de este. José Díaz lo expone de manera magistral en la siguiente cita: "¿Patriotas ellos? ¡No! Las masas populares, vosotros, obreros y antifascistas en general, sois los patriotas, los que queréis a vuestro país libre de parásitos y opresores; pero los que os explotan no, ni son españoles, ni son defensores de los intereses del país, ni tienen derecho a vivir en la España de la cultura y del trabajo." [7] Una izquierda que ha llegado a defender posiciones nacionalistas de sindicatos como ELA y LAB que han contribuido a fragmentar la unidad del movimiento obrero vasco con el resto de España, realizando convocatorias sindicales de Huelga General en diferentes fechas que las centrales estatales[8]. El mismo Lenin se esforzó una y otra vez por dejar claro que “si el marxista ucraniano se deja llevar por su odio, muy legítimo y natural, a los opresores rusos, hasta el extremo de hacer extensiva aunque sólo sea una partícula de ese odio, aunque sólo sea cierto distanciamiento, a la cultura proletaria y a la causa proletaria de los obreros rusos, ese marxista irá a parar a la charca del nacionalismo burgués”. Ciertos sectores de la izquierda catalana (Raül Romeva de ICV, ERC) al integrarse dentro de la estrategia de Artur Mas y dividir los intereses comunes del pueblo catalán y del resto de España, están cayendo en el abismo del nacionalismo burgués.

Sin embargo, trazar una línea de demarcación en cada momento y realidad concreta, entre quienes son los amigos del pueblo y quienes no dentro del mismo campo del nacionalismo es un trabajo que no debemos evitar. Así por ejemplo Lluis Companys, quien había proclamado en 1934 el “Estat Català” desde el balcón de la Generalitat, se convirtió durante la Guerra Civil en uno de los más firmes defensores de la unidad de Catalunya con el resto de España. El PCE de José Díaz y Pasionaria estableció una clara línea divisoria entre los nacionalistas “honrados y amantes de su país”, con los que las diferencias pueden tratarse desde la unidad, y los “provocadores encubiertos”, “elementos que son enemigos del pueblo y actúan bajo la máscara de un nacionalismo cerrado y egoísta, pero de hecho reaccionario, que convierte los distintos párrafos de los estatutos o de la Constitución en sofismas reaccionarios”. Alertando de que “su tarea consiste en crear el mayor número de dificultades, introducir la disgregación, provocar discordias, debilitar la Unidad nacional de todos los pueblos de España”. Es, por ejemplo, el caso del sector de ERC agrupado en torno a Josep Dencàs, quien impulsó contactos con los dirigentes alemanes en Vichy para estudiar la posibilidad de que la Alemania nazi, una vez ganada la guerra e impuesto su Nuevo Orden en Europa, apoyara la creación de un Estado catalán. Ese mismo sector, concluida la Guerra Civil, traicionaron a Companys, delatándolo a la Gestapo para que fuera detenido en Francia y conducido a España, donde fue fusilado por Franco.

Hoy por ejemplo, pertenecen al campo popular las CUP. La CUP y Junts Pel Sí no forman parte del mismo campo independentista. Son expresiones políticas de dos clases antagónicas y enfrentadas. La CUP se ha enfrentado siempre a los planes de explotación y saqueo de las clases populares por la burguesía catalana. Sus resultados de ahora, saltando de 3 a 10 diputados y los 335.000 votos son producto de 30 años de luchas sociales y sindicales. En su programa apuestan por aplazar el pago de la deuda, por la ruptura con la Troika y el euro, por garantizar una renta mínima y contra los recortes y privatizaciones. La CUP, al poner por delante los intereses populares antes que los nacionales, no en abstracto sino en concreto: su línea roja de no investir un gobierno burgués como el de Mas, manchado por los recortes es una posición de clase que situa a la CUP en nuestro campo, el campo de las clases populares aliadas con el proletariado y en el mismo campo antiimperialista que aquellas fuerzas que señalan la necesidad de romper lazos con la OTAN y la UE.

Cuenta la Historia que Lenin le dijo a Zinoviev y otros camaradas quienes predicaban en 1920 la emancipación de los pueblos de la mano del “nacionalismo progresista y revolucionario”: “No me pintéis el nacionalismo de rojo”.

 

[1]      - K. Marx y F. Engels “Manifiesto Comunista” (II - proletarios y comunistas) 1848

[2]    Enciclopaedia británica – El 15 de febrero de 1898 una exploción interna del acorazado “Maine” fue atribuida a un ataque español. Este ataque sirvió de justificación a los EEUU, tras una campaña sensacionalista bajo consignas tales como “Recordemos el Maine” para iniciar una guerra contra España que sabían ganada dada la superioridad militar de entonces y que provocaría la pérdida de las últimas colonias españolas.

[3]      La Leyenda Negra nació a mediados del s.XVI, cuando en Europa y medio mundo se disputaban la hegemonía el Imperio de España y la Corona inglesa. El historiador norteamericano Philip Powell  describe en “La Leyenda Negra. Un invento contra España” cómo surge esa campaña y cómo se extiende por el mundo y perdura hasta hoy.

[4]          Como hemos dicho antes, no se trata de ofrecer un enfoque unilateral y omnímodo que entiende toda contradicción interna de los pueblos como artificialmente creada desde fuera, a través del intervencionismo. Más bien, dichas contradicciones existen, a veces son completamente legítimas y revolucionarias como los procesos de liberación nacional de las colonias sobre los que actúa el intervencionismo de otras potencias desvirtuándolos con la intención de transformarlos en una simple transferencia de poder colonial o imperial. En otras ocasiones, es una intervención mucha más artificial y que no se apoya en ningún proceso social que emane de ninguna voluntad popular como el caso general de los enfrentamientos étnico-religiosos (India, Oriente Medio, Yugoslavia, etc). No discriminar en cada caso y realidad concreta las reivindicaciones justas de las que no lo son constituyen el enorme peligro de caer en el chovinismo y socialchovinismo.

[5]    - Lenin “Sobre el derecho de autodeterminación” 1914

[6]      - Vicente Uribe Galdeano (1897-1962) El problema de las nacionalidades en España a la luz de la guerra popular por la independencia de la República Española Ediciones del Partido Comunista de España, Barcelona [1938]

[7]    José Díaz “Tres años de lucha” (¿Quiénes son los patriotas?)

[8]      http://www.ccoo-servicios.info/noticias/1468.html