Sobre la empatía en la militancia comunista

Miki Navajas, militante del PTD
Sábado, 30 Agosto, 2014

Las masas están pasando por un momento muy difícil en su vida personal. La terrible crisis actual que llevamos viviendo todos desde hace años ya ha hecho sucumbir a muchas personas: gente acabando con su propia existencia porque no comprende que pueda salir adelante perdiendo su casa, su hogar; “hijos de familia” que se han visto envueltos en acciones que hacía décadas que no se veían, al menos en gran medida, como puede ser el hurto, el “chanchulleo”, tráfico ilegal…

Un alto porcentaje de los sectores más populares están en depresión constante por la falta de trabajo, con familias en paro desde hace años, cobrando subsidios mínimos que no son más que caridad, asistiendo a comedores sociales, llevándose ropa de la iglesia, de centros sociales, en definitiva, sectores volcándose cada vez más en una depresión, sumiéndose en un estado de ánimo de amargura y tristeza mezcladas con sentimiento de desamparo.

Y en esta coyuntura, van surgiendo posibles militantes potenciales (sobre todo jóvenes) que se quieren ir acercando a un proyecto político que les resuelva sus dudas, que les de una señal de esperanza y futuro, que les introduzca en lo colectivo, en la lucha y en la formación de sus incansables ansias de saber, del saber de su clase, de dónde procede la miseria que viene observando desde pequeño, y cómo resolver las contradicciones que se va encontrando.

Y por otra parte, nos encontramos con la pura masa, gente que necesita arropo, calor humano y comprensión, alguien que les sepa guiar, que les pueda ayudar, y que si encuentran lo que buscan, serán posibles manos que ayuden en las necesidades del Partido.

Es aquí donde radica un papel importante de la militancia comunista, sobre todo de los cuadros más avanzados. Un verdadero comunista debe aprehender que se debe al pueblo, que debe intentar resolver en la medida de lo posible las dudas y las malas situaciones de quien llevará el día de mañana, con la guía del Partido de la Revolución, a todos a un estado superior.

Un buen militante debe ser capaz de escuchar y comprender, de ponerse en el lugar de quién necesite ayuda y de tenderle todas las manos posibles. Enseñarle la importancia de la autoorganización, de la unidad junto a sus vecinos, compañeros de trabajo o de estudio, para conseguir aquello que anhela, y de hacerle comprender que pertenece a una clase, con unas condiciones de explotación que nunca acabarán mientras vivan bajo la tiranía oligárquica. Debe ser consejero y una referencia cuando no sepan a quien acudir para resolver sus problemas laborales.

Enseñarles la utilidad de impartir o asistir a talleres, de luchar por el deporte de base, de un ocio alternativo con conciencia, que sirve tanto para elevársela a ellos, como para mantenerles activos evitando los síntomas depresivos de la soledad, del no hacer nada.

Desde la caverna poco se puede hacer; porque no se relaciona, no se sociabiliza, no pone en práctica aquello que lee en los clásicos, o que se cierra sectariamente y mira por encima del hombro a quien no piensa como él. Hay que salir al mundo para conocer la realidad que se quiere transformar, y ser parte de él.

En conclusión, debemos ser capaces de empatizar con el pueblo, más allá de buscar el simple vínculo, y darles apoyo y ganas de luchar por el cambio social que queremos conseguir.

Miki Navajas, militante del Partido del Trabajo Democrático