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Artículo del Partido Comunista de Gran Bretaña (Martxista-Leninista), editado en Proletarian, que explica para quién trabajan Jeremy Corbyn y el Partido Laborista.

Por mucho que se desee, el imperialista Partido Laborista no puede convertirse en un vehículo para la emancipación de los trabajadores.

Apenas hubo balbuceado el propio Jeremy Corbyn (JC) el tan cacareado “yes we can” de Obama -que lo compromete a poco más que a agradar a todo aquel que anhele el cambio-, se puso en marcha toda la maquinaria de la “izquierda laborista”, prometiendo todo y nada a todo aquel que brindase su apoyo al Partido Laborista y votase por la candidatura “Jeremy for leader” en las próximas elecciones de la dirección del partido.

Una vez más se nos intenta hacer creer que los trabajadores pueden o bien ganarlo todo o bien perderlo todo con esta elección y que la sorprendente posibilidad de que un candidato del “ala izquierda” tome el control sobre el segundo partido del imperialismo británico es una especie de increíble oportunidad que sería de locos ignorar. Pero en realidad todo el “fenómeno” Corbyn no es nada nuevo. Básicamente se reduce a la siguiente reiterada ilusión: “Si cambiamos al líder del Partido Laborista, podemos empujar el partido en una dirección de izquierdas y entonces saldríamos victoriosos de nuestra batalla por [introdúzcase aquí cualquier campaña/sueño, como por ejemplo, poner fin a la guerra, poner fin a la austeridad, poner fin al bloqueo de Cuba, abolir las leyes anti-sindicales, etc.]”.

Pero este argumento no sólo es una forma equivocada de entender y presentar el problema sino que además es fundamentalmente ilógico y perjudicial para el movimiento obrero. Una presentación de este tipo reduce todo el dilema político a una cuestión de personalidades y no de clases. Más aún, es el mismo argumento que se usó la última vez para que saliera elegido el “rojo” Ed Miliband e incluso fue expuesto por aquellos que estaban tan desesperados por conseguir que Gordon Brown reemplazara a Tony Blair (otro gran éxito).

Esencialmente, el problema del Partido Laboralista no es quién lo dirige sino a quién sirve realmente. Aunque las intenciones de Corbyn fueran buenas (y no estamos en absoluto convencidos de que lo sean, dada su larga trayectoria en desviar al movimiento obrero y atarlo a las faldas del imperialismo), no puede hacer nada al respecto. El Partido Laborista no tiene ninguna intención de desafiar las verdaderas instituciones del poder en este país, que son instituciones del estado burgués; esto es algo que ha demostrado a lo largo de toda su historia, incluso durante los períodos en los que tenía entre sus filas miembros y líderes bastante más “radicales” que el ilusionado JC

El problema fundamental es que el Partido Laborista está firmemente comprometido con el capitalismo y con la preservación del imperialismo británico. A lo largo de su historia ha tenido muchos miembros ‘de izquierda’, “progresistas”, y decenas de dirigentes y parlamentarios de alto nivel que han referido como ellos mismos se  denominan “socialistas” (en realidad, socialdemócrata). Muchos de ellos eran mucho más radicales que Jeremy Corbyn. James Maxton, por ejemplo, que era un líder del Comité de Trabajadores Clyde durante la Primera Guerra Mundial en Glasgow.

Pero no importa quien estaba a cargo, el Partido Laborista nunca ha sido un vehículo para el socialismo. Si no podemos aprender de la experiencia de los últimos 100 años, estamos condenados a repetir continuamente nuestros errores.

En sus “días de gloria” después de la segunda guerra mundial, el famoso “socialista” primer ministro Clem Atlee introdujo el NHS (National Health Service-Servicio Nacional de Salud), convirtió las minas y otras industrias vitales en propiedad estatal y así sucesivamente, pero él y su gobierno hicieron esto en el contexto histórico posterior a la gran conflagración de 1939-45.

Las diversas concesiones que componían nuestro ‘estado del bienestar’ se hicieron a personas en Gran Bretaña debido a que otros países – países socialistas, como la URSS – ya habían proporcionado o estaban empezando a dar después de su liberación la atención médica gratuita, educación integral y una vivienda digna a su gente. El imperialismo británico se vio obligado a dar a estas concesiones temporales a trabajadores británicos bajo la presión de que pudieran seguir el ejemplo de los trabajadores de la URSS y los países socialistas emergentes y tomar lo que los ricos no les darían.

