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“Debemos aspirar a vincular nuestra vida personal con la lucha, con la edificación del comunismo… El Partido Comunista no es una secta y por ello no puede predicarse un ascetismo semejante.” (Krúpskaia)

El término “camarada” proviene del ejército español del siglo XVI, por el cual se designaban entre sí los compañeros de cámara, los cuales tenían las funciones de hacerse cargo del testamento del “camarada” fallecido, cuidar de sí en las batallas, etc.

Han pasado ya cinco siglos, y aunque se utilice en otros ámbitos totalmente diferentes, este término sigue significando a grandes rasgos lo mismo: compañerismo, trabajo en equipo, cuidado y apoyo mutuo, unidad…

Se empezó a utilizar en un ámbito muy militar (aún hoy sigue siendo así), hasta que en la revolución socialista se le dio otro enfoque, como palabra que designaba a las diferentes personas que formaban parte del Partido Bolchevique (lo mismo que compañero/a), con la finalidad de igualar a todo el mundo (aunque la idea vino de la Revolución Francesa, donde se eliminaron los títulos nobiliarios y los términos “monsieur” y “madame” para utilizar el de “citoyen”), entre hombres y mujeres, entre obreros y campesinos, entre proletarios y pequeñoburgueses.

Ya en la avanzada URSS se generalizó, siendo el tratamiento habitual entre conocidos y desconocidos como señal de comunión entre el pueblo, llegando incluso a estar prohibido utilizarlo con los presos, al considerarse que estos no formaban parte de la comunidad, al actuar en contra de ella.

A día de hoy, parece lógico seguir con esta “tradición”, puesto que lo que representa es lo que hace que el Partido en construcción (en España aún no existe el Partido obrero con el que se identifiquen el pueblo y la clase trabajadora) vaya avanzando, gracias al esfuerzo que los diferentes camaradas dan en pos de fusionar el socialismo científico con la clase obrera, por conseguir crear las condiciones materiales necesarias para que un día, el pueblo, con los obreros a la cabeza, enfilados en el Partido, sea capaz de traer el socialismo a este país. Un esfuerzo por el cual, día a día, los y las  “camaradas” van creando un vínculo entre ellos, raíz de las situaciones que llegan a vivir juntos, celebrando triunfos, lamentando pérdidas, creando conciencia y elevando ésta, reivindicando kilómetros y kilómetros caminando hacia un rojo amanecer… “Cuidándonos entre nosotros en las batallas”.

Pero los comunistas formamos parte del pueblo, no somos un ente aparte. También es el mismo caso con el resto de compañeros y compañeras (como se ha dicho más arriba, término utilizado también entre los bolcheviques) con los que se comparten luchas, ya sean democráticas, económicas, etc. Luchas en las que nos encontramos a gente muy capacitada, muy combativa, con las que se acaban estableciendo lazos muy fuertes al fragor de la batalla, vínculos personales muy fuertes al recibir porrazos del mismo policía por defender que una familia no pierda su casa, vínculos establecidos con esa familia, con esos compañeros y compañeras, con el pueblo.

Sin olvidar al resto, aquella gente que aún no ha comprendido la necesidad de dar pelea a la otra clase, a sus enemigos adinerados poseedores del poder, del capital; que aún no consideran que la oligarquía, los empresarios y banqueros y sus amigos frente al gobierno, son los que calculan al mínimo detalle que sigan siendo los desposeídos, los explotados; que aún no saben que ellos tienen el verdadero poder, que sólo necesitan organizarse para liberarse. Con ellos hay que ser muy pedagógicos, muy pacientes y demostrar mucha empatía mientras van descubriendo la “real realidad” a la que pertenecen.

Por consiguiente, debemos seguir forjando los lazos entre camaradas y compañeros/as en torno a nuestra vida, porque es algo importante que nos hará realizar la revolución de forma más rápida y más llevadera, a pesar de lo costoso de esta empresa. No olvidemos que somos o debemos ser seres sociales, que el comunismo trata de ayudarnos a vivir en sociedad, en común, rompiendo las cadenas de la opresión y la avaricia, de liberarnos de la explotación. Pero sin descuidar nuestra vida personal.

Me apoyaré en la siguiente cita para finalizar:

“Debemos aspirar a vincular nuestra vida personal con la lucha, con la edificación del comunismo. No significa, por cierto, que debamos renunciar a nuestra vida personal. El Partido Comunista no es una secta y por ello no puede predicarse un ascetismo semejante.” (Krúpskaia)