Patrice Lumumba, el asesinato de la dignidad africana

Edgar Téllez
Lunes, 18 Enero, 2016

Ayer 17 de Enero se cumplieron 55 años del asesinato de Patrice Émery Lumumba. Muchos miraran sorprendidos esta entrada y se preguntarán… ¿Quién fue Patrice Lumumba? ¿Qué hizo para que se acuerde del aniversario de su muerte un humilde medio digital de izquierdas? Es normal que los europeos no sepamos quien era Patrice Lumumba, de hecho no tenemos la más remota idea sobre la historia del malogrado continente africano.

Esto no es casual, la oligarquía de los países europeos se ocupa bastante de ocultarnos la historia de África ya que la historia de África es una historia de culpa y vergüenza para las clases dominantes en Europa. Si conociéramos la historia de África descubriríamos que la construcción de occidente como “bastión de la civilización y la libertad” es una burda y cruel mentira y el asesinato de Lumumba es una triste expresión de esto.

Patrice Lumumba nació un 2 de Julio de 1925 en Katako-Kombe, una humilde población de la parte oriental del entonces llamado Congo Belga, actual República Democrática del Congo. ¿Por qué se llamaba “Congo Belga”? Muy sencillo, en 1885 diversos territorios del centro de África, Imperio Lunda, Imperio Lumba, Reino del Congo fueron adjudicadas al Reino de Bélgica por la Conferencia de Berlín, en la cual las diferentes potencias europeas se repartieron literalmente África con escuadra y cartabón para colonizar sus territorios y explotar sus recursos naturales, que eran muy necesarios en un occidente que necesitaba cada vez más materias primas para hacer frente a su crecimiento industrial.

Colonialismo ¿Eso que significaba? Pues básicamente la ocupación militar de los territorios africanos, su partición en áreas de dominio artificiales que no tenían en cuenta la distribución étnica del continente africano (separando tribus y metiendo tribus rivales dentro de una misma unidad administrativa) y lo más importante el expolio descarado de los ingentes recursos naturales del continente.

La colonización del Congo, a mano de los imperialistas belgas, fue particularmente brutal. El Rey Leopoldo II de Bélgica creó la “Sociedad Comercial del Congo” y recibió la potestad de administrar el ingente territorio africano como si fuera una empresa privada. Las prácticas del ilustre monarca sólo se pueden calificar como genocidas, para explotar los ingentes recursos naturales del Congo (marfil, caucho y diamantes entre otros) se decretó la esclavitud forzosa de toda la población nativa bajo unas condiciones brutales, el orden se mantenía mediante la creación de un ejercito privado denominado “Force Publique” formado por mercenarios  que administraba castigos corporales (latigazos, mutilaciones….) a los nativos reacios a “colaborar”, organizaba razzias en las que se tomaba a numerosos nativos (en su mayoría mujeres y niños como rehenes) y sólo serían “liberados” a cambio de la entrega de determinadas cantidades de metales preciosos o caucho. Las prácticas fueron tan criminales que fueron denunciadas por misioneros católicos belgas y causaron un gran escándalo en la Metropolí. Finalmente Leopoldo II fue forzado a entregar la administración colonial del Congo a manos del gobierno belga, no sin antes haber conseguido una ingente fortuna, se calcula que 10 millones de congoleños nativos murieron debido a sus políticas genocidas.

Con la nueva administración colonial la situación del Congo Belga no mejoró mucho, de hecho hasta mediados de la década de 1950 pervivieron los castigos corporales y el trabajo forzoso para la población nativa del Congo. La burguesía belga obtenía numerosos recursos naturales del Congo, pero a su vez no aportaba prácticamente nada que mejorara la calidad de vida de los congoleños, ni infraestructuras, ni servicios públicos… Tan sólo un sistema de educación muy precaria y controlada por la Iglesia Católica belga que mandaba a numerosos “misioneros” con el objetivo de “evangelizar” a los salvajes. En una de estas instituciones recibió su formación académica el joven Lumumba, fue uno de los primeros congoleños en recibir una “Matricula de Honor” en un sistema educativo basado en la segregación racial.

Luchador infatigable por la independencia y en contra del colonialismo encabeza numerosas protestas contra el gobierno colonial por las que es constantemente encarcelado y maltratado durante toda la década de los 50. En 1958 crea su propio partido político y en mayo de 1960 gana las primeras elecciones libres, convirtiéndose en el primer jefe de gobierno de la República Democrática del Congo. En el acto solemne en el cual Bélgica reconoce la independencia de su colonia Lumumba pronuncia un inesperado y desafiante discurso delante del Rey Balduino de Bélgica donde denuncia los crímenes que el colonialismo ha causado a su pueblo y al continente africano, y muestra su disposición de liderar un país independiente y soberano en alianza con los países oprimidos del mundo y el floreciente Campo Socialista encabezado por la Unión Soviética y la República Popular China.

Aunque esta independencia del Congo está siendo proclamada hoy en acuerdo con Bélgica, un país amistoso, con el que estamos en igualdad de términos, ningún congolés olvidará que la independencia se ganó en lucha, una lucha perseverante e inspirada que ocurrió en el día a día, una lucha, en la qué no nos intimidamos por la privación o el sufrimiento y no escatimamos fuerza o sangre. Estuvo llena de lágrimas, fuego y sangre. Estamos profundamente orgullosos de nuestra lucha, porque era justa y noble e indispensable para poner fin a la humillante esclavitud que nos fue impuesta. Hemos experimentado trabajo forzoso a cambio de una paga que no nos permitía satisfacer nuestra hambre, vestirnos, tener alojamiento decente o criar a nuestros hijos como seres amados. ¿Quién podrá olvidar los tiroteos que mataron a tantos de nuestros hermanos, o las celdas en las que eran arrojados sin piedad aquéllos que no estaban dispuestos a someterse por más tiempo al régimen de injusticia, opresión y explotación usado por los colonialistas como herramienta de su dominación?” aseveraba Patrice Lumumba en su discurso. “La República del Congo ha sido proclamada y el futuro de nuestro amado país está ahora en las manos de su propio pueblo. Hermanos, comencemos juntos una nueva lucha, una lucha sublime que llevará a nuestro país hacia la paz, prosperidad y grandeza. Juntos estableceremos justicia social y aseguraremos para cada hombre una remuneración justa por su trabajo. Vigilaremos que las tierras de nuestro país nativo realmente beneficien a sus hijos. Instituiremos en el país una paz basada no en las armas y las bayonetas sino en la concordia y la buena voluntad. Hago un llamado a todos los ciudadanos congoleños, hombres, mujeres y niños, para que adopten con resolución la tarea de crear una economía nacional y asegurar nuestra independencia económica. ¡Viva la independencia y la unidad africana! ¡Viva el Congo independiente y soberano!” cerraba su intervención del nuevo Primer Ministro.

Sin embargo, no pintaban buenos días para el nuevo Congo independiente, los imperialistas belgas en su arrogancia colonial, no podían tolerar que un vulgar “negro” estableciera un gobierno nacional y popular en su ex-colonia y llamara a la unión de todos los pueblos colonizados del mundo. El Congo tenía recursos demasiados valiosos para dejarlos en manos de un “salvaje irresponsable”, EEUU por su parte veía a Lumumba como un peligroso aliado de la URSS en el continente africano y era por lo tanto un enemigo potencial. No le dio tiempo ha aplicar su programa nacionalista, democrático y de transformación social, antes de formar gobierno estaba sentenciado.

Los servicios secretos belgas y la CIA norteamericana se pusieron manos a la obra para defenestrar al nuevo gobernante. A los pocos días de reconocer la independencia de su antigua colonia, fomentaron las tradicionales divisiones étnicas con el fin de desestabilizar al nuevo gobierno democrático. Apoyados por los colonialistas belgas el 11 de Julio de 1960 la provincia minera de Katanga declaró su independencia de la nueva República, la rebelión estaba liderada por Moise Tshombe, antiguo funcionario colonial vinculado con numerosas compañías belgas que explotaban los recursos naturales del Congo. Así mismo generaron una serie de disturbios y enfrentamientos étnicos que el joven gobierno congoleño, en un país sin apenas infraestructuras se vio impotente de solventar y todo ello sirvió de escusa para que el gobierno belga mandara efectivos militares a la provincia rebelde con el fin de “proteger los intereses y propiedades belgas” y apuntalar la secesión de Katanga.

Lumumba que en su discurso inaugural había hablado en contra de la división tribal y étnica recurrió a las Naciones Unidas para denunciar las injerencias que la joven nación africana estaba sufriendo. Sin embargo la ONU no sólo no se solidarizó con el gobierno constitucional congoleño, sino que “legalizó” la ocupación militar belga del territorio como “Misión de la ONU para mantener el orden”. Desesperado el joven dirigente de 35 años decidió solicitar la ayuda de la Unión Soviética, que inmediatamente envió material y numerosos asesores soviéticos. Mientras el golpe de gracia a Patrice Lumumba acababa de llegar, el presidente Joseph Kasa-Vuvu y el general traidor Desiré Mobutu derrocaron al joven Primer Ministro mediante un golpe de estado, tras del cual Lumumba fue puesto bajo arresto domiciliario en su residencia familiar en Leopoldville bajo protección de los Cascos Azules de la ONU. El autor intelectual del golpe fue Frank Carlucci, agente de la CIA destinado en el Congo, que fue Secretario de Estado bajo el mandato de Ronald Reagan.

Lejos de resignarse Lumumba decidió escapar para ponerse a la cabeza de una rebelión contra el nuevo régimen, sin embargo fue capturado por las tropas leales al general Mobutu. Tras su detención fue trasladado a la rebelde provincia de Katanga, bajo control militar belga, siendo brutalmente torturado y martirizado en un cuartel de las fuerzas especiales belgas. Finalmente el 17 de Enero los occidentales decidieron la suerte del malogrado jefe de gobierno congoleño, mercenarios belgas en presencia de gendarmes y oficiales de las fuerzas especiales del Reino fusilaron a Patrice Lumumba junto con varios de sus seguidores. Acto seguido su cuerpo fue descuartizado y disuelto en un barril de ácido.

El Congo se convirtió en un Estado Neocolonial, dirigido por un sátrapa como Mobutu y siguió siendo como durante su etapa colonial un mercado barato para la extracción de materias primas tan necesarias para el desarrollo de occidente. Las compañías belgas, francesas y americanas recuperaron su tranquilidad, pero de una manera vergonzante. En 2001, con 30 años de retraso, el Parlamento Belga reconoció su implicación en la desestabilización del Congo y el asesinato de Patrice Lumumba. Presentó unas tibias disculpas, nada de reparaciones económicas a pesar de que sus acciones desestabilizadoras llevaron al país africano a 50 años de guerra civil, de la cual no acaba de salir por completo y que ha causado varios millones de víctimas.

La memoria de Patrice Lumumba es la vergüenza de un mundo occidental que se presenta como promotor “de los Derechos Humanos y la democracia”, pero que no se detiene ante ningún crimen con tal de seguir manteniendo el jugoso negocio que significa la expoliación de los países africanos. Los pueblos oprimidos del mundo son los aliados naturales de la clase obrera de los países occidentales en su lucha por la emancipación social y económica. Debemos señalar que no todos los belgas jugaron el papel de brutales colonialistas en el Congo, los hubo que en consonancia con sus principios comunistas e internacionalistas prestaron su ayuda al pueblo oprimido congoleño y denunciaron el carácter rapaz e imperialista de su propia burguesía.

Es el caso de Ludo Martens, fundador del Partido del Trabajo de Bélgica, que murió de cáncer a los 65 años en un suburbio de Kinshasa desde donde trabajaba de asesor para las fuerzas progresistas congoleñas. La denuncia de los crímenes del imperialismo y el neocolonialismo deben ser puntales de la reconstrucción política del movimiento obrero en Europa Occidental, pues el “Estado del Bienestar” en el occidente capitalista sólo puede sostenerse bajo la opresión y el saqueo de los continentes africanos, asiáticos y sud-americanos.