Reflexiones acerca del movimiento estudiantil

Responsabilidad de Juventud y Estudiantes del Partido del Trabajo Democrático
2 de Febrero de 2015

Sobre el culto a la huelga

Todos los años el éxito del movimiento estudiantil se mide, erróneamente, mediante el número de convocatorias de huelga y jornadas de lucha impulsadas por diferentes organizaciones estudiantiles. Las mismas siempre son convocatorias defensivas realizadas contra las medidas y recortes que en estos últimos años han ido imponiendo los gobiernos de la oligarquía al conjunto de la comunidad educativa.

Esta vez la respuesta del movimiento en defensa de la educación pública viene siendo dispar. Después de las movilizaciones contra la implantación de la LOMCE (dónde las luchas alcanzaron su punto más álgido), el movimiento por la educación pública ha venido sufriendo un gran desgaste. Esto ha provocado una escasez considerable de fuerzas organizadas tanto de estudiantiles como de trabajadores de la enseñanza. Las luchas espontáneas que se han ido sucediendo y las movilizaciones masivas no se han traducido en movimiento sindical o estudiantil organizado, salvando algunas excepciones.

El análisis desigual para las distintas realidades y experiencias organizadas del movimiento por la educación pública en el Estado. En las grandes ciudades donde se concentran grandes masas estudiantiles y trabajadoras las movilizaciones aun gozan de un relativo seguimiento. Sin embargo observamos como en pequeñas y medianas ciudades, no es así.

Ahora el movimiento estudiantil, si no cambia la coyuntura, se verá abocado a un callejón sin salida si no es capaz de adaptar las formas de lucha. Ante el aparente reflujo que todo apunta que se está produciendo es necesario replantearnos si vamos a morir “huelgueando” o si, por el contrario, haremos balance, autocrítica y reagruparemos las fuerzas para no perderlas, pudiendo así garantizar que transmitimos la experiencia de lucha a un relevo que debemos formar desde este mismo momento. Para que las organizaciones estudiantiles no se pierdan y puedan estar preparadas para el próximo flujo, más fuertes, más capaces y mejor organizadas.

La huelga y la movilización debe reformularse, orientarse desde lo particular a lo general, conformando verdaderos fortines en nuestros centros educativos, consiguiendo pequeñas victorias que levanten la moral y ánimo de las y los estudiantes. Y sobre todo garantizando el fortalecimiento de las estructuras organizativas para la lucha del estudiantado y la clase obrera de los centros educativos.

Sin organización no hay victoria, organizar luchas para vencer

Las organizaciones estudiantiles hemos errado al planificar las movilizaciones, dosificando las fuerzas para asegurar el desarrollo de una larga lucha. Las organizaciones alternativas a la metodología de estructuras burocráticas y profesionales hemos planteado un modelo organizativo desde la base y asambleario, para garantizar la participación de los estudiantes. Pero hemos visto que no era suficiente con rechazar el modelo organizativo burocrático, este era tan solo el primer paso para denunciar su práctica y el culto al espontaneísmo de estas organizaciones. Mediante este modelo deslocalizado pretendíamos denunciar la debilidad de las estructuras burocráticas existentes, sin embargo el movimiento estudiantil no ha sido capaz de plantear claramente una alternativa superadora a las limitaciones que este modelo imponía a los ciclos de movilización.

Uno de los principales problemas es la falta de una coordinación centralizada que aglutine a la mayoría de organizaciones que conformen el movimiento estudiantil en el Estado español. La ausencia de este referente obstaculiza la formación de un movimiento estudiantil sólido que no adolezca y se desangre ante los reflujos y el relevo generacional que año tras año se sucede. Y al finalizar el ciclo de movilizaciones nos guste o no, el movimiento estudiantil asambleario y de base no ha sido capaz de consolidar este referente. 

El movimiento estudiantil, más allá del ego y el sectarismo de las organizaciones políticas que los conforman, debería consolidar un bloque único independientemente del nombre de la estructura. Los estudiantes, ante la dispersión de fuerzas aparentes y existentes, no deben sentirse desamparados. Sólo debe haber un bloque estudiantil, un bloque estudiantil representativo que sea capaz de ganar luchas ante los diferentes gobiernos de la oligarquía, sentarse a negociar como interlocutor válido de la comunidad educativa, para poder alcanzar mejoras, hasta aglutinar las fuerzas necesarias para ayudar ante el empuje de los trabajadores y construir un futuro de esperanza para la mayoría.

Relación entre el movimiento estudiantil y el partido de la clase obrera

Algunos podrían aducir que esta apuesta rebajaría el carácter político de esta organización estudiantil. A los que plantean este dilema deberíamos preguntarnos, ¿deben convertirse las organizaciones estudiantiles de masas en refugio para la militancia activa política de aquellos que no poseen partido o, en su defecto, como banco de pesca particular para engrosar las filas de tal o cual organización política?, ¿no sería más acertado entender que este es un espacio desde el que el estudiantado organiza su lucha económica y sus denuncias políticas?

No debemos confundir la organización de masas con el partido político. Para que la clase obrera pueda vencer debe organizarse en su propio partido político independiente. A su vez, para que el estudiantado pueda organizar su lucha, debe articular sus propias estructuras de movilización verdaderamente representativas y con fuerza para poder vencer en determinadas batallas del día a día en la lucha estudiantil. Al igual que en el mundo laboral el sindicato cumple un papel y el partido cumple otro, debemos evitar confundir ambos actores en lo relativo a nuestra interacción con el estudiantado.

El papel del partido de la clase obrera no consiste en copar las organizaciones de masas o en crear entidades pantallas para engañarnos a nosotros mismos bajo la apariencia de que dirigimos el “movimiento estudiantil” sino, por el contrario, ser capaz de conquistar la dirección política de las masas mediante la fusión de nuestro programa político y nuestro proyecto de lucha por el socialismo con sus aspiraciones de defender sus intereses como estudiantes y luchar por una sociedad más justa.