Nuestras ganancias de bienestar fueron el resultado de la aparición de un fuerte bloque socialista internacional, y la presión ejercida sobre el Partido Laborista desde la izquierda en el país por un relativamente fuerte Partido Comunista y un movimiento sindical militante. No existe tal situación hoy en día.

Lo que a menudo no se recuerda es que esas concesiones fueron otorgadas a cambio de pagar un precio, que fue pagado con sangre. Mientras el Partido Laborista garantizaba a los obreros británicos esas concesiones, continuaron facilitando la amplia extracción de cuantiosos beneficios por parte del Imperialismo británico a costa de los esclavizados, empobrecidos y miserables que trabajaban duro en las colonias británicas – En India, en África y en el Caribe.

Mientras Clem Attle daba a los niños británicos un Sistema Nacional de Salud del que sentirse orgulloso, autorizó el envío de fuerzas británicas a un viaje mortal para hombres, mujeres y niños que se vieron envueltos en la brutal guerra de Corea. Mientras nuestras minas se nacionalizaban, niños seguían siendo enviados a picar a las minas africanas de oro y a morir, y garantizaba trabajos de servidumbre en los campos, granjas y valles de India y otras posesiones coloniales británicas

Los Estados británicos de Malaya, cuyo caucho y estaño fueron el mayor contribuyente a las arcas del imperio británico en aquella época fueron objeto de una brutal guerra colonial librada por el gobierno laborista en contra de muchas fuerzas que en el pasado lideraron la lucha local contra los fascistas japoneses.

Por lo tanto, ya ha quedado claro que todo lo que se ha dado a los trabajadores en este país ha sido temporal. Los sucesivos gobiernos han trabajado para privatizar y recuperar parte de esas dádivas haciendo su trabajo comprando la paz social y permitiendo al Imperialismo Británico recuperarse de los golpes recibidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Los sucesivos gobiernos Laboristas y Conservadores de las últimas décadas han privatizado la industria y el sistema de atención sanitaria, ambos han mercantilizado la educación y ambos han librado brutales guerras contra países débiles por petróleo e intereses estratégicos. Cambiar a Miliband por Corbyn no hará que se pare este proceso.

Todos queremos el fin de la austeridad; todos queremos el fin de la guerra. La pregunta es, cómo conseguir estos cambios. La verdadera batalla que la clase obrera debe librar no está dando clicks online para registrarse a votar por Jeremy. Los comunistas, los socialistas y los progresistas debemos organizar a los trabajadores; debemos sacrificar nuestro tiempo, recursos y energías en el desarrollo y creación de una alternativa real a los recortes, la austeridad y la guerra en los puestos de trabajo y en nuestra comunidad.

La clase trabajadora necesita proyectar sus propias demandas y rechazar cualquier tipo de cooperación con la agenda imperialista Británica – con la implementación de los recortes así como con las provocaciones hacia la guerra. No es una tarea fácil, y no se solventará con la misma sencillez como se resuelve la elección del líder laborista.

Estamos frente a la crisis económica más profunda del sistema imperialista, y con una dirección a la guerra que apunta hacia una 3ra Guerra Mundial si nuestros gobernantes no son detenidos por una revolución. Los trabajadores necesitan hogares, empleos, servicios y pensiones asegurados, y la oportunidad de tener una vida decente y civilizada, libre de pobreza, explotación y guerra, pero el imperialismo no es capaz de cumplir con estas sencillas demandas. Mientras tanto, nuestra propia existencia se ve en peligro debido al cambio climático si la motivación de beneficios no se elimina de la filosofía de producción global.

Con todo esto presente, nuestra tarea más urgente es la construcción de partido comunista fuerte, capaz de formar y organizar a los luchadores de la clase obrera que están preparados para desafiar al imperialismo británico – independientemente de si este está representado en el parlamento por los mercenarios conservadores o laboristas. Cien años de cubrir las espaldas al partido laborista (Labour Party), ha puesto de rodillas a la clase trabajadora de este país; no podemos continuar estancados en la ilusión de que un cambio en el liderazgo del partido laborista traerá alguna de las transformaciones en la sociedad que nuestra clase necesita desesperadamente